vie. Jun 26th, 2026
Kaan Ayhan celebra su gol en el minuto 90+9 que dio el triunfo 3-2 a Turquía sobre EE.UU. en Los Ángeles

Turquia amarga la fiesta a EE.UU. en Los Angeles con gol en el 90+9

Golpe en el final: Turquía arruinó la celebración de EE.UU. con un gol de Kaan Ayhan en el minuto 90+9, sellando un 3-2 que frenó el entusiasmo local.

A fuerza de goles y triunfos, la selección de Estados Unidos tiene encandilado a un público que llena los estadios, grita el “¡iu-es-ei!”, vibra con la música y los juegos de luces, y sueña con un éxito histórico en un deporte que nunca fue su prioridad. Pero esta vez, el sueño se truncó.

Celebración de Turquía tras el gol de Kaan Ayhan en el minuto 90+9
Vuela Ugurcan Cakir, el arquero de Turquía, para sacar un remate (AP Foto/Andre Penner)Andre Penner – AP

El estilo Pochettino: fútbol de alto voltaje

Mauricio Pochettino entendió el código: en un país que exige intensidad en cada acción, su equipo presiona sin tregua, recupera rápido y ataca a velocidad supersónica. Nada de posesiones interminables. Aquí el público pide ir al hueso, y el técnico argentino lo entrega.

Con el primer puesto del grupo ya asegurado (segunda vez en once Mundiales), Pochettino optó por rotar. El resultado no acompañó, pero la prueba dejó lecciones: saber quiénes pueden sumarse en el camino.

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Sebastian Berhalter en acción durante el partido contra Turquía
Kaan Ayhan empuja el balón a la red en el octavo minuto de descuento; fue el 3-2 para Turquía (AP Photo/Marcio J. Sanchez)Marcio J. Sanchez – AP

Berhalter brilla, pero el equipo B falla

Sebastian Berhalter fue la figura entre los suplentes. El volante de Vancouver Whitecaps asistió con un córner preciso para el 1-0 de Auston Trusty a los 2 minutos, empató transitoriamente 2-2 con un derechazo bajo y demostró calidad en el pase y la recuperación. Pero el resto del equipo alternativo no estuvo a la altura.

Los otros nueve titulares no habituales mostraron los conceptos de Pochettino, pero les faltó precisión. Errores en la marca, elaboración discontinuada y delanteros sin el brillo de Dest, Balogun o Pulisic. La diferencia entre el equipo A y el B quedó en evidencia.

Arda Güler del Real Madrid celebrando su gol ante Estados Unidos
Sebastian Berhalter, la figura de Estados Unidos, con un gol y una asistencia (Photo by JAMIE SQUIRE / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)JAMIE SQUIRE – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Turquía: orgullo en la despedida

Los turcos, ya eliminados, jugaron sin presión y supieron aprovecharlo. Arda Güler, la joya del Real Madrid de 21 años, fue clave: amagó a McKenzie, definió de zurda para el 1-1 y desequilibró con su calidad, aunque desapareció en tramos del partido. Su gol y su desparpajo fueron el motor de un equipo que quiso lavar su imagen.

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Lo de Turquía no fue fracaso, sino desgracia. Condenados antes de tiempo por un mal debut contra Australia y su ineficacia ante Paraguay, en la despedida mostraron entereza. El torneo extrañará a Güler, Çalhanoglu, Köckü y compañía.

En el segundo tiempo, Pochettino reintrodujo a sus estrellas. Christian Pulisic, recuperado de su lesión, entró entre ovaciones, dejó destellos de su clase, pero el arquero turco Ugurcan Çakir le negó el gol dos veces. Luego ingresaron Adams, Dest y Tillman, pero el ritmo ya se había perdido.

Estados Unidos no logró el récord de tres victorias seguidas en un Mundial, perdió el invicto y no pudo alegrar a las celebridades como Di Caprio, Brad Pitt o James Cameron en las tribunas. Pero el proyecto sigue intacto: con sus titulares, el American Dream futbolístico no tiene grietas. En San Francisco, contra Bosnia, el show continuará.

En este contexto, el mensaje es claro: el fútbol en EE.UU. ya no es un deporte secundario, sino una pasión en crecimiento. La pregunta es: ¿hasta dónde puede llegar esta ola de entusiasmo con un equipo que combina estilo, carácter y ambición?

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Aficionados y celebridades en las tribunas durante el partido

El costo de la rotación en el alto rendimiento

El partido dejó al descubierto el riesgo de confiar en un equipo alternativo en un torneo de máxima exigencia. Pochettino apostó por la rotación, pero el resultado demostró que la intensidad y la precisión no son transferibles automáticamente.

Lo que esto significa es que, en un Mundial donde cada detalle cuenta, la diferencia entre el once titular y los suplentes puede ser la línea que separa el triunfo de la frustración. La lección es clara: el estilo de juego exige no solo comprensión táctica, sino también la capacidad de ejecutar bajo presión, algo que el equipo B no logró mantener.

La implicación inmediata es que, de cara a la siguiente fase, el cuerpo técnico deberá evaluar si el desgaste físico de los titulares justifica arriesgar puntos con rotaciones. En un torneo donde el margen de error es mínimo, cada decisión cuenta el doble.

¿Puede EE.UU. mantener el ritmo sin sus estrellas?

El desafío ahora es demostrar que el proyecto va más allá de los nombres propios. Si el equipo quiere aspirar a lo más alto, deberá encontrar la manera de que el rendimiento no caiga cuando los titulares descansen.

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