🔴 Crisis en el Monumental: River cae, silbidos arrecian y el ‘Chacho’ admite lo peor
Golpe a la ilusión: River no solo perdió ante un Atlético Tucumán sin aspiraciones, sino que repitió errores del pasado y recibió el castigo de su propia hinchada.
La derrota 0-1 ante Atlético Tucumán no altera el segundo puesto de River en la tabla, pero sí profundiza la crisis de imagen que arrastra desde hace meses. Los silbidos en el Monumental, cada vez más frecuentes, son el termómetro de una afición que ya no tolera las promesas incumplidas. El equipo de Eduardo “Chacho” Coudet sumó su segunda caída en el ciclo del técnico, ambas en casa: primero ante Boca y ahora ante un rival que llegaba con 22 partidos sin ganar como visitante (su última victoria data de enero de 2025) y sin nada en juego en los play-offs. Una estadística que empeora: River lleva 22 encuentros sin remontar un marcador adverso, una losa que heredó de la era Marcelo Gallardo y que ahora parece un sello indeleble.
El fantasma de las derrotas caseras resurgió. River había caído antes en el Monumental ante Sarmiento, Riestra y Gimnasia La Plata, equipos que, sobre el papel, no deberían representar un obstáculo insalvable para un club de su envergadura. Pero la realidad es tozuda: el equipo no encuentra soluciones contra bloques defensivos cerrados, un problema que se arrastra desde hace temporadas y que ni la llegada de Coudet ha logrado resolver.
La presión por resultados es máxima. En solo siete días, River deberá disputar tres partidos clave: el jueves viaja a Caracas para medirse a Carabobo por el primer puesto de su zona en la Copa Sudamericana; luego, el fin de semana, será local en los octavos de final de la Liga Profesional, probablemente ante San Lorenzo (a menos que Defensa y Justicia logre una victoria por dos goles de diferencia sobre Gimnasia en Mendoza). Un calendario exigente que expone la falta de profundidad en el plantel: con lo que tiene, al equipo le cuesta sostener el ritmo en doble competencia.
La última fecha de la fase de grupos de la Sudamericana se suponía un trámite. River ya tenía asegurado el segundo puesto en la Zona B, pero el estímulo de la Tabla Anual —donde Independiente Rivadavia lidera con solidez— añadió un condimento extra. Sin embargo, el equipo no respondió. Coudet optó por una rotación arriesgada, mezclando titulares con suplentes que rara vez tienen minutos. Entre ellos, destacó el regreso de Maximiliano Meza, ausente seis meses por una avulsión en el tendón rotuliano izquierdo sufrida en la Bombonera el pasado noviembre de 2025. El volante, que bajo Gallardo solía jugar más adelantado, esta vez integró el doble pivote junto a Moreno, con la misión de iniciar el juego y distribuir la pelota. Aunque al principio disimuló bien su falta de ritmo, su aporte no alcanzó para desequilibrar.
Atlético Tucumán llegó al Monumental con un plan claro: cerrar espacios, jugar al contraataque y aprovechar la lentitud de la defensa riverplatense. Ricardo Falcioni, un estratega curtido en mil batallas, no necesitaba instrucciones para saber cómo neutralizar a un River previsible. El local requería movilidad, precisión y una secuencia de pases rápida para romper el bloque rival. Pero una vez más, la distancia entre la intención y la ejecución fue un abismo. Las pocas aproximaciones al área —un remate de Bustos tras una doble pared y una incursión de Meza— no alcanzaron para inquietar al arquero Ingolotti. En cambio, el gol de Tesuri, tras un error de Moreno y la lentitud de Pezzella para marcar a Nicola, llegó como un baldazo de agua fría: menos de 20 minutos de juego y River ya perdía.
El primer tiempo cerró con silbidos y un equipo desesperado. River arrimó con un remate de Ruberto, un cabezazo alto de Pezzella y un intento de Subiabre que se fue por encima del travesaño. Pero ninguna situación fue tan clara como el mano a mano que Franco Armani —ausente por lesión— habría detenido: Beltrán le tapó un remate a Leandro Díaz en una jugada que pudo sentenciar el partido. La frustración de la hinchada era palpable.
El recambio que no llegó: juveniles sin impacto y errores que se repiten
Coudet movió el banco al inicio del segundo tiempo: ingresaron Salas, Páez y el debutante Lautaro Pereyra (18 años), quien en sus primeros minutos mostró destellos de lo que el equipo necesita: desborde, gambeta y llegada al área. El joven volante esquivó a dos rivales dentro del área y sacó un remate que rozó el palo. Minutos después, asistió a Páez, quien desperdició el empate. Pero la chispa se apagó rápido. Entró Juanfer Quintero —más querido por la hinchada que por el técnico—, pero su aporte fue nulo. La ansiedad crecía: un cabezazo de Salas pegó en el travesaño, mientras Páez y otros demostraban liviandad en los metros finales. Atlético, por su parte, se replegó con solidez y administró el tiempo con demoras que irritaron aún más al público.
