Tanques iraníes en maniobras cerca del estrecho de Ormuz con misiles listos para defensa

Irán amenaza: “Guerra terrestre será letal para EE.UU. e Israel”

Advertencia bélica: Irán lanza un mensaje contundente a Washington y Tel Aviv tras los ataques aéreos del 28 de febrero.

El Ejército de Irán escaló este jueves sus amenazas contra Estados Unidos e Israel, advirtiendo que una eventual ofensiva terrestre contra su territorio sería “más peligrosa y costosa para el enemigo”, en un contexto de creciente tensión tras los bombardeos iniciados el 28 de febrero —justo cuando ambas potencias negociaban un posible nuevo acuerdo nuclear. Las declaraciones llegan en medio de movimientos militares sospechosos en la región, incluyendo el despliegue de tropas estadounidenses confirmado por el Pentágono.

“Cada centímetro protegido”: así describió el comandante de las Fuerzas Terrestres iraníes, Alí Yahanshahi, la preparación defensiva del país. En declaraciones recogidas por la televisión estatal IRIB, el militar aseguró que “todos los movimientos del enemigo en las fronteras son monitorizados” y que las tropas están listas “para todos los escenarios”. Yahanshahi subrayó que los soldados —a quienes llamó “hijos de la nación”“aplastarán al enemigo con ayuda de Dios”, en un discurso cargado de retórica religiosa y nacionalista.

El mensaje adquiere mayor gravedad al recordarse que Irán cuenta con uno de los ejércitos más grandes de Oriente Medio, con 610.000 efectivos activos (según datos de 2023 del *Instituto Internacional de Estudios Estratégicos*), además de su poderosa Fuerza Quds —responsable de operaciones externas— y un vasto arsenal de misiles balísticos capaces de alcanzar objetivos a más de 2.000 km de distancia.

Plan para ocupar una isla estratégica

La tensión se disparó aún más tras las declaraciones del presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, quien denunció un supuesto plan de EE.UU. e Israel —con apoyo de un “país de la región”— para ocupar una de las islas iraníes en el sur. Aunque no mencionó explícitamente el nombre, las referencias apuntan a Jark (clave para el control del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial) o a las disputadas Abu Musa, Tunb Mayor y Tunb Menor, reclamadas desde los años 70 por Emiratos Árabes Unidos (EAU).

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Qalibaf lanzó una advertencia directa: “Si dan algún paso, toda la infraestructura vital de ese país de la región será blanco de ataques implacables y sin restricciones”. La amenaza no es menor si se considera que, en septiembre de 2019, Irán ya respondió con un ataque con drones y misiles contra instalaciones petroleras en Arabia Saudita, dejando fuera de servicio el 50% de su capacidad de producción durante semanas.

Desde Washington, el Pentágono confirmó el miércoles a Europa Press el envío de refuerzos a Oriente Próximo: elementos de una división aerotransportada y una brigada de combate, en lo que medios estadounidenses interpretan como preparación ante una posible invasión a Jark. Esta isla, ubicada cerca del estrecho de Ormuz, es un punto neurálgico para la navegación comercial global y su control permitiría a quien la domine interrumpir el flujo de crudo hacia Asia y Europa.

¿Por qué ahora?

El timing de las amenazas no es casual. Los ataques aéreos del 28 de febrero —atribuidos a Israel, aunque no confirmados oficialmente— ocurrieron en pleno impasse nuclear: las negociaciones entre Teherán y Washington para revivir el acuerdo JCPOA (2015), abandonado por Donald Trump en 2018, llevan meses estancadas. Irán exige garantías económicas y el levantamiento total de sanciones, mientras EE.UU. presiona por límites más estrictos a su programa de enriquecimiento de uranio, que ya supera el 60% de pureza (cercano al nivel militar).

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Además, el conflicto se enmarca en una guerra proxy regional: Irán apoya a grupos como Hezbolá (Líbano), los hutíes (Yemen) y milicias en Irak y Siria, mientras Israel y EE.UU. buscan contener su influencia. Solo en 2023, se registraron 12 ataques atribuidos a Irán contra buques mercantes en el golfo de Omán, según el Comando Central de EE.UU..

¿Estamos al borde de un conflicto directo entre Irán y Occidente, o es solo otra ronda de presión máxima en una guerra de desgaste que lleva décadas? La respuesta podría definir el futuro del petróleo, la seguridad global y el equilibrio de poder en Oriente Medio.

El precedente de 2019: cómo Irán paralizó a Arabia Saudita y qué podría repetir

Las amenazas de Irán contra la infraestructura de sus riviales regionales no son retórica hueca. En septiembre de 2019, el país demostró su capacidad para ejecutar ataques de precisión a larga distancia cuando lanzó 18 drones y 7 misiles de crucero contra las instalaciones petroleras de Aramco en Abqaiq y Khurais (Arabia Saudita). El resultado: la mayor interrupción en la producción de petróleo de la historia, con 5,7 millones de barriles diarios fuera de línea —el 50% de la capacidad saudí— y un aumento inmediato del 15% en el precio del Brent, que saltó de $60 a $69 por barril en menos de 48 horas.

El ataque, reivindicado por los hutíes de Yemen (aliados de Irán) pero atribuido por EE.UU. y Arabia Saudita directamente a Teherán, expuso dos debilidades críticas: 1) La incapacidad de los sistemas antiaéreos saudíes (como el Patriot) para interceptar proyectiles de bajo vuelo, y 2) La dependencia global del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 21% del petróleo mundial. Según un informe del Congreso de EE.UU. de 2020, Irán posee más de 3.000 misiles balísticos, algunos con alcance para alcanzar Israel, Turquía y partes de Europa del Este. Si en 2019 el objetivo fue Arabia Saudita, hoy la isla de Jark —con su posición estratégica en el estrecho— sería un blanco aún más disruptivo: su ocupación o destrucción podría triplicar los costes de transporte marítimo en la región, según estimaciones de Lloyd’s List.

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Pero hay un detalle que pocos recuerdan: tras el ataque a Aramco, Irán no enfrentó represalias militares directas. La respuesta de EE.UU. se limitó a sanciones adicionales y al despliegue de 3.000 tropas extra en Arabia Saudita, una medida que Teherán interpretó como debilidad. Hoy, con el JCPOA en punto muerto y el programa nuclear iraní avanzando (ya enriquece uranio al 60%, cerca del 90% necesario para armas), el cálculo de riesgo en Washington es distinto. El Pentágono ha movido no solo una brigada de combate, sino también baterías THAAD (sistema antimisiles de alta altitud) a Qatar y EAU, algo que no hizo en 2019.

¿Repetirá Irán la fórmula o escalará a un conflicto abierto?

La clave está en Bahrein, donde EE.UU. tiene su Quinta Flota. Si Irán ataca Jark, la respuesta no vendrá solo de Israel, sino de los 15.000 marines estadounidenses estacionados a menos de 300 km de la isla. En 2019, el cálculo iraní fue golpear sin matar (no hubo víctimas mortales en Abqaiq). Esta vez, con tropas en tierra y un programa nuclear en la cuerda floja, el margen de error es cero. La pregunta no es si Irán actuará, sino qué línea roja cruzará primero: ¿misiles contra EAU, ciberataques a Israel o el bloqueo total del estrecho?

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