Diana Lozano: del rechazo en España al triunfo con su food truck ecuatoriano
Sueño sobre ruedas: Diana Lozano transformó el racismo y la nostalgia en “Chulla Vida”, un food truck que lleva el sabor de Ecuador por España.

Diana Lozano (a la derecha) en su food truck, Chulla Vida, que recorre diversas ciudades de España ofertando comida ecuatoriana.
De la migración solitaria al arraigo forzado
MADRID. Diana llegó a España con 13 años, junto a su hermano de 15, en 2003. Viajarían como “los típicos niños que iban con la azafata”, justo antes de que España exigiera visado a los ecuatorianos. Su destino: Murcia, epicentro de la migración ecuatoriana en España, donde hoy viven alrededor de 29.000 personas de origen ecuatoriano.
La adaptación fue brutal. “Había mucho racismo, era feo, feo”, recuerda. Durante dos años, ella y su hermano suplicaron a su madre que los enviara de vuelta. “En el cole te veían como una especie rara, como que no fueras humana”, confiesa. Aunque el idioma era el mismo, los códigos no: “Los profesores hablaban y yo les entendía la mitad”.
Su madre, Yolanda Villacís, había emigrado en 1999. Abogada en Ecuador, con una familia de clase media, el feriado bancario las dejó “sin nada de la noche a la mañana”. En España, probó suerte en el campo de Lorca, pero no aguantó. Se trasladó a Murcia, donde trabajó en una fábrica textil, planchando. Nunca logró homologar su título de abogada, pero sí el bachillerato. Volvió a estudiar administración. “Es una persona que vale mucho, mi heroína”, dice Diana.
Mientras Yolanda reconstruía su vida, Diana y su hermano observaban su resistencia. “Estuvimos dos años así, luego la cosa fue cambiando”, cuenta. La comunidad latina crecía, llegaron amistades, y los códigos de la nueva sociedad dejaron de ser ajenos. “Encuentras amistades de allí, amistades de aquí, y vas consiguiendo esa adaptación que necesitas”.

El emprendimiento como escape
Diana echó raíces en España, a diferencia de su hermano, que vive entre ambos países. A los 19 años, la maternidad no la frenó. “Seguí estudiando, porque para mí el conocimiento es poder”, afirma. Heredó de su madre la vena emprendedora: abrió el Locutorio Las Maravillas en Murcia, un negocio que era también tienda de alimentación y punto de encuentro para migrantes. Durante años, fue un refugio donde se hablaba de trabajo, papeles y la familia dejada atrás.
Lo mantuvo tres años, pero lo cerró seis meses antes de la pandemia. “Dios te manda las cosas en el momento perfecto”, dice ahora. En octubre de 2019, empezó a estudiar desarrollo web y fue contratada en una empresa de cartuchos y tóner. Durante el confinamiento, la web que desarrolló “la petó”: con las familias en casa, las ventas online se dispararon.
Pero Diana no quería una nómina. Dejó la empresa, se formó en marketing digital y vendió piscinas para una constructora. Los resultados fueron tan buenos que en 2024 dio el salto: creó Vloz Group Global, su propia sociedad limitada. El nombre es un homenaje: la V por Villacís (apellido de su madre), el resto por Lozano (el de su padre).
El giro que lo cambió todo
Bajo Vloz Group, desarrolló actividades en marketing digital, construcción y sector inmobiliario. Hasta que un anuncio en Instagram lo alteró todo: el festival gastronómico itinerante Latineando. Diana vio que Ecuador no estaba representado. “Siempre es como que estamos aislados, sabemos que existimos, pero no estamos en las cosas que tenemos que estar”, explica.
Escribió a los organizadores. “Yo soy demasiado patriota. Siempre he sido bien patriota y quería estar presente por Ecuador”, confiesa. Sin experiencia en hostelería, logró un food truck para su país. “Nosotros también estamos. Somos super válidos, tenemos mil cosas que ofrecer”.
Añadió un epígrafe de hostelería a su empresa y lanzó “Chulla Vida Vloz”, un guiño a que solo se vive una vez. Los organizadores le facilitaron el camión, evitándole la enorme inversión de adquirir y homologar un vehículo propio. Ella lo adaptó, decoró y convirtió en una embajada ecuatoriana sobre ruedas.
Simplificó el menú: papipollo, salchipapas, chuzos y hornado. Y lo convirtió en una aventura familiar. Su madre se encarga del hornado (preparado en Murcia, envasado al vacío y transportado por España). Su hermano Ricardo, de la coctelería. Su pareja, de la logística. Su hijo, de echar una mano en todo.

