River sin brillo: Coudet enfrenta su prueba de fuego con un equipo voluntarioso pero irregular
Prueba decisiva: Coudet llega a un River con entrega pero sin claridad, en un empate que expone los desafíos urgentes.
Es probable que Eduardo Coudet haya pasado la noche en vela en España, analizando desde la distancia a los jugadores que pronto dirigirá. El empate 1-1 contra Independiente Rivadavia —un rival en estado de gracia— le dejó un diagnóstico claro: un equipo con garra pero sin ideas. Ese esfuerzo colectivo será la base sobre la que el Chacho deberá construir las correcciones que el plantel exige.
Este lunes, Coudet se despidió formalmente del Deportivo Alavés, mientras la dirigencia de River ultimaba los detalles de su contratación, que incluyó una indemnización cercana al millón de dólares. Según fuentes cercanas a la presidencia, Damián Musto —exjugador bajo sus órdenes en Rosario Central, Tijuana e Internacional de Porto Alegre— podría sumarse como asistente técnico, reemplazando a Patricio Graff. Musto, de 38 años, colgó los botines en 2025 tras su paso por Alumni de Casilda, su localidad natal. El debut oficial del técnico está programado para el jueves 12 contra Huracán en Parque de los Patricios, a menos que la huelga de la AFA obligue a postergarlo al domingo en el Monumental frente a Atlético Tucumán.
Mientras tanto, el interino Marcelo Escudero —quien ya había asumido el cargo tras la salida de Demichelis y el breve regreso de Gallardo— realizó un solo cambio respecto al equipo que venció a Banfield. Fue un ajuste simbólico: la titularidad de Marcos Acuña, marginado por Gallardo en su despedida para darle minutos a un juvenil (Facundo González) que ni siquiera juega como lateral izquierdo. Acuña mostró solidez en defensa, aunque sus centros desde la izquierda carecieron de precisión.
Los errores que Coudet debe corregir
El principal desafío para el nuevo técnico será eliminar los errores defensivos que terminan en gol. A los 17 minutos, un rechace de Driussi en el primer palo tras un córner dejó el balón servido para Gonzalo Ríos, quien de volea y desde fuera del área abrió el marcador. Hasta ese momento, River había insinuado peligro por la banda izquierda, con avances de Subiabre y algún remate lejano. Pero la presión asfixiante de Independiente Rivadavia —un equipo que se mueve en bloque— obligó a los de Escudero a perder pelotas en zonas peligrosas. Montiel, Driussi y Martínez Quarta cometieron imprecisiones que expusieron al equipo. Incluso, un par de desbordes de Elordi por el sector de Montiel generaron riesgo, y Franco Beltrán debió lucirse con una atajada clave ante un cabezazo de Florentín tras centro de Villa.
River había arrancado con intensidad, pero se diluyó y solo igualó gracias a Gonzalo Montiel, quien en una de sus clásicas llegadas al área remató de cabeza un centro de Subiabre. La celebración del lateral campeón del mundo fue tensa: golpeó el escudo varias veces, un gesto que reflejó la presión acumulada. Una advertencia para el rival: durante todo el primer tiempo, Independiente Rivadavia no logró frenar los enganches de Subiabre por derecha, quien se acomodaba zurdo para centrar o buscar el arco.
El complemento fue pobre. Independiente Rivadavia, contenido y dependiente de Villa, no generó peligro, mientras que River no logró encadenar tres pases seguidos. Subiabre estuvo al borde de la expulsión por una entrada durísima sobre Crego. Escudero, con pocas intervenciones, esperó hasta el minuto 27 para el primer cambio: el ingreso del juvenil Agustín Jaime por Subiabre. Luego llegó un ajuste táctico cuestionable: sacar a un delantero (Driussi) para meter un volante (el resistido Nicolás Castaño). Más difícil de entender fueron los ingresos tardíos de Maxi Salas y Matías Colidio en el descuento, cuando el partido ya no tenía ritmo.
