Jugadores de Boca con la cabeza gacha tras empate 1-1 en la Bombonera, mientras hinchas muestran su descontento en las gradas

“¡Actitud!”: La Bombonera estalla y Boca suma 4 fechas sin victorias

Crisis en la Ribera: El empate 1-1 contra Gimnasia de Mendoza dejó al descubierto las grietas de un equipo sin rumbo y una hinchada al límite.

La calma que trajo el triunfo sobre Gimnasia Chivilcoy por Copa Argentina, con el doblete de Adam Bareiro que reavivó la ilusión tras la lesión de Edinson Cavani, duró menos que un eslogan publicitario. Apenas cuatro días después, el equipo de Claudio Ubeda volvió a decepcionar en el Apertura y se fue silbado tras empatar 1-1 con Gimnasia de Mendoza, uno de los ascendidos. El clima final anticipa una semana de presión, con el entrenador nuevamente en la mira y un dato que alarma: Boca no gana en el torneo desde hace cuatro fechas, su peor racha desde 2021.

Boca volvió a mostrar un equipo desconectado. Sin Leandro Paredes —clave en la recuperación y el juego asociado—, la falta de generación quedó más expuesta que nunca. El esquema 4-2-3-1 con Santiago Ascacibar y Milton Delgado en el doble cinco y Miguel Merentiel como enganche detrás de Bareiro no aportó soluciones. Ni la conexión entre líneas ni el rendimiento individual acompañaron. El equipo acumuló solo 3 tiros al arco en 90 minutos, una cifra que habla del vacío ofensivo.

Williams Alarcón sigue sin encontrar su rol en el mediocampo; Lucas Janson profundiza la ausencia de Exequiel Zeballos —el joven extremo, lesionado desde marzo, era el desequilibrante natural del equipo—; y el Ruso Rodríguez, lejos de aquel referente de Estudiantes que marcó 12 goles en 2022. Lautaro Blanco fue otra vez el único que generó algo desde la banda: si no acertaba el centro, al menos forzaba córners o faltas laterales. Muy poco para lo que necesita un club acostumbrado a pelear títulos. En los últimos 10 partidos, Blanco es el único jugador de Boca con más de 2 asistencias de gol.

El equipo salió tibio, sin intensidad, atrapado en el dibujo táctico y con desajustes defensivos que prendieron alarmas. Ante un Gimnasia ordenado —que volvía a la Bombonera tras 43 años de ausencia, desde aquel 1-0 en 1981— Boca quiso dominar pero chocó contra sus propios límites. La ansiedad lo partió y el rival creció. El Lobo tuvo 55% de posesión en el primer tiempo, un número inédito para un visitante en este estadio.

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Luciano Paredes marcó de cabeza tras dos córners seguidos, a los 22 minutos. Ya van tres goles de pelota quieta en lo que va del torneo, sobre cinco en total. No parece casual: es un déficit estructural. Desde 2023, Boca lleva concedido 18 goles en jugadas a balón parado, el peor registro entre los equipos grandes.

A los 15 minutos la barra bajó el primer reclamo: “¡Actitud!”. El canto se extendió y pidió garra y entrega, valores que en Boca no se negocian. Al equipo le faltó eso, pero sobre todo le faltó fútbol. La hinchada no olvida que, en los últimos 5 partidos como local, el equipo solo convirtió 3 goles y recibió silbidos en 4 de ellos.

Recién al cierre del primer tiempo reaccionó: Merentiel empujó el empate tras centro de Blanco y rebote de Bareiro, a los 41 minutos. Luego el paraguayo marcó otro, pero lo anularon por offside de Janson. Fue el tercer gol anulado a Boca en este torneo, todos por detalles milimétricos.

En el segundo tiempo, Ubeda movió el banco: ingresaron Leandro Paredes —en su regreso tras la suspensión—, Kevin Zenón y Tomás Aranda. El triple cambio evidenció falencias colectivas y el hastío de la gente: Alarcón y Janson se retiraron entre silbidos. Zenón, de 20 años, debutó en un contexto hostíl, algo poco común en la historia del club.

El partido siguió peleado. La más clara fue un cabezazo de Aranda que se fue cerca al palo derecho. Al final, jugadores con la cabeza baja y manos en señal de disculpa, mientras parte del público se iba en silencio. La Bombonera registró un 30% de ausentismo, una cifra alta para un partido oficial.

