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	<title>BlackRock archivos - En foco Hoy</title>
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	<description>Noticias verificadas al minuto sobre deportes, economía, tecnología y el mundo. Análisis profundos y cobertura de los acontecimientos e impactos que definen nuestro tiempo.</description>
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		<title>Caos financiero: petróleo +12%, empleo en rojo y VIX disparado a 29</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 02:50:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tormenta perfecta: Petróleo en máximos, empleo en caída libre y el miedo (VIX 29,49) paraliza</p>
<p>La entrada <a href="https://enfocohoy.com/blackrock-se-desploma-jefferies-se-hunde-y-el-dow-jones-vende-riesgo/">Caos financiero: petróleo +12%, empleo en rojo y VIX disparado a 29</a> se publicó primero en <a href="https://enfocohoy.com">En foco Hoy</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Tormenta perfecta:</strong> Petróleo en máximos, empleo en caída libre y el miedo (VIX <strong>29,49</strong>) paraliza Wall Street. Mientras los mercados liquidan riesgo, un gigante editorial apuesta <strong>766 millones</strong> por influencia.</p>
<h2>Petróleo en shock: WTI +12% y el fantasma de Ormuz</h2>
<p>El <strong>WTI cerró en 90,90 dólares</strong> con un salto histórico del <strong>12,21%</strong> en una sola sesión, mientras el <strong>Brent alcanzó 93,04 dólares</strong> (<strong>+8,93%</strong>), niveles no vistos desde mediados de 2023. Estos números no son un ajuste técnico: son la respuesta directa a la escalada en el <strong>estrecho de Ormuz</strong>, donde el <strong>30% del petróleo global</strong> transita diariamente. Cuando el mercado percibe riesgo de bloqueo, el precio incorpora <strong>prima de guerra</strong>, seguros marítimos elevados y costos logísticos antes incluso de que falte un barril.</p>
<p>El impacto es inmediato y global. Un barril sobre <strong>90 dólares</strong> no solo encarece la gasolina en las estaciones; <strong>recalienta las expectativas inflacionarias</strong> y reduce el margen de maniobra de los bancos centrales. En 2022, la energía fue el principal motor de la inflación mundial. En 2026, con economías ya debilitadas por <strong>dos años de tipos altos</strong>, el riesgo de un nuevo shock es mayor. <strong>¿Qué pasa cuando el crudo y el empleo colapsan al mismo tiempo?</strong> El mercado no discute si los activos están caros; <strong>cuestiona si el sistema es seguro</strong>.</p>
<p>El intradía del Brent rozó los <strong>94,51 dólares</strong>, un nivel que activa alarmas en sectores clave: aerolíneas (con combustibles representando hasta el <strong>30% de sus costos operativos</strong>), transporte marítimo y petroquímica. La industria ya opera con márgenes ajustados tras la pandemia; este nuevo golpe podría acelerar <strong>despidos en cadena</strong> y recortes de producción.</p>
<h2>Empleo en EE.UU.: 92.000 puestos perdidos y la Fed sin salida</h2>
<p>El <strong>Bureau of Labor Statistics</strong> confirmó lo que los inversores temían: la economía estadounidense perdió <strong>92.000 empleos en febrero</strong>, mientras la tasa de desocupación escaló al <strong>4,4%</strong>. El informe detalló que el sector salud —tradicionalmente resistente— fue el más afectado, en parte por <strong>huelgas prolongadas</strong> en hospitales de California y Nueva York. La información y el empleo federal también registraron caídas, profundizando la preocupación por un <strong>frenazo económico</strong> en pleno año electoral.</p>
