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Cartel de Soy Frankelda, primera película stop-motion 100% mexicana de Guillermo del Toro en Netflix

Netflix estrena la primera película stop-motion 100% mexicana de Del Toro

Hito animado:Soy Frankelda‘ llega a Netflix el 12 de junio como el primer largometraje stop-motion íntegramente mexicano, con el respaldo de Guillermo del Toro.

Más de cien marionetas hechas a mano, cuatro años de trabajo artesanal y una historia que comenzó en 2021 con una miniserie semidesconocida. Así nace este proyecto financiado con los ahorros de toda una vida por los hermanos Arturo y Roy Ambriz, fundadores del estudio Cinema Fantasma.

De miniserie a película: el salto de Frankelda

Todo empezó en HBO Max con ‘Los sustos ocultos de Frankelda‘, una antología de terror en stop motion donde una escritora fantasma contaba historias a los niños. El éxito fue tal que el especial de 30 minutos planeado se convirtió en un largometraje de dos horas. Sin apoyo externo, los Ambriz apostaron por su visión hasta el final.

Una historia de silencio y monstruos

En el México del siglo XIX, Francisca Imelda, una escritora de terror ignorada por su entorno, adopta el seudónimo de Frankelda para seguir creando. Su vida da un giro cuando Herneval, un príncipe de apariencia sobrenatural, la lleva a un viaje a su subconsciente. Allí, convertida en fantasma, descubre que los monstruos que inventó han cobrado vida y amenazan con romper el límite entre ficción y realidad.

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Lo que esto significa es una reflexión profunda sobre la invisibilidad de las mujeres creadoras. Como señalaba Roy Ambriz: “Cuando Mary Shelley publicó sus libros tuvo que hacerlo bajo el nombre de su esposo, Percy Shelley. Entonces nos preguntamos: ¿cuántas Mary Shelley habría habido en México?”. En este contexto, Soy Frankelda no es solo una película de animación, sino un grito contra el olvido.

¿Cuántas voces creativas siguen esperando su momento bajo un seudónimo?

El impacto cultural de un proyecto sin precedentes

La llegada de Soy Frankelda a Netflix no solo representa un logro técnico para el cine mexicano, sino un momento simbólico para la animación en stop-motion a nivel global.

En este contexto, el respaldo de Guillermo del Toro —un referente del género fantástico— valida una apuesta arriesgada: demostrar que el stop-motion puede ser un vehículo para narrativas profundas y no solo un recurso visual. Lo que esto significa es que el proyecto de los hermanos Ambriz no solo rompe barreras artísticas, sino que redefine el espacio para el cine de autor en plataformas dominadas por producciones masivas.

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La implicación inmediata es que esta película podría abrir puertas a otros creadores que, como los Ambriz, apuestan por lo artesanal en un mundo acelerado. La pregunta clave ahora es si el público y la industria reconocerán este esfuerzo como un modelo a seguir o si quedará como un caso aislado de resistencia creativa.

¿El inicio de una nueva era?

El éxito de Soy Frankelda podría marcar un antes y después en cómo se financian y distribuyen proyectos de animación independientes en Latinoamérica.

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