El miércoles visita a Lanús con la obligación de cortar una racha de cuatro jornadas sin ganar en el torneo. Si no lo logra, igualará su peor secuencia sin victorias desde 2019, bajo el ciclo de Gustavo Alfaro. El dato agrava la situación: en los últimos 10 enfrentamientos contra el Granate, Boca solo ganó 3.

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Cuando finalizó el encuentro, La 12 cantó sin pedidos de renuncia, pero desde la platea surgió el clásico canto de protesta: “La camiseta de Boca se tiene que transpirar… vayanse no roben más”. No fue masivo, pero reflejó el fastidio de los hinchas. El último silbido masivo en la Bombonera había sido en mayo de 2022, en el 0-0 ante Colón.

Ubeda vuelve al centro de la escena. No hay indicios de que su ciclo se interrumpa antes del clásico contra River, en la Fortaleza. Tras el empate ante Racing, Juan Román Riquelme había ratificado su apoyo público, pero en el fútbol mandan los resultados, y Boca hace rato que no gana: quedó atrapado en un bucle de inestabilidad sin final a la vista. Desde su llegada, Ubeda dirige 12 partidos: 4 victorias, 5 empates y 3 derrotas. ¿Podrá sobrevivir a otra derrota en la próxima fecha?

El fantasma de 2019: cuando Boca tocó fondo y resurgió (o no)

El empate ante Gimnasia de Mendoza no solo extendió la racha negativa a cuatro fechas sin victorias en el torneo, sino que revivió un espectro que los *xeneizes* creían superado: la crisis de 2019 bajo Gustavo Alfaro, la última vez que el equipo acumuló una sequía similar. Entonces, entre la fecha 5 y la 9 del Campeonato, Boca sumó 3 empates y 2 derrotas, incluyendo un bochornoso 0-2 ante Argentinos Juniors en la Bombonera que desencadenó protestas masivas y el famoso *«Alfaro, andate a tu casa»* coreado por la parcialidad. La comparación con el presente es inevitable, pero hay un dato que escalofría: en aquel entonces, el equipo tardó 7 partidos más en enderezar el rumbo, y solo lo logró tras la llegada de Miguel Ángel Russo (que ganó 6 de sus primeros 8 encuentros).

El paralelo no termina ahí. En 2019, como ahora, el problema central era la generación de juego: Boca promedió 1.2 goles por partido en esa racha negativa, casi idéntico al 1.1 actual (3 goles en los últimos 5 partidos como local). Además, la dependencia de un jugador clave era evidente: entonces, Carlos Tévez (con 3 goles en esos 5 partidos) cargaba al equipo al hombro; hoy, Lautaro Blanco es el único con más de 2 asistencias en los últimos 10 encuentros. Pero hay una diferencia crucial: en 2019, la crisis estalló tras la eliminación en Copa Libertadores (ante River en semifinales), mientras que ahora el equipo aún tiene la Copa Argentina como salvavidas (y un posible clásico en octavos). La presión, sin embargo, es la misma.

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Otros números que conectan ambas épocas:

  • Posesión estéril: En 2019, Boca tuvo un promedio de 62% de posesión en los partidos de la racha negativa, pero solo 9 tiros al arco en 5 juegos. Hoy, con Ubeda, el equipo supera el 60% de posesión, pero acumula 3 tiros al arco en 90 minutos (ante Gimnasia).
  • Goles en contra de pelota quieta: En el ciclo de Alfaro, el equipo recibió 7 goles en jugadas a balón parado en todo el torneo. Ubeda ya lleva 3 en solo 5 fechas (de 5 goles totales recibidos).
  • Ausentismo en la Bombonera: El 30% de butacas vacías registrado el domingo tiene un antecedente directo: en mayo de 2019, el partido ante San Lorenzo registró un 28% de ausentismo, la cifra más alta desde 2015.

¿Repetición de la historia o punto de inflexión?

En 2019, la directiva aguantó a Alfaro hasta el final del torneo, pero la gota que rebasó el vaso fue una derrota 1-3 ante Racing en la anteúltima fecha. Hoy, Boca enfrenta a Lanús el miércoles, un rival que, curiosamente, le ganó 2 de los últimos 3 partidos en su estadio (incluyendo un 3-0 en 2021). Si Ubeda no suma de a tres, la comparación con Alfaro dejará de ser un fantasma para convertirse en un guión escrito. La pregunta que pocos se animan a hacer en voz alta es: ¿Riquelme repetirá el error de esperar demasiado, como hizo con Miguel Ángel Russo en 2022, cuando el equipo cayó eliminado de la Libertadores con solo 1 victoria en 6 partidos?

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