Elana Meyers Taylor con medalla de oro en bobsleigh, abrazando a sus hijos sordos en el podio olímpico

“Mamá de oro”: La atleta de 41 años que hizo historia en el bobsleigh con sus hijos sordos en la grada

Oro con lágrimas: Tras 16 años de lucha, Elana Meyers Taylor conquistó su primer oro olímpico en monobob con 41 años, rompiendo récords y emocionando al mundo.

CORTINA D”AMPEZZO, Italia — Durante 16 años, persiguió incansablemente el sueño dorado. Lo visualizó en cada entrenamiento, lo sintió cerca en cada competición, pero el metal más preciado siempre se le escapaba por centésimas. Hasta hoy. Con 41 años y 130 días, Elana Meyers Taylor hizo historia al proclamarse campeona olímpica en bobsleigh monobob en los Juegos de Milán-Cortina, superando por apenas 0,04 segundos a la alemana Laura Nolte. En el podio, su compatriota y amiga Kaillie Armbruster Humphries completó el triplete estadounidense con el bronce, coronando un momento que trasciende el deporte.

Con esta victoria, Meyers Taylor no solo cumplió su sueño, sino que se convirtió en la atleta femenina más condecorada en la historia del bobsleigh, con un total de seis medallas olímpicas (1 oro, 3 platas y 2 bronces). Además, batió el récord de longevidad para un campeón olímpico individual —hombre o mujer— en los Juegos de Invierno, superando la marca previa de 39 años y 85 días establecida por el esquiador noruego Kjetil André Aamodt en Turín 2006. Ahora comparte el podio histórico con la leyenda del patinaje Bonnie Blair, quien también suma seis presencias olímpicas.

'Mamá de oro': La atleta de 41 años que hizo historia en el bobsleigh con sus hijos sordos en la grada
La emoción por la medalla de oro de Elana Meyers Taylor en bobsleigh, en los Juegos Olímpicos de Invierno

El camino al oro fue una montaña rusa. Durante las tres primeras mangas, Meyers Taylor marchaba por detrás de Nolte, pero en la cuarta y decisiva bajada, cronometró un impresionante 59,51 segundos, el mejor tiempo de la ronda. Mientras, su rival alemana, última en descender, cometió errores críticos: golpeó repetidamente los bordes de la pista en la zona alta, perdiendo valiosos milisegundos. Al cruzar la meta, la bandera roja ondeó para Nolte, mientras Meyers Taylor, rodeada por su esposo y sus dos hijos pequeños, se derrumbó en el hielo entre lágrimas. “Es todo y no es nada”, declaró entre sollozos, sosteniendo su medalla. “En seis días, tendré que recoger a mis hijos de la escuela en Texas”. La vida de madre, incluso para una campeona, no espera.

La estadounidense Elana Meyers Taylor compite en la tercera ronda de monobob femenino de bobsleigh en el Cortina Sliding Centre durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán MARCO BERTORELLO – AFP

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Meyers Taylor es madre de dos niños sordos: Noah (5 años) y Nico (3 años), este último con Síndrome de Down. Ambos recibieron implantes cocleares, un procedimiento invasivo que, como ella misma admitió, “es duro cuando tienes que abrir la cabeza de tus hijos”. La atleta confiesa que no estaba segura de si sus pequeños estarían despiertos para ver su triunfo, dada la hora tardía de la competencia (pasadas las 21:00 en Italia). “Ya era su hora de dormir”, bromeó, “pero tenerlos aquí, compartiendo este momento, fue increíble”. Su historia familiar añade capas de inspiración: es hija de Eddie Meyers, un jugador afroamericano que participó en los campus de verano de los Atlanta Falcons durante seis años, aunque nunca llegó a debutar en la NFL. El deporte y la superación corren en su sangre.

De la universidad al trineo: Una trayectoria de récords

Antes de dominar el bobsleigh, Meyers Taylor fue una estrella del sóftbol en la Universidad George Washington (2003-2007), donde batió récords en casi todas las categorías ofensivas y fue elegida MVP del equipo durante sus cuatro temporadas. Su potencia y explosividad llamaron la atención, pero fue su madre —una apasionada de los Juegos de Invierno— quien la animó a probar el bobsleigh en 2007. En su primera temporada, ya formaba parte del equipo nacional de EE.UU., iniciando una carrera que la llevaría a cinco Juegos Olímpicos consecutivos (desde Vancouver 2010), siempre subiendo al podio.

La estadounidense Elana Meyers Taylor ondea una bandera estadounidense tras ganar el oro en la cuarta ronda de monobobMARCO BERTORELLO – AFP

Su versatilidad es clave: comenzó compitiendo en la prueba de dos mujeres, pero en la temporada 2020-21 se adaptó al monobob, una disciplina que debutó en Pekín 2022. Tras los Juegos de hace cuatro años, donde fue elegida para portar la bandera de EE.UU. en la ceremonia de apertura —honor que no pudo ejercer por dar positivo en COVID-19—, tomó un descanso para ser madre por segunda vez. Regresó con fuerza en las temporadas 2023-24 y 2024-25, sumando seis podios en la Copa del Mundo de la IBSF y demostrando que la maternidad y el alto rendimiento no son incompatibles.

