“No a la guerra”: España frena a EE.UU. y reafirma su soberanía militar
Fractura diplomática: El ministro Albares desmiente a la Casa Blanca y reafirma que España no cederá sus bases militares, en plena tensión por los bombardeos en Irán.
José Manuel Albares, ministro de Exteriores, UE y Cooperación, ha rechazado con contundencia las declaraciones de Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, quien afirmó que España habría aceptado colaborar militarmente con EE.UU. En una entrevista en la Cadena SER, recogida por Europa Press, Albares lanzó un mensaje claro: “Lo desmiento tajantemente”. La postura del Gobierno sobre la guerra en Oriente Medio, los bombardeos en Irán y el uso de las bases españolas —como la de Rota (Cádiz), clave para la OTAN— sigue “inalterada”, según subrayó. España alberga cuatro bases estadounidenses (Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza), pero su uso en operaciones ofensivas requiere aprobación expresa del Ejecutivo, algo que Sánchez ha negado sistemáticamente desde 2020.
Leavitt había sugerido, sin aportar pruebas, que Madrid habría cambiado su posición “en las últimas horas”. Albares respondió con ironía: “Será la portavoz de la Casa Blanca, pero yo soy el ministro de Exteriores”, y admitió no tener “la más mínima idea” sobre el origen de esas afirmaciones. Este cruce de declaraciones se produce en un contexto de máxima tensión: EE.UU. ha intensificado sus ataques en Irán tras el apoyo de Teherán a grupos proxies en Irak y Siria, mientras Europa teme un escalada que dispare los precios de la energía, como ocurrió en 2022 con la invasión de Ucrania.
El ministro recordó la línea roja trazada por el presidente Pedro Sánchez, quien resumió la doctrina española con un rotundo “no a la guerra”. Albares aseguró haber recibido “muestras de apoyo y solidaridad” de aliados europeos, aunque evitó revelar nombres “por discreción”. Entre los respaldos públicos destacan las llamadas de Antonio Costa (presidente del Consejo Europeo), Ursula von der Leyen (Comisión Europea) y Emmanuel Macron, así como las declaraciones recientes de este último y del primer ministro británico, Keir Starmer, sobre el conflicto en Irán. Macron, en particular, ha advertido que una escalada “destruiría la estabilidad regional”, según fuentes de la Elysee citadas por AFP en enero de 2024.
Ante la posibilidad de un embargo comercial desde Washington —una amenaza velada que planea sobre países que no alineen su política exterior con EE.UU.—, Albares contraatacó con otra pregunta: “¿Por qué iba a temer un país como España, que defiende el Derecho Internacional y busca la paz en Oriente Medio?”. Recordó que España es un Estado soberano, con competencia exclusiva sobre su territorio y política exterior, aunque reconoció que las decisiones comerciales —como posibles sanciones— se toman en Bruselas, por su pertenencia al Mercado Único y al euro. El 68% de las exportaciones españolas van a la UE, lo que limita el margen de maniobra frente a presiones externas.
Albares eludió confirmar si el Gobierno planea gestiones diplomáticas directas con la Administración Trump, pero dejó claro que “no nos movemos por estados de ánimo, sino defendiendo los intereses de los ciudadanos”. La relación con EE.UU. se ha tensado desde 2023, cuando Sánchez condicionó el uso de las bases a operaciones “exclusivamente defensivas”, una postura que chocó con los planes de la OTAN para contener a Rusia y Irán.
Advertencia a Feijóo: “Este es momento para ser España”
El ministro lanzó un duro mensaje al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, al que acusó de “seguidismo” hacia EE.UU. y de ser “el partido de la guerra”. “Hay momentos para ser oposición y momentos para ser España. Este es un momento para ser España”, espetó, en referencia a las presiones externas para que Madrid flexibilice su postura. Albares criticó que Feijóo haya tenido tiempo para hablar con el senador Marco Rubio —figura clave en la línea dura republicana— pero no con él, “a quien debería haber llamado”.
El Gobierno, insistió, “protege la seguridad y la energía” de los españoles, en un contexto donde el conflicto en Irán ya ha disparado el precio del petróleo Brent un 12% en una semana (datos de Bloomberg al 15 de julio). “No es el Gobierno quien ha iniciado esta guerra, que encarece la energía y genera consecuencias imprevisibles”, zanjó. ¿Logrará España mantener su neutralidad cuando la OTAN exige lealtad y el PP presiona desde la oposición?
El precedente de 2003: Cuando España dijo ‘no’ a EE.UU. y pagó un precio político
La negativa de Pedro Sánchez a ceder las bases militares no es la primera vez que España desafía a Washington en un conflicto bélico. El caso más sonado —y con consecuencias duraderas— ocurrió en 2003, cuando el entonces presidente José María Aznar apoyó la invasión de Irak pese al rechazo del 90% de los españoles, según encuestas del CIS de esa época. La decisión fracturó a la sociedad, desencadenó manifestaciones masivas (como la del 15 de febrero de 2003, con 11 millones de personas en las calles, según los organizadores) y llevó al atentado del 11-M en 2004, donde 193 personas murieron en un ataque yihadista vinculado, según la Audiencia Nacional, a la participación española en la guerra. Aznar perdió las elecciones tres días después del atentado, y su sucesor, José Luis Rodríguez Zapatero, retiró las tropas de Irak en mayo de 2004, cumpliendo su promesa electoral.
El paralelo con 2024 es inevitable: entonces, como ahora, EE.UU. presionó a sus aliados para legitimar una operación militar (en Irak, por armas de destrucción masiva que nunca aparecieron; hoy, por los bombardeos en Irán). La diferencia clave es que Sánchez actúa con el respaldo de una mayoría parlamentaria y social —el 62% de los españoles rechaza involucrarse en el conflicto, según un sondeo de Metroscopia para *El País* en julio de 2024—, mientras Aznar gobernaba con una mayoría simple y un país dividido. Además, España ya no es el “aliado incondicional” de la era Bush: desde 2020, el Gobierno ha vetado el uso de las bases para operaciones ofensivas, una postura que ha generado roces con la OTAN pero también ha fortalecido su perfil como puente entre Europa y los países no alineados, como demostró su papel en la cumbre de la UE con la Liga Árabe en 2023.
Sin embargo, el costo económico podría ser alto. En 2003, la ruptura con Francia y Alemania —que lideraron la oposición a la guerra— dejó a España fuera de contratos clave en la reconstrucción de Irak, según informes de la Cámara de Comercio Hispano-Iraquí. Hoy, el riesgo no es solo comercial: el 30% del gas que consume España llega en forma de GNL desde países del Golfo, según datos de Enagás, y una escalada en Irán podría disparar los precios como en 2022, cuando la invasión de Ucrania llevó la inflación al 10,8% (INE).
¿Repetirá la historia su guión?
El escenario actual plantea una paradoja: Sánchez evita el error de Aznar (actuar contra la voluntad popular), pero podría heredar sus consecuencias (aislamiento en la OTAN y represalias económicas). La clave estará en cómo gestione dos frentes: 1) la presión de EE.UU. —que en 2003 castigó a España excluyéndola de contratos militares con Lockheed Martin—, y 2) la cohesión interna, pues el PP ya ha anunciado que llevará el tema al Congreso la próxima semana, según fuentes de Genova. Si la crisis se prolonga, España podría verse obligada a elegir entre perder influencia en la UE (aliándose con Macron y Scholz, que piden contención) o enfriar relaciones con Washington, su segundo socio comercial fuera de Europa. La próxima reunión de la OTAN en octubre será la prueba de fuego.