“Mythos obliga a EE.UU. y China a hablar de IA”: CEO de Nvidia exige diálogo urgente
Alerta tecnológica: El avance de Mythos expone la urgencia de un pacto global en inteligencia artificial entre las dos superpotencias.
El CEO de Nvidia Corp. (NVDA), Jensen Huang, advirtió que el desarrollo del modelo Mythos por parte de Anthropic PBC es una prueba irrefutable de que Estados Unidos y China deben establecer un diálogo inmediato sobre los límites éticos y técnicos de la IA. “Queremos que EE.UU. lidere, pero negar la cooperación con China en investigación es un riesgo que no podemos correr“, declaró Huang en una entrevista el miércoles para el Podcast Dwarkesh, especializado en tecnología. Su llamado subraya un punto crítico: sin acuerdos bilaterales, la carrera por la IA podría descontrolarse, especialmente en áreas como ciberseguridad y autonomía militar.
Huang fue contundente al señalar que las tensiones comerciales y de seguridad entre ambos países han paralizado una colaboración que, según él, es “esencial para evitar usos catastróficos de la IA“. “Es un área donde nuestra actual postura adversarial con China nos está cegando”, afirmó. El ejecutivo recordó que, históricamente, avances como el Proyecto Manhattan (1942-1946) demostraron que incluso en contextos de guerra, la coordinación científica puede evitar desastres mayores. “Hoy no estamos hablando de bombas, pero el potencial destructivo de una IA mal alineada es equivalente”, comparó.
¿Por qué el H200 cambió las reglas?
Desde 2023, Huang ha presionado a la administración Trump para flexibilizar las restricciones de exportación que bloquean la venta de los chips de IA más avanzados de Nvidia a China. En diciembre de 2023, el gobierno estadounidense autorizó la exportación del chip H200 —una versión menos potente que el prohibido A100—, una concesión que Huang calificó como “un primer paso”, aunque insuficiente. “China no necesita nuestros chips más avanzados para competir en IA”, aseguró, destacando que el país asiático ya cuenta con centros de datos vacíos pero energéticamente listos y capacidad para fabricar chips de 7 nanómetros, tecnología considerada “convencional” pero suficiente para entrenar modelos como Mythos.
El choque con Anthropic
La postura de Huang contrasta radicalmente con la de Dario Amodei, CEO de Anthropic, quien en enero de 2024 tachó de “error garrafal” la decisión de permitir la exportación del H200. Anthropic, cuya inversión más reciente de US$10.000 millones contó con participación de Nvidia y Microsoft, ha sido un aliado comercial clave para Huang, pero también un rival ideológico: mientras Nvidia apuesta por mercados abiertos, Anthropic aboga por controles estrictos, incluso si eso significa limitar el acceso de China a herramientas de IA. “Ellos ven a China como una amenaza; yo veo un socio necesario en la regulación global”, sentenció Huang.
Mythos: ¿Arma o escudo?
El modelo Mythos, desarrollado por Anthropic, ha sido restringido a empresas tecnológicas seleccionadas y agencias gubernamentales debido a su potencial para ciberataques avanzados. Sin embargo, Huang minimizó su exclusividad: “La capacidad computacional que requiere Mythos ya existe en China, y en cantidades industriales”, afirmó. Según datos de 2023, China alberga el 27% de los centros de datos del mundo, muchos con infraestructura ociosa pero lista para ser desplegada. “Si quieren, pueden escalar con chips de gama media. No necesitan nuestro hardware de última generación“, insistió.
La paradoja es clara: mientras EE.UU. restringe tecnología, China avanza con lo que tiene. Huang citó como ejemplo el supercomputador Sunway TaihuLight, desarrollado en 2016 sin componentes estadounidenses, que durante años fue el más rápido del mundo. “Subestimamos su capacidad de adaptación”, admitió. Hoy, con Mythos como catalizador, el debate ya no es técnico, sino geopolítico: ¿Pueden dos superpotencias regular una tecnología que ninguna quiere ceder?
