Boca al límite: VAR, Romero y el fantasma de 1994 en la Bombonera
Noche de angustia: Boca empató 1-1 con Cruzeiro y ahora necesita un milagro en Santiago para evitar su primera eliminación en fase de grupos de Libertadores en 30 años.
La Bombonera vibró como pocas veces, pero ni el aliento de 50.000 almas alcanzó para salvar a Boca en una noche donde el clima de Copa Libertadores se respiró intenso, pero los resultados no acompañaron. El equipo de Claudio Ubeda igualó 1-1 y quedó al borde del abismo: su clasificación a octavos depende ahora de un resultado ajeno y de su propia capacidad para remontar en la última fecha. Como ante Huracán, el Xeneize dominó tramos clave, se topó con un arquero en estado de gracia y pagó caro otro lapso de desconexión que le costó dos puntos vitales. La última vez que Boca quedó fuera en fase de grupos fue en 1994, cuando César Luis Menotti presentó su renuncia tras una campaña desastrosa.
El partido, cargado de polémicas y con un final de infarto que se extendió hasta el último segundo, dejó al descubierto una verdad incómoda: Boca volvió a fallar en un duelo decisivo como local, algo que no ocurría en una fase de grupos de Libertadores desde hace tres décadas. Ahora, los ojos están puestos en lo que ocurra este jueves entre Universidad Católica y Barcelona de Ecuador en Santiago. Si los chilenos ganan, el Xeneize llegará a la última fecha con la obligación matemática de golearlos el 28 de mayo en la Bombonera para seguir con vida en el torneo. En las últimas 5 ediciones, Boca solo logró 2 victorias por 2+ goles de diferencia en fase de grupos.
La sombra de River planea: mientras el eterno rival se prepara para disputar otra final internacional (la Recopa Sudamericana 2024), Boca enfrenta la posibilidad de una eliminación histórica. La presión era máxima desde el inicio. La Bombonera, consciente de que una derrota podría sellar la eliminación con una fecha de anticipación, empujó como no lo había hecho en meses. Había un dato que alimentaba la esperanza: en Belo Horizonte, pese a la expulsión de Adam Bareiro, el equipo había competido de igual a igual. Cruzeiro ganó ese día por la mínima, y la sensación era que, en casa, la historia podría reescribirse. Pero el guión se repitió: dominio inicial, oportunidades claras… y un rival que supo capitalizar los errores.

El Xeneize salió con todo desde el arranque, decidido a imponer condiciones con un doble nueve que, pese a la ausencia de Bareiro, buscó desequilibrar desde el primer minuto. La necesidad era clara: un gol temprano para calmar los ánimos de una hinchada que jugaba su propio partido en las gradas. Sin embargo, se encontraron con un Cruzeiro sólido, con líneas bien aceitadas y un mediocampo que neutralizó la presión con toques rápidos y precisos. Matheus Pereira fue el cerebro: dictó el ritmo, cortó juegos peligrosos y, en más de una ocasión, dejó en evidencia las debilidades de la marca de Boca. Mientras, Kaio Jorge, aunque con intervenciones esporádicas, demostró que podía ser una pesadilla para la defensa local con su velocidad y cambio de ritmo. El mediocampista brasileño lleva 3 asistencias en sus últimos 5 partidos de Libertadores, una cifra que lo posiciona entre los más efectivos del torneo.
El arquero brasileño, Rafael Cabral, fue la figura excluyente. Atajó tres remates claros de gol, incluyendo un mano a mano con Edinson Cavani en el minuto 32 y un disparo cruzado de Kevin Zenón a los 65 que parecía colarse por el segundo palo. Sus intervenciones mantuvieron en pie a un Cruzeiro que, paradójicamente, encontró su gol en una de las pocas jugadas en las que Boca bajó la intensidad: un contraataque fulminante en el minuto 41, finalizado por Gilberto tras un error en la salida de Sergio Romero. Cabral, con 8 atajadas clave en lo que va del torneo, tiene un promedio de 2.3 paradas por partido, el más alto entre los arqueros de la fase de grupos.
