Brasil y México: recortes de tasas con estrategias opuestas en un mundo inestable
Choque de estrategias: En solo ocho días, Brasil y México recortaron tasas en 25 puntos base, pero con visiones radicalmente distintas ante la misma tormenta global.
El 18 de marzo, el Banco Central de Brasil redujo su tasa Selic al 14,75%, la más alta en dos décadas antes de este ajuste. Una semana después, el 26 de marzo, Banxico siguió el movimiento, llevando su tasa de referencia al 6,75%. Mismo ritmo, objetivos opuestos: mientras Brasil prioriza contener una inflación persistente en un contexto geopolítico explosivo, México apuesta por estimular una economía que ya muestra signos de contracción.
El escenario no podría ser más complejo: el petróleo se disparó de 72 a 103 dólares en tres semanas, la inflación proyectada para 2026 en Brasil rozó el techo de la meta (4,10%), y los conflictos en el estrecho de Ormuz amenazan con desestabilizar los mercados emergentes. ¿Por qué, entonces, ambos bancos centrales eligieron recortar? La respuesta está en el timing y en los riesgos que cada uno está dispuesto a correr.
Brasil: un recorte forzado por el calendario, no por los datos
El Comité de Política Monetaria de Brasil (Copom) cumplió su promesa de enero: iniciar la flexibilización en marzo “si el escenario previsto se confirmaba”. Pero el escenario no solo no mejoró, sino que empeoró. Según Delphos Investment, la inflación proyectada para el tercer trimestre de 2027 saltó al 3,3% (frente al 3,0% objetivo), y la brecha en los precios de combustibles de Petrobras alcanzó niveles insostenibles. Aun así, el recorte fue unánime entre los siete directores del comité —que opera con dos vacantes desde diciembre—.
La clave no estuvo en los 25 puntos base, sino en el mensaje adjunto: el Copom admitió que el conflicto en Ormuz —vital para el transporte de petróleo— ha aumentado la incertidumbre global, afectando las condiciones financieras y los precios de las materias primas. “Calibración” fue la palabra elegida para describir el movimiento, un término deliberadamente ambiguo que deja la puerta abierta a pausar el ciclo si la guerra escalara. Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs, lo resumió así: “El recorte ocurrió porque ya estaba anunciado. Empezar con 25 puntos permite acelerar a 50 si la situación mejora, sin el costo de parecer indecisos”.
El mercado ya descuenta una Selic terminal de 12,25% para diciembre, lo que implicaría 250 puntos base adicionales de recorte. Pero ese escenario, advierte Delphos, depende de dos factores críticos: que la crisis en Ormuz no se agrave y que Petrobras no se vea obligada a ajustar las tarifas de combustibles, lo que dispararía la inflación. El riesgo es real: si en abril la proyección de inflación para el cuarto trimestre de 2027 sigue por encima de la meta, podría no haber un segundo recorte.
Mientras tanto, la economía brasileña muestra señales mixtas. El IGP-10, un indicador mayorista que refleja la dinámica de precios, cayó 0,24% en marzo (acumulando -2,53% en 12 meses), lo que sugiere que la restricción monetaria ya está surtiendo efecto en los precios al productor. Sin embargo, el consumidor aún no cede: la inflación al consumo se mantiene resistente, y el mercado laboral sigue firme, sin señales claras de enfriamiento. ¿Puede Brasil permitirse el lujo de esperar?
México: apuesta arriesgada contra la estanflación
El Banxico tomó una decisión que sorprendió al mercado: recortar la tasa en 25 puntos base, hasta el 6,75%, en una votación ajustada (3-2). La gobernadora Victoria Rodríguez y los subgobernadores Cuadra y Mejía argumentaron que la debilidad de la actividad económica —con una caída del 0,9% mensual y -0,3% interanual en enero— justificaba el movimiento. Los otros dos miembros del comité, Heath y Borja, prefirieron mantener la tasa en 7%, alertando sobre los riesgos inflacionarios.
México enfrenta el mismo dilema que Brasil: estanflación (estancamiento + inflación). Pero mientras el Copom optó por la cautela, Banxico eligió estimular la economía a pesar de que la inflación general subió del 3,92% al 4,63% en la primera quincena de marzo, y la inflación subyacente —que excluye productos volátiles— se mantiene en 4,52%, sin ceder. ¿Por qué el riesgo? Porque, según Delphos, “existían argumentos sólidos para esperar condiciones más benignas antes de entregar más estímulo”.
La reacción del mercado fue inmediata: el peso mexicano se depreció, y el tipo de cambio escaló a 17,90 por dólar (un avance del 0,9% en la sesión). Aunque el diferencial de tasas con la Reserva Federal sigue siendo atractivo (6,75% vs. 5,25%-5,50%), la decisión de Banxico introduce incertidumbre. ¿Qué pasará si la inflación sigue subiendo mientras la economía no reacciona?