El impacto emocional de Chulla Vida
Desde marzo de 2025, Chulla Vida Vloz ha recorrido Murcia, Málaga, Sevilla, Alicante y municipios madrileños dentro del festival Latineando. “Se me eriza la piel cuando veo esos videos de toda la gente ecuatoriana que ha ido a ver el food truck”, reconoce Diana.
La escena se repite: familias atraídas por una salchipapa que terminan haciéndose fotos frente al camión, decorado con los colores de Ecuador. Migrantes emocionados al escuchar un acento familiar. En Murcia, Diana comprendió la dimensión de su proyecto. “Cuando llegué y vi que la gente se echaba fotos y se sentían tan orgullosos, venía gente de todos lados”.

Gestionar un food truck implica jornadas interminables, proveedores distintos en cada ciudad, normativas sanitarias, personal y logística agotadora. Su hijo se lo recuerda: “Mamá, si tú no lo haces ni por el dinero, lo haces por patriotismo”. Y quizá por eso sigue adelante, incluso cuando el cansancio aprieta. “Ya me metí en esto y no voy a quedar mal, primeramente por mi persona y luego por mi país”.

El círculo cerrado
Diana atribuye los giros de su vida a su fe cristiana: “Dios te manda las cosas en el momento perfecto”. No se define como practicante, pero sí como creyente. Tras veinte años sin volver, en 2023 regresó a Ecuador para que su hijo conociera a su abuelo, al resto de la familia y al país que ella había dejado siendo una niña. Aquella visita reforzó una identidad que nunca había desaparecido.
Le duele que Ecuador aparezca hoy en titulares internacionales asociado a la violencia. “Ahora mismo somos el país más peligroso de América Latina y eso a los ecuatorianos que vivimos fuera no nos gusta, porque sabemos lo que tenemos allí”, manifiesta. Por eso insiste en mostrar otra imagen: la de un país que emociona a través de su comida, su cultura y su gente.
Hoy, cuando ve la bandera ecuatoriana ondeando sobre el techo del camión o a decenas de compatriotas hacerse fotos delante de él, siente que ha cerrado un círculo. La niña que llegó a España sintiéndose extraña, pidiendo volver a casa y soportando el racismo, se ha convertido en una mujer que recorre el país con una bandera ecuatoriana a cuestas para que otros migrantes encuentren un lugar donde reconocerse.
En este contexto, Chulla Vida Vloz trasciende lo gastronómico. Es un acto de resistencia cultural, un espacio donde Ecuador, por fin, tiene visibilidad. Más allá del negocio, es un símbolo de orgullo para una comunidad que, como Diana, ha tenido que luchar el doble para demostrar su valor.
¿Cuántas historias como la de Diana hay detrás de cada food truck, de cada negocio migrante que desafía los estereotipos?
El poder simbólico de un food truck
Chulla Vida Vloz no es solo un negocio: es un acto de reafirmación identitaria en un país donde Diana Lozano alguna vez se sintió invisible.
En este contexto, el food truck se convierte en un puente entre dos mundos. Lo que esto significa es que, más allá de vender platos típicos, Diana está ofreciendo a otros migrantes ecuatorianos un espacio de pertenencia. La nostalgia, el racismo y la lucha por el reconocimiento se transforman aquí en orgullo compartido, donde cada salchipapa o papipollo es también un recordatorio de que su cultura merece un lugar en la mesa.
La implicación inmediata es que proyectos como este redefinen la narrativa migrante. Ya no se trata solo de integrarse, sino de enriquecer el entorno con lo que se trae de casa. El éxito de Chulla Vida demuestra que la visibilidad cultural puede ser tan poderosa como cualquier estrategia de marketing.
¿Qué sigue para esta embajada sobre ruedas?
El desafío ahora es mantener vivo ese impacto emocional mientras el food truck sigue su ruta. Cada ciudad, cada festival, es una nueva oportunidad para que más personas descubran que Ecuador no es solo un titular, sino una historia de resiliencia y sabor.