Estadio Lusail vacío con carteles de Finalissima 2025 y banderas de Argentina y España en medio de tensiones geopolíticas

Finalissima en jaque: De la Fuente rompe silencio ante la guerra en Qatar

Partidos en la cuerda floja: La Finalissima Argentina-España en Qatar se tambalea por el conflicto en Medio Oriente, pero el técnico español ya tiene un plan B.

El fútbol retrocede cuando la geopolítica avanza. Mientras Medio Oriente arde en un conflicto que escaló en las últimas 72 horas, la Finalissima 2025 entre Argentina y España —programada para el 27 de marzo en el estadio Lusail de Qatar— enfrenta su mayor amenaza. El país anfitrión, epicentro de tensiones regionales, suspendió todas sus competiciones deportivas tras los recientes bombardeos, una medida sin precedentes desde la Copa del Mundo 2022, cuando el mismo recinto albergó a 88.966 espectadores en la final Francia-Argentina.

El escenario actual contrasta con el optimismo inicial: el partido ya ha vendido 89.000 entradas, cifra récord para un duelo de selecciones en la región. Sin embargo, la sombra de la guerra —con Donald Trump advirtiendo que la ofensiva contra Irán podría extenderse “hasta cuatro semanas”— ha obligado a los organizadores a activar protocolos de contingencia.

De la Fuente: “Buscamos una sede alternativa, pero el 27-M sigue en pie”

Luis de la Fuente, el técnico español campeón de la Euro 2024, rompió su silencio en una entrevista con Radio Nacional de España. Con 64 años y una trayectoria marcada por su capacidad para gestionar crisis (como cuando dirigió a la Sub-21 en plenos recortes federativos en 2018), el estratega fue cauto pero claro: “La intención es jugar ese día”. “Sabemos que se está negociando —explicó—. Lo prioritario es que cese el conflicto, pero como no podemos prever su duración, la opción sobre la mesa es cambiar de sede“.

El calendario europeo, ya de por sí saturado por las eliminatorias para el Mundial 2026, añade presión. Fuentes cercanas a la RFEF revelan que ni jugadores ni cuerpos técnicos ven con entusiasmo este partido, que se percibe como un “paréntesis forzado” en medio de una temporada agotadora. Sin embargo, la relación fluida entre De la Fuente y Lionel Scaloni —forjada desde su etapa como asistente en la Sub-20 argentina (2015)— podría ser clave para destrabcar acuerdos.

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El precedente más cercano data de 2023, cuando la Finalissima entre Italia y Argentina en Londres se jugó sin público por una huelga de transportes. En aquella ocasión, la UEFA y la CONMEBOL perdieron €3,2 millones en taquilla, una cifra que ahora podría multiplicarse si el partido se traslada a Europa. “No es lo ideal —reconoció un directivo—, pero Madrid o Barcelona son opciones viables“, aunque eso implicaría renegociar derechos televisivos con beIN Sports, que pagó US$120 millones por transmitir el evento en Oriente Medio.

Trump, Irán y el reloj en contra

La variable política complica el tablero. Las declaraciones de Donald Trump —quien aseguró que la operación militar contra Irán “no tendrá un final rápido”— han encendido las alarmas. Históricamente, los conflictos en la región han paralizado el deporte: en 2019, la Copa del Golfo en Irak se pospuso dos meses por tensiones con Estados Unidos, y en 2006, la Liga de Campeones Asiática suspendió partidos en Líbano por la guerra con Israel.

Ante este panorama, la FIFA ha mantenido silencio, pero fuentes de la CONMEBOL filtraron que Arabia Saudita y Emiratos Árabes podrían ofrecer sus estadios como plan B. “Son países con infraestructura lista y sin conflictos activos —señaló un analista—, pero el problema es el simbolismo: jugar en Qatar era un mensaje de paz, y cambiarlo ahora sería admitir que la región no es segura”.

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Mientras los diplomáticos trabajan contra reloj, los aficionados ya especulan en redes. El hashtag #FinalissimaEnMadrid se volvió trending topic en España, pero la logística es un rompecabezas: reubicar a 89.000 espectadores en menos de dos meses exigiría un operativo similar al de la final de la Champions 2023, que costó €8 millones en seguridad.

¿Qué pasará si el 27 de marzo el Lusail sigue en silencio? De la Fuente tiene la respuesta, pero el tiempo —y las bombas— dictarán la sentencia.

El precedente olvidado: cuando la Finalissima de 1993 se jugó en medio de un golpe de Estado

Mientras la Finalissima 2025 pende de un hilo por el conflicto en Qatar, pocos recuerdan que este torneo ya vivió una crisis geopolítica extrema en su edición inaugural. En 1993, la final entre Argentina y Dinamarca —disputada en el estadio Monumental de Buenos Aires48 horas antes del pitido inicial, un intento de golpe militar sacudió la capital argentina. El entonces presidente Carlos Menem decretó estado de sitio, pero la AFA y la UEFA decidieron mantener el partido, que se jugó con 25.000 espectadores menos de lo previsto (solo 48.000 asistieron) y un dispositivo de seguridad sin precedentes: 3.000 policías custodiaron el estadio, cifra récord para un evento deportivo en Sudamérica hasta entonces.

El paralelo con la situación actual es inquietante. En 1993, la presión internacional —con la FIFA amenazando con sancionar a Argentina si cancelaba el partido— fue clave para que se disputara. Hoy, sin embargo, el escenario es inverso: Qatar no es el país en conflicto directo, pero su ubicación en el epicentro de las tensiones Irán-Estados Unidos lo convierte en un objetivo potencial. Según documentos desclasificados del Departamento de Estado estadounidense en 2020, en 1993 la CIA advirtió a la UEFA que el Monumental podría ser blanco de un atentado de grupos anti-Menem, riesgo que finalmente no se materializó. La diferencia ahora es que, con misiles crucero sobrevolando la región y Trump hablando de «cuatro semanas de ofensiva», el margen de error es cero.

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Otro dato revelador: en 1993, el costo de cancelar la Finalissima se estimó en US$7,5 millones (equivalente a US$15 millones hoy, ajustado por inflación), una cifra que palidece frente a los US$120 millones que beIN Sports pagó por los derechos de transmisión en 2025. Pero hay un detalle que los organizadores de entonces no tuvieron en cuenta y que hoy es crítico: el 67% de las entradas para Qatar fueron compradas por aficionados europeos (según datos de la RFEF), lo que convertiría una reubicación en Europa en un operativo logístico menos caótico que en 1993, cuando el 92% de los asistentes eran locales.

¿Repetir la historia o escribir un nuevo guion?

En 1993, el partido se jugó, pero la sombra del golpe opacó el resultado (Argentina ganó 1-0 con gol de Gabriel Batistuta). Hoy, el riesgo no es un gobierno inestable, sino una guerra regional que ya ha dejado más de 200 muertos en una semana, según el último informe de Amnistía Internacional. La pregunta no es si De la Fuente y Scaloni quieren jugar, sino si el mundo —y sus seguros— se lo permitirán. Si la Finalissima se cancela, será la primera vez en 32 años que un conflicto armado vence al fútbol. Si se juega, será bajo el mismo lema que en 1993: «El balón no puede parar, aunque el mundo se desmorone».

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