“Torrente Presidente” llega sin avances: ¿Estrategia genial o riesgo calculado?
Golpe de mesa: Santiago Segura rompe todas las reglas del marketing cinematográfico al estrenar Torrente Presidente sin tráiler, sin prensa y con un misterio que ya es noticia.
El director y protagonista Santiago Segura ha decidido lanzar la sexta entrega de su saga Torrente sin el tradicional avance promocional ni pase para críticos. No es un descuido, sino una jugada maestra: confía en el arrastre popular de su franquicia —la más taquillera del cine español— y evita a una prensa con la que mantiene una relación tensa desde hace 25 años, cuando su primera película recibió críticas demoledoras que, irónicamente, no frenaron su éxito de taquilla.
Sin tráiler, sin reglas. Segura, uno de los productores más astutos de España, demuestra una vez más su olfato comercial. Tras el éxito de las cinco entregas anteriores y su reinvención con la saga Padre no hay más que uno (que recaudó más de 40 millones de euros en tres películas), el cineasta opta por generar expectación mediante la ausencia. La única pista promocional es una canción del grupo Taburete, convertida en viral gracias al misterio. ¿El objetivo? Provocar el Efecto Streisand: que el silencio se convierta en el mejor altavoz.
La decisión de prescindir del pase de prensa no es casual. Tradicionalmente, ocultar una película a los críticos se interpreta como señal de baja calidad, pero Segura juega con las reglas a su favor. Sabe que sus películas, aunque sistemáticamente criticadas, triunfan en taquilla. Datos clave: las cinco entregas de Torrente suman 80 millones de euros en recaudación y 16 millones de entradas en España. Ajustado por inflación, las cifras ascienden a 115 millones de euros y 18 millones de espectadores, un récord absoluto para una franquicia española sin respaldo internacional ni premios relevantes.
La guerra fría con la prensa. El conflicto se remonta a 1998, cuando la periodista Nuria Vidal publicó en Fotogramas una crítica devastadora contra la primera Torrente. Segura, furioso, llamó a la redacción para exigir explicaciones, pero el éxito comercial (10,9 millones de euros y un retorno del 540%) le dio la razón. Desde entonces, el cineasta asume con orgullo su etiqueta de “cineasta comercial”, priorizando al público sobre los críticos. Prueba de ello: el pase previo al estreno no fue para medios, sino exclusivo para fans.
Una franquicia sin igual. La primera Torrente (1998) no solo batió récords de audiencia, sino que redefinió el cine popular español. La segunda parte triplicó el presupuesto y duplicó la recaudación, compitiendo con producciones internacionales como Los otros. Aunque las entregas posteriores redujeron sus ingresos, siempre fueron rentables. Tras un paréntesis de una década, Segura regresa con una estrategia arriesgada: ¿puede una película triunfar en 2024 sin mostrar ni un fotograma antes?
El modelo de Segura desafía las convenciones. Mientras la industria depende de tráileres, críticas y campañas masivas, él apuesta por el boca a boca digital y el poder de una marca consolidada. Contexto clave: en la era de las redes sociales, plataformas como Rotten Tomatoes han perdido influencia frente al algoritmo de TikTok o los threads virales. Segura lo sabe y actúa en consecuencia.
¿Qué dice el histórico? La saga Torrente es un fenómeno único: la única franquicia española que supera los 100 millones de euros en taquilla ajustada, sin necesidad de festivales ni distribución global. Mientras películas como Ocho apellidos vascos dependieron del timing político, Torrente se mantuvo por su conexión con un público que valora el humor transgresor sobre el prestigio crítico.
El estreno de Torrente Presidente no es solo una película: es un experimento sobre el poder de las marcas en el cine. Pregunta final: si el tráiler ya no importa, si la crítica no decide y si el público acude igual… ¿qué queda del cine como lo conocíamos?
El precedente que Segura no quiere recordar: El otro lado de la cama y el riesgo de estrenar a ciegas
La estrategia de Santiago Segura no es del todo inédita en el cine español, pero tiene un antecedente que terminó en desastre comercial. En 2002, el director Emilio Martínez-Lázaro y el productor Andrés Vicente Gómez decidieron estrenar El otro lado de la cama —una comedia musical con Ernesto Alterio y Paz Vega— sin pase de prensa ni tráiler oficial, confiando en el boca a boca generado por un avance filtrado en cines. El resultado: 1,2 millones de espectadores y una recaudación de 6,5 millones de euros, cifras excelentes para la época. Sin embargo, la secuela, Los 2 lados de la cama (2005), repitió la fórmula pero sin el elemento sorpresa: recaudó solo 3,1 millones y quedó como un ejemplo de cómo el misterio no es replicable.
Segura conoce este caso. De hecho, en una entrevista en 2019 para el podcast La Escóbula de la Brújula, admitió que el fracaso de la secuela de Martínez-Lázaro le enseñó una lección: <
Otros intentos similares en Hollywood tampoco han sido exitosos. En 2018, Netflix estrenó The Cloverfield Paradox sin campaña previa, durante el descanso de la Super Bowl. Aunque generó 2,8 millones de espectadores en su primer fin de semana, la película fue un fracaso crítico y comercial a largo plazo, con un 20% en Rotten Tomatoes y una caída del 70% en audiencia en su segunda semana. La diferencia clave: Netflix no dependía de la taquilla, mientras que Segura juega con salas físicas y un público que ya ha pagado por cinco entregas anteriores.
¿Puede Torrente sobrevivir al efecto <>?
El riesgo no es el estreno en sí, sino la semana siguiente. Las películas que ocultan su contenido suelen sufrir un colapso en su segundo fin de semana si no cumplen expectativas. Ejemplo reciente: Morbius (2022), cuyo tráiler generó memes y expectación, pero cayó un 74% en taquilla tras su estreno. Segura necesita que Torrente Presidente supere los 8 millones de euros en su primer fin de semana —cifra que las cinco entregas anteriores lograron— para evitar que el experimento se convierta en un precedente negativo. Si lo consigue, habrá demostrado que, en el cine español, la marca lo es todo y el producto es secundario. Si fracasa, Hollywood tomará nota: ni siquiera el rey Midas del cine popular puede desafiar las reglas del marketing para siempre.