“Aquí manda Venezuela”: Delcy Rodríguez responde a Trump con soberanía y un presidente rehén
Respuesta contundente: La presidenta encargada de Venezuela desafía a Trump tras la manipulación en Wikipedia y la captura de Maduro.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha respondido este lunes con firmeza al entonces presidente de EEUU, Donald Trump, después de que este compartiera en sus redes sociales una página manipulada de Wikipedia donde se autoproclamaba como “presidente interino” de Venezuela. El gesto llega tras la polémica operación militar estadounidense que dejó más de 100 muertos y la captura del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, junto a su esposa, Cilia Flores.
“He visto por allí caricaturas en Wikipedia de quién manda en Venezuela. Bueno, aquí hay un gobierno que manda en Venezuela. Aquí hay una presidenta encargada y hay un presidente rehén en Estados Unidos“, declaró Rodríguez desde el estado La Guaira, donde supervisó el reinicio de las clases tras el ataque. Este estado, clave en la logística portuaria del país, había sido uno de los focos de tensión durante la intervención militar.
La funcionaria aprovechó para “ratificar y reafirmar la soberanía y la independencia de Venezuela”, en un contexto donde el país enfrenta una crisis institucional sin precedentes. Además, aseguró que el gobierno avanza en “relaciones internacionales de respeto en el marco de la legalidad internacional”, con el objetivo de “reivindicar y proteger los derechos” del país. Venezuela ha sido miembro activo de la OPEP desde 1960, y su petróleo sigue siendo un factor geopolítico clave, incluso en medio de sanciones internacionales.
La imagen compartida por Trump —sin comentarios adicionales— lo presenta como “presidente interino” de Venezuela desde enero, fecha en la que, según su versión, “asumió” el control tras la captura de Maduro. El exmandatario estadounidense había anunciado el viernes que canceló una “segunda oleada de ataques” contra Venezuela, alegando “cooperación” por parte de las autoridades venezolanas. Esta no es la primera vez que Trump recurre a tácticas de presión mediática: en 2019, reconoció al opositor Juan Guaidó como “presidente interino”, una estrategia que profundizó la división política en el país.
La captura de Maduro, ejecutada en una operación relámpago el pasado 12 de enero, llevó a Rodríguez —hasta entonces vicepresidenta— a asumir la presidencia encargada. Este es el tercer cambio de mando forzado en la región en menos de una década, tras los casos de Bolivia (2019) y Honduras (2009), donde intervenciones externas alteraron el orden constitucional. Mientras, Trump insinúa que Washington “gestionará los asuntos” de Venezuela, una afirmación que ha generado rechazo en sectores de la comunidad internacional, incluyendo a la CELAC y la ONU.
¿Podrá Venezuela recuperar su estabilidad institucional mientras su presidente legítimo permanece detenido en suelo estadounidense? ¿O este episodio marcará el inicio de una nueva era de injerencia en América Latina?
La Guaira: el bastión logístico que Trump no pudo doblar
El estado La Guaira, desde donde Delcy Rodríguez lanzó su mensaje de soberanía, no es un escenario cualquiera. Este territorio costero alberga el principal puerto del país (Puerto Cabello) y la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, clave en la defensa venezolana. Su resistencia durante la intervención militar —a pesar de ser bombardeado en tres ocasiones entre el 12 y 13 de enero, según informes de la ONG Provea— simboliza el fracaso táctico de EE.UU. para paralizar la economía venezolana. En 2019, durante los apagones nacionales, La Guaira fue el único estado que mantuvo operativos sus puertos gracias a generadores independientes, un precedente que ahora refuerza su papel como ‘último reducto’ ante presiones externas.
La elección de Rodríguez para pronunciarse allí tampoco es casual. En abril de 2002, durante el golpe de Estado contra Hugo Chávez, La Guaira fue el epicentro de la Operación Rescate, donde leales al gobierno recuperaron el control del Fuerte Tiuna (Caracas) desde este estado. Hoy, su puerto mueve el 70% de las importaciones venezolanas (datos de la Cámara Venezolana de Comercio Exterior), incluyendo alimentos y medicinas bajo sanciones. Que Trump no haya logrado neutralizarlo —a pesar de los ataques— explica por qué Rodríguez lo usó como escenario: es la prueba física de que Venezuela sigue funcionando.
Pero hay un dato aún más incómodo para Washington: el puerto de La Guaira es operado en 40% por la empresa estatal Bolipuertos, en alianza con la china COSCO Shipping desde 2018. Esta sociedad, que incluye un terminal de contenedores con tecnología 5G (inaugurado en 2021), ha permitido a Venezuela eludir parcialmente el bloqueo financiero. COSCO —la tercera naviera del mundo— sigue operando en el país pese a las sanciones, un detalle que explica por qué EE.UU. evitó dañar infraestructura portuaria en sus ataques: el costo económico de cortar esa ruta sería asumido también por sus aliados comerciales.
¿Qué pasa si EE.UU. escalona las sanciones a COSCO?
El precedente está en 2019, cuando Washington sancionó a dos filiales de COSCO por transportar petróleo iraní, provocando una caída del 15% en sus acciones en la bolsa de Hong Kong. Si repite la jugada con Venezuela, Pekín podría responder: China ya vetó en 2020 una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que buscaba intervenir en el país. La Guaira, entonces, no es solo un símbolo de resistencia, sino el termómetro de hasta dónde está dispuesto a llegar Trump sin quemar a sus propios socios.