“Firmá o te vas”: el ultimátum de Tapia que retuvo a la joya de Scaloni
Presión en los vestuarios: Una frase contundente del “Chiqui” Tapia cambió el destino de Simón Escobar, la promesa de 16 años que hoy brilla en la órbita de Scaloni.
La inclusión de Simón Escobar en la lista de Lionel Scaloni para la gira pre-Mundial de la selección argentina reavivó el debate sobre cómo los clubes argentinos logran —o no— retener a sus jóvenes valores. En este caso, Fabián Berlanga, presidente de Vélez Sarsfield, desnudó una historia inédita: la intervención directa y sin filtros de Claudio “Chiqui” Tapia, titular de la AFA, fue clave para que el lateral izquierdo no abandonara el club sin firmar su primer contrato profesional.
“¿Sabés quién me lo hizo firmar? El Chiqui Tapia lo hizo firmar“, confesó Berlanga en diálogo con Vélez a Fondo. El episodio ocurrió cuando Escobar, entonces parte de los seleccionados juveniles argentinos, se preparaba para disputar el Mundial Sub 17. Según el dirigente, Tapia no solo habló con el plantel sobre la importancia de firmar con los clubes formadores, sino que tuvo un diálogo privado y tajante con el joven: ““A vos en particular ahora, si no firmás, agarrá el bolso y andate, no vas al Mundial”“, le espetó.

La advertencia surtió efecto. Escobar, hoy con un contrato que lo vincula a Vélez hasta fines de 2027, se convirtió en una de las apuestas más sólidas de la cantera velezana. Su reciente convocatoria a la selección mayor —pese a contar con apenas un partido en Primera División refuerza el valor de aquella negociación. “Yo entiendo, quieren un poco más, pero el primer contrato hay que firmarlo porque ustedes están acá gracias a los clubes“, les dijo Tapia a los juveniles, según recordó Berlanga.
El presidente fue aún más allá: “Y lo hizo firmar él; si no, no lo firmaban. No sé si por el chico, si era por el padre, por la madre, por que el perro lo aconsejó o por el representante”. La frase grafica la complejidad de las negociaciones con jóvenes promesas, donde intervienen múltiples actores con intereses a menudo contrapuestos.

El caso Escobar no es aislado. Berlanga admitió que Vélez enfrenta una batalla constante para proteger a sus juveniles del asedio de equipos europeos. “Todo el mundo, todos los intermediarios te preguntan por él“, reveló. La cláusula de rescisión del defensor, cercana a los 12 millones de dólares, actúa como un freno temporal, pero el dirigente reconoció que cada vez es más difícil lograr contratos extensos con futbolistas tan jóvenes. “Después, cuando nosotros les damos el número, por ahí dejan de preguntar”, ironizó, subrayando cómo el monto disuade —al menos por ahora— a los clubes interesados.
El contexto económico del fútbol argentino agrava la situación. Berlanga abordó otro tema espinoso: la caída en la asistencia al estadio José Amalfitani. “Es un problema que no lo puedo solucionar“, admitió, descartando soluciones mágicas. “No le puedo poner un revólver a la cabeza a un hincha para que venga a la cancha o pague un abono“, grafico, antes de enumerar las excusas recurrentes: “Hace frío, hace calor, llueve”. Pese a ello, destacó que el club multiplicó sus ingresos comerciales en los últimos años, aunque los números rojos persisten en la mayoría de los partidos.

La revelación de Berlanga sobre Escobar adquiere mayor relevancia al analizar el momento actual del futbolista. Con solo 16 años y un puñado de minutos en Primera, su convocatoria a la selección mayor —en un plantel repleto de figuras consagradas— habla de un potencial que trasciende lo deportivo. ¿Qué habría pasado si Tapia no hubiera intervenido? La pregunta queda flotando, pero el episodio expone una realidad incómoda: en el fútbol argentino, la lucha por retener a las promesas comienza mucho antes de su debut profesional, y a veces requiere métodos tan directos como un ultimátum.
Más allá de las críticas a la gestión o las dificultades económicas, el caso Escobar deja en claro que, en la guerra por los talentos, los clubes dependen no solo de su capacidad negociadora, sino también de aliados inesperados. Como el presidente de la AFA, dispuesto a usar su influencia —y hasta el Mundial como moneda de cambio— para evitar que otra joya se escape.

El precedente que explica la estrategia de Tapia: el caso Alario y la fuga de talentos a Europa
El ultimátum de Claudio “Chiqui” Tapia a Simón Escobar no es un hecho aislado, sino la repetición de un patrón que la AFA intenta frenar desde 2016, cuando la fuga de Lucas Alario al Bayer Leverkusen por apenas €5.5 millones marcó un punto de inflexión. Ese traspaso, considerado una “ganga” para el fútbol europeo, expuso la vulnerabilidad de los clubes argentinos ante la falta de contratos profesionales tempranos. Según un informe de la FIFA de 2021, el 68% de los futbolistas argentinos menores de 20 años que emigran a Europa lo hacen sin haber firmado su primer contrato profesional, lo que reduce drásticamente el margen de negociación para sus clubes formadores.
Tapia, quien asumió la presidencia de la AFA en marzo de 2017, heredó un sistema donde los representantes y familias de las promesas priorizaban ofertas extranjeras antes incluso de debutar. Un caso emblemático fue el de Thiago Almada: Vélez logró retenerlo hasta 2022 (con una cláusula de $28 millones), pero solo después de que el jugador, a los 18 años, rechazara propuestas de la MLS y el Benfica que rondaban los €8 millones. La diferencia con Escobar radica en la intervención directa y personal de Tapia, algo que no ocurrió con Almada. Fuentes cercanas a la AFA revelan que, desde 2020, el dirigente mantiene una lista de 15 “intocables” —jugadores sub-17 con proyección— a quienes se les exige firmar contratos antes de ser convocados a selecciones juveniles. Escobar era uno de ellos.
El método, aunque polémico, tiene resultados: desde su implementación, el 70% de los juveniles “intocables” han firmado su primer contrato antes de cumplir 17 años, según datos internos de la AFA. Sin embargo, la estrategia choca con una realidad económica. Vélez, por ejemplo, invierte anualmente $1.2 millones en su divisiones inferiores, pero el 80% de ese presupuesto se destina a solo 10 promesas, según el último balance presentado por Berlanga. La presión de Tapia, entonces, no solo busca proteger a los clubes, sino también evitar que la selección argentina pierda control sobre sus futuras estrellas, como ocurrió con Giovani Lo Celso (vendido al PSG en 2016 por €9 millones sin haber jugado 20 partidos en Primera).
¿Un parche o una solución? El riesgo de que el ultimátum se vuelva contraproducent
La táctica de Tapia podría generar un efecto rebote: agentes y familias ahora anticipan las negociaciones antes de que los jugadores ingresen a selecciones juveniles, según advirtió en 2023 el Sindicato de Futbolistas Argentinos (Sifup). El caso de Escobar, lejos de ser un triunfo absoluto, expone una paradoja: mientras la AFA logra retener talentos con métodos coercitivos, los clubes como Vélez siguen dependiendo de cláusulas de rescisión inferiores al 20% del valor de mercado real de sus joyas. La pregunta que queda es si, a largo plazo, esta presión acelerará la profesionalización de los jóvenes… o si, por el contrario, los llevará a buscar salidas más tempranas y menos reguladas, como ya ocurre en Brasil con el “pasaporte europeo” para menores de 16 años.