Tomás Aranda y Adam Bareiro celebran el gol de Boca en La Bombonera antes de la Libertadores 2024

Boca despierta a tiempo: victoria clave antes de la Libertadores

Arranque decisivo: Boca encendió su motor en el segundo tiempo y selló una victoria moral ante Instituto, clave para llegar con confianza a la Copa Libertadores.

En un abrir y cerrar de ojos, el Xeneize paró el cronómetro a sus fantasmas del semestre y se regaló un triunfo celebrado en su último juego como local antes del arranque continental. Un inicio de complemento vertiginoso bastó para que Tomás Aranda —flamante citado a la selección sub 20— estrenara su cuenta goleadora en Primera, para que Adam Bareiro rompiera una sequía de 5 partidos sin convertir (su último gol había sido en la Copa Argentina, con doblete incluido), y para que Claudio Ubeda respirara aliviado en la víspera de la fecha FIFA, un plazo que parecía su límite. Aunque el nivel aún debe escalar para competir en el plano internacional, el equipo sumó tres puntos que pesan más en la moral que en la tabla: cortó una racha de cuatro empates consecutivos en La Bombonera y, por primera vez en semanas, se despidió con aplausos de su hinchada.

El reclamo de la parcialidad no se hizo esperar: “¡Quiero la Libertadores!”, corearon apenas el equipo tocó el balón. Pero el conjunto parecía sordo al pedido: desconectado, impreciso y sin ideas claras, le costó inquietar al arco rival y se fue al vestuario entre silbidos, un escenario que ya se había repetido en los últimos cotejos. La afición, que pasó del canto inicial al nerviosismo crónico, reflejó la frustración de un primer tiempo donde Boca tuvo 74% de posesión, pero cero tiros al arco.

La ausencia de Santiago Ascacibar —fuera por un desgarro y con la mira puesta en llegar justo al debut copero ante Universidad Católica— se sintió. En su lugar, Ander Herrera ofreció otra versión opaca: frágil físicamente, desprolijo en la conducción (su principal arma) y errático en la distribución. El español, alineado por derecha en un 4-3-1-2, perdió el 80% de los duelos y no fue el socio que Leandro Paredes —recuperado de su lesión— necesitaba para generar juego. Sus pelotazos largos y frontales fueron bien neutralizados por la zaga de Instituto, que se paró con cinco defensores y ajustó la marca sobre el doble nueve.

Boca, cuidadoso en exceso, cayó en la previsibilidad: abusó de la tenencia desde el fondo y llevó el ritmo a un tempo lento, justo el que más convenía a la Gloria. El equipo cordobés, parado con bloque bajo, ocupó bien el ancho del campo y mandó a sus laterales a marcar mano a mano a los extremos xeneizes, con ayuda del central que se terciaba. Así, ni Lautaro Blanco —especialmente anulado— ni Marcelo Weigandt pudieron desequilibrar por las bandas. Sin mediocampistas que llegaran al área —otro problema agravado sin Ascacibar—, todo dependió de los destellos individuales.

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En ese contexto, Aranda mostró destellos de su técnica, pero sin terminar de incidir, mientras que Miguel Merentiel y Bareiro generaron más córners (5 en total) que situaciones claras de gol. El uruguayo tuvo dos oportunidades: la primera, tras un centro de Aranda, fue ahogada por una gran salida de Manuel Roffo; la segunda, tras un pase magistral de Paredes que lo dejó mano a mano, terminó con un remate por arriba del travesaño. Instituto, por su parte, armado para lastimar de contra, fabricó dos ocasiones peligrosas. Guiado por Alex Luna, tuvo su cuota de pelota quieta y las escapadas de John Córdoba, aunque el colombiano se topó con un Agustín Marchesín en estado de alerta, quien también sería clave en el complemento.

El partido cambió cuando la temperatura subió. Boca compensó con garra lo que le faltaba en juego y, en los primeros 10 minutos del segundo tiempo, generó dos remates en los palos: el primero, de Merentiel, tras un toque sutil de Aranda; el segundo, de Bareiro, de cabeza. El gol llegó al minuto 52″, cuando el juvenil Aranda definió con la derecha abierta para colocarla junto al palo izquierdo de Roffo. En ese tramo, donde el Xeneize salió decidido, también sufrió: Marchesín evitó el empate con una atajada clave ante Córdoba.

Lejos de conformarse, Boca asumió el riesgo y fue por más. Aranda, enchufado, se volvió impredecible con sus regates (completó 4 driblings exitosos en el partido), mientras que el equipo, a diferencia de otros encuentros, entendió que era momento de definir. El segundo gol llegó al 67″, con Bareiro rompiendo su sequía: el paraguayo, que llevaba 420 minutos sin convertir, apareció en el área para empujar un centro rasante y sellar el 2-0. Su último gol en Primera había sido el 12 de febrero, en la victoria 3-0 ante Central Córdoba por la Copa de la Liga.