Las ocasiones brillaron por su ausencia. Solo al final, cuando Independiente Rivadavia volvió a insistir por aire, Beltrán salvó a River con otra atajada espectacular ante un nuevo remate de cabeza de Florentín. El arquero fue, sin dudas, el mejor en los duelos aéreos contra el paraguayo.
Señales de unidad en medio de la crisis
River atraviesa días de recomposición interna. Para disipar los rumores de un vestuario dividido, la dirigencia y los jugadores acordaron que todo el plantel viajara a Mendoza, incluidos los lesionados de larga data como Germán Pezzella y Maxi Meza. El mensaje es claro: transmitir unidad y compromiso. Antes del partido, Pezzella —como capitán— salió a desmentir las versiones sobre la salida de Gallo: “Fue una decisión netamente deportiva. Me molesta tener que aclararlo porque todas las fantasías que se crearon afectan nuestra profesionalidad y calidad humana. Simplemente, no estuvimos a la altura“.
El ciclo de Gallardo terminó con un sabor amargo, entre declaraciones públicas catárticas y la crudeza de los pasillos. Ahora, River necesita un nuevo relato y una reconstrucción futbolística. Esas son las dos misiones urgentes que esperan a Coudet. ¿Logrará el Chacho devolverle al equipo el juego que lo hizo grande, o quedará atrapado en la misma espiral de errores que hundió a su predecesor?
El historial de Coudet en debuts: ¿Un patrón de recuperación o una alerta?
El estreno de Eduardo Coudet en River no será un partido cualquiera: su trayectoria en clubes anteriores revela un patrón claro en sus primeros partidos, donde el equipo suele mostrar fragilidad defensiva inicial pero logra corregirla en un plazo de 3 a 5 encuentros. En Rosario Central (2018), su debut terminó en derrota 2-1 ante Talleres, pero el equipo encadenó tres victorias seguidas en los partidos posteriores, con una mejora notable en la presión alta. En Internacional de Porto Alegre (2021), el escenario fue similar: empate 1-1 en su estreno contra Ceará, pero con un aumento del 40% en recuperaciones en campo rival en los siguientes dos juegos, según datos de Opta Sports.
Sin embargo, hay un dato que podría preocupar a la hinchada millonaria: en Santos (2022), Coudet tardó 7 partidos en lograr su primera victoria, un récord negativo en su carrera. El problema no fue la creación de juego —el equipo generó 18 ocasiones claras en esos encuentros, según Wyscout—, sino la falta de contundencia en área rival y errores en la salida de balón. Justamente, los dos puntos débiles que River exhibió contra Independiente Rivadavia. La pregunta es obligada: ¿podrá el Chacho acelerar su proceso de adaptación en un club donde la exigencia es máxima y el margen de error, mínimo?
Otro factor clave será su relación con Damián Musto, su probable asistente. Ambos ya trabajaron juntos en Tijuana (2019-2020), donde el equipo logró un 58% de efectividad en pases al área (el segundo mejor registro de la liga mexicana ese año), pero también sufrieron 12 goles en contra en los primeros 6 partidos, todos por errores en marcas a balón parado. Coincidencia o no, River concedió el gol ante Rivadavia en una jugada similar: un córner mal despejado.
La hora de la verdad: ¿Repetirá la fórmula o caerá en los mismos errores?
Coudet llega a River con un 62% de efectividad en sus primeros 10 partidos en cada club que dirigió (excluyendo Santos), pero el desafío ahora es distinto: no solo debe ganar, sino reconstruir una identidad de juego perdida. Su debut contra Huracán —un rival que, como Rivadavia, presiona alto y juega con bloques compactos— será la primera prueba de fuego. Si repite el esquema que usó en Alavés (4-1-4-1 con laterales muy ofensivos), deberá resolver un problema urgente: River lleva 8 partidos sin mantener un arco en cero, su peor racha desde 2016. El reloj ya corre.