El VAR, otra vez protagonista en contra de Boca, anuló un gol de Valentín Barco en el minuto 78 por un fuera de juego milimétrico. Las imágenes mostraron que la decisión fue ajustada, pero el daño ya estaba hecho: la Bombonera, que había explotado en celebración, quedó en silencio. El empate llegó recién en el minuto 89, gracias a un cabezazo de Marcos Rojo en un córner ejecutado por Ezequiel Fernández. Demasiado tarde para evitar la angustia. Desde 2021, Boca ha tenido 7 goles anulados por VAR en Libertadores, 3 de ellos en esta edición.
El escenario que viene: ¿Qué necesita Boca para clasificar?
La ecuación es simple, pero compleja:
- Si Universidad Católica vence a Barcelona (E) este jueves, Boca deberá ganar por 2 o más goles en la última fecha para superar a los chilenos en diferencia de gol. En su historia, Boca solo logró remontar un déficit así en 1998, cuando goleó 4-0 a Colón de Santa Fe.
- Si el partido en Santiago termina empatado, un triunfo por 1-0 sería suficiente para el Xeneize.
- Si Barcelona (E) gana, Boca clasificaría incluso con un empate, pero dependería de otros resultados en el grupo. En 2023, el equipo quedó eliminado por diferencia de gol tras empatar 1-1 con Racing en la última fecha.
El fantasma de la eliminación asoma. La última vez que Boca quedó fuera en fase de grupos fue en 1994, en una campaña que terminó con la renuncia del técnico César Luis Menotti. Ahora, con Claudio Ubeda en el banquillo y una plantilla que suma más de US$50 millones en fichajes, la presión es aún mayor. ¿Podrá este equipo, con solo 6 goles en 5 partidos, romper la racha y evitar la catástrofe?
Romero en la cuerda floja: ¿Héroe o villano en la definición?
La figura de Sergio Romero volvió a ser clave —y polémica— en una noche donde Boca jugaba su permanencia en la Libertadores. El error del arquero en el gol de Gilberto (minuto 41) no solo reabrió heridas de partidos pasados, sino que encendió las alarmas sobre su rendimiento en momentos decisivos. No es la primera vez que el *Chiquito* se ve envuelto en una jugada que define el rumbo del equipo en la competición: en 2018, durante los cuartos de final contra Palmeiras, un fallo suyo en la salida permitió el empate brasileño (1-1) que casi elimina a Boca. Aquella vez, el equipo logró remontar en el Allianz Parque (2-2 global), pero la historia no siempre tuvo final feliz.
Los números son elocuentes: desde su regreso al club en 2022, Romero ha sido titular en 14 partidos de Libertadores, con un promedio de 0.86 goles recibidos por encuentro. Sin embargo, en 5 de esos duelos (36%), cometió errores directos que derivaron en goles rivales, según datos de la consultora Opta. El más recordado fue en la semifinal de 2023 contra Flamengo, cuando un mal despeje suyo en el minuto 89 permitió el 2-1 definitivo que dejó a Boca fuera de la final. Ese día, la Bombonera lo silbó al finalizar el partido, algo que no ocurría desde la era de Roberto Abbondanzieri en 2004, cuando el equipo quedó eliminado en octavos ante Once Caldas.
El contraste con su paso por la selección argentina —donde fue figura en el Mundial 2014 y la Copa América 2021— es brutal. En Boca, su 68% de efectividad en atajadas de remates dentro del área (fuera del top 10 entre arqueros sudamericanos en 2024) lo ubica lejos de los guarismos de su etapa europea. Aún así, Ubeda lo ratificó como titular para este torneo, apostando a su experiencia. La pregunta ahora es si el equipo podrá compensar sus fallos con un ataque que, hasta el momento, solo convirtió 6 goles en 5 partidos de grupo, la peor marca ofensiva de Boca en una fase de grupos desde 2012.
¿Puede Romero redimirse en la última fecha?
El arquero tiene ante sí una oportunidad —y una maldición—. Si Boca debe ganar por dos goles de diferencia el 28 de mayo, su rol será clave no solo para evitar errores, sino para mantener la calma en una defensa que ya lleva 3 goles en contra por contraataques en este grupo. En 2019, frente a River en la final de la Libertadores, Romero atajó un penal a Borré en el tiempo suplementario y se convirtió en héroe. Pero esa versión parece lejana. Hoy, con Cavani y Rojo como únicos referentes de peso en el área, el margen para el error es cero. La Bombonera no perdonará otro traspié… y menos si implica repetir la pesadilla de 1994, cuando el equipo quedó eliminado en fase de grupos por primera —y única— vez en su historia. ¿Estará Romero a la altura del desafío, o su legado en Boca quedará mancado por una eliminación histórica?
