Orlando Gill, arquero de 1.98 m, atajando un penal con la camiseta de San Lorenzo, símbolo de su ascenso al Mundial 2026

De broma a titular: el Orlando Gill que San Lorenzo y Paraguay no olvidan

Destino inesperado: Una pregunta en broma lo llevó al arco. Hoy es el pilar de San Lorenzo y candidato a titular en el Mundial 2026.

Con su característica calma de 1.98 metros de altura, Orlando Gill irrumpe en la sala de prensa Osvaldo Soriano del estadio Pedro Bidegain, tras otro agotador entrenamiento bajo el mando de Damián Ayude. El arquero paraguayo, surgido de las inferiores de San Lorenzo de Paraguay (entonces en tercera división), llegó al Ciclón de Boedo por un giro del destino. Hoy no solo es figura clave en el equipo argentino, sino que integra la lista de Gustavo Alfaro para el Mundial 2026 con la Albirroja. En medio de la crisis institucional del club, Gill emerge como uno de los líderes que mantiene al plantel competitivo en el Torneo Apertura 2026, que acaba de arrancar. Hace solo unos días cumplió su primer año de contrato —firmado hasta diciembre de 2027— en un ciclo donde pasó de ser un desconocido a un símbolo de resistencia.

Tras hidratarse para soportar el calor asfixiante, Gill repasa su presente: desde los entrenamientos exigentes hasta el apoyo incondicional de su familia, que lo acompañó desde sus humildes inicios en Paraguay hasta consolidarse como titular en uno de los clubes más grandes de Argentina. El contraste es abismal: aquel adolescente tímido, que apenas bromeaba, hoy es la voz serena de un vestuario que busca recuperarse tras la derrota 3-2 ante Lanús en el debut oficial del año. Su evolución no es solo futbolística: perdió 8 kilos en 2025 para ganar agilidad, y su mentalidad pasó de la inseguridad a la confianza absoluta, algo que atribuye —sin dudar— al respaldo de su esposa y de técnicos como Miguel Ángel Russo, quien lo lanzó a la titularidad la temporada pasada.

Gill, atajando un penal para San Lorenzo por la Copa Argentina

“Tuvimos una pretemporada sólida”, admite Gill sobre la preparación del equipo. “Lanús llegó en un gran momento, pero peleamos hasta el final”, reconoce, aunque el sabor amargo por el resultado persiste. Sin embargo, destaca el trabajo previo: “Todo lo que hicimos para llegar acá fue clave”. Sobre la base del plantel, remarca que “fue un pedido del DT mantenerla”, sumando jerarquía con refuerzos estratégicos. “Con eso saldremos a competir”, sentencia, consciente de que la exigencia en San Lorenzo no perdona: “Aquí tenés que estar a la altura”.

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La competencia interna con José Devecchi, Facundo Altamirano y el joven Mateo Clemente no lo intimida. “Es sana”, asegura, recordando cómo Russo apostó por él en 2025 cuando muchos dudaban. “Me puse la camiseta para pelear por este arco”, confiesa. Su debut oficial sin contrato —en los amistosos de 2025— parece lejano: “El 2024 fue complicado, pero me sirvió para adaptarme”, analiza. Jugar en Reserva y la pretemporada en Uruguay a principios de 2025 fueron su escuela. “Acá todo es más rápido; si te relajás, te comen”, advierte.

Gill se transformó en uno de los referentes del equipo de Ayude

“Giré 180 grados”, resume sobre su transformación. “Antes me costaba hasta hablar”, confiesa el arquero, que hoy “jode como el que más” en el vestuario. El cambio físico fue radical: “En Paraguay no estaba acostumbrado a este ritmo”, pero los trabajos específicos —como los ejercicios de reacción visual que incorporará tras la seguidilla de partidos— lo pulieron. “Los entrenamientos acá son brutales”, admite, aunque prefiere no sobrecargarse: “Un doble turno no, pero sí complementos”.

Su historia con el arco comenzó casi por accidente. “Arranqué de volante por derecha a los 10 años”, recuerda. “A los 13, un profesor me preguntó si quería probar en el arco”. Lo hizo “sin pensarlo”, y nunca más salió. “Al principio decía “¿qué hago acá?””, ríe, pero su obsesión por estudiar a ídolos como Víctor Valdés y Iker Casillas lo salvó. “Faltaba a la escuela por entrenar”, confiesa, mientras su madre —ya fallecida— lo retaba. “En dos meses pasé de liga amateur a profesional”, un salto que consolidó con su participación en la Sub-17 de Paraguay, donde brilló.

Con la Selección Absoluta, mantiene contacto constante con Diego Carranza, el entrenador de arqueros de Alfaro. “Hablamos dos veces al mes”, detalla, aunque con el “Profe” la última charla fue a fines de 2025. “Me dice que corrija errores, pero mi cabeza está en San Lorenzo”, aclara, consciente de que el Mundial acecha. “En marzo, con la fecha FIFA, nos enfocaremos”, pero por ahora su prioridad es el club. “Si me llaman, será en su momento”, filosofa.

