Donald Trump anuncia en redes el histórico diálogo entre Israel y Líbano con mapa de la región de fondo

“Diálogo histórico”: Trump anuncia conversaciones inéditas entre Líbano e Israel este jueves

Gesto sin precedentes: El presidente Trump revela un contacto directo entre líderes enemigos tras 34 años de silencio diplomático.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este miércoles que “los dos líderes” de Líbano e Israel mantendrán una conversación este jueves, un hecho inédito desde 1993 y que, de concretarse, marcaría el primer diálogo de alto nivel entre un presidente libanés y un primer ministro israelí en 34 años. El anuncio llega tras el acuerdo alcanzado el martes por ambos gobiernos para reanudar negociaciones y frenar la escalada militar que se intensificó desde el 2 de marzo, cuando se reactivaron los enfrentamientos entre el Ejército israelí y la milicia chií Hezbolá.

Trump compartió el mensaje a través de sus redes sociales sin mencionar explícitamente al presidente libanés, Michel Aoun, ni al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ninguno de los cuales ha confirmado públicamente el encuentro. “Intentando crear un poco de margen entre Israel y el Líbano. Hace mucho tiempo que los dos líderes no hablan, unos 34 años. Será mañana“, escribió el mandatario estadounidense, generando expectativa sobre un posible avance en un conflicto que ha dejado, según el Ministerio de Salud libanés, más de 2.150 muertos desde el inicio de la ofensiva israelí, que incluye la invasión del sur del país.

Contexto histórico: Las últimas conversaciones de alto nivel entre ambos países —que no mantienen relaciones diplomáticas— ocurrieron en 1993, aunque en un formato distinto y sin la participación simultánea de un presidente y un primer ministro. Este posible diálogo se enmarca en un proceso negociador que avanza mientras persisten los ataques, en un escenario donde la comunidad internacional ha fallado repetidamente en mediar con éxito. ¿Podría este gesto abrir una rendija para un cese al fuego duradero, o es solo una maniobra táctica en medio de la presión internacional?

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Cifras del conflicto: Desde el 2 de marzo, los bombardeos israelíes y los ataques de Hezbolá han dejado un saldo de más de 2.150 víctimas fatales en Líbano, según datos oficiales. La ofensiva, que incluye operaciones terrestres en el sur libanés, ha desplazado a miles de civiles y profundizado la crisis humanitaria en la región. Netanyahu, quien enfrenta presiones internas por la gestión del conflicto, y Aoun, cuyo gobierno lucha por contener el colapso económico libanés, llegan a esta potencial conversación con urgencias distintas pero igual de críticas.

El papel de EE.UU.: Trump, quien ha mantenido una relación cercana con Netanyahu durante su mandato, busca posicionarse como facilitador en un conflicto donde Washington ha sido históricamente aliado incondicional de Israel. Sin embargo, su administración enfrenta escepticismo por parte de actores regionales, como Irán —principal valedor de Hezbolá—, que ha advertido sobre “consecuencias imprevisibles” si se fuerza un acuerdo que no considere los intereses del grupo chií. ¿Logrará EE.UU. equilibrar su tradicional apoyo a Israel con las demandas de Líbano, o este diálogo quedará en un gesto simbólico?

El precedente olvidado: Cuando Israel y Líbano negociaron (y fracasaron) en 1996

El anuncio de Trump evoca un episodio casi idéntico —y igualmente efímero— ocurrido en abril de 1996, cuando Israel y Líbano iniciaron conversaciones indirectas bajo mediación de Estados Unidos y Francia tras la operación israelí Uvas de la Ira, que dejó 175 civiles muertos en la aldea libanesa de Qana. Aquellas negociaciones, celebradas en la base militar francesa de Marjayoun, colapsaron en solo 16 días por un detalle que hoy resuena con fuerza: Hezbolá, entonces como ahora, no estaba en la mesa, y su exclusión llevó a que el grupo chií intensificara los ataques con cohetes Katyusha contra el norte de Israel, sabotando cualquier avance.

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El paralelo con 2024 es inquietante. En 1996, el entonces primer ministro israelí Shimon Peres —Premio Nobel de la Paz— y el gobierno libanés de Rafic Hariri acordaron un entendimiento escrito para evitar ataques a civiles, pero el texto nunca se firmó formalmente. Hezbolá lo rechazó de plano, argumentando que legitimaba la ocupación israelí del sur del Líbano (que duraría hasta 2000). Hoy, el grupo chií —con un arsenal estimado en 150.000 cohetes, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS)— tiene capacidad para vetar cualquier acuerdo, como demostró en 2022 cuando bloqueó las negociaciones marítimas entre Líbano e Israel por la explotación de gas en el campo Karina.

Otro factor clave en 1996 fue la división interna libanesa: Hariri, suní, enfrentaba la oposición del presidente Émile Lahoud (aliado de Siria y, por extensión, de Hezbolá), una dinámica que se repite hoy con Michel Aoun —cercano al grupo chií— y el primer ministro designado Najib Mikati, quien depende del apoyo de facciones prooccidentales. En 1996, la falta de consenso en Beirut llevó a que Líbano incumpliera el acuerdo verbal con Israel en menos de un mes. La pregunta ahora es si Aoun, con un mandato que termina en octubre de 2024 y una economía en default desde 2020, tiene margen para desafiar a Hezbolá.

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¿Un guion repetido o un giro inesperado?

El histórico de negociaciones entre Israel y Líbano desde 1949 (cuando firmaron un armisticio que nunca derivó en paz) muestra un patrón: los acuerdos técnicos (como el de delimitación marítima de 2022) avanzan, pero los políticos se estancan por la influencia de actores externos. En 1996, fue Siria quien torció el brazo a Líbano para boicotear el proceso; en 2024, ese rol lo juega Irán, que ya advirtió —a través del portavoz del Ministerio de Exteriores, Nasser Kanaani— que cualquier diálogo que “ignore los derechos de la resistencia” (Hezbolá) será “nulo y sin valor”. Si Trump logra que Netanyahu y Aoun hablen, será un hito mediático, pero la experiencia sugiere que el verdadero test llegará 72 horas después, cuando Hezbolá decida si escalar o contener sus ataques. El precedente de 1996 indica que, sin el grupo chií en la sala, hasta el acuerdo más prometedor puede convertirse en papel mojado.

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