Danamarca despliega tropas en Groenlandia: el jefe del Ejército lidera la operación
Movida estratégica: Dinamarca envía 60 soldados y al jefe del Ejército a Groenlandia, en plena tensión con EE.UU. por la soberanía de la isla.
Un avión militar con cerca de 60 soldados daneses aterrizó este lunes en el aeropuerto de Kangerlussuaq, en el oeste de Groenlandia, con el general Peter Boysen, máxima autoridad del Ejército danés, a bordo. El despliegue, que incluye una escala previa en Nuuk (la capital groenlandesa), se produce tras las recientes maniobras de la OTAN en la región y en medio de las crecientes tensiones con Estados Unidos, tras las declaraciones del expresidente Donald Trump sobre sus pretensiones territoriales sobre la isla.
El Ministerio de Defensa danés calificó la operación como una “contribución sustancial” a la seguridad ártica, según informó la televisión pública DR. Los militares, algunos pertenecientes al Regimiento de Ingenieros de Skive, especializado en construcción de fortificaciones, desactivación de explosivos y defensa contra fuerzas hostiles, llegaron divididos en dos grupos: uno a Kangerlussuaq y otro a Nuuk.
La cadena TV2 precisó que son 58 los soldados desplegados en Kangerlussuaq, donde permanecerán aproximadamente un mes. Durante este período, su misión será entrenar en la protección de infraestructuras críticas, como bases militares y sistemas de comunicación, en un escenario donde la OTAN ha intensificado su presencia desde 2022, tras la invasión rusa de Ucrania.
Al descender del avión, el general Boysen declaró que los ejercicios en Groenlandia “se volverán más permanentes“, con una mayor participación de aliados, aunque aclaró que la decisión depende de “la situación geopolítica“. Sobre las declaraciones de Trump, Boysen restó importancia: “Es justo que cumplamos nuestras tareas, tanto en la OTAN como a nivel nacional“, afirmó, evitando interpretar el despliegue como una provocación.
Operación ‘Resistencia Ártica’: la OTAN se blinda en el norte
Este despliegue forma parte de la operación ‘Resistencia Ártica’, ejercicios liderados por Dinamarca y respaldados por siete países de la OTAN: Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Finlandia y Noruega. La iniciativa, que comenzó en 2023, busca fortalecer la capacidad de defensa en el Ártico, una región clave por sus recursos naturales y rutas marítimas, ahora en disputa.
El contexto es crítico: en agosto de 2019, Trump propuso comprar Groenlandia a Dinamarca, una idea rechazada de plano por el gobierno danés. Desde entonces, las relaciones han estado marcadas por roces, especialmente tras las sanciones amenazadas por Washington a países europeos que participan en proyectos energéticos con Rusia, como el gasoducto Nord Stream 2.
Paralelamente, el NORAD (Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial) anunció el envío de aeronaves a la base espacial de Pituffik, en Groenlandia, para “apoyar actividades planificadas“. Según su comunicado, las operaciones cuentan con la autorización de Dinamarca y el gobierno groenlandés, y buscan “consolidar la cooperación en defensa” entre EE.UU., Canadá y el Reino de Dinamarca.
El NORAD subrayó que estas maniobras son “rutinarias“, aunque su timing —en medio de las tensiones por Groenlandia— añade un componente estratégico. La base de Pituffik, operada por EE.UU. desde 1951, es un punto neurálgico para la defensa antimisiles y el control del espacio aéreo ártico.
¿Por qué Groenlandia es el nuevo tablero geopolítico?
Groenlandia, territorio autónomo danés con 56.000 habitantes y una superficie cinco veces mayor que Francia, alberga el 10% del agua dulce del planeta en su capa de hielo. Además, su subsuelo es rico en tierras raras (esenciales para tecnología militar y renovables) y petróleo. China ya ha mostrado interés en invertir en minería, mientras Rusia ha reforzado su presencia militar en su lado del Ártico.
El despliegue danés, aunque presentado como un ejercicio de rutina, envía un mensaje claro: Copenhague no cederá soberanía. “Groenlandia es danesa, y cualquier discusión sobre su estatus debe involucrar a sus ciudadanos”, declaró en 2021 la primera ministra Mette Frederiksen, tras nuevos rumores sobre el interés estadounidense.
¿Logrará la OTAN contener las ambiciones de EE.UU. y Rusia en el Ártico, o Groenlandia se convertirá en el próximo punto caliente global?
Pituffik: la base estadounidense que divide a Groenlandia desde 1951
Mientras Dinamarca despliega tropas en Kangerlussuaq y Nuuk, a solo 1.200 km al noreste, la base aérea de Pituffik —conocida como Thule por los estadounidenses— sigue siendo el elefante en la habitación. Operada por la Fuerza Espacial de EE.UU. desde su construcción en 1951 durante la Guerra Fría, esta instalación alberga el radar más potente del mundo para detección de misiles balísticos, capaz de rastrear objetos a 4.800 km de distancia. Su ubicación, en el extremo noroeste de Groenlandia, la convierte en un activo irremplazable para el NORAD y el sistema de defensa antimisiles global.
La base no está exenta de controversia. En 1968, un bombardero B-52 con cuatro bombas nucleares se estrelló a 11 km de Pituffik, esparciendo plutonio sobre el hielo. Dinamarca, que en ese momento desconocía la presencia de armas atómicas en su territorio (violando acuerdos bilaterales), tuvo que negociar con Washington una limpieza que duró tres años y dejó residuos radiactivos. El incidente, desclasificado en 1995, sigue siendo un punto de fricción: en 2020, el gobierno groenlandés exigió una investigación independiente, mientras el Pentágono se negó a compartir datos completos sobre el alcance de la contaminación.
Hoy, Pituffik emplea a 300 groenlandeses (de una población local de 650 personas en la zona), pero su impacto económico es limitado: el 98% de los suministros llegan por aire desde EE.UU., y los trabajadores daneses y estadounidenses viven en áreas segregadas. Mientras, el gobierno autónomo de Groenlandia reclama mayor control sobre la base, cuyo contrato de arrendamiento (firmado en 1951 y renovado en 2004) vence en 2029. Copenhague y Nuuk ya han anunciado que no prorrogarán los términos actuales sin concesiones en soberanía y compensación económica.
¿Un nuevo ‘incidente’ como excusa para reforzar el control?
Con la OTAN expandiendo sus ejercicios en el Ártico y Rusia probando misiles hipersónicos en sus bases polares, Pituffik podría convertirse en el detonante de una crisis mayor. El despliegue danés en Kangerlussuaq —a solo 300 km de la base estadounidense— no es casual: es una señal de que Europa no confía en que Washington respete los límites. Si en 2019 Trump habló de ‘comprar’ Groenlandia, hoy el riesgo es que un error calculado (como el derribo de un dron o un ejercicio militar no anunciado) sirva para justificar una intervención ‘temporal’ de EE.UU. en nombre de la ‘seguridad ártica’. El precedente está en 1941, cuando Washington ocupó Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial bajo el pretexto de protegerla de los nazis… y no se retiró hasta 1945, dejando atrás la semilla de Pituffik.