Mercados en verde: inflación baja y Ucrania en la cuerda floja
Doble señal: La inflación cede en Europa y las bolsas reaccionan, pero la sombra de Ucrania frena el optimismo.
Un arranque en verde, pero con precaución
El índice alemán DAX abría con un avance modesto del 0,22%, liderado por Siemens (+1,2%), que arrastra al sector industrial. Mientras, en Londres, el FTSE 100 subía un 0,3%, impulsado por la minera Antofagasta (+3,7%), beneficiada por el repunte en las expectativas de materias primas. Este comportamiento refleja la apuesta por sectores cíclicos en un escenario de tipos bajos, pero con cautela: el mercado aún recuerda la volatilidad de enero, cuando el DAX perdió un 5,2% en solo dos semanas por el miedo a una recesión técnica.
En París, el CAC 40 anotaba un 0,1%, con Thales (+2,5%) a la cabeza, mientras que en el Euro Stoxx 50, la alemana Rheinmetall saltaba más de un 3%. El patrón es claro: los inversores premian a las empresas vinculadas a defensa y energía, sectores que se benefician de un gasto militar sostenido y de la transición energética. No es casualidad: Rheinmetall, proveedora de armamento a Ucrania, ha multiplicado por tres sus beneficios desde 2022.
Sin embargo, el movimiento no es un rally generalizado. Se trata de un reajuste técnico tras semanas de ventas ligadas al trade de la IA —que llevó a Nvidia a corregir un 12% en febrero— y a la incertidumbre geopolítica. Los bancos, por ejemplo, apenas reaccionan: el Deutsche Bank se mantiene plano, reflejando que el mercado descarta una recesión severa, pero tampoco un escenario de crecimiento acelerado.
Reino Unido: inflación al 3%, pero con trampa
El dato estrella de la jornada llegó desde Londres: la inflación británica cayó al 3% interanual en enero (desde el 3,4% de diciembre), su nivel más bajo desde marzo de 2023 y en línea con las expectativas. La inflación subyacente —que excluye energía y alimentos— también cedió al 3,1%, pero la de servicios se mantuvo elevada, en 4,4%, un recordatorio de que el mercado laboral sigue tenso y los salarios crecen al 6,2% anual, según la ONS.
Este mix envía señales foundas: por un lado, el Banco de Inglaterra (BoE) está más cerca de su objetivo del 2%, lo que refuerza las apuestas por un primer recorte de tipos en marzo o abril. El mercado ya descuenta una bajada del 3,75% al 3,5% en primavera. Por otro, la resistencia de los servicios —vinculados a salarios— sugiere que la desinflación será lenta. En 2023, cuando la inflación superó el 11%, el BoE subió tipos 14 veces seguidas. Ahora, el desafío es evitar un error en la dirección opuesta.
Para las bolsas, la ecuación es simple: un BoE menos hawkish —pero no dovish— beneficia a la renta variable doméstica sin hundir los márgenes bancarios. El FTSE 100, con su fuerte exposición a energía (Shell y BP suman un 15% del índice) y minería, es el gran beneficiado. Históricamente, cuando el BoE recorta tipos, el FTSE gana un 8% de media en los siguientes seis meses.
Francia: el experimento de inflación casi cero
Si Reino Unido ofrece un respiro, Francia ha logrado lo impensable: una inflación del 0,3% interanual en enero (armonizada al 0,4% para la UE), la más baja desde noviembre de 2020. Los datos del INSEE revelan una caída de la energía del 7,1%, descensos en bienes manufacturados superiores al 1% y una inflación subyacente del 0,7%. Solo los alimentos frescos resisten, con subidas del 1,9%.
Dos claves explican este fenómeno. Primero, el escudo tarifario francés, que ha congelado precios de gas y electricidad a costa de elevar el déficit público al 5,5% del PIB en 2023. Segundo, Francia anticipa lo que podría ser el futuro de la zona euro: si la caída de la energía y los descuentos en bienes se generalizan, el BCE tendría margen para recortar tipos antes de verano. En 2009, tras la crisis financiera, el BCE recortó tipos al 1% cuando la inflación rozó el 0%. ¿Repetirá la historia?
Para los inversores, el mensaje es ambiguo: márgenes para recortes monetarios, pero también riesgo de compresión en beneficios para empresas con poco poder de fijación de precios. Sectores como el retail francés —con gigantes como Carrefour— ya advierten de presiones en sus márgenes por la guerra de precios.
Lagarde en la cuerda floja: ¿adiós anticipado al BCE?
El mercado digirió este miércoles un bombazo político: el Financial Times reveló que Christine Lagarde estaría valorando dejar la presidencia del BCE antes de 2027, con la mira puesta en las presidenciales francesas. La reacción del banco fue inmediata: un portavoz aseguró que Lagarde “sigue centrada en su misión”, pero el daño estaba hecho. En 2019, su nombramiento ya generó polémica por su falta de experiencia como banquera central. Ahora, una salida prematura reabriría la batalla por el control del BCE entre París, Berlín y Roma.
“Un vacío en la presidencia del BCE en pleno giro de tipos sería el peor escenario para los mercados”, advirtió un gestor de J.P. Morgan Asset Management. El contexto es delicado: la inflación de la zona euro ya ronda el 1,7%, y cuatro de los seis puestos del Comité Ejecutivo se renovarán antes de 2027. ¿Quién controlará el BCE en la próxima crisis? La pregunta ya planea sobre Fráncfort.
