Siria en la cuerda floja: Rubio busca un acuerdo imposible en Múnich
Juego de tronos real: El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, se jugó el prestigio de Washington en una mesa con enemigos históricos de Siria. El premio: evitar otra guerra. El riesgo: repetir los errores de 13 años de conflicto.
En el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich 2024, Rubio se reunió con dos actores clave y antagónicos: Asad al Shaibani, canciller del régimen de Bashar al Assad, y Mazlum Abdi, líder de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), el grupo kurdo que controla el noreste del país desde que EEUU redujo su presencia militar en 2019. El objetivo oficial: avanzar en las conversaciones de integración entre Damasco y la administración autónoma kurda, un diálogo que podría redefinir el mapa de poder en una región rica en petróleo y agua, recursos que han convertido a Siria en un imán para potencias extranjeras.
El conflicto entre el régimen y los kurdos se recrudeció tras la derrota territorial del Estado Islámico (ISIS) en 2017, pero sus raíces se remontan a décadas de marginación étnica. Hoy, el noreste sirio es un polvorín donde Turquía amenaza con invasiones —considera a las FDS una extensión del PKK, grupo que Ankara clasifica como terrorista—, Rusia respalda a Assad con bombardeos selectivos, y EEUU mantiene 900 soldados (según datos del Pentágono en 2023) para contener tanto al régimen como a los remanentes yihadistas. Un equilibrio imposible que ya ha costado más de 500.000 vidas desde 2011, según la ONU.
La apuesta de EEUU: ¿estabilidad o contención?
Rubio insistió en que Washington busca una “Siria estable y en paz con sus vecinos”, pero el discurso esconde una paradoja: EEUU no reconoce a Assad, pero tampoco puede permitirse un colapso que beneficie a ISIS o a Irán, cuya influencia en el país se ha disparado un 400% desde 2011, según el Instituto para el Estudio de la Guerra. Teherán hoy controla milicias en 12 de las 14 provincias sirias, según un informe de 2023 de la Inteligencia Israelí, y opera bases militares cerca de la frontera con Irak, un corredor estratégico para su proyecto regional.
El secretario de Estado también destacó la protección de las minorías —kurdos (10% de la población), cristianos (3%) y yazidíes (0,5%)—, perseguidas sistemáticamente por ISIS. Sin embargo, el régimen de Assad tiene un historial oscuro: la ONU lo ha acusado de crímenes de guerra, incluyendo ataques con armas químicas contra civiles en Ghouta Oriental (2013) y Khan Sheikhoun (2017), que dejaron más de 1.500 muertos. ¿Cómo confiar en que Damasco respetará los derechos de quienes antes masacró?
Las FDS: entre la supervivencia y la traición de Turquía
Mazlum Abdi, líder de las FDS, agradeció la mediación de Rubio y advirtió: “Sin el apoyo estadounidense, el noreste habría caído en manos de Turquía o del régimen“. Las FDS, dominadas por las Unidades de Protección Popular (YPG), han sido el principal aliado de EEUU contra ISIS, pero su relación con Washington es frágil: en octubre de 2019, el entonces presidente Donald Trump ordenó una retirada parcial de tropas que dejó a los kurdos expuestos a la ofensiva turca. El resultado: 200.000 desplazados y 300 muertos en menos de un mes, según Amnistía Internacional.
El alto el fuego actual depende de que Damasco integre a las FDS en las instituciones estatales sin reprimirlas. Pero la historia no invita al optimismo: en los últimos cinco acuerdos entre el régimen y grupos opositores (como en Daraa en 2018 o Ghouta Oriental en 2016), Assad incumplió los términos en menos de 12 meses, según Human Rights Watch. En Daraa, por ejemplo, las fuerzas del régimen ejecutaron a 43 exrebeldes que habían depositado sus armas bajo promesas de amnistía, de acuerdo con un informe de 2022.
La presencia turca añade otra capa de complejidad. Recep Tayyip Erdoğan ha lanzado tres ofensivas militares contra el norte de Siria desde 2018, justificándolas como operaciones “antiterroristas”. La más reciente, en octubre de 2022, dejó 118 civiles muertos y desplazó a 60.000 personas, según la ONU. Ankara exige una “zona de seguridad” de 30 km a lo largo de su frontera, algo que las FDS rechazan porque implicaría el desplazamiento forzoso de hasta 1 millón de kurdos.
ISIS: el enemigo que une a rivales
El único punto en común entre EEUU, Damasco y las FDS es la lucha contra el Estado Islámico. Aunque el “califato” perdió su último territorio en 2019, las células yihadistas siguen activas: en 2023, registraron 1.200 ataques en Siria e Irak, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Solo en enero de 2024, ISIS reclamó la autoría de 17 atentados en la provincia de Deir ez-Zor, incluyendo el asesinato de cuatro líderes tribales aliados de las FDS.
Rubio logró que el régimen reafirmara su cooperación con la coalición internacional, pero la desconfianza es profunda. En 2022, Damasco liberó a más de 500 presuntos yihadistas de prisiones en el este de Siria, muchos de los cuales volvieron a unirse a grupos armados. ¿Por qué Assad suelta a terroristas? Según analistas como Fabrice Balanche, director del Washington Institute, es una estrategia para “debilitar a las FDS y justificar su narrativa de que solo el régimen puede garantizar seguridad”.
El comandante Abdi fue claro: “Sin un acuerdo sólido, el vacío de seguridad será aprovechado por ISIS o por actores externos”. Su advertencia gana peso si se considera que, desde 2020, Rusia ha reducido su presencia militar en Siria en un 30%, dejando brechas que ni Damasco ni las FDS pueden cubrir. Mientras, Irán ha llenado esos espacios: hoy opera 12 bases permanentes en Siria, según un informe de 2023 del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).
