Guerra silenciosa: IA, stablecoins y el futuro de los pagos globales
El dinero invisible: La IA ya mueve millones en transacciones que las tarjetas tradicionales no pueden procesar.
El ecosistema de las monedas estables esperaba su momento decisivo: probar que los dólares digitales —como USDC o Tether— podrían impulsar no solo la especulación cripto, sino también las compras cotidianas a escala global. Pero cuando surgió la hipótesis de que los agentes de inteligencia artificial necesitarían sistemas de pago ultrarrápidos, baratos y programables para operar a velocidad de máquina, el escenario dio un giro inesperado.
Un solo informe de Citrini Research, que especulaba con que los agentes de IA evitarían las comisiones de las tarjetas tradicionales, bastó para borrar miles de millones en valor bursátil de gigantes como Visa Inc., Mastercard Inc. y American Express Co. en una sola sesión. Sin embargo, las empresas que desarrollan sistemas de pago para estos agentes están descubriendo que la realidad es más compleja de lo que parece.
Las tarjetas de crédito ofrecen algo que las stablecoins aún no pueden igualar: devoluciones automáticas, protección contra fraudes y resolución de disputas, todo respaldado por décadas de infraestructura de confianza utilizada por cientos de millones de usuarios. Según datos de Crone Consulting LLC, para 2030, las criptomonedas apenas representarán entre el 1 % y el 5 % del valor total del comercio minorista (tanto físico como en línea). El resto seguirá dependiendo de los métodos tradicionales.
“Se está exagerando”, advierte Christian Catalini, profesor del MIT y co-creador del proyecto Libra (luego rebautizado como Diem) de Meta. “El comercio impulsado por agentes de IA probablemente será dominado por los operadores convencionales”, añade. Las redes de tarjetas no se quedan atrás: Visa Intelligent Commerce ya se encuentra en fase de pruebas para agentes de IA, mientras que Agent Pay de Mastercard está operativo para titulares en Estados Unidos.
“La mayoría de los consumidores no tiene un monedero de stablecoins”, señala Rubail Birwadker, responsable global de crecimiento de Visa. “Debemos separar el ruido mediático alrededor de las stablecoins de lo que realmente ocurre en el mundo real”. Esta observación refleja una tendencia clara: incluso las startups que comenzaron apostando exclusivamente por pagos con stablecoins ahora están incorporando métodos tradicionales.
X402, un estándar abierto incubado por Coinbase, negocia la inclusión de pagos tradicionales este mismo año. Por su parte, Skyfire, una plataforma especializada en transacciones para agentes de IA, acaba de integrar Visa y planea añadir Mastercard en breve. Además, mantienen conversaciones avanzadas con bancos tradicionales. “En el lado del consumidor, las tarjetas seguirán siendo clave”, afirma Amir Sarhangi, CEO de Skyfire, quien cree que las stablecoins tendrán mayor adopción en el ámbito corporativo.
Incluso en el sector empresarial, las tarjetas podrían mantener su relevancia. Sean Neville, cofundador de USDC y actual director en Catena Labs, anticipa que el software de IA utilizará tarjetas virtuales desechables con límites de gasto predefinidos. Catena Labs ya está probando, en colaboración con bancos, un sistema que permita a estos agentes mover dinero, solicitar préstamos y operar con total seguridad.
“Usar raíles de stablecoin tiene sentido en ciertos casos, pero también podemos aprovechar los raíles tradicionales”, explica Neville. Esto no significa que las stablecoins desaparezcan, sino que su rol evolucionará.
El desafío de los micropagos: donde las tarjetas fallan
El auge del software asistido por IA está creando un nuevo tipo de comerciantes que el sistema financiero tradicional nunca anticipó. Imagina un desarrollador que ofrece datos financieros a través de una API: un agente de IA podría llamar a esa API 40.000 veces en una semana, pagando fracciones de céntimo por cada consulta. En estos casos, no hay una entidad legal clara ni condiciones de servicio que un procesador de pagos clásico esté dispuesto a asumir. Para estos agentes, la disyuntiva no es elegir entre stablecoins o tarjetas, sino entre stablecoins o nada.
Cuando los agentes de IA transan entre sí —ya sea para raspado de datos, consumo de APIs o encadenamiento de flujos de trabajo—, el modelo económico de las tarjetas se derrumba. Una comisión fija más un porcentaje sobre el valor de la transacción simplemente no es viable cuando el pago equivale a una décima de céntimo. Además, estos flujos son intrínsecamente globales: un agente en Estados Unidos, un proveedor en Europa y un clúster de servidores en Asia no deberían verse obligados a usar tres sistemas de pago distintos. Las stablecoins ofrecen una solución unificada, disponible 24/7 y sin fronteras.