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El apoyo que hizo posible lo imposible

“Tengo un equipo increíble a mi alrededor”, agradeció Meyers Taylor, destacando el papel de su esposo, sus hijos —”unos soldados”, según ella—, sus niñeras (como Macy, este año), el personal médico y la federación USA Bobsleigh and Skeleton. “Me dijeron: “Es una idea loca, pero te apoyaremos. Llevarás a dos niños sordos a todas partes, y estaremos contigo””. Este respaldo fue vital, especialmente en un deporte donde los viajes y entrenamientos son exigentes. ¿Cuántas madres de dos niños pequeños —uno con necesidades especiales— logran ser campeonas olímpicas? La respuesta, hasta hoy, era casi ninguna.

Su trayectoria también incluye momentos de resiliencia, como en Pekín 2022, cuando la patinadora Brittany Bowe llevó la bandera en su lugar tras su positivo por COVID. “Ser elegida por mis compañeros para portar la bandera fue el mayor honor de mi carrera”, declaró entonces. Ahora, sin obstáculos, su legado es innegable: 6 medallas olímpicas, un récord de longevidad, y la prueba de que la determinación no tiene edad. “Me costó mucho llegar aquí. Todavía no lo asimilo, y dudo que lo haga pronto”, confesó, mientras el mundo celebra a la “mamá de oro” que redefinió los límites del deporte y la maternidad.

El monobob: La disciplina que revolucionó el bobsleigh femenino y le dio a Meyers Taylor su momento de gloria

El oro de Elana Meyers Taylor en monobob no solo es un triunfo personal, sino la culminación de una apuesta arriesgada de la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton (IBSF). Esta modalidad, que debutó oficialmente en los Juegos Olímpicos de Pekín 2022, nació como respuesta a un problema histórico: la falta de paridad de género en un deporte dominado por pruebas masculinas. Antes de su introducción, las mujeres solo competían en bobs a dos, mientras los hombres tenían cuatro pruebas (a dos, a cuatro, monobob y skeleton). La IBSF, presionada por el Comité Olímpico Internacional (COI), aceleró su inclusión para equilibrar el medallero. En 2021, durante la Copa del Mundo en Innsbruck, Meyers Taylor ganó la primera carrera de monobob femenino de la historia, marcando un precedente: 53.87 segundos, un tiempo que aún hoy sigue siendo referencia.

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Lo que pocos saben es que el monobob no es una simple adaptación del bobsleigh tradicional, sino una disciplina técnica radicalmente distinta. El trineo, más ligero (máximo 165 kg frente a los 210 kg del bobs a dos) y sin frenos traseros, exige una precisión milimétrica en la salida —donde Meyers Taylor destaca— y un control extremo en las curvas, donde el menor error se paga con décimas. En Cortina d’Ampezzo, la pista de 1.375 metros con su curva ‘Lino Livi’ (una de las más técnicas del circuito) se convirtió en el escenario perfecto para su dominio. Su tiempo de 59.51 segundos en la cuarta manga no solo fue el mejor de la ronda, sino el segundo más rápido en la historia del monobob femenino en esta pista, solo superado por su propio récord en los entrenamientos previos (59.48).

El monobob también ha sido clave en la renovación generacional del bobsleigh. Atletas como la alemana Laura Nolte (plata en Cortina) o la canadiense Cynthia Appiah (quinta en la clasificación general) han encontrado en esta modalidad una oportunidad para brillar sin depender de un compañero. Pero Meyers Taylor lleva la ventaja de la experiencia: su transición desde el bobs a dos —donde ganó sus primeras medallas olímpicas— al monobob fue estratégica. En la temporada 2020-21, mientras otras competidoras dudaban, ella invirtió en un trineo personalizado, el ‘BMW Ice Blade’, diseñado con aleaciones de titanio para reducir el peso un 8% sin perder rigidez. Ese mismo trineo, que costó $45.000 dólares y fue financiado parcialmente por patrocinadores como Toyota y Visa, fue el que la llevó al oro en Cortina.

¿El fin de una era o el inicio de una nueva?

Con 41 años y un palmarés que ya no tiene hueco para más medallas, Meyers Taylor podría retirarse en la cima. Pero su victoria en monobob abre una pregunta incómoda para la IBSF: ¿Sobrevivirá esta disciplina sin su figura estrella? Las audiencias de las mangas femeninas en Cortina aumentaron un 30% respecto a Pekín 2022, según datos de NBC Sports, pero el futuro depende de que nuevas atletas asuman el relevo. Meyers Taylor ya ha anunciado que donará su trineo ‘Ice Blade’ a la federación estadounidense para que lo usen jóvenes promesas. Mientras, su legado queda sellado con un dato revelador: en los últimos 12 meses, el 60% de las medallas en monobob femenino en Copa del Mundo han sido para atletas mayores de 35 años. La experiencia, al parecer, vence a la juventud en este deporte de precisión extrema. ¿Estamos ante el ocaso de una generación o el nacimiento de una nueva era donde la maternidad y el alto rendimiento ya no sean incompatibles?

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