Gráfico comparativo de precios de chips DRAM (subida 40% en 2024) frente a consolas Nintendo Switch 2 y PlayStation 5 en producción

🔥 **Guerra de consolas: Nintendo y Sony bajo presión por los chips de memoria**

Presión extrema: Los gigantes japoneses enfrentan su mayor desafío en años por el alza de los chips, justo cuando presentan resultados clave.

Nintendo y Sony Group Corp. (SONY) estarán bajo la lupa esta semana al revelar cómo la escalada en los precios de los chips de memoria —impulsada por la explosiva demanda de inteligencia artificial— ha golpeado sus márgenes en un mercado de videoconsolas cada vez más competitivo. La Switch 2 de Nintendo y la PlayStation 5 de Sony, esta última con cinco años en el mercado, deberán demostrar si pueden sostener su rentabilidad frente a costos que no dan tregua.

Los datos son claros: según el rastreador Circana, la Switch 2 lideró las ventas de hardware en EE.UU. durante 2025, desmintiendo los rumores sobre un posible declive. Jefferies, en un informe reciente, fue contundente: “La narrativa del debilitamiento de la Switch 2 ha sido desmontada”. El éxito de la consola híbrida llega en un momento crítico, justo cuando Nintendo se prepara para anunciar sus resultados anuales, donde los analistas esperan un impulso del 12% en sus previsiones gracias al lanzamiento.

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La Switch 2 ya superó en ventas a su predecesora en el mismo período de lanzamiento, con 3.8 millones de unidades vendidas en sus primeros tres meses (frente a los 2.7 millones de la Switch original en 2017). Este ritmo récord contrasta con la estrategia de Sony, que apostó por una versión reducida de la PS5 en Japón —con un precio un 30% más bajo— para competir directamente con Nintendo en su mercado doméstico.

Sony: ¿Repliegue estratégico o apuesta arriesgada?

Mientras Nintendo celebra el éxito de su nueva consola, Sony dio un giro inesperado al anunciar que cederá el control de su negocio de entretenimiento doméstico, incluyendo la icónica marca Bravia, a una empresa conjunta con la china TCL Electronics. Según Bloomberg Intelligence, este movimiento podría ser la antesala de una reestructuración mayor, donde Sony priorice sus segmentos más rentables: videojuegos, música y películas. El negocio de televisores, que en 2023 generó solo el 4% de sus ingresos totales, parece ser el primer sacrificio.

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La pregunta clave es si esta decisión afectará a la PlayStation 5, cuya versión económica en Japón —lanzada en octubre— aún no ha logrado revertir la caída del 15% en ventas globales que registró la consola en el último trimestre. Los analistas advierten: si Sony no logra compensar el alza en los costos de los chips con volúmenes mayores, su margen en hardware podría reducirse a menos del 5%, un nivel insostenible a largo plazo.

El contexto macro: bancos japoneses y la sombra de la inflación

El escenario no es exclusivo de las consolas. Esta misma semana, los gigantes financieros Mitsubishi UFJ Financial Group (MUFG) y Mizuho Financial Group presentarán sus resultados del tercer trimestre, tras el aumento de tasas del Banco de Japón al 0,75% en diciembre. El precedente lo marcó Sumitomo Mitsui Financial Group (SMFG), cuyos beneficios superaron las estimaciones gracias a este ajuste. Bloomberg Intelligence ya anticipa que SMFG revisará al alza sus previsiones anuales, un indicio de que el sector bancario podría estar capitalizando la inflación mientras otras industrias, como la tecnológica, sufren.

¿El paralelo con Nintendo y Sony? Ambas empresas dependen de componentes electrónicos cuyos costos se han disparado. El precio de la memoria DRAM, esencial para las consolas, subió un 40% en 2024, según datos de TrendForce, y no hay señales de que la tendencia se revierta. En 2018, una crisis similar obligó a Sony a reducir temporalmente la producción de PS4, un riesgo que ahora planea sobre la PS5.

¿Quién saldrá mejor parado?