“La mayoría de nuestras transacciones están por debajo de los 10 céntimos”, revela Erik Reppel, fundador de x402. “El rail de pago dependerá del tipo de compra”, añade. Su pronóstico es claro: las stablecoins dominarán los pagos menores a 5 dólares, mientras que las tarjetas seguirán siendo la opción preferida para montos superiores. Actualmente, x402 procesa entre 8.000 y 60.000 dólares diarios, principalmente en USDC.
El factor decisivo: autonomía vs. supervisión humana
El grado de autonomía de los agentes de IA será el factor clave que determine qué sistema de pago prevalecerá, según Cosmo Jiang, analista de Pantera Capital. “El diferenciador real son los agentes autónomos”, afirma. “Aquellos que operan con humanos en el bucle quizá no necesiten cripto”. Esto sugiere que las stablecoins podrían convertirse en la columna vertebral de una economía de agentes totalmente autónomos, mientras que los sistemas tradicionales seguirán dominando donde haya intervención humana.
La arquitectura que está emergiendo —al menos entre los actores más avanzados— combina lo mejor de ambos mundos: tarjetas virtuales en la interfaz de usuario (para mantener la familiaridad y las protecciones) y stablecoins en la liquidación posterior (para lograr eficiencia global). Así, las redes de pago conservan su relación con los clientes y las garantías asociadas, mientras que las criptomonedas obtienen el volumen de liquidación que necesitan para escalar.
Si los pagos impulsados por agentes de IA terminan adoptando este modelo híbrido —y aún es demasiado pronto para afirmarlo—, la industria de las stablecoins habrá encontrado su killer app: no reemplazando al sistema financiero tradicional, sino operando en segundo plano, como la infraestructura invisible que sustenta la próxima generación de comercio global.
¿Estamos ante el nacimiento de un sistema financiero paralelo, o simplemente ante la evolución natural de uno ya existente?
El precedente de Libra (Diem): ¿Por qué las stablecoins corporativas fracasaron antes?
El debate actual sobre stablecoins y pagos automatizados revive el fantasma de Libra, el ambicioso proyecto de Meta (Facebook) lanzado en 2019 que prometía revolucionar las transacciones globales con una moneda estable respaldada por una cesta de activos. Aunque el informe de Citrini Research ahora apunta a un futuro donde las stablecoins dominan los micropagos de IA, el caso de Libra —rebautizada como Diem en 2020— demuestra que la adopción masiva choca con barreras regulatorias y desconfianza institucional. El proyecto, que llegó a contar con 27 socios fundadores (incluyendo a Visa y Mastercard en sus primeras fases), colapsó en enero de 2022 tras dos años de presión de bancos centrales, gobiernos y organismos como el G7, que advirtieron sobre riesgos para la soberanía monetaria y la estabilidad financiera.
El fracaso de Diem dejó lecciones clave que hoy resuenan en el ecosistema de USDC y Tether. Primero, la resistencia de los bancos centrales: el Banco de Pagos Internacionales (BIS) publicó en 2020 un informe donde el 80% de los encuestados (66 bancos centrales) manifestó que las stablecoins privadas podrían socavar la política monetaria si alcanzaban escala. Segundo, la falta de incentivos para los consumidores: a pesar de que Diem prometía comisiones cercanas a cero, los usuarios ya estaban acostumbrados a sistemas como PayPal (78% de penetración en EE.UU. en 2021) o Venmo, que ofrecían integración con tarjetas y protecciones claras. Tercero, el costo de cumplimiento: Meta invirtió más de $100 millones en desarrollar la infraestructura de Diem, pero el proyecto se ahogó en requisitos de KYC/AML (conocimiento del cliente y anti-lavado) que encarecían cada transacción.
Hoy, plataformas como Skyfire o x402 evitan mencionar el término “stablecoin” en sus materiales públicos, optando por “soluciones de liquidación programable”. No es casualidad: en 2023, la Reserva Federal de EE.UU. multó a Tether con $41 millones por “declaraciones falsas o engañosas” sobre sus reservas, un recordatorio de que el escrutinio regulatorio sigue siendo el talón de Aquiles. Mientras, las tarjetas tradicionales avanzan en silencio: Visa procesó $14.1 billones en pagos en 2023 (un aumento del 9% interanual), y su división Visa Direct ya permite liquidaciones en tiempo real para 190 países.
¿Repetirá la historia el patrón de Diem?
El giro actual hacia los pagos para IA podría ser la última oportunidad para que las stablecoins demuestren su utilidad, pero el precedente sugiere que su adopción masiva dependerá de un factor no tecnológico: la capacidad de negociar con reguladores. Mientras empresas como Coinbase o Circle (emisora de USDC) gastan millones en cabildeo en Washington, los bancos tradicionales ya están probando tarjetas virtuales para agentes de IA con límites de gasto dinámicos, una solución que —como en 2019— podría dejar a las stablecoins relegadas a nichos técnicos. La pregunta no es si la IA necesita pagos ultrarrápidos, sino quién controlará los raíles.