🚨 Amazon se hunde en bolsa: la IA cuesta US$200.000 millones y los inversores huyen
Caída histórica: Amazon pierde 12% en febrero, su peor mes desde 2022, mientras Wall Street castiga sus apuestas millonarias en IA sin retorno inmediato.
El gigante tecnológico, líder indiscutible en comercio digital y computación en la nube, enfrenta el escepticismo de los inversores. Su acción no solo fue la más débil entre los Siete Magníficos —el grupo de megacaps tecnológicas que incluye a Apple, Microsoft y Nvidia—, sino que se ubicó entre las 40 peores del S&P 500 en el último mes. Con un magro avance del 5,2% en 2025, Amazon es la que menos rinde en el selecto club, muy lejos del 22% de Nvidia o el 15% de Microsoft en el mismo período.
El lunes, la acción retrocedió cerca del 2% en una jornada de ventas masivas, agravada por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Pero el verdadero detonante fue la estrategia de gasto desmedido en inteligencia artificial, que ya comienza a pasar factura.
US$50.000 millones a OpenAI: ¿apuesta segura o riesgo descontrolado?
El viernes, Amazon anunció una inversión de US$50.000 millones en OpenAI, la startup detrás de ChatGPT. El acuerdo es recíproco: OpenAI destinará US$100.000 millones en ocho años a contratar servicios de Amazon Web Services (AWS), la división de computación en la nube que, irónicamente, sigue siendo el principal motor de ganancias de la compañía.
El problema no es solo el monto, sino el momento. A principios de febrero, Amazon reveló planes de invertir US$200.000 millones en 2025 —un récord histórico— para construir centros de datos, desarrollar semiconductores y adquirir equipos informáticos. La cifra superó todas las estimaciones y opacó un dato positivo: AWS registró su mayor crecimiento en tres años, con ingresos que superaron los US$25.000 millones en el último trimestre.
El resultado es un flujo de caja libre en caída libre. Según proyecciones de Bloomberg, Amazon cerrará 2026 con un saldo negativo de US$524,2 millones, su primer año en números rojos desde 2022. En comparación, en 2025 aún reportó un superávit de US$7.700 millones. ¿Puede el gigante de Jeff Bezos quemar efectivo a este ritmo sin ahuyentar a los accionistas?
El mercado castiga el “capex” desbocado: ¿el fin de la paciencia con la IA?
Amazon no está sola en esta crisis de confianza. Microsoft también vio caer sus acciones tras anunciar un salto en su gasto de capital (capex), mientras que CoreWeave, especializada en infraestructura para IA, se desplomó un 19% el viernes —su peor día desde agosto— tras revelar que sus inversiones superarán lo previsto. El mensaje es claro: el mercado ya no premia la promesa de la IA; exige resultados ya.
La valuación de Amazon refleja este cambio de humor. Actualmente cotiza a 22 veces sus ganancias estimadas, menos de la mitad de su promedio histórico de 50 veces en dos décadas. Incluso está más barata que Walmart (con un múltiplo de 43), pese a que en 2024 superó al minorista como la empresa con mayores ingresos del mundo (US$574.000 millones vs. US$523.000 millones de Walmart).
El retorno sobre capital invertido (ROIC) —un indicador clave de eficiencia— también se resiente. En el cuarto trimestre de 2024, cayó al 12,4%, desde el 14,8% registrado apenas dos trimestres antes, su nivel más alto desde 2011. “Por múltiplo parece barata, pero el ROIC está en declive. Mientras siga cayendo, el mercado no premiará el valor”, advierte Adam Rich, subdirector de inversiones de Vaughan Nelson (firma que gestiona US$15.000 millones y posee acciones de Amazon).
El contraste con 2020 es brutal. Durante la pandemia, Amazon fue una de las acciones más premiadas: su valor se disparó un 76% ese año, impulsada por el boom del comercio electrónico y la nube. Hoy, los inversores cuestionan si la IA justificará semejante desembolso.
Trainium y Anthropic: las cartas de Amazon para ganar la partida
No todos son escépticos. Analistas como Dylan Carden, de William Blair, argumentan que el acuerdo con OpenAI “contextualiza el capex de US$200.000 millones”, ya que AWS se expande para respaldar a un cliente clave. Además, el convenio incluye el uso de los chips Trainium, diseñados por Amazon para entrenar modelos de IA, lo que valida su apuesta por los semiconductores propios.
