“Deadline” de Blackpink transforma el Museo Nacional de Corea en epicentro rosa del K-pop
Fusión histórica: El Museo Nacional de Corea se tiñe de rosa con la energía de Blackpink, uniendo K-pop y patrimonio en una exposición inmersiva sin precedentes.
El lanzamiento del mini álbum ‘Deadline’ de Blackpink no solo ha conquistado las listas de éxitos, sino que ha transformado el principal museo de Corea del Sur en un espacio donde la cultura tradicional coreana y el fenómeno global del K-pop se entrelazan. Desde el 27 de febrero, el recinto —ubicado en el distrito de Yongsan, en Seúl— recibe a miles de fans con una experiencia visual y auditiva diseñada para celebrar el regreso musical del grupo tras más de tres años.
Las luces rosas, color emblemático de Blackpink, iluminan ahora los pasillos del museo, donde una alfombra negra con letras en tono fucsia y el lema ‘Blackpink Will Make You’ (Blackpink te hará) guía a los visitantes hacia una zona circular de descanso. Allí, muros teñidos de rosa y negro enmarcan una réplica digital de la estela de Gwanggaeto el Grande, monarca del reino de Goguryeo (37 a. C.-668 d. C.), símbolo de la grandeza histórica coreana.
“Creo que la mayoría de nosotros aprendimos sobre Corea por el K-pop. Así que ahora la gente no solo conocerá (al país) por el K-pop, sino que también aprenderá quiénes son realmente y su historia”, compartió Pao, una fan mexicana que viajó especialmente para vivir esta experiencia. Su amiga Ira, procedente de Rusia, coincidió: “Comencé a aprender coreano gracias a BTS hace cinco años”, confesó, explicando cómo su pasión evolucionó hasta abrazar también a Blackpink, convirtiendo a ambos grupos en sus favoritos.
K-Pop e historia: 1.000 visitantes diarios
El recorrido comienza en el ‘sendero de la historia’, donde los fans no solo admiran reliquias milenarias, sino que interactúan con instalaciones inspiradas en ‘Deadline’. Tras atravesar este espacio, los asistentes llegan a un muro diseñado para fotografías y, acto seguido, a una sala de escucha exclusiva. Iluminada con luces rosas fluorescentes, esta pequeña habitación —con capacidad para solo cinco personas a la vez— permite activar las canciones del álbum al pisar los títulos proyectados en el suelo, mientras bocinas en el techo reproducen los temas con calidad de estudio.
Según Eom Chae-hyeon, del departamento de relaciones públicas del museo, la afluencia diaria ronda los 1.000 visitantes desde la inauguración. Francesco, un italiano de 30 años y seguidor asiduo de la banda, destacó la singularidad del evento: “Es increíble que hayan cambiado un museo para un grupo de K-pop. En Europa sería impensable”, comentó, resaltando cómo Corea del Sur rompe moldes al integrar el entretenimiento con la preservación cultural.
El impacto de Blackpink trasciende lo musical: su álbum ‘Deadline’ vendió 1,4 millones de copias en su primer día, según Hanteo Chart, un récord absoluto para un grupo femenino de K-pop. Este hito refuerza su estatus como embajadoras globales de la cultura coreana, atrayendo a fans como Pao e Ira, quienes combinan su viaje con el esperado concerto de retorno de BTS, programado para finales de marzo.
Ocho reliquias, cuatro voces
Al salir de la sala inmersiva, los visitantes reciben audífonos para escuchar el disco y tarjetas coleccionables del grupo, junto a un folleto que los guía por ocho reliquias seleccionadas. Cada pieza es presentada mediante audioguías narradas por las integrantes: Jisoo y Jennie en coreano, Rosé en inglés, y —a partir de la próxima semana— Lisa en tailandés. Entre los artefactos destacan los pendientes de oro del reino de Silla (57 a. C.-935 d. C.) y la icónica ‘vasija lunar’ de porcelana blanca de la dinastía Joseon (1392-1910), testigos silenciosos de la riqueza artística coreana.