El colmo llegó cuando Leandro Díaz tocó la pelota con el codo en su área. Ni el árbitro Falcón Pérez —de pobre actuación— ni el VAR consideraron penal. River, sin ideas, aceptó la derrota como un destino inevitable. “Hicimos un mal partido, no tuvimos claridad ni generamos situaciones de gol“, admitió Germán Pezzella, capitán cuya lucidez al hablar contrasta con su falta de liderazgo en la cancha. Coudet fue más duro: “Malísimo, fue el peor partido“.
La derrota ante Tucumán no es un hecho aislado. Tras la victoria en Brasil ante Bragantino por la Sudamericana, el propio Coudet había hablado de la “rigidez futbolística” de su equipo, de su dificultad para “soltarse”. Contra Atlético, ese diagnóstico se confirmó con creces. Ahora, el fantasma de otro semestre perdido planea sobre Núñez. La pregunta es inevitable: ¿Hasta cuándo aguantará la paciencia de una hinchada que ya no cree en discursos?
Lo más destacado de River 0 – Atlético Tucumán 1
- El error defensivo: Fallo de Enzo Moreno y lentitud de Pezzella en el gol de Tesuri (minuto 18).
- El debut de Pereyra: El juvenil de 18 años fue el único que generó peligro con gambetas y un remate al palo.
- La polémica: Codo de Díaz en el área no sancionado ni por Falcón Pérez ni por el VAR.
- Las estadísticas que duelen: River no remonta un partido desde hace 22 encuentros y lleva tres derrotas caseras en lo que va del año.
- El calendario que apremia: En siete días, enfrentará a Carabobo (Sudamericana), San Lorenzo (octavos) y un rival por definir.
Por Claudio Mauri
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El precedente que persigue a Coudet: de Racing a River, una historia de tropezones en casa
La derrota ante Atlético Tucumán no es solo un traspié más en el ciclo de Eduardo “Chacho” Coudet en River: es un patrón que se repite desde su etapa en Racing Club (2021-2022), donde su equipo también cayó en casa contra rivales teóricamente inferiores. En la Superliga 2021, el *Academia* perdió 2-1 ante Patronato —un equipo que terminaría en puestos de descenso— en el Cilindro, con un guion idéntico al de ayer: dominio estéril, errores defensivos y silbidos de una hinchada que ya no toleraba la falta de jerarquía. Ese tropiezo marcó el inicio del fin para Coudet en Avellaneda, donde fue despedido solo tres meses después, tras sumar 4 derrotas en 12 partidos (tres de ellas en casa).
En River, la historia se escribe con los mismos trazos. El técnico llegó con la promesa de romper la sequía de títulos —el último fue la Liga Profesional 2023, bajo Gallo— y de devolverle al equipo la solidez defensiva que lo caracterizó en sus épocas como jugador. Sin embargo, los números lo traicionan: bajo su mando, el *Millonario* ha perdido 3 de 7 partidos en el Monumental, una cifra que solo Marcelo Gallardo igualó en sus peores rachas (entre abril y junio de 2022, cuando cayó ante Talleres, Colón y Vélez en casa). La diferencia es que Gallardo tenía el crédito de 14 títulos en su haber; Coudet, en cambio, arrastra el lastre de no haber ganado ningún campeonato como DT en Argentina desde su paso por Rosario Central en 2018 (donde conquistó la Copa Argentina).
El problema no es solo táctico, sino psicológico. River lleva 22 partidos sin remontar un marcador adverso, una estadística que se remonta a la era Gallardo pero que bajo Coudet se ha agravado: en sus 10 partidos al frente del equipo, el *Millonario* solo ha logrado dar vuelta un resultado (2-1 a Independiente Rivadavia, por la Copa de la Liga). Para empeorar las cosas, el equipo ha convertido solo 3 goles en el segundo tiempo en este ciclo, todos ellos de penal o en jugadas a balón parado. La falta de reacción en los minutos finales —un sello que distinguió a River en sus épocas doradas— es ahora su talón de Aquiles.
| Técnico | Derrotas caseras en primeros 10 partidos | Goles en segundo tiempo (no penales) | Remontadas |
|---|---|---|---|
| Coudet (2026) | 3 (Boca, Tucumán, Sarmiento) | 1 | 1 (vs. Rivadavia) |
| Gallardo (2022) | 3 (Talleres, Colón, Vélez) | 5 | 2 (vs. Aldosivi, Patronato) |
| Almeyda (2011) | 2 (Lanús, Godoy Cruz) | 4 | 3 (vs. Newell’s, San Lorenzo, Estudiantes) |
¿Un ciclo condenado antes de tiempo?
El calendario no perdona: en los próximos 15 días, River enfrentará a Carabobo (Sudamericana), San Lorenzo (octavos) y un rival por la Liga, con la obligación de sumar al menos 7 puntos para no quedar fuera de la pelea por el título. Pero el verdadero examen no será deportivo, sino emocional. Coudet ya vivió en Racing cómo una hinchada exigente puede volverse en su contra cuando los resultados no llegan. En River, el margen de error es aún menor: la afición no olvida que, bajo Ramón Díaz en 2014, el equipo logró 11 victorias consecutivas en casa tras una crisis similar. La pregunta ya no es si el *Chacho* puede enderezar el rumbo, sino cuántas derrotas más tolerará una dirigencia que, históricamente, actúa con rapidez cuando el Monumental ruge… en contra.