El comunicado del Banxico dejó claro que los próximos pasos dependerán de “la evolución de las condiciones macroeconómicas y financieras”, sin comprometer un ciclo de recortes. Pero el mensaje entre líneas es claro: México está dispuesto a arriesgarse a que la inflación se dispare con tal de evitar una recesión. Una apuesta peligrosa en un año electoral y con tensiones geopolíticas que podrían empeorar.
¿Quién tiene razón? El dilema de los emergentes en 2024
Brasil y México representan dos caras de una misma moneda: ¿cómo responder a un mundo donde la inflación persiste, el crecimiento se frena y los conflictos geopolíticos amenazan con desestabilizar todo? Brasil elige protegerse, incluso si eso significa mantener tasas históricamente altas que ahogan la actividad. México, en cambio, prioriza el crecimiento, aunque eso implique alimentar una inflación que ya está fuera de control.
El contexto no podría ser más adverso. La guerra en Oriente Medio sigue activa, los precios del petróleo no dan tregua, y la Reserva Federal aún no ha comenzado su ciclo de recortes, lo que mantiene la presión sobre las monedas emergentes. Para Brasil, el riesgo es quedarse atrás si la Fed finalmente baja tasas. Para México, el peligro es que la inflación se dispare y obligue a un giro brusco en su política monetaria, justo cuando la economía más lo necesita.
Los mercados ya están posicionándose. En Brasil, la curva de depósitos interbancarios descuenta una Selic en 12,25% a fin de año, pero ese escenario depende de que Petrobras no ajuste los combustibles y de que Ormuz no explote. En México, el peso ya castigó la decisión del Banxico, y los inversores están en alerta máxima. ¿Quién ganará la apuesta? La respuesta podría definir no solo el rumbo de estas dos economías, sino el de toda América Latina en 2024.
Mientras tanto, una pregunta sigue en el aire: ¿Pueden los bancos centrales de los emergentes permitirse el lujo de equivocarse?
El precedente de 2018: cuando Banxico recortó tasas en plena inflación y el costo fue alto
La decisión del Banxico de recortar tasas el 26 de marzo —a pesar de que la inflación subyacente se mantiene en 4,52%— evoca un episodio que los mercados no han olvidado: el ciclo de recortes de 2018, cuando la autoridad monetaria mexica bajó la tasa de referencia de 7,25% a 6,50% entre junio y diciembre, en pleno repunte inflacionario. El resultado fue un peso depreciado en un 8,3% frente al dólar en seis meses y una inflación que, lejos de ceder, cerró 2019 en 5,36%, el nivel más alto desde 2001 (excluyendo la crisis de 2017 por los ajustes a gasolinas).
En aquel entonces, el argumento del Banxico fue similar al actual: la economía mostraba signos de debilidad (el PIB creció solo 0,1% en el segundo trimestre de 2018), y el comité apostó por estimular el consumo. Sin embargo, dos factores clave torcieron el escenario: primero, la guerra comercial entre EE.UU. y China escaló, afectando las cadenas de suministro globales y presionando los precios de importaciones; segundo, PEMEX anunció un aumento del 5,6% en los precios de los combustibles en noviembre de 2018, lo que disparó la inflación no subyacente. El Banxico tuvo que revertir su postura en 2019, subiendo tasas en 250 puntos base en solo ocho meses para contener el daño.
Hoy, los paralelos son inquietantes:
- Inflación persistente: En 2018, la subyacente rondaba el 4,1%, similar al 4,52% actual. La diferencia es que entonces el repunte era incipiente; ahora, lleva más de dos años por encima del objetivo del 3%.
- Contexto geopolítico adverso: En 2018, la guerra comercial añadió 1,2 puntos porcentuales a la inflación de México por el encarecimiento de insumos. Hoy, el conflicto en Ormuz ya ha elevado el petróleo a 103 dólares por barril, y un cierre prolongado del estrecho podría sumar hasta 0,8 puntos a la inflación local, según estimaciones de Citibanamex.
- Presión cambiaria: El peso se depreció 3,1% en los tres meses siguientes al primer recorte de 2018. Esta vez, la moneda ya perdió 0,9% en una sola sesión tras el anuncio del 26 de marzo.
¿Repetirá Banxico el error de 2018?
La gobernadora Victoria Rodríguez insistió en que esta vez el escenario es distinto porque la inflación de servicios (4,8%) está empezando a ceder, algo que no ocurrió en 2018. Pero los analistas de JP Morgan advierten: si el petróleo supera los 110 dólares —un umbral que el banco considera probable si la crisis en Ormuz se prolonga—, México enfrentaría un shock de costos similar al de hace seis años. La diferencia es que entonces el Banxico tenía márgenes de maniobra: la tasa estaba en 7,25% y la Fed en 2,25%. Hoy, con la Fed aún en 5,25%-5,50% y el diferencial en su mínimo desde 2019, el espacio para corregir es limitado. Si la inflación repunta, el Banxico podría verse obligado a subir tasas en pleno año electoral, un escenario que los mercados ya empiezan a descontar: los swaps de inflación a 12 meses saltaron 18 puntos base el día del anuncio, la mayor alza desde 2021.