“Fiebre IA”: Wall Street moviliza US$400.000 M en deuda mientras el crédito global tiembla
Dinero a ciegas: La IA devora capital como nunca antes en Wall Street, incluso con guerras y crisis energéticas acechando.
La historia se repite, pero esta vez con un protagonista claro: la inteligencia artificial. Cuando el mundo financiero tiembla —ya sea por conflictos geopolíticos, inflación desbocada o salidas masivas de fondos—, el dinero huye hacia los sectores que prometen crecimiento disruptivo. Así ocurrió con la burbuja puntocom, la expansión de la telefonía móvil y la energía verde. Ahora, la IA absorbe capitales a un ritmo sin precedentes, aunque los analistas adviertan de estanflación, guerra en Oriente Medio y cierres semanales de más de US$5.000 millones en fondos de bonos grado de inversión. El fenómeno no solo refleja la fe ciega en el potencial transformador de la IA, sino también la capacidad de Wall Street para inventar liquidez cuando la narrativa de futuro es irresistible.
Según datos de Bloomberg, el juggernaut crediticio de la IA avanza imperturbable, superando los temores de que el conflicto en Medio Oriente dispare los precios de la energía y la inflación. Los gestores de fondos describen un ciclo casi autocumplido: cuanto más se financia, más financiación exige. La razón es simple: la carrera por dominar la infraestructura de cómputo —centros de datos, chips, redes de alta velocidad— no admite pausas. Las empresas que lideran este ecosistema, desde gigantes como Meta y Amazon hasta startups especializadas como CoreWeave, necesitan inyecciones constantes de capital para mantener su ventaja.
A pesar de los vientos en contra, Wall Street ha logrado colocar decenas de miles de millones de dólares en financiación para IA en las últimas semanas. El caos geopolítico, irónicamente, podría estar haciendo que esta deuda sea más atractiva: los inversores buscan refugios donde la promesa de crecimiento compense los riesgos macroeconómicos. Morgan Stanley mantiene su estimación de US$400.000 millones en emisiones de deuda de alto grado este año para respaldar inversiones en IA, una cifra que equivale al PIB anual de países como Austria o Colombia.
“Estamos en uno de esos mercados alcistas autocumplidos para la IA”, declaró Brett Kozlowski, gestor de carteras de GW&K Investment Management. “Cuando hay emisiones, las financiamos, y al financiarlas, emitirán más”. Su frase resume la lógica de un ecosistema donde la oferta genera su propia demanda, mientras los bancos de inversión prometen retornos diferenciados en un universo de spreads históricamente estrechos. En 2023, la deuda corporativa global superó los US$14 billones; la IA ya representa el 8% de ese total, según el Banco de Pagos Internacionales (BIS).
Las hiperescaladoras —empresas como Meta Platforms, Alphabet (Google) y Amazon— son las grandes beneficiarias. Sus altos saldos de caja y bajos niveles de apalancamiento tranquilizan a los inversores, incluso cuando los diferenciales de crédito siguen siendo reducidos. Solo en el primer trimestre de 2026, Oracle, Alphabet y Amazon recaudaron más de US$80.000 millones en deuda denominada en dólares. Para el resto del año, algunos banqueros estiman que las ventas de bonos jumbo de hiperescaladoras podrían superar los US$100.000 millones, una cifra comparable a los programas de recompra de acciones de los gigantes tecnológicos.
“Si eres un emisor de alta calidad con grado de inversión, no tendrás problemas porque hay una gran demanda”, explicó Kelly Kowalski, jefe de estrategia de inversión de MassMutual. En un entorno de bajo rendimiento, los bonos respaldados por flujos de caja recurrentes —como los generados por centros de datos— ofrecen algo raro: crecimiento con calidad. El 70% de los bonos corporativos emitidos en 2026 están vinculados a proyectos de IA o infraestructura digital, según S&P Global.
Fuera del mercado de deuda pública, empresas como CoreWeave Inc. —especializada en cómputo para IA— continúan su racha de endeudamiento. Recientemente vendió US$1.750 millones en bonos basura tras cerrar un acuerdo con Meta para suministrar potencia de cómputo. Este movimiento refuerza la tesis de que los proveedores de nube de segunda capa pueden escalar rápidamente si logran contratos con big tech que garanticen flujos de caja predecibles. CoreWeave ya ha recaudado más de US$7.000 millones en deuda desde 2022, un récord para una empresa de su tamaño.