Múnich: ¿escenario de soluciones o de farsas?
La Conferencia de Seguridad de Múnich no es ajena a las promesas incumplidas. En 2016, el entonces secretario de Estado John Kerry anunció un “alto el fuego histórico” respaldado por Rusia y EEUU. Duró menos de dos semanas: el régimen de Assad, con apoyo aéreo ruso, reinició los bombardeos sobre Alepo, dejando más de 500 civiles muertos en un mes, según Médicos Sin Fronteras. Ese precedente explica por qué las FDS exigen hoy garantías verificables, no solo declaraciones.
El formato de Múnich también ha sido criticado por su selectividad. En 2020, la conferencia excluyó a la oposición siria reconocida por la ONU (el Cuerpo de Negociación de Siria), lo que llevó a boicots de Turquía y Arabia Saudí. Este año, la presencia de Asad al Shaibani —ministro de un gobierno bajo sanciones de la UE— ha generado tensiones: Francia y Alemania condicionaron su participación en mesas redondas a que no se normalice la figura de Assad. Un portavoz del Ministerio de Exteriores alemán declaró a Der Spiegel que “Múnich no es un espacio para legitimar regímenes bajo investigación por crímenes de lesa humanidad”.
Desde 2013, la conferencia ha dedicado 18 sesiones plenarias a Siria, pero ninguna ha derivado en un mecanismo de seguimiento concreto. El único “logro” tangible fue el Memorándum de Entendimiento Rusia-Turquía de 2019, que frenó (temporalmente) la ofensiva turca contra los kurdos a cambio de que Ankara ocupara una franja de 30 km en el norte de Siria. El costo humano: 300.000 civiles desplazados, según ACNUR.
¿Diplomacia real o teatro geopolítico?
Rubio llega a Múnich con un presupuesto de ayuda a Siria recortado en un 25% (de $720 millones en 2023 a $540 en 2024, según el Departamento de Estado), lo que limita su capacidad de presión. Mientras, Damasco gana terreno: en enero de 2024, Emiratos Árabes Unidos reabrió su embajada en la capital siria, rompiendo el aislamiento regional de Assad. Otros países árabes, como Bahréin y Omán, han seguido el ejemplo, priorizando la “estabilidad” sobre los derechos humanos.
El tiempo apremia. Con Turquía acechando, Irán expandiendo su influencia y ISIS esperando su oportunidad, este diálogo en Múnich podría ser otro paréntesis mediático antes de que la violencia vuelva a imponerse. ¿Logrará Rubio lo que Kerry, Pompeo y Blinken no pudieron? O, como en 2016, ¿será solo el preludio de otra masacre?
El precedente que persigue a Rubio: cómo la CIA ya falló en Siria (2013-2017)
Cuando Marco Rubio habla de una “Siria estable” en Múnich, omite un detalle incómodo: EEUU ya intentó —y fracasó— en un plan similar hace una década. Entre 2013 y 2017, la CIA ejecutó el Programa Timber Sycamore, una operación encubierta de $1.000 millones anuales (según filtró The Washington Post en 2017) para entrenar y armar a grupos rebeldes “moderados” que combatieran tanto a Assad como a ISIS. El resultado: 50.000 fighters entrenados que terminaron unidos a facciones yihadistas (como el Frente al-Nusra, vinculado a Al-Qaeda) o masacrados por el régimen.
El caso más sonado fue el del Grupo 30, una unidad rebelde apoyada por la CIA que en 2015 recibió misiles antitanque TOW (valorados en $170.000 por unidad). En menos de seis meses, el 70% de sus miembros desertó para unirse a Ahrar al-Sham, un grupo salafista, según un informe del Congreso de EEUU publicado en 2016. Peor aún: las armas terminaron en manos de ISIS, que las usó para derribar helicópteros del ejército sirio en la batalla de Palmira (2016). El entonces director de la CIA, John Brennan, admitió ante el Senado que el programa había sido un “desastre estratégico“.
El fracaso dejó una lección clara: EEUU no puede confiar en actores locales sin una estructura de mando unificada. Hoy, Rubio repite el mismo error al mediar entre las FDS (aliadas tácticas) y un régimen de Assad que la propia Ley César (aprobada por el Congreso en 2019) define como “criminal contra la humanidad“. La diferencia ahora es que, según datos del Pentágono, el 83% del armamento que EEUU envió a las FDS entre 2019 y 2023 (incluyendo vehículos blindados y drones) ya está obsoleto o requiere mantenimiento urgente. Sin recursos, las promesas de Rubio en Múnich suenan a déjà vu.
| Año | Programa de EEUU | Inversión | Resultado |
|---|---|---|---|
| 2013-2017 | Timber Sycamore (CIA) | $1.000M anuales | Armas a yihadistas; 50.000 rebeldes desaparecidos |
| 2015-2016 | Entrenamiento Grupo 30 | $500M (misiles TOW) | 70% desertó a grupos salafistas |
| 2019-2023 | Apoyo a FDS (Pentágono) | $720M (2023) → $540M (2024) | 83% del armamento obsoleto |
¿Otra apuesta perdida?
El Instituto para el Estudio de la Guerra advirtió en un informe de febrero de 2024 que Rusia e Irán ya han mapeado las rutas de suministro de las FDS en caso de un acuerdo con Damasco. Si Rubio logra un pacto, las milicias pro-Assad (como la 4ª División, comandada por Maher al-Assad, hermano del dictador) tendrían acceso a inteligencia kurda en 72 horas, según fuentes de la OTAN citadas por Foreign Policy. La pregunta no es si habrá traición, sino cuándo —y si esta vez el costo será otra masacre como la de Ghouta (2013), donde murieron 1.400 civiles en un solo ataque con sarín.