IA en riesgo: conflicto Irán encarecerá centros de datos globalmente
La guerra que sacude Oriente Medio sigue sumando actores, desde hogares en Dubái hasta manifestantes iraníes atrapados por drones y misiles. Mientras tanto, el comercio mundial se desacelera tras el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, canal por donde circula el 11 % del comercio global. Otro blanco directo —y literal— son los centros de datos: varios en la región han sufrido impactos en los últimos quince días, provocando daños y cortes de servicio.
Los centros de datos sostienen las economías digitales actuales, por lo que ambos bandos los atacan para desestabilizar y forzar rendiciones. Además, dependen de cadenas logísticas largas y frágiles: chips, módulos de memoria, conmutadores y refrigerantes atraviesan puntos estratégicos de Oriente Medio o se producen en países cercanos.
Entre los insumos críticos figuran helio y gases especiales para semiconductores, metales y componentes terminados que se mueven entre Asia, Europa y América del Norte.
La paralización casi total del transporte marítimo por Ormuz disparó los fletes, redujo la capacidad aérea y encareció los seguros de riesgo de guerra, encareciendo y retrasando desde bastidores de servidores hasta generadores y combustible.
El estrecho también es vital para petróleo y GNL; por ello, cualquier interrupción prolongada encarece la energía global, encareciendo la electricidad y refrigeración que consumen los centros a hiper-escala y dificultando la financiación de nuevos parques.
Estados Unidos apenas se resentirá: posee reservas propias, lidera la exportación de GNL y su producción nacional lo protege de los vaivenes del Golfo.
Más allá del impacto inmediato, el conflicto amenaza a centros de datos fuera de Oriente Medio. Abe Silverman, investigador del Instituto de Energía Sostenible de la Universidad Johns Hopkins, aclara que la guerra no daña directamente la cadena de suministro.
“La mayor amenaza para los centros de datos no es el tráfico de crudo ni la ruptura logística”, afirma. “La amenaza real es la percepción de que encarecen la electricidad para los consumidores”.
Con el tráfico marítimo por Ormuz prácticamente detenido, los precios del gas y la luz podrían seguir al alza; entonces, los usuarios podrían culpar a los centros de datos por sus ya elevadas facturas, advierte Silverman.
Las presiones físicas y económicas tardarán meses en reflejarse completamente, pero la reacción política puede ser inmediata: reguladores y comunidades escrutarán si los nuevos centros justifican el incremento en recibos eléctricas.
“No anticipamos cambios drásticos en la expansión de centros de datos en EE.UU., pero quienes apuestan por Europa y Oriente Medio deben considerarlo”, señala Julien Dumoulin-Smith, director de Jefferies.
Aparece también la cuestión de la financiación de megaproyectos cerca del conflicto. Según S&P Global Market Intelligence, en 2023 se cerraron acuerdos por 2.500 millones de dólares para centros de datos en Oriente Medio. Si la seguridad y rentabilidad no se garantizan, invertir allí será mucho más difícil.
Eso podría dejar proyectos en el limbo o, peor, canalizar capitales hacia Estados hostiles a Occidente. “Se reconstruirán rápido; si EE.UU. y Europa no actúan, lo harán con inversión china”, advierte Lynette Nusbacher, exoficial de inteligencia canadiense y británico.
Cada ataque envía un mensaje: “Los centros de datos son clave para el futuro post-petróleo de las monarquías del Golfo. Atacarlos demuestra que EE.UU. no puede ofrecer seguridad alguna”, concluye Nusbacher.
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