Cohete Starship de SpaceX despegando con satélites para centros de datos de IA en órbita terrestre

Musk apuesta por 1 millón de satélites: ¿el futuro de la IA está en el espacio?

Carrera espacial: Elon Musk planea revolucionar la inteligencia artificial con una red de satélites que superaría en 66 veces el número actual en órbita.

SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk, ha presentado ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) un ambicioso plan para desplegar una constelación de un millón de satélites que orbitarían la Tierra. Su objetivo: alimentar centros de datos de inteligencia artificial (IA) mediante energía solar, eliminando los altos costos y la huella ambiental de los servidores terrestres. La propuesta, revelada el viernes, llega justo después de que Reuters adelantara en exclusiva que SpaceX y xAI —la startup de IA de Musk— negocian una fusión previo a una posible salida a bolsa este año.

La fusión aceleraría los planes de Musk para dominar la carrera de la IA, donde compite con gigantes como Google, Meta y OpenAI. Los centros de datos, esenciales para entrenar modelos de IA, consumen cantidades masivas de energía. Según el documento de SpaceX, estos satélites lograrían “una eficiencia energética transformadora” al aprovechar la energía solar casi constante en el espacio, con mínimos costos de operación y un impacto ambiental reducido frente a las granjas de servidores en tierra. Sin embargo, el proyecto depende de la aprobación de la FCC, el regulador de telecomunicaciones de EE.UU.

Aunque la cifra de un millón de satélites parece descomunal —actualmente hay 15.000 en órbita, según la Unión de Científicos Preocupados—, las empresas suelen solicitar más permisos de los que necesitan para ganar flexibilidad. Un precedente claro es Starlink, el servicio de internet satelital de SpaceX: en 2019, la compañía pidió autorización para 42.000 satélites, pero hoy solo tiene 9.500 operativos. La estrategia refleja un patrón en la industria aeroespacial, donde las aprobaron masivas permiten ajustar diseños sin nuevos trámites.

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El cohete Starship de SpaceX despega para un vuelo de prueba el martes 26 de agosto de 2025, en Starbase, Texas. (AP Foto/Eric Gay)Eric Gay – AP

El éxito del proyecto también depende de Starship, el cohete reutilizable de nueva generación que SpaceX desarrolla para abaratar costos. Desde 2023, Starship ha realizado 11 lanzamientos de prueba, aunque aún no ha logrado su certificación final. Musk confía en que, este mismo año, el cohete comience a transportar cargas útiles comerciales, incluyendo los satélites más avanzados de Starlink. La reducción de costos en los lanzamientos es clave: según analistas de Morgan Stanley, cada misión de Starship podría costar un 90% menos que los cohetes tradicionales, lo que haría viable la mega constelación propuesta.

Pero el plan enfrenta desafíos técnicos y regulatorios. La basura espacial ya es un problema crítico: la Agencia Espacial Europea (ESA) estima que hay más de 36.500 objetos mayores de 10 cm orbitando la Tierra, y añadir un millón de satélites podría agravar los riesgos de colisiones. Además, astrónomos han advertido que las mega constelaciones como Starlink ya interfieren con las observaciones telescópicas, un conflicto que escalaría exponencialmente. Mientras Musk avanza, la comunidad científica exige regulaciones más estrictas para evitar una “tragedia de los comunes” en el espacio.

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¿Logrará Musk convertir el espacio en la nueva frontera de la IA, o su ambición chocará contra los límites físicos y éticos de la órbita terrestre?

El precedente de Kuiper: cómo Amazon desafió a Starlink y qué revela sobre la estrategia de Musk

Mientras SpaceX solicita permiso para 1 millón de satélites, el movimiento recuerda a una batalla legal reciente que define el futuro de las mega constelaciones: el enfrentamiento entre Starlink y Project Kuiper, la red satelital de Amazon. En julio de 2023, la FCC aprobó el plan de Kuiper para desplegar 3.236 satélites, pero con una condición clave: la mitad debían estar en órbita para 2026. SpaceX respondió con una queja formal, argumentando que Kuiper no tenía capacidad de lanzamiento propia (dependía de cohetes como el Vulcan de ULA o el Ariane 6 de la ESA, ambos con retrasos crónicos). El conflicto expuso una estrategia que Musk ahora escala: saturar el espacio con permisos para bloquear competidores, incluso si no se usan todos los satélites.

Los datos revelan por qué este patrón preocupa a los reguladores. En 2022, la FCC multó a AST SpaceMobile con $500.000 por incumplir plazos en su constelación, pero permitió que OneWeb (respaldada por el gobierno británico) redujera su flota de 48.000 a 7.000 satélites sin perder licencias. SpaceX, en cambio, ha triplicado su cuota inicial: pasó de solicitar 12.000 satélites en 2018 a los 42.000 actuales, aunque solo opera el 22%. La táctica no es nueva: en 2017, la empresa Swan Maritime (sin relación con Musk) pidió permiso para 250.000 satélites —una cifra absurda— solo para vender luego las frecuencias a terceros. La FCC ahora estudia limitar estas prácticas, pero el proceso avanza lento: en marzo de 2024, solo había revisado el 30% de las 60.000 solicitudes pendientes de diversas empresas.

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El caso Kuiper también mostró otro riesgo: la dependencia de Starship. Amazon firmó contratos con Blue Origin, ULA y Arianespace para lanzar sus satélites, pero el 70% de sus plazos dependen de cohetes que aún no vuelan comercialmente. Musk, al controlar Starship, evita este cuello de botella: en 2023, SpaceX lanzó 96 cohetes (un récord histórico), mientras que sus competidores sumaron 23 entre todos. La ventaja es clara, pero la FCC podría imponer condiciones similares a las de Kuiper: plazos estrictos y penalizaciones por incumplimiento, algo que SpaceX nunca ha enfrentado a esta escala.

¿Un millón de satélites o un millón de problemas?

La FCC tiene ahora sobre la mesa una decisión sin precedentes: aprobar una flota 66 veces mayor que toda la infraestructura orbital actual, en un contexto donde el 40% de los satélites activos ya son de SpaceX. Si el regulador cede, Musk no solo dominará el espacio, sino que definirá las reglas del juego para la IA: quien controle los datos en órbita, controlará los modelos del futuro. Pero si la FCC exige garantías —como hizo con Kuiper—, el proyecto podría convertirse en un elefante blanco como el Iridium de los 90: una red de 77 satélites que quebró en 1999 por costos insostenibles, pese a tener tecnología pionera. La diferencia hoy es que Musk apuesta por la IA como salvavidas… y el espacio como último territorio sin ley.

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