<p>En condiciones normales, un mercado laboral débil sería una señal clara para que la <strong>Reserva Federal recortara tipos de interés</strong>, impulsando un rally en bolsa. Pero este viernes no había espacio para el optimismo: el petróleo ya había reescrito al alza las proyecciones de inflación para los próximos trimestres. <strong>La Fed está atrapada:</strong> si baja tasas para estimular el empleo, <strong>alimenta la inflación</strong>; si mantiene los tipos altos para controlar los precios, <strong>ahoga a empresas y consumidores</strong> en un ciclo de endeudamiento caro. El último dato que enfrentaba una disyuntiva similar fue en 1973, durante la crisis del petróleo, cuando la Fed tardó en actuar y la inflación se disparó al 11%.</strong></p>
<p>Hay otra capa de riesgo: cuando los costos de los <em>inputs</em> (como la energía) suben mientras el empleo se contrae, los márgenes corporativos se comprimen por ambos lados. Esto explica por qué el <strong><em>sell-off</em></strong> del viernes no fue técnico, sino estructural: los inversores no están ajustando carteras; <strong>están repriciando el escenario macroeconómico completo</strong>.</p>
<h2>VIX en 29,49: el termómetro del pánico financiero</h2>
<p>El <strong>Índice de Volatilidad del CBOE (VIX)</strong> se disparó un <strong>24%</strong> hasta <strong>29,49 puntos</strong>, su mayor salto diario desde marzo de 2020, cuando la pandemia paralizó los mercados. Este nivel no es solo un número: es una señal de que los operadores están comprando <strong>protección a cualquier precio</strong>, incluso si eso significa sacrificar rentabilidad. Históricamente, cuando el VIX supera los <strong>25 puntos</strong>, el <strong>S&#038;P 500</strong> suele caer un <strong>2% adicional</strong> en los siguientes cinco días.</p>
<p>Los números del cierre lo confirmaron: <strong>Dow Jones 47.501,55 (-0,95%)</strong>, <strong>S&#038;P 500 6.740,00 (-1,33%)</strong> y <strong>Nasdaq 22.387,68 (-1,59%)</strong>. La tecnología, que había liderado las ganancias en 2023, no encontró refugio. El <strong>Russell 2000</strong>, índice de pequeñas capitalizaciones, fue el más castigado (<strong>-2,1%</strong>) por su dependencia del crédito barato. <strong>En 2024, este índice ya acumula una caída del 12%, la peor racha desde la crisis financiera de 2008.</strong></p>
<p>El verdadero problema surgió cuando la <strong>liquidez se convirtió en el activo más valioso</strong>. Bancos como <strong>JPMorgan</strong> y <strong>Goldman Sachs</strong> registraron caídas superiores al <strong>3%</strong>, mientras gestoras de activos como <strong>BlackRock</strong> perdieron <strong>2,8%</strong> en un día. El mensaje del mercado es claro: no se trata de vender para recomprar más barato; <strong>se trata de sobrevivir</strong>. Cuando los inversores priorizan la solvencia sobre la rentabilidad, el costo del crédito se dispara, y eso ahoga a las empresas más endeudadas. <strong>En 2008, este mismo patrón precedió a la quiebra de Lehman Brothers.</strong></p>
<h2>Axel Springer paga 766 millones por <em>The Telegraph</em>: ¿compra influencia o activo?</h2>
<p>En medio del caos financiero, el grupo alemán <strong>Axel Springer</strong> anunció la adquisición de <strong>Telegraph Media Group</strong> por <strong>575 millones de libras (766 millones de dólares)</strong>, cerrando un proceso que se arrastraba desde 2023. La operación frustra el intento de <strong>DMGT (Daily Mail and General Trust)</strong> por hacerse con su rival, un movimiento que ya enfrentaba escrutinio por cuestiones de <strong>pluralidad mediática</strong> en Reino Unido. <strong>No es la primera vez que Springer apuesta fuerte por influencia: en 2015, compró <em>Business Insider</em> por 343 millones de dólares, y hoy vale más de 1.000 millones.</strong></p>
<p>La versión oficial habla de preservar el &#8220;legado&#8221; del periódico y expandir su producto, con miras al mercado estadounidense. Pero la estrategia real es más profunda: en un ecosistema donde <strong>Google y Meta acaparan el 70% de la publicidad digital</strong>, las cabeceras tradicionales solo sobreviven si logran dos cosas: <strong>convertir su audiencia en suscriptores de pago</strong> y <strong>transformar su agenda en un producto político-cultural</strong>. <em>The Telegraph</em>, con su línea editorial de centro-derecha, cumple ambos requisitos. <strong>Su audiencia es leal (más de 1 millón de suscriptores digitales) y su influencia en el <strong>Partido Conservador británico</strong> es innegable.</strong></p>