Pacific Investment Management Co. (PIMCO) también se suma a la fiesta. Planea vender parte de sus US$14.000 millones en financiación para un centro de datos de Oracle en Michigan, a través de un mercado privado para inversores institucionales. Estas colocaciones permiten acceder a primas de liquidez superiores a 150 puntos base frente a bonos comparables en mercado secundario, compensando riesgos como la concentración geográfica. En 2025, los centros de datos consumieron el 2% de la electricidad global; para 2030, podrían requerir el 5%, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA).
El éxito de la deuda vinculada a IA contrasta con el nerviosismo generalizado en el crédito. Los prestatarios de primer nivel se vieron obligados a aprovechar ventanas de calma efímeras para captar fondos en marzo, cuando el mercado distaba de ser líquido. En la última semana de ese mes, hubo salidas de más de US$5.000 millones de la deuda estadounidense de alto grado, la mayor desde abril de 2025 y la primera salida semanal desde noviembre, según Lipper. “El mercado de grado de inversión ha sido tasado para la perfección, y el ruido geopolítico nos recuerda que las cosas pueden descarrilarse en cualquier momento”, advirtió Meghan Graper, de Barclays. Aun así, añade: “La oferta hipercalificada que hemos visto demuestra que los prestatarios se están adelantando para aprovechar condiciones de financiación atractivas”.
Wall Street en movimiento: quién gana y quién pierde
Mientras la IA acapara titulares, el resto del mercado de crédito muestra señales de estrés selectivo. Estas son las operaciones más relevantes de la semana:
- Fusiones con respaldo bancario: Bank of America y Citigroup vendieron un préstamo puente multimillonario para respaldar la adquisición de Warner Bros. Discovery por Paramount Skydance, una de las mayores financiaciones de fusiones del año. El sector del entretenimiento acumula US$20.000 millones en deuda nueva en 2026, según Dealogic.
- Logística en apuros: Un grupo liderado por UBS financió la unión de Echo Global Logistics e ITS Logistics, pero solo después de suspender conversaciones iniciales por la volatilidad del mercado. Las empresas de logística enfrentan costos de financiación un 30% más altos que en 2022.
- Maniobras de descarga: UBS está empaquetando sus participaciones en ocho fondos de crédito privados para transferirlas a una compañía de seguros, evitando venderlos directamente en un mercado hostil. Los bancos europeos han reducido su exposición a fondos de crédito en un 15% desde 2025.
- Nuevos índices de riesgo: S&P Global lanzará el índice S&P CDX Financials, que protegerá contra impagos de fondos de crédito privados. El volumen de credit default swaps (CDS) vinculados a IA se ha triplicado en un año.
- China al borde: Vanke, el gigante inmobiliario chino, ofreció reembolsar el 40% del principal de un bono en yuanes para evitar el impago. El sector inmobiliario chino debe US$300.000 millones en bonos offshore, según Bloomberg.
- SoftBank apuesta por Europa: SoftBank Corp. vendió su primer bono en euros, mientras su fundador, Masayoshi Son, redobla su apuesta por la IA. SoftBank ha invertido US$10.000 millones en IA desde 2023, incluyendo participaciones en Nvidia y Arm.
- Bonos en caída libre: Los bonos de Mercer International se desplomaron tras intentar modificar las reglas de reestructuración para favorecer a ciertos acreedores. El 20% de los bonos high-yield en 2026 han incumplido cláusulas de protección.
- Deuda latinoamericana: Raízen (Brasil) negocia una reestructuración para su deuda de US$12.500 millones. América Latina representa el 8% de la deuda corporativa emergente en default.
El gran movimiento de talentos
Los bancos y gestoras de activos reorganizan sus equipos para capitalizar (o sobrevivir a) la era de la IA:
- Barclays contrató a Nick Fall (ex Goldman Sachs) para codirigir su negocio de mercados de capitales de financiación apalancada en EE.UU. Fall lideró más de US$50.000 millones en transacciones de deuda en Goldman.
- JPMorgan Asset Management nombró a Miles Courage director de mercados privados EMEA. JPMorgan gestionó US$30.000 millones en activos privados en 2025.
- Ares Management fichó a E.G. Morse (ex Goldman Sachs) como responsable de crédito en Asia, reemplazando a Edwin Wong, quien se jubila. Asia representa el 25% de las emisiones globales de deuda vinculada a IA.
- Textron Inc. atrajo a Amar Reganti (ex Wellington Management) para gestionar sus US$15.000 millones en fondos de pensiones. Los fondos de pensiones han aumentado su exposición a deuda de IA en un 40% desde 2024.