Amazon también es inversor en Anthropic, la startup de IA que compite con OpenAI y que recientemente lanzó Claude 3, considerado el modelo más avanzado en razonamiento y seguridad. Otro frente es la robotización agresiva de sus almacenes, que promete reducir costos logísticos en un 20% para 2026, según estimaciones internas.
A pesar del escepticismo, el consenso sigue siendo alcista: de 83 analistas que cubren la acción, 78 recomiendan comprar, 5 sugieren mantener y ninguno aconseja vender, según Bloomberg. El precio objetivo promedio es de US$282,65, un 35% por encima del cierre del viernes (US$209,12).
“Amazon probablemente sea la oportunidad más atractiva entre los Siete Magníficos”, afirma Andrew Choi, gestor de Parnassus Investments (con US$43.000 millones bajo administración). “Está creciendo rápido, tiene un múltiplo bajo y, aunque atraviesa un ciclo de inversión, si gastó de más puede ajustar. El flujo de caja repuntará. No importa cómo se analice, resulta atractivo”.
Pero la pregunta que planea es incómoda: ¿Qué pasará si la IA no genera los retornos prometidos a tiempo? En un mercado que ya no perdona los plazos largos, Amazon juega su futuro a una sola carta.
El precedente de 2014: cuando AWS salvó a Amazon de un colapso similar
La caída del 12% en febrero no es la primera vez que Amazon enfrenta un castigo bursátil por apuestas tecnológicas consideradas “excesivas”. En 2014, la compañía vivió un escenario casi idéntico: sus acciones se desplomaron un 24% en tres meses tras anunciar inversiones récord en centros de datos para AWS (entonces una división incipiente) y en logística con drones, proyectada en US$8.000 millones para ese año. Los analistas tacharon el movimiento de “irresponsable”, y el Wall Street Journal publicó un editorial titulado “¿Amazon está quemando dinero o construyendo el futuro?”. La respuesta llegó en 2015, cuando AWS generó US$7.800 millones en ingresos —un 69% más que el año anterior— y se convirtió en el margen de ganancia más alto de la compañía (25%), salvando los resultados trimestrales.
El paralelo con 2025 es revelador. Entonces, como ahora, el flujo de caja libre se contrajo un 38% (vs. el 524,2 millones en números rojos proyectados para 2026), y el ROIC cayó al 9% (fente al 12,4% actual). La diferencia clave: en 2014, el gasto en capex representaba el 12% de los ingresos totales; hoy, el 20% (US$200.000 millones sobre US$574.000 millones). Además, AWS partía de una base pequeña (ingresos de US$4.600 millones en 2013), mientras que ahora ya factura US$25.000 millones trimestrales —un 21% del total de Amazon— y compite con Microsoft Azure (crecimiento del 30% anual) y Google Cloud. La pregunta que pocos se hacen es: ¿puede AWS repetir el milagro de 2015 en un mercado de IA ya saturado?
| Indicador | Crisis 2014 | Crisis 2025 |
|---|---|---|
| Caída bursátil | 24% en 3 meses | 12% en febrero |
| Capex (% ingresos) | 12% | 20% |
| ROIC antes de la crisis | 11% | 14,8% |
| Flujo de caja libre | -38% (2014 vs. 2013) | -US$524M (proy. 2026) |
| Tiempo de recuperación | 18 meses (AWS) | ? |
La trampa del “ya lo hemos visto antes”
El optimismo de analistas como Andrew Choi se basa en que Amazon “siempre sale adelante”. Pero hay un detalle incómodo: en 2014, la compañía operaba en un mercado de nube con solo dos competidores serios (Microsoft y Google, con cuotas del 10% y 5% respectivamente). Hoy, el 64% de las empresas ya usa IA generativa, según Gartner, y los jugadores son más de 20, desde Meta hasta startups como Mistral AI (valuada en US$2.000 millones en 2023). La ventana de monopolio que tuvo AWS con la nube ya no existe para la IA. Si en 2015 el retorno llegó porque Amazon dominaba el 70% del mercado cloud, hoy deberá conformarse con ser uno más en un ecosistema fragmentado. La historia no siempre se repite: a veces, solo rima.