Gráfico de Wall Street mostrando caídas y rebotes bruscos por impacto de la IA en sectores tecnológicos y financieros

Wall Street en vilo: IA y Fed marcan el ritmo; Dow Jones resiste con bancos al alza

Tensión silenciosa: Wall Street cerró casi plana, pero bajo la superficie bullían nervios por IA, tipos de interés y una carrera tecnológica sin tregua.

Un cierre plano con más nervios de lo que parece

Los números finales engañan: el S&P 500 sumó 7,3 puntos (0,11%) hasta 6.843,5, el Nasdaq avanzó 40 puntos (0,14%) a 22.578,4, y el Dow Jones subió 43 puntos (0,09%) para cerrar en 49.543,9. Pero la jornada fue una montaña rusa: el Dow llegó a caer 0,7% en sus peores momentos, arrastrado por el temor a que la IA redefina sectores enteros. El patrón intradía —caídas bruscas seguidas de rebotes igual de abruptos— ya es la “nueva normalidad”, según gestores como Tim Ghriskey (Ingalls & Snyder), que alertan de “tendencias divergentes” entre inversores. Este comportamiento recuerda al de octubre de 2022, cuando la volatilidad diaria superó el 2% en el 60% de las sesiones, según datos de Bloomberg.

En Europa, el optimismo fue más palpable: el DAX alemán (+0,72%) y el Euro Stoxx 50 (+0,76%) se beneficiaron de la mejora en la confianza del consumidor y las cifras de inflación de enero en Alemania, que elevó sus previsiones de crecimiento para 2026. Bayer se disparó un 7% tras anunciar un acuerdo colectivo en EE.UU. por las demandas del herbicida Roundup, un caso que arrastra desde 2018 y ha costado a la compañía más de US$16.000 millones en indemnizaciones. En divisas, el dólar se reforzó como refugio, pese al apetito por riesgo en renta variable: el euro cedió un 0,4% frente al billete verde.

DJI_2026-02-17_22-04-18

La corrección de la semana pasada —la mayor desde noviembre— sigue pesando. Entonces, los tres índices estadounidenses cayeron en cadena ante el miedo a que la IA cree “perdedores claros” en software, logística y finanzas. ¿El paralelo histórico? En 2000, el estallido de la burbuja \’.com\’ arrasó con empresas que no supieron adaptarse a internet. Hoy, el riesgo es similar, pero acelerado.

La tecnología se recompone, pero el software sigue bajo sospecha

El sector tecnológico vivió un día de dos caras. El índice de tecnología de la información del S&P 500 cayó hasta un 1,5% en sus mínimos, pero cerró en positivo gracias al rebote de Apple (+3,1%) y Nvidia (+1,2%), que compensaron las caídas de Microsoft y Oracle. Sin embargo, el subíndice de software del S&P 500 cerró con un descenso superior al 1%, con Intuit (-2,3%) y Cadence Design (-1,8%) entre los peores. El mercado castiga a las empresas cuyo modelo de negocio podría ser automatizado por IA, como ocurrió con las telefónicas tradicionales tras la llegada de los smartphones en 2007.

La división es clara: “fabricantes de palas” (chips, infraestructura) vs. “buscadores de oro” (aplicaciones y servicios). Estos últimos enfrentan ahora un escrutinio feroz. ¿Ejemplo? En 2023, Adobe perdió un 10% en bolsa tras anunciar que integraría IA generativa en Photoshop, por miedo a que redujera sus ingresos por suscripciones. Hoy, el mismo temor se extiende a sectores como el SaaS (software como servicio), donde los márgenes podrían comprimirse si la IA abarata los costes de desarrollo.

Ver  Dow Jones gana 129 puntos, mercados globales repuntan con alza del petróleo y oro por tensiones geopolíticas

China entra en el tablero: el efecto Qwen 3.5 y la guerra de modelos

El anuncio de Qwen 3.5 por parte de Alibaba añadió presión a un sector ya en ebullición. Este modelo, capaz de ejecutar tareas complejas de forma autónoma, reforzó la sensación de “carrera armamentística” en IA. No es el primer aviso: en 2023, el modelo Ernie Bot de Baidu ya demostró que China podía competir en rendimiento con GPT-4 en tareas en chino, según benchmarks de Stanford.