Esta colaboración única no solo celebra el lanzamiento de ‘Deadline’, sino que también refuerza el vínculo entre el K-pop y el patrimonio nacional. La fachada del museo, iluminada cada noche con tonos rosas, se ha convertido en un símbolo de esta fusión. Sin embargo, el tiempo apremia: las actividades del evento ‘Museo Nacional X Blackpink’ finalizarán el 8 de marzo, aunque las audioguías permanecerán disponibles hasta julio.
¿Podrá este tipo de iniciativas redefinir cómo las nuevas generaciones interactúan con la historia, usando el K-pop como puente?
El precedente que marcó la ruta: BTS y el Palacio de Gyeongbokgung en 2021
La colaboración entre el Museo Nacional de Corea y Blackpink no es la primera vez que el K-pop irrumpe en espacios patrimoniales del país, pero sí la más ambiciosa en términos de integración tecnológica. El antecedente directo se remonta a octubre de 2021, cuando BTS —bajo su sello Hybe Corporation— transformó el Palacio de Gyeongbokgung en un escenario para su canción *«Permission to Dance»*, como parte de una iniciativa gubernamental para revitalizar el turismo post-pandemia. El video, grabado en el patio principal del palacio (construido en 1395 durante la dinastía Joseon), acumuló 120 millones de vistas en YouTube en menos de un mes y disparó las visitas al recinto en un 47% durante el trimestre siguiente, según datos de la Administración del Patrimonio Cultural de Corea (CHA).
Sin embargo, hay tres diferencias clave que hacen de la alianza con Blackpink un salto cualitativo:
- Interactividad vs. escenografía: Mientras BTS usó el palacio como fondo estático, Blackpink ha incorporado tecnología háptica (suelos sensoriales en la sala de escucha) y realidad aumentada en las audioguías, donde las voces de las integrantes activan animaciones 3D de las reliquias al acercar el dispositivo.
- Duración y profundidad cultural: El evento de BTS duró 48 horas (solo para el rodaje), mientras que la exposición de Blackpink se extiende por 40 días con actividades diarias, incluyendo talleres sobre la caligrafía de la estela de Gwanggaeto (pieza central del museo, tallada en 414 d.C.).
- Impacto económico directo: Las ventas de entradas al museo se han incrementado en un 300% respecto al mismo período de 2023, con un 68% de visitantes internacionales (frente al 40% habitual), según cifras preliminares de la Organización de Turismo de Corea (KTO).
La estrategia también refleja un cambio en la narrativa: si BTS se asoció a la tradición (el palacio como símbolo de la Corea histórica), Blackpink apela a la reinvención, usando el museo como laboratorio para fusionar el pasado con el metaverso —un guiño a su colaboración con PUBG Mobile en 2022, donde recrearon virtualmente el Santuario Jongmyo (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO).
¿Un modelo exportable? El reto de equilibrar patrimonio y espectacularización
El éxito de estas iniciativas ha puesto sobre la mesa un debate urgente: ¿puede Corea del Sur monetizar su patrimonio sin banalizarlo? Mientras el Ministerio de Cultura analiza extender el modelo a otros recintos —como el Museo Nacional de Gyeongju, que alberga tesoros del reino de Silla—, expertos como Kim Young-na, profesora de Estudios Culturales en la Universidad de Seúl, advierten del riesgo de convertir los espacios históricos en parques temáticos. La clave, señala, estará en que futuras colaboraciones incluyan contenido educativo obligatorio (ej.: que el 20% del tiempo de visita se dedique a contextos históricos), algo que la exposición de Blackpink cumple solo parcialmente. Con el concerto de BTS en marzo —que incluirá una proyección en el Fuerte Hwaseong (Suwon)— y los rumores de que NewJeans prepara un proyecto con el Templo Bulguksa, 2024 podría ser el año en que el K-pop redefina (o ponga en jaque) los límites entre cultura y entretenimiento.