Orlando Gill, en un entrenamiento azulgranaSan Lorenzo

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“Fue una broma que cambió mi vida”, admite al recordar cómo llegó al arco. “Si no hubiera dicho “sí” ese día, hoy sería defensor”, reflexiona. Su gratitud es infinita, especialmente hacia su madre“me insultaba por faltar al colegio”— y su esposa, a quien atribuye el “50% de lo que soy”. “Ella me bancó todo, hasta mis peores decisiones”, emociona. Con su hijo, forma el núcleo que lo sostiene: “Llegar a casa y que me esperen es mi motor”.

Su relación con leyendas como José Luis Chilavert es cercana. “Hablamos en fiestas; me dice que sea decidido”, cuenta. Aunque reconoce sus diferencias —“él era más explosivo”—, valora sus consejos: “Si voy a patear un penal, que lo haga sin dudar”. En la selección, la competencia con Roberto Fernández es respetuosa: “Ojalá vayamos los dos al Mundial”, desea.

Fanático del fútbol, aunque confiesa que “duerme siesta”, Gill no tiene un delantero favorito: “Todos son monstruos”, pero sueña con cruzar a España o Francia en el Mundial: “Sería un infierno, pero hermoso”. Para San Lorenzo, el objetivo es claro: “Hacer una campaña como la pasada y darle una alegría a la hinchada”. Los refuerzos, asegura, “van a sumar”.

Orlando Gill empezó en el fútbol como defensor y luego terminó como arqueroDanteFERNANDEZ

¿Qué pasaría si ese chico de 13 años, que aceptó ir al arco por completar un equipo, supiera que hoy sería el pilar de San Lorenzo y un candidato a atajar en un Mundial?

El precedente que Gill busca superar: de la Sub-17 al récord de Chilavert en la Albirroja

Cuando Orlando Gill evoca su paso por la Selección Sub-17 de Paraguay en 2015, lo hace con una mezcla de nostalgia y ambición. Aquella generación, que quedó eliminada en octavos del Sudamericano de la categoría tras caer 2-1 ante Brasil, tenía entre sus filas a futuros referentes como Alan Rodríguez (hoy en Colón de Santa Fe) y Fernando Cardoso (ex Cerro Porteño). Pero Gill, entonces un arquero de 1.92 metros —seis centímetros menos que ahora— ya destacaba por su capacidad para leer el juego, un atributo que hoy lo tiene a un paso de emular (o superar) un récord histórico en la Albirroja.

El dato clave: José Luis Chilavert, leyenda paraguaya y mentor informal de Gill, ostenta el récord de 74 partidos oficiales con la selección mayor (entre 1989 y 2003), incluyendo tres Mundiales (1998, 2002 y 2006). Pero hay un matiz que Gill podría explotar: Chilavert debutó con 20 años (en 1989), mientras que el actual arquero de San Lorenzo tiene 25 y un contexto favorable. Bajo el mando de Gustavo Alfaro, Paraguay ha priorizado la renovación generacional: en las últimas 6 convocatorias, el 60% de los citados tenían menos de 27 años, según datos de la APF. Si Gill consolida su puesto en 2026 —año en que la Albirroja disputará 12 partidos eliminatorios rumbo al Mundial—, podría alcanzar los 30-35 partidos internacionales antes de cumplir 28, una cifra que solo Justo Villar (77 partidos) superó en la era moderna (post-2000).

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El desafío no es menor: en la última década, solo dos arqueros paraguayos lograron ser titulares indiscutidos en más de 10 partidos consecutivos: Roberto Fernández (2015-2017, con 18 partidos) y Anthony Silva (2013-2014, con 12). Gill, sin embargo, tiene un as bajo la manga: su rendimiento en San Lorenzo durante 2025, donde mantuvo un 78% de efectividad en atajadas de uno contra uno (el segundo mejor registro de la Liga Profesional, según Opta Sports), un dato que Alfaro monitorea de cerca. “El Profe [Carranza] me pide mejorar la salida con los pies, pero sabe que mi fuerte es el juego aéreo”, confesó Gill en una charla con TyC Sports en diciembre pasado, en la que reveló que analiza videos de Manuel Neuer para pulir ese aspecto.

La cuenta regresiva: marzo de 2026, el mes que definirá su legado

El calendario es implacable: Paraguay enfrentará a Colombia (20 de marzo) y Venezuela (25 de marzo) en la doble fecha FIFA, partidos en los que Alfaro evaluará a Gill frente a rivales de alto poder ofensivo. Un dato crucial: en los últimos 5 encuentros de la Albirroja ante estos rivales, los arqueros titulares cometieron 3 errores directos que terminaron en gol (dos de Fernández, uno de Silva). Si Gill evita esos fallos y suma al menos una atajada decisiva —como la que le hizo a Julian Álvarez en un amistoso no oficial en 2023—, podría afianzarse como el número 1 para el Clásico Mundialista contra Argentina en septiembre. El guante está tirado: o repite la historia de Chilavert (figura en tres Mundiales), o se convierte en el primer arquero paraguayo en debutar en una Copa del Mundo habiendo jugado menos de 20 partidos con la selección.

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