Inversiones que dividen
La relación entre Nvidia y Anthropic va más allá de lo comercial. En noviembre de 2023, ambas empresas cerraron un acuerdo por el cual Anthropic se compromete a utilizar hasta 1 gigavatio de capacidad computacional de Nvidia, equivalente al consumo eléctrico de 750.000 hogares estadounidenses. Huang, sin embargo, dejó claro que esta será “probablemente la última inversión millonaria” de Nvidia en IA, al menos a esta escala. “El enfoque ahora debe estar en infraestructura compartida y estándares globales“, explicó, en un guiño a su propuesta de diálogo con China.
La pregunta que queda en el aire es incómoda: si ni siquiera los gigantes tecnológicos como Nvidia y Anthropic logran consenso interno sobre China, ¿cómo podrán los gobiernos evitar que la IA se convierta en el nuevo campo de batalla de la Guerra Fría 2.0?
El precedente ignorado: cómo el Acuerdo de Wassenaar (1996) falló en contener la IA militar
El llamado de Jensen Huang a un diálogo EE.UU.-China sobre IA evoca un fantasma conocido: el Acuerdo de Wassenaar, el tratado de control de exportaciones de armas convencionales y tecnologías de doble uso firmado en 1996 por 42 países. Este pacto, diseñado para frenar la proliferación de sistemas de guerra electrónica y misiles balísticos, incluyó en 2013 enmiendas específicas para regular la exportación de supercomputadoras con capacidades superiores a 0.15 petaflops (un umbral superado hoy por un iPhone 15). Sin embargo, su aplicación en el ámbito de la IA ha sido un fracaso rotundo.
En 2018, el acuerdo intentó actualizarse para cubrir tecnologías de machine learning usadas en sistemas autónomos, pero Rusia y China —miembros originales— bloquearon la medida, argumentando que era una cortina de humo para proteger el monopolio tecnológico occidental. El resultado fue predecible: mientras EE.UU. restringía la exportación de chips como el A100 (2020), China aceleró el desarrollo de alternativas locales, como los procesadores Kunlun 920 (2019) de Huawei, fabricados con litografía de 7 nm sin necesidad de equipos ASML holandeses. Para 2022, el Centro Nacional de Supercomputación de Wuxi ya operaba con el Sunway OceanLite, un sistema 100% chino capaz de entrenar modelos de IA con 1.3 exaflops de rendimiento.
El paralelo con Mythos es inquietante: el Acuerdo de Wassenaar demostró que los controles unilaterales solo funcionan si hay consenso en la definición de amenaza. En 2021, la UE propuso incluir en el tratado los sistemas de IA para reconocimiento facial masivo, pero la falta de una métrica técnica clara (¿qué cuenta como “masivo”?) llevó a que la medida se diluyera en comités burocráticos. Hoy, empresas chinas como Megvii —sancionada por EE.UU. en 2019— venden sus algoritmos de vigilancia a 18 países, desde Ecuador hasta Zimbabue, usando servidores locales para eludir restricciones.
| Tecnología regulada | Año de inclusión en Wassenaar | Resultado |
|---|---|---|
| Supercomputadoras (>0.15 petaflops) | 2013 | China desarrolló el Sunway TaihuLight (93 petaflops) en 2016 sin componentes occidentales. |
| Tecnología de encriptación cuántica | 2017 | Rusia y China vetaron su aplicación a algoritmos de IA, alegando “ambigüedad técnica”. |
| Sistemas de reconocimiento facial | 2021 (propuesta) | Rechazada por falta de métricas. Hoy, Megvii opera en 18 países con estos sistemas. |
La trampa del “diálogo técnico”: ¿otra cortina de humo?
Huang propone un marco bilateral, pero el historial sugiere que Pekín y Washington no coinciden ni en los términos básicos. En 2020, China presentó ante la ONU una propuesta para prohibir el uso de IA en “armas letales autónomas“, pero definió el concepto de manera tan estrecha que excluía sistemas como los drones enjambre (ya desplegados en Nagorno-Karabaj en 2020). Mientras, EE.UU. insiste en regular “capacidades emergentes“, un término que abarca desde chatbots hasta misiles hipersónicos. Sin un lenguaje común —o un organismo de verificación independiente, como la OPAQ para armas químicas—, cualquier acuerdo sobre Mythos estará condenado a repetir los errores de Wassenaar: palabras en papel, impunidad en la práctica.