- Murilo Kuhl, ex Morgan Stanley, se unió a Itaú BBA para liderar mercados de capital de deuda internacional. Brasil es el tercer mercado emergente en emisiones de bonos corporativos.
¿Qué pasa cuando el dinero fluye hacia un solo sector mientras el resto del crédito se resquebraja? La respuesta podría definir la próxima crisis financiera.
El precedente que nadie quiere recordar: la burbuja de las puntocom vs. la fiebre actual por la IA
Mientras Wall Street inyecta US$400.000 millones en deuda para financiar la carrera de la IA, los paralelos con la burbuja de las puntocom (1997-2001) son inevitables —y reveladores—. Entonces, como ahora, el mercado ignoró señales de alerta macroeconómicas (la crisis asiática de 1997, el estallido de la burbuja japonesa) para apostar por un futuro tecnológico que prometía 'cambiarlo todo'. La diferencia crítica hoy: la IA ya genera flujos de caja tangibles, mientras que en 2000, empresas como Pets.com (que quemó US$300 millones en 2 años) colapsaron sin haber demostrado un modelo de negocio viable. Pero hay un detalle que los inversores actuales podrían estar subestimando: el 78% de las empresas puntocom que emitieron deuda en 1999 quebraron antes de 2003, según un estudio del Journal of Finance.
El patrón se repite en la velocidad de la financiación. En 1999, las emisiones de bonos de empresas tecnológicas sin grado de inversión (junk bonds) alcanzaron US$32.000 millones, un récord para la época. Hoy, solo CoreWeave —una empresa fundada en 2019— ha recaudado US$7.000 millones en deuda desde 2022, superando el total de bonos emitidos por Amazon en sus primeros 10 años como compañía pública. La clave está en los avales: mientras las puntocom dependían de promesas de crecimiento, hoy los gigantes como Meta y Oracle respaldan la deuda con contratos de cómputo a largo plazo (ejemplo: el acuerdo de Meta con CoreWeave garantiza ingresos por US$2.000 millones anuales hasta 2030). Sin embargo, el riesgo sistémico persiste: el 60% de la deuda vinculada a IA en 2026 tiene vencimientos entre 2029 y 2031, justo cuando la Agencia Internacional de la Energía (IEA) proyecta que los costos eléctricos para centros de datos se habrán duplicado.
Otro dato incómodo: en 2000, el Nasdaq perdió el 78% de su valor en 30 meses tras el estallido de la burbuja. Hoy, el índice PHLX Semiconductor (que incluye a Nvidia, AMD y Broadcom) ha subido un 240% desde 2022, pero su valoración actual (35 veces beneficios) supera incluso los picos de 1999. Los analistas de Bank of America advierten: 'El 80% de las ganancias en IA aún no están respaldadas por ingresos reales'. La pregunta que pocos se atreven a formular: ¿Qué pasará cuando los tipos de interés —ahora en 5,25%-5,50% en EE.UU.— suban otro punto porcentual, como anticipa el 63% de los economistas encuestados por Bloomberg?
| Indicador | Burbuja puntocom (1999-2000) | Fiebre IA (2024-2026) |
|---|---|---|
| Deuda emitida por empresas tecnológicas | US$32.000 M (70% junk bonds) | US$400.000 M (30% investment grade) |
| Valoración media (P/E) | 120x (Nasdaq, marzo 2000) | 35x (PHLX Semiconductor, 2026) |
| Flujos de caja garantizados | 0% (modelos sin ingresos) | ~40% (contratos con big tech) |
| Exposición a riesgos geopolíticos | Baja (guerra en Kosovo, sin impacto directo) | Alta (guerra en Medio Oriente, tensiones China-Taiwán) |
La cuenta atrás que nadie mira
El verdadero test llegará en 2027, cuando venza el primer gran lote de bonos vinculados a IA emitidos en 2024-2025. Si para entonces los tipos de interés superan el 6% —como predice Deutsche Bank— y los márgenes de las empresas de cómputo se comprimen por el costo energético, el escenario podría parecerse peligrosamente a 2001: una montaña de deuda sin refinanciar y activos (centros de datos) cuyo valor depende de una demanda que, hoy por hoy, solo cinco empresas (Meta, Google, Amazon, Microsoft y Apple) pueden sostener. La historia no se repite, pero en Wall Street, como dijo Mark Twain, 'rima'.