<p>Lo más valioso no es el periódico en sí, sino su capacidad para <strong>marcar el debate público</strong>. En un año electoral en Reino Unido, donde el <strong>Brexit</strong> sigue dividiendo a la sociedad, controlar un medio como <em>The Telegraph</em> es tener una palanca de poder. <strong>Springer no compra papel; compra voz.</strong> Y en un mundo donde la desinformación y la polarización son monetizables, esa voz tiene un precio: <strong>766 millones de dólares</strong>.</p>
<h2>Reguladores en alerta: pluralidad mediática y el límite del 10 de junio</h2>
<p>La compra no es un trámite. El Gobierno británico había emitido un <strong>Public Interest Intervention Notice (PIIN)</strong> sobre la oferta previa de <strong>DMGT</strong>, citando riesgos bajo la <strong>Enterprise Act 2002</strong>, que regula la concentración de medios. Ahora, la <strong>Competition and Markets Authority (CMA)</strong> y <strong>Ofcom</strong> tienen hasta las <strong>9:00 del 10 de junio de 2026</strong> para evaluar si la operación de Springer cumple con los estándares de pluralidad.</p>
<p>El calendario es clave. En el Reino Unido, las adquisiciones de medios no se cierran en la mesa de negociaciones, sino en los despachos de los reguladores. <strong>El precedente más reciente es la compra de <em>The Independent</em> por parte de un consorcio ruso en 2016, que finalmente fue bloqueada por razones de seguridad nacional.</strong> Este caso añade otra capa de complejidad: la participación de capital extranjero en medios de referencia. Tras el escándalo de <strong>RedBird IMI</strong> —donde la inversión de Abu Dabi en <em>The Telegraph</em> generó rechazo político—, el Gobierno británico ha endurecido las reglas. Hoy, cualquier comprador extranjero debe demostrar que su participación no supera el <strong>15%</strong> en reformas clave, un umbral diseñado para evitar influencia soberana.</p>
<p>Springer parece, por ahora, la opción más &#8220;limpia&#8221;. A diferencia de DMGT —que ya controla <em>Daily Mail</em>, <em>Metro</em> y <em>i</em>—, el grupo alemán no tiene una presencia dominante en el mercado británico. Pero el escrutinio será intenso. <strong>¿Permitirá el Reino Unido que un gigante europeo controle dos de los periódicos más influyentes del país (<em>The Telegraph</em> y <em>The Sun</em>, este último adquirido en 2023)?</strong> La respuesta llegará en junio, pero el debate ya está servido.</p>
<h2>Deuda, Abu Dabi y los Barclay: el limbo que terminó en venta forzosa</h2>
<p>La venta de <em>The Telegraph</em> no se entiende sin su origen: una <strong>deuda de 1.200 millones de libras</strong> que la familia Barclay —dueña histórica del periódico— no pudo saldar. El grupo quedó en manos de sus acreedores en 2023, tras incumplir pagos garantizados con el propio medio como colateral. Fue entonces cuando entró en escena <strong>RedBird IMI</strong>, un consorcio liderado por el exejecutivo de <strong>CNN, Jeff Zucker</strong>, y respaldado por capital de <strong>Abu Dabi</strong>.</p>
<p>RedBird pagó <strong>600 millones de libras</strong> para saldar la deuda con <strong>Lloyds Bank</strong> y tomar el control, pero el acuerdo se topó con un muro: el Gobierno británico. La participación de fondos soberanos de Abu Dabi en un periódico de referencia generó un rechazo político inmediato, con acusaciones de posible <strong>injerencia extranjera</strong>. <strong>No era la primera vez que el capital del Golfo intentaba entrar en medios británicos: en 2021, un fondo saudí adquirió el 80% de <em>Newcastle United</em>, pero el escrutinio sobre prensa escrita es mucho mayor.</strong></p>