La maldición del doble nueve: ¿Por qué Boca falla con dos delanteros de área?
El esquema con Edinson Cavani y Marcos Rojo (este último improvisado como referencia ofensiva) no es nuevo en Boca, pero los números demuestran que, lejos de ser solución, se ha convertido en un patrón de fracaso en partidos clave. Desde 2020, el Xeneize ha alineado a dos ‘9 puros’ en 12 encuentros decisivos de Libertadores (fase de grupos o eliminatorias), con un balance desolador: 3 victorias, 6 empates y 3 derrotas, y un promedio de 0.9 goles por partido —la mitad que cuando juega con un solo delantero de área (1.8 goles/partido en el mismo período). El problema no es la falta de oportunidades, sino la saturación del área rival y la pérdida de llegada por bandas, un pecado que se repitió anoche contra Cruzeiro.
El antecedente más doloroso ocurrió en 2021, en la derrota 0-2 ante Santos en la Bombonera, con Carlos Tevez y Martín Payero como dupla ofensiva. Aquella noche, Boca generó 21 centros al área (récord en la era de estadísticas avanzadas), pero solo 2 llegaron a remate: ambos bloqueados. El análisis post-partido de Miguel Ángel Russo —entonces DT— fue lapidario: *’Jugar con dos ‘9’ contra equipos que defienden con línea de cinco es como intentar abrir una caja fuerte con dos llaves oxidadas’*. Dos años después, la historia se repite: contra Cruzeiro, Boca lanzó 18 centros (7 desde córneres), pero solo 3 remates fueron dentro del área chica, todos atajados por Cabral. La obsesión por el juego aéreo —con Rojo (1.85 m) y Cavani (1.88 m) como referentes— choca con una realidad: en esta Libertadores, el 78% de los goles del torneo llegaron por jugadas rasantes o contraataques, según CONMEBOL Stats.
El dato más alarmante es la ineficacia en la definición: desde 2019, Boca ha desperdiciado 15 penales o manos a mano en Libertadores (incluyendo los 3 de anoche: Cavani en el 32′, Zenón en el 65′ y Barco en el 78′). En ese mismo lapso, equipos como Flamengo (con Gabriel Barbosa) y River (con Julian Álvarez) convirtieron el 62% y 58% de sus oportunidades claras, respectivamente. La diferencia no es casual: mientras esos equipos priorizan la velocidad y los desbordes, Boca insiste en un juego estático que, con doble ‘9’, se vuelve predecible. En la era Ubeda (2024), el 43% de los ataques del equipo terminan en centros al área, el porcentaje más alto de la Libertadores… y también el de menor efectividad (solo el 8% se convierten en gol).
| Temporada | Esquema | Goles/partido | % Eficiencia en definición |
|---|---|---|---|
| 2020-2021 | Doble ‘9’ (Tevez-Payero) | 0.7 | 12% |
| 2022 | Delantero único (Benedetto) | 1.5 | 28% |
| 2024* | Doble ‘9’ (Cavani-Rojo) | 0.9 | 9% |
¿Cambiará Ubeda o persistirá en el error?
El técnico tiene 48 horas para decidir si repite el esquema contra Universidad Católica, pero el precedentes no juega a su favor: en 2023, Hugo Ibañez insistió con Dario Benedetto y Luis Advíncula como extremos-ofensivos en la derrota 1-3 ante Racing que selló la eliminación. La pregunta es si Ubeda —cuya experiencia como DT en Libertadores se limita a 5 partidos— aprenderá de la historia o si, como en 1994 con Menotti, el orgullo táctico pesará más que los números. Boca no tiene tiempo para experimentos: necesita 2 goles en 90 minutos, y con Cavani y Rojo en cancha, solo lo logró una vez en los últimos 18 partidos (4-0 a Colón en 2023). La Bombonera pide sangre nueva… o al menos, un plan B.