El riesgo ahora es que la IA se convierta en una “commodity de alta calidad” disponible globalmente, erosionando las ventajas de las empresas occidentales. ¿Consecuencia? El mercado exige múltiplos más bajos: las valoraciones de las empresas de software en el S&P 500 han caído un 15% desde sus máximos de 2021, según FactSet. Nvidia, pese a su dominio en chips, no es inmune: sus acciones han corregido un 20% desde marzo, cuando su capitalización superó los US$2 billones.

Bancos al rescate y consumo básico bajo presión

La banca fue el otro pilar del día. El índice de servicios financieros del S&P 500 destacó, con Goldman Sachs (+1,4%) y JPMorgan (+1,1%) liderando el rebote del Dow. El sector se beneficia de un entorno de tipos altos: en el primer trimestre, los cuatro grandes bancos de EE.UU. (JPMorgan, Bank of America, Citigroup y Wells Fargo) reportaron un aumento del 12% en ingresos por intereses netos, según la FDIC.

En contraste, el consumo básico fue el peor sector. General Mills se desplomó un 8% tras recortar sus previsiones anuales, señal de que el consumidor estadounidense “empieza a resentirse” por la inflación acumulada. ¿Dato clave? Los precios de los alimentos en EE.UU. han subido un 25% desde 2020, según el Bureau of Labor Statistics, el mayor aumento en 40 años. Si este patrón se extiende, el mito del “consumo básico invulnerable” podría derrumbarse, alterando las rotaciones sectoriales en 2024.

Activismo y M&A: Elliott y Jana mueven fichas

El activismo corporativo añadió volatilidad. Norwegian Cruise Line se disparó tras conocerse que Elliott Investment adquirió más del 10% de la naviera, un movimiento que suele preceder a reestructuraciones o ventas de activos. Elliott tiene historia: en 2019, presionó a Twitter (ahora X) para que recortara costes, lo que llevó a despidos masivos antes de su venta a Elon Musk.

Fiserv (+3,5%) también subió tras revelarse que Jana Partners tomó una participación, alimentando rumores de cambios estratégicos. Pero el movimiento estrella fue el de Masimo, que se disparó un 37% ante la posible oferta de Danaher por US$10.000 millones. Zim Integrated Shipping, por su parte, subió un 35% en premarket por su posible compra por Hapag-Lloyd. Estas operaciones recuerdan a 2021, cuando el volumen global de M&A superó los US$5 billones, según Refinitiv, impulsado por tipos bajos y liquidez. Hoy, el contexto es distinto: la Fed mantiene los tipos altos, pero el activismo sigue siendo un catalizador clave.

La IA salta de Wall Street a la economía real

La alianza entre Unilever y Google Cloud para usar IA en marketing y agentic commerce marca un punto de inflexión. ¿Objetivo? Optimizar campañas y ventas mediante asistentes conversacionales. No es un caso aislado: en 2023, Coca-Cola usó IA generativa para crear anuncios personalizados en 100 mercados, reduciendo costes en un 30%.

La pregunta ahora es quién capturará el valor: ¿las corporaciones que aplican la IA o los gigantes tecnológicos que proveen la infraestructura? En el caso de Unilever, el acuerdo con Google Cloud podría ahorrarle US$500 millones anuales en logística y marketing, según estimaciones de McKinsey. Pero el 70% de ese ahorro podría quedarse en manos de Google y sus socios en la nube.

Ver  Tregua Irán-EE.UU.: Wall Street celebra, pero el riesgo sigue latente

La Fed, el PCE y el dilema de la productividad

Todo gira en torno al índice PCE, la métrica de inflación favorita de la Fed. Tras un IPC más frío de lo esperado, el mercado descuenta un 63% de probabilidad de un recorte de 25 puntos básicos en junio. Pero hay divisiones: mientras el presidente de la Fed de Chicago, Austan Goolsbee, habla de “varios recortes” si la inflación cede, el vicepresidente Michael Barr advierte de riesgos persistentes.