Ucrania: negociaciones en Ginebra con bomba de fondo
Mientras los mercados digieren los datos económicos, la guerra en Ucrania sigue siendo un elefante en la habitación. Las delegaciones de Kiev y Moscú, con mediación estadounidense, mantienen en Ginebra unas conversaciones que Washington califica de “progresos significativos”, pero que Ucrania denuncia como un intento de forzar concesiones territoriales en Donbás. El presidente Volodímir Zelenski ha sido claro: “Cualquier plan que implique ceder territorio será rechazado en referéndum”.
La estrategia de Moscú, sin embargo, no cambia: bombardear infraestructuras energéticas antes de cada ronda de negociaciones. Esta semana, misiles rusos dejaron sin electricidad a 1,2 millones de ucranianos, según el operador Ukrenergo. Para Europa, el dilema es complejo: un alto el fuego aliviaría la prima de riesgo geopolítico, pero un acuerdo inestable mantendría la demanda de gasto en defensa —que ya supera los €200.000 millones desde 2022— y la fragmentación energética. No es casualidad que Rheinmetall y Thales, proveedores de armamento, lideren las ganancias del día.
Divisas: euro débil, libra estable y el dólar como refugio
En el mercado de divisas, el euro cedía un 0,14% frente al dólar, cotizando en 1,18 dólares, mientras la libra se mantenía estable en 1,36 dólares tras el dato de IPC británico. Dos fuerzas explican este movimiento:
- La inflación en la zona euro (1,7%) cae más rápido que en EE.UU. (3,1% en enero), lo que debilita al euro ante la perspectiva de tipos más bajos por más tiempo.
- El giro dovish del BoE compensa parcialmente la caída de la libra, que encuentra soporte en un ciclo de recortes graduales.
En la práctica, un euro más débil beneficia a las exportadoras europeas —como Siemens o Airbus— pero penaliza a los importadores de materias primas, como las acereras. La estabilidad de la libra, en cambio, reduce la volatilidad para empresas británicas endeudadas en dólares, como Vodafone o Unilever.
¿Puede Europa permitirse un euro débil en plena transición energética?
El precedente de 2016: cuando el BCE recortó tipos con inflación al 0% y el euro se desplomó un 12%
El dato de inflación casi nula en Francia (0,3%) y la caída acelerada en la zona euro (1,7%) han reavivado el debate sobre cuándo el BCE replicará el guión de 2016, la última vez que la institución se enfrentó a un escenario de precios en caída libre. Entonces, con la inflación en –0,2% (febrero de 2016) y el barril de Brent cotizando a $30 —un 70% menos que en 2014—, el banco central europeo llevó los tipos de interés a 0% y lanzó un programa de compra de activos de €80.000 millones mensuales. El resultado: el euro se depreció un 12% frente al dólar en seis meses, las exportaciones alemanas batieron récord (con un superávit comercial de €250.000 millones ese año), pero los precios de la energía se dispararon un 20% para los hogares en países como España o Italia, donde la dependencia del gas importado superaba el 75%.
Hoy, la situación tiene matices críticos. En 2016, el petróleo era el gran lastre deflacionario; ahora, es la caída de la demanda china (que en 2023 redujo sus importaciones de gas europeo un 30% según Eurostat) y el exceso de capacidad industrial en Alemania —donde la producción manufacturera cayó un 4,2% interanual en diciembre— lo que presiona los precios. Además, el BCE enfrenta un dilema ausente en 2016: la fragmentación financiera. Mientras entonces los bonos alemanes y griegos cotizaban con un diferencial de 300 puntos básicos, hoy la brecha supera los 450, reflejando el riesgo de que un recorte agresivo de tipos dispare los costes de financiación para los países del sur. Italia, con una deuda pública del 144% del PIB, sería el eslabón más débil.
Otros dos factores diferencian 2024 de 2016:
- El gasto militar: En 2016, el presupuesto de defensa de la UE era de €200.000 millones; hoy supera los €300.000 millones (un 1,5% del PIB comunitario), según el Instituto Internacional de Estocolmo (SIPRI). Empresas como Rheinmetall o Thales —cuyas acciones suben hoy— se benefician de este boom, pero la inflación subyacente (servicios) podría repuntar si los salarios en el sector público militar se ajustan al alza.
- El dólar: En 2016, la Reserva Federal de EE.UU. mantenía los tipos en 0,25%. Ahora, con la Fed retrasando recortes y la inflación estadounidense en 3,1%, un euro débil (1,18 dólares) podría caer hasta 1,10 si el BCE actúa antes que Powell, según proyecciones de Goldman Sachs.
¿Repetirá Lagarde el error de Draghi en 2016?
En abril de 2016, Mario Draghi justificó los recortes argumentando que la deflación era un riesgo mayor que la burbuja de activos. Hoy, Isabel Schnabel (miembro del Comité Ejecutivo del BCE) advierte en declaraciones a Handelsblatt que ‘una política monetaria demasiado laxa con inflación de servicios en el 4% podría revivir los fantasmas de los 70’. La pregunta clave no es si el BCE recortará tipos en junio —el mercado ya lo descuenta con un 85% de probabilidad—, sino si lo hará demasiado tarde para evitar una recesión técnica o demasiado pronto, desatando una guerra de divisas con Washington. En 2016, el BCE ganó la batalla contra la deflación, pero perdió €200.000 millones en reservas por la depreciación del euro. Esta vez, el coste podría ser aún mayor.