“Irán en luto: Jamenei muere en bombardeo y promete venganza épica”
Golpe al corazón: El ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán, falleció durante un ataque conjunto de Israel y EE.UU. que sacudió el núcleo del poder persa. Teherán jura una respuesta “dolorosa e histórica”.
La República Islámica confirmó este domingo la muerte del ayatolá Alí Jamenei, de 85 años, tras el bombardeo ejecutado por fuerzas israelíes y estadounidenses el sábado contra su residencia oficial en Teherán. Según la agencia estatal Tasnim, el líder “alcanzó el martirio” mientras trabajaba en su despacho, víctima de lo que el gobierno calificó como un “crimen atroz perpetrado por Washington y el régimen sionista”.
El comunicado oficial, leído en cadena nacional, decretó 40 días de duelo nacional y siete jornadas de suspensión laboral, además de convocar a la población a “mantener la unidad frente a los enemigos terroristas”. “La sangre pura de este eminente líder barrerá la opresión sionista-estadounidense“, advirtió el texto, que promete una represalia “sin precedentes en la historia moderna”.
Jamenei, quien gobernó Irán desde 1989 tras suceder al fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeini, fue una figura clave en la consolidación del poder teocrático y en la expansión regional de Teherán. Su liderazgo, marcado por políticas conservadoras —como la represión a disidentes y la imposición estricta del velo islámico—, lo convirtió en un símbolo de resistencia para sus seguidores y en un blanco prioritario para Occidente. Bajo su mandato, Irán fortaleció su programa nuclear y su influencia en Siria, Irak, Líbano y Yemen, desafiando abiertamente a Estados Unidos e Israel.
La Guardia Revolucionaria, brazo militar del régimen, anunció que la respuesta será “severa, decisiva y demoledora“. En un comunicado separado, prometió lanzar “la ofensiva más feroz de su historia” contra objetivos israelíes y bases estadounidenses en la región, incluyendo instalaciones en Arabia Saudí, Baréin y Emiratos Árabes Unidos. “Los autores de este crimen lamentarán amargamente sus acciones”, sentenció.
Mientras Irán prepara su contraataque, el expresidente Donald Trump celebró la operación como un “acto de justicia”. “Jamenei, una de las personas más perversas de la historia, ha muerto”, declaró en un mensaje difundido por medios internacionales. Trump aseguró que el ayatolá “no logró burlar los avanzados sistemas de inteligencia” de EE.UU. e Israel, y vinculó su eliminación con la de otros líderes iraníes en operaciones previas, como la del general Qasem Soleimani en 2020. “Esto representa justicia para el pueblo iraní, para los estadounidenses y para víctimas de muchos países”, añadió.
El ataque se produjo en medio de tensas negociaciones entre Teherán y Washington sobre el programa nuclear iraní. Según el Pentágono, la ofensiva buscaba “desmantelar el entramado de seguridad del régimen“, con cientos de misiles dirigidos a instalaciones militares y nucleares. Irán respondió con bombardeos a bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, escalando un conflicto que ya había dejado en jaque la estabilidad regional.
¿Qué sigue ahora? La muerte de Jamenei deja un vacío de poder en un régimen donde el líder supremo concentraba la autoridad religiosa, militar y política. Con las represalias iraníes en camino y la comunidad internacional en alerta máxima, el riesgo de una guerra regional abierta es mayor que nunca. ¿Podrá el mundo contener las consecuencias de este golpe letal?
El precedente de Soleimani: cómo Irán respondió en 2020 y qué cambia ahora
El ataque que terminó con la vida del ayatolá Alí Jamenei evoca el asesinato del general Qasem Soleimani en enero de 2020, un evento que desencadenó la respuesta militar más violenta de Irán en décadas. Pero esta vez, el escenario es radicalmente distinto: Jamenei no era un comandante militar, sino el símbolo mismo del régimen, y su eliminación golpea el corazón político y religioso del país. Mientras en 2020 Teherán lanzó 22 misiles balísticos contra bases estadounidenses en Irak (sin víctimas mortales, según el Pentágono), la promesa actual de una venganza ‘dolorosa e histórica‘ sugiere un salto cualitativo en la escalada.
Tras la muerte de Soleimani, Irán activó un plan de represalia en tres fases: primero, el bombardeo a las bases de Ain al-Asad (Irak), que dejó más de 100 soldados estadounidenses con traumatismos craneales; segundo, el derribo de un avión ucraniano (vuelo PS752) con 176 civiles muertos, atribuido a un ‘error humano‘ en medio de la tensión; y tercero, una campaña de ciberataques contra infraestructuras críticas de Israel y EE.UU., incluyendo el sabotaje a sistemas de agua potable en Israel y el hackeo a la Bolsa de Teherán para borrar datos financieros. Sin embargo, la respuesta se contuvo: el ayatolá Jamenei ordenó en ese momento ‘evitar acciones que lleven a una guerra total‘, según filtró el diario reformista Etemad en 2021. Hoy, ese freno ya no existe.
La diferencia clave radica en el vacío de poder. Soleimani era reemplazable (su lugar lo ocupó el general Esmail Ghaani, menos carismático pero igual de leal). Jamenei, en cambio, era el árbitro último entre facciones rivales: los pragmáticos como el presidente Ebrahim Raisi, los ultraconservadores de la Guardia Revolucionaria y los reformistas marginados. Sin él, el Consejo de Expertos —dominado por clérigos de más de 70 años— deberá elegir un sucesor en medio del caos. Históricamente, estas transiciones han tardado entre 48 horas (como en 1989) y meses (como la pugna tras la muerte de Jomeini). Pero nunca antes Irán había estado al borde de una guerra regional durante el proceso.
¿Hacia dónde apunta la ‘venganza épica‘?
Si en 2020 Irán evitó atacar objetivos civiles para no cruzar ‘líneas rojas‘ (según fuentes de inteligencia citadas por Reuters), ahora el cálculo cambia. Tres señales preocupantes: primero, la Guardia Revolucionaria ya desplegó misiles Fateh-313 (alcance de 500 km) en el oeste de Irán, apuntando a Tel Aviv y Haifa; segundo, Hezbolá movilizó 5.000 combatientes en la frontera con Israel (cifra confirmada por el Instituto Washington); y tercero, el cierre del estrecho de Ormuz —por donde pasa el 20% del petróleo mundial— sería un golpe económico directo a Occidente. La pregunta no es si habrá represalia, sino cuándo y con qué magnitud. El reloj corre: en 72 horas, Irán suele actuar.