Nintendo parte con ventaja: la Switch 2 no solo vende más, sino que su diseño híbrido (portátil y sobremesa) le permite absorber mejor los sobrecostos al repartirlos entre dos mercados. Sony, en cambio, apuesta por un modelo tradicional que ya muestra signos de agotamiento. La PS5 cumple cinco años en noviembre, una edad crítica para una consola cuya sucesora aún no tiene fecha de lanzamiento.

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Los inversores no han esperado: las acciones de Nintendo cayeron hasta un 4,7% la semana pasada, mientras que Sony perdió un 3,2%. Pero hay un dato que podría cambiar el juego: el 65% de los desarrolladores encuestados por Game Developer Conference (GDC) en 2024 dijo que priorizará lanzamientos para Switch 2 en los próximos 12 meses, frente a solo el 42% que eligió a la PS5. ¿Estamos ante un cambio de ciclo en la industria?

El precedente de 2018 que ahora amenaza a Sony: cuando los chips paralizaron la PS4

La advertencia de TrendForce sobre el alza del 40% en la memoria DRAM durante 2024 no es un escenario nuevo para Sony, sino un déjà vu con consecuencias documentadas. En 2018, la empresa se vio obligada a frenar la producción de PS4 durante dos trimestres consecutivos (Q3 y Q4) después de que el precio de los chips NAND —usados en el almacenamiento de las consolas— se disparara un 52% en solo seis meses, según informes de DigiTimes. El resultado: pérdidas estimadas de 300 millones de dólares en ventas no realizadas y un retraso en el lanzamiento de bundles navideños que afectó directamente al 18% de los ingresos anuales del segmento de videojuegos ese año.

Lo más revelador es cómo reaccionó el mercado. Mientras Sony reducía su producción, Nintendo aprovechó el vacío para impulsar las ventas de la Switch original, que en 2018 registró un crecimiento del 37% interanual en unidades vendidas, según datos de NPD Group. La lección es clara: en un contexto de escasez de componentes, la flexibilidad de diseño (como la híbrida de Nintendo) se convierte en una ventaja estratégica. Hoy, con la Switch 2 superando en un 40% las ventas iniciales de su predecesora, la historia podría repetirse. Pero hay un matiz crítico: en 2018, Sony tenía a la PS4 en su quinto año de ciclo —igual que la PS5 ahora—, lo que limitó su capacidad de maniobra. La diferencia es que entonces la PS5 ya estaba en desarrollo; hoy, no hay confirmación oficial de una PS6 antes de 2026.

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Otros dos factores agravan el escenario para Sony:

  • Dependencia del mercado japonés: En 2018, el 60% de las PS4 vendidas en Asia correspondían a Japón, según Famitsu. Hoy, la versión económica de la PS5 en ese país —con un precio reducido del 30%— ha logrado solo un aumento del 8% en ventas locales (datos de Media Create), muy lejos de compensar la caída global del 15%.
  • El error de los televisores: La cesión del negocio Bravia a TCL no es un movimiento aislado. En 2012, Sony vendió su división de PCs (Vaio) a Japan Industrial Partners por solo 40 millones de dólares, una decisión que entonces se justificó como “enfoque en áreas rentables”. Sin embargo, el vacío dejado permitió que Lenovo y HP dominaran el 72% del mercado japonés de PCs en menos de cinco años. ¿Podría repetirse el patrón con las consolas?

La cuenta regresiva: ¿agotará Sony sus opciones antes de 2026?

El reloj corre en contra de Sony. Si en 2018 tardó 9 meses en recuperar el ritmo de producción de la PS4 tras la crisis de chips, hoy el margen es aún más estrecho: la PS5 cumple cinco años en noviembre de 2024, y los desarrolladores ya están migrando a Switch 2 (el 65% según GDC). La pregunta no es si Sony puede repetir su error de 2018, sino si esta vez tendrá tiempo para corregirlo antes de que Nintendo —y posiblemente Microsoft— consoliden su ventaja. El movimiento con TCL sugiere que la empresa está priorizando liquidez, pero en el negocio de las consolas, ceder terreno hoy puede significar perder una generación entera.

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