El gran interrogante es cómo la IA afectará a la productividad. Mary Daly (Fed de San Francisco) quiere analizar si la tecnología permite “más crecimiento sin inflación”. El precedente es claro: en los 90, la productividad impulsada por internet permitió a la Fed mantener tipos bajos sin sobrecalentar la economía. Hoy, la IA podría repetir el patrón… o desatar una burbuja si los mercados sobreestiman su impacto.

¿Y si la IA no es la panacea? ¿Qué pasará si los recortes de la Fed llegan tarde y la economía ya está enfriándose?

El precedente de 1999-2000: cuando la Fed subestimó el impacto tecnológico y pagó el precio

La división actual en la Fed sobre cómo manejar la inflación en la era de la IA evoca un error histórico que costó caro: 1999-2000, cuando el banco central estadounidense subestimó el impacto deflacionario de internet en la productividad. Entonces, como ahora, los mercados apostaban por que la tecnología (en ese caso, la burbuja \’.com\’) redefiniría la economía sin generar presiones inflacionarias. El entonces presidente de la Fed, Alan Greenspan, elevó los tipos de interés en seis ocasiones entre junio de 1999 y mayo de 2000 (de 4.75% a 6.5%), argumentando que el crecimiento impulsado por la productividad digital no era sostenible. El resultado: el NASDAQ colapsó un 78% entre marzo de 2000 y octubre de 2002, borrando $5 billones en valor de mercado.

Ver  Wall Street vs. inversores minoristas: el Dow Jones expone la brecha en récords históricos

Hoy, los paralelos son inquietantes. En 1999, la productividad laboral en EE.UU. creció un 3.3% (el mayor salto desde 1992), impulsada por la adopción masiva de software empresarial y comercio electrónico. La Fed, sin embargo, interpretó ese boom como temporal y mantuvo una postura restrictiva. Mary Daly (Fed de San Francisco) repite ahora el mismo argumento: la IA podría permitir “más crecimiento sin inflación“, pero el riesgo es que, como en 2000, la Fed actúe demasiado tarde si la tecnología no cumple sus promesas a corto plazo. Los datos actualizados de la Bureau of Labor Statistics muestran que la productividad en el primer trimestre de 2024 creció solo un 0.3% anualizado —muy lejos del 2.8% registrado en el mismo período de 1999—. Si la IA no acelera este indicador en los próximos trimestres, la Fed podría enfrentarse a un escenario de “estancamiento inflacionario” (inflación persistente + crecimiento débil), similar al de 2008, cuando los tipos se mantuvieron altos hasta que la crisis financiera forzó un giro brusco.

Otros dos datos clave refuerzan el paralelo:

  • Valores tecnológicos sobrecalentados: En 2000, las acciones de empresas como Cisco (que llegó a valer $555.000 millones) y Oracle cayeron más de un 80% tras el estallido de la burbuja. Hoy, Nvidia —con una capitalización de $2.2 billones— ha corregido un 20% desde marzo, pero su valoración sigue siendo 40 veces sus beneficios, según Bloomberg. En 2000, Cisco cotizaba a 150 veces sus ganancias antes del crash.
  • El “efecto red” fallido: En los 90, se asumió que las empresas \’.com\’ dominarían sectores enteros por su escalabilidad. Hoy, el 60% de las startups de IA (según CB Insights) aún no han demostrado modelos de negocio rentables. En 2000, el 75% de las IPO tecnológicas quebraron en menos de dos años.

¿Repetirá la Fed el error de Greenspan?

La gran diferencia en 2024 es que la IA ya está integrada en la economía real (a diferencia de internet en 1999, que aún era incipiente en sectores clave). Unilever, Coca-Cola y Goldman Sachs han anunciado ahorros concretos gracias a la automatización, pero el riesgo es que la Fed sobreestime su impacto inmediato. Si la productividad no repunta en el segundo semestre —los datos del PCE de abril (publicados el 31 de mayo) serán críticos—, la Fed podría verse obligada a recortar tipos en septiembre, no en junio, como espera el mercado. Eso dejaría a Wall Street en un limbo peligroso: sin el respaldo de la liquidez barata pero con una tecnología que, esta vez, sí tiene potencial disruptivo real. La pregunta no es si habrá una corrección, sino qué sectores sobrevivirán a ella —y si la Fed tendrá herramientas para evitar que se convierta en otro 2000-2002.

Referencia de contenido: aquí

Categorías