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Tras la goleada ante Lanús (4-0) y dos empates seguidos ante San Lorenzo y Unión —donde el equipo había retrocedido—, Boca volvió a cerrar un partido sin sobresaltos. Aunque Leandro Brey dejó dudas en los minutos que estuvo en cancha y Instituto insinuó algún intento de descuento con un remate de Gastón González que se fue alto, el Xeneize manejó el trámite. Hubo tiempo para darle minutos a Alan Velasco (en su regreso tras lesión) y para que Paredes y Aranda recibieran una ovación al final, algo que no ocurría desde hacía semanas.

Ahora, tras la fecha FIFA —donde Ascacibar, Merentiel y Marchesín (quien se retiró con una molestia física) serán evaluados—, vendrá el viaje a Córdoba para enfrentar a Talleres y, luego, el gran objetivo del año: el debut en la Libertadores, el 4 de abril ante Universidad Católica. Allí se medirá la verdadera dimensión de este Boca, que hoy dio un paso adelante, pero sabe que en la Copa no habrá margen para arranques lentos.

¿Podrá el Xeneize mantener esta garra cuando el nivel de los rivales suba?

El fantasma de los arranques lentos: Boca en Libertadores y su historial de remontadas forzadas

La victoria ante Instituto llegó con un guión ya visto: un primer tiempo opaco y un despertar en el complemento que salvó los muebles. Pero este patrón no es nuevo para Boca, especialmente en la Copa Libertadores, donde los arranques lentos se han convertido en un leitmotiv peligroso. En las últimas cinco ediciones del torneo, el Xeneize ha empezado perdiendo en 6 de sus 10 partidos de fase de grupos, según datos de CONMEBOL. La pregunta ahora es si el equipo de Ubeda podrá romper esta tendencia contra Universidad Católica, un rival que, como Instituto, suele plantarse con bloque bajo y contraataques letales.

El precedente más reciente —y doloroso— ocurrió en 2023, cuando Boca cayó 0-1 ante Deportivo Pereira en la Bombonera en su debut grupal. Aunque luego remontó (2-1), el costo fue alto: lesiones clave (como la de Luis Advíncula, que se perdió tres partidos) y un desgaste físico que se arrastó hasta octavos. Ese año, el equipo terminó segundo en su grupo con 10 puntos, pero pagó caro su irregularidad: en la siguiente fase, Racing lo eliminó con un 0-0 en Avellaneda que expuso su falta de jerarquía en partidos cerrados. Otro caso emblemático fue en 2021, cuando el Xeneize perdió 1-2 ante Santos en Brasil tras ir ganando. El error táctico de aquél entonces —ceder la posesión en el segundo tiempo— se repitió ayer contra Instituto: Boca tuvo 74% de pelota en el primer tiempo, pero 0 remates al arco, igual que en el 0-0 ante Always Ready en la Libertadores 2022, donde terminó con 68% de posesión y solo 1 tiro entre los tres palos.

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El dato más alarmante, sin embargo, es el récord de goles en los primeros 45 minutos: en sus últimos 15 partidos de Libertadores, Boca ha marcado apenas 3 goles en la primera mitad (un 12% del total). La dependencia del segundo tiempo no solo desgasta físicamente —como admitió Carlos Tévez en 2020 tras un partido ante Independiente del Valle—, sino que expone al equipo a contraataques. Universidad Católica, precisamente, es especialista en esto: en la fase de grupos de la Libertadores 2023, el 60% de sus goles llegaron en transiciones rápidas, según Opta Sports. Su delantero Fernando Zampedri (máximo goleador histórico del club en el torneo con 18 tantos) anota el 44% de sus goles entre el minuto 15 y 30, justo el tramo donde Boca suele dormirse.

¿Repetirá la historia o Ubeda tiene un as bajo la manga?

El técnico sabe que, sin Ascacibar (clave para equilibrar la salida de balón), el mediocampo queda huérfano. En 2023, cuando el volante estuvo ausente por lesión, Boca perdió 2 de 3 partidos en la Libertadores y recibió 5 goles. Ahora, con Herrera en duda (solo ha completado 1 de sus últimos 5 partidos sin ser sustituido) y Paredes recién recuperado, la presión sobre Aranda —el único que ayer desequilibró— será máxima. El juvenil, que debutará en la Copa, tendrá que demostrar que su performance ante Instituto no fue un espejismo: en la Copa Sudamericana 2023, los jugadores sub-20 de Boca (como Valentín Barco) promediaron 0.3 goles por partido, pero con un 78% de pases errados en campo rival. La Libertadores no perdona esos números.

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