“Fuga masiva: 1.200 reos peligrosos escapan de prisión en Haití tras ataque armado
Caos absoluto: Más de 1.200 presos —entre ellos líderes de pandillas— huyeron de la cárcel más grande de Haití tras un violento asalto coordinado.
Un grupo armado atacó este sábado la Penitenciaría Nacional de Puerto Príncipe, liberando a 1.200 reclusos, incluyendo a Barbecue, líder de la poderosa pandilla G9, aliada del ex primer ministro Ariel Henry. El asalto, que dejó al menos 5 muertos (entre ellos el director de la prisión), se produjo mientras Henry se encontraba en Kenya negociando el despliegue de una fuerza policial internacional para combatir la violencia en el país.

El ataque comenzó alrededor de las 10:00 p.m. (hora local), cuando hombres armados irrumpieron en la prisión disparando indiscriminadamente. Testigos relataron escenas de pánico, con presos corriendo descontroladamente hacia las calles. Las autoridades confirmaron que solo 100 reos de los 1.400 que había antes del ataque permanecen en el centro.
El ministro de Comunicaciones, Frantz Exantus, declaró en rueda de prensa: “Esta es una situación crítica que exige una respuesta internacional inmediata. Las pandillas han demostrado que pueden atacar incluso las instituciones más custodiadas”. El gobierno haitiano, ya en estado de emergencia desde febrero, no ha detallado cómo planea recapturar a los fugitivos.

El ataque coincide con una ola de violencia sin precedentes en Haití, donde las pandillas controlan el 80% de Puerto Príncipe. Solo en 2023, se registraron 4.789 homicidios y 2.490 secuestros, según la ONU. La fuga masiva agrava la crisis humanitaria, con 5,5 millones de personas (casi la mitad de la población) necesitando ayuda urgente.
Barbecue, cuyo nombre real es Jimmy Chérizier, es uno de los criminales más buscados del país. Su pandilla, G9, ha sido responsable de masacres como la de La Saline (2018), donde murieron al menos 71 civiles. Su liberación podría desencadenar una nueva ola de violencia en la capital.

Mientras tanto, el primer ministro Ariel Henry —quien no puede regresar a Haití porque las pandillas controlan el aeropuerto— sigue en el exilio en Puerto Rico. Su gobierno, ya debilitado, enfrenta ahora un desafío existencial: ¿Cómo recuperar el control de un país donde el Estado ha colapsado?
La comunidad internacional ha reaccionado con alarma. La OEA convocó una reunión de urgencia, mientras que EE.UU. y Canadá anunciaron el envío de equipos de seguridad para proteger infraestructura crítica. Sin embargo, expertos advierten: “Sin una intervención militar robusta, Haití podría convertirse en un Estado fallido irreversible”.
¿Qué sigue? Las pandillas, ahora reforzadas con cientos de liberados, podrían lanzar ofensivas para tomar el Palacio Nacional o el puerto de Puerto Príncipe, cortando el suministro de alimentos y combustible. La ONU ya ha advertido sobre un posible genocidio si la violencia escalara.
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El precedente de 2014: Cuando Haití perdió el control de sus cárceles y lo que siguió
La fuga masiva de este sábado no es la primera vez que Haití enfrenta un colapso carcelario de magnitudes catastróficas. En febrero de 2014, un ataque coordinado por pandillas permitió la huida de 329 reos de la prisión de Croix-des-Bouquets, incluyendo a Clifford Brandt, uno de los secuestradores más notorios del país en ese momento. Ese evento, aunque menor en escala, desencadenó una cadena de consecuencias que hoy podrían repetirse —pero con un impacto exponencialmente mayor.
Tras la fuga de 2014, el gobierno de Michel Martelly declaró estado de emergencia y desplegó a la Policía Nacional de Haití (PNH) en operativos masivos. Sin embargo, en menos de 6 meses, el 70% de los fugitivos seguía en libertad, según informes de Amnistía Internacional. Las pandillas, fortalecidas con los liberados, tomaron el control de barrios enteros en Cité Soleil y Martissant, zonas que hoy siguen siendo bastiones criminales. Lo más alarmante: los secuestros se dispararon un 200% ese año, y la tasa de homicidios aumentó de 10.6 por cada 100,000 habitantes a 17.2, según datos de la ONU. El paralelo con 2024 es inquietante: entonces, como ahora, el Estado haitiano ya estaba debilitado, pero la fuga aceleró su desmoronamiento.
Hay otra similitud clave: en 2014, el ataque ocurrió mientras el gobierno negociaba con la comunidad internacional —en ese caso, para la creación de una fuerza de estabilización de la ONU que nunca llegó a materializarse con la contundencia necesaria. Hoy, con Ariel Henry varado en el extranjero y la misión keniana en riesgo, el patrón se repite. La diferencia crítica es la escala: en 2014, escaparon 329 reos; ahora, son 1.200, muchos de ellos líderes de pandillas con capacidad operativa para tomar infraestructura estratégica, como ocurrió en julio de 2023 cuando el G9 bloqueó el puerto de Puerto Príncipe durante 10 días, causando una crisis de combustible que paralizó el país.
¿Estamos ante el punto de no retorno?
En 2014, Haití tardó 3 años en recuperar un frágil control sobre las zonas perdidas, y solo gracias a operativos conjuntos con la MINUSTAH (Misión de la ONU). Pero hoy, con las pandillas mejor armadas —según la ONU, poseen rifles de asalto AK-47 y M16, traficados desde EE.UU.— y un Estado sin ejército funcional, la recaptura de los fugitivos parece una misión imposible. Si en 2014 la fuga desató una ola de violencia que dejó 1,200 muertos en un año, ¿qué cifras dejara esta crisis, con 1.200 criminales sueltos en un país donde las pandillas ya controlan el 80% de la capital? La respuesta podría definir si Haití cruza la línea hacia el colapso total.