<p>El proceso se convirtió en un <strong>caso de estudio</strong> sobre cómo la geopolítica redefine las reglas del capitalismo. Ya no basta con tener el dinero; hay que ser un comprador &#8220;aceptable&#8221;. <strong>Springer, con su perfil europeo y sin vínculos estatales controvertidos, encaja en ese molde.</strong> Pero la pregunta sigue en el aire: ¿hasta qué punto los gobiernos pueden decidir quién controla la narrativa pública?</p>
<p>Mientras los mercados digieren el cóctel de petróleo caro, empleo débil y volatilidad récord, la compra de <em>The Telegraph</em> recuerda una verdad incómoda: <strong>en tiempos de crisis, la información no es un lujo; es el activo más valioso.</strong> ¿Logrará Axel Springer monetizar la influencia en un mundo donde la confianza en los medios está en mínimos históricos? La respuesta definirá no solo el futuro de un periódico, sino el de la prensa en la era del capitalismo de vigilancia.</p>
<h2>El precedente de 1973 que hoy persigue a la Fed: cuando el petróleo y el empleo chocaron</h2>
<p>El dilema actual de la Reserva Federal —<strong>inflación por petróleo vs. desempleo creciente</strong>— no es nuevo, pero su último episodio similar terminó en desastre. En <strong>octubre de 1973</strong>, la <strong>guerra del Yom Kippur</strong> desencadenó un <strong>embargo petrolero de la OPEP</strong> que cuadruplicó el precio del crudo en seis meses (de <strong>3 a 12 dólares por barril</strong>). Mientras, la tasa de desempleo en EE.UU. escalaba del <strong>4,8% al 6%</strong> en un año. La Fed, liderada entonces por <strong>Arthur Burns</strong>, optó por <strong>recortar tipos en 1974</strong> para salvar el empleo, solo para verse obligada a subirlos bruscamente en 1975 cuando la inflación superó el <strong>9%</strong>. El resultado: una <strong>estanflación</strong> (inflación + estancamiento) que duró hasta 1982, con picos del <strong>13,5% en IPC</strong> y <strong>10,8% en paro</strong>.</p>
<p>Hoy, los paralelos son inquietantes. En 1973, como ahora, el shock petrolero llegó cuando la economía ya mostraba grietas: el <strong>Dow Jones había caído un 45% desde 1972</strong>, y el <strong>VIX equivalente de la época</strong> (medido por la volatilidad en bonos) marcaba niveles récord. La diferencia clave está en la velocidad: en los 70, la Fed tardó <strong>18 meses</strong> en reaccionar; hoy, los mercados exigen respuestas en <strong>días</strong>. Pero el riesgo es el mismo: <strong>subestimar la persistencia inflacionaria</strong>. En 1975, Burns escribió en sus memorias que &#8220;creímos que el petróleo era un shock puntual&#8221;. La historia demostró que era un <strong>cambio de régimen</strong>.</p>
<p>Hay otro factor que entonces no existía: <strong>el dominio de los algoritmos</strong>. En 1973, el <strong>90% del trading</strong> era manual; hoy, los fondos cuantitativos —como <strong>Citadel</strong> o <strong>Renaissance Technologies</strong>— ejecutan operaciones en milisegundos basadas en modelos que <strong>asumen correlaciones históricas</strong>. Si el VIX supera los <strong>30 puntos</strong> (algo que ocurrió solo <strong>12 veces desde 2010</strong>), esos modelos <strong>venden automáticamente</strong>, acelerando la caída. La Fed no solo lucha contra la economía real; lucha contra máquinas programadas para huir al primer signo de 1973.</p>
<h3>¿Repetirá Powell el error de Burns?</h3>
<p>El presidente de la Fed, <strong>Jerome Powell</strong>, citó explícitamente los 70 en su último discurso: &#8220;No repetiremos los errores del pasado&#8221;. Pero las opciones son limitadas. Si hoy recorta tipos como en 1974, arriesga una inflación desbocada en 2025; si los mantiene altos, el desempleo podría superar el <strong>5%</strong> antes de las elecciones. El mercado ya ha sentenciado: las apuestas en los <strong>futuros de la Fed</strong> dan solo un <strong>30% de probabilidad</strong> a un recorte en junio. La pregunta no es si habrá crisis, sino <strong>qué crisis elegir</strong>.</p>
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