“Trampa mortal en el Mediterráneo”: Israel acusa de sabotear 22 barcos y dejar civiles a la deriva
Sabotaje en alta mar: Israel es acusado de inutilizar motores de 22 embarcaciones y abandonar a civiles ante una tormenta inminente.
La Global Sumud Flotilla denunció este jueves que tropas israelíes abordaron 22 de sus barcos en aguas internacionales del Mediterráneo, dejando a cientos de civiles atrapados al “inutilizar sus motores” y destruir sistemas de navegación. Según el comunicado, las fuerzas se retiraron justo cuando se aproxima “una tormenta masiva”, lo que calificaron como “una trampa mortal calculada”.
“El mundo presencia esta noche la exportación de la doctrina de abandono planificado del Ejército israelí“, afirmó la organización. La flotilla, que transportaba ayuda humanitaria, asegura que Israel interceptó las embarcaciones a más de 965 km de Gaza, en una zona cercana a la isla griega de Creta, donde aún navegan 36 barcos sin ser interceptados.
El comunicado detalla que, tras la incursión, las comunicaciones quedaron cortadas, impidiendo coordinar rescates. “Los militares se retiraron tras destrozar los motores, dejando deliberadamente a civiles a la deriva en barcos averiados”, subrayaron. La flotilla comparó esta táctica con la usada en Gaza: “Israel crea condiciones para la muerte y luego deja que la naturaleza termine el trabajo”.
Este incidente recuerda al abordaje del buque “Madleen” en octubre de 2025, también interceptado por Israel en aguas internacionales. Desde entonces, la flotilla ha intentado romper el bloqueo a Gaza, pero esta es la primera vez que denuncian un sabotaje masivo y sistemático de sus embarcaciones.
¿Qué pasará si la tormenta alcanza a los barcos inutilizados? La flotilla advierte que, sin propulsión ni comunicaciones, las vidas de los tripulantes dependen ahora de un rescate urgente. Mientras, Israel no ha emitido declaración oficial sobre las acusaciones.
El precedente ignorado: cómo Israel bloqueó (y hundió) flotillas humanitarias desde 2010
La táctica de interceptar —y sabotear— barcos con ayuda humanitaria no es nueva para Israel. El patrón se remonta al 31 de mayo de 2010, cuando comandos de la Unidad Shayetet 13 abordaron la Flotilla de la Libertad en aguas internacionales, matando a 10 activistas turcos a bordo del Mavi Marmara. Aquella operación, bautizada como ‘Breeze’, usó helicópteros y barcos inflables para tomar el control de seis embarcaciones que transportaban 10.000 toneladas de ayuda a Gaza. La ONU condenó entonces el uso de fuerza letal en alta mar, pero Israel justificó la acción como ‘legítima defensa’.
Desde ese episodio, al menos cuatro flotillas han sido interceptadas con métodos similares. En 2011, el barco ‘Dignité-Al Karama’ (con 16 tripulantes, entre ellos una diputada suiza) fue abordado a 67 millas de Gaza y desviado al puerto de Ashdod. En 2015, el ‘Marianne av Göteborg’ —un barco sueco con activistas como el exprimer ministro de Grecia Stefan Löfven— fue secuestrado sin violencia, pero sus tripulantes fueron deportados. La diferencia clave con el caso actual radica en la escala: 22 barcos sabotados simultáneamente superan cualquier operación previa, incluso las del bloqueo más estricto (2014-2015), cuando Israel interceptaba un promedio de 1-2 embarcaciones por año.
Lo más revelador es el modus operandi: en 2010 y 2015, Israel incautó la ayuda y deportó a los activistas, pero nunca dejó barcos a la deriva. El informe de la ONU sobre el Mavi Marmara (2011) destacó que, pese a la violencia, los militares israelíes ‘garantizaron la seguridad de las embarcaciones’ tras el abordaje. Esta vez, la Global Sumud Flotilla denuncia algo distinto: motores destruidos, sistemas de navegación inutilizados y comunicaciones cortadas, una combinación que, según el derecho marítimo internacional, equivale a ‘abandono con riesgo de vida’ (Convenio SOLAS, Capítulo V).
¿Por qué ahora Israel rompe su propio patrón?
La respuesta podría estar en el contexto geopolítico: en 2010 y 2015, las flotillas eran simbólicas (1-2 barcos con activistas mediáticos). Hoy, 36 embarcaciones —con capacidad para transportar miles de toneladas de ayuda— desafían el bloqueo en plena crisis humanitaria en Gaza. Si Israel permite que atraquen, sentaría un precedente peligroso para su estrategia de asedio. Pero si repite tácticas pasadas (incautar y deportar), la presión internacional sería insostenible. Dejar los barcos a merced de una tormenta podría ser la solución cínica: la naturaleza asume el costo político, no el Estado.