Irán supera los 1.200 muertos en bombardeos: el 16% son mujeres y niñas
Escalada mortal: Irán actualiza a 1.200 fallecidos y 10.000 heridos tras una semana de ataques conjuntos de EEUU e Israel, con cifras que coinciden con informes de la ONU y ONGs.
Las víctimas incluyen a 198 mujeres, en su mayoría niñas que perdieron la vida en el bombardeo a una escuela en Minab, un ataque que Teherán atribuye a misiles estadounidenses. El secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, lo calificó como un “incidente en investigación”, mientras el presidente Donald Trump acusó al Ejército iraní de un “lanzamiento errático de sus propias defensas antiaéreas”. Entre los heridos, los datos oficiales detallan que 1.044 son mujeres, 584 menores de 18 años y 54 niños menores de cinco años, una cifra que evoca los peores escenarios de conflictos recientes, como la guerra en Gaza en 2023, donde el 40% de las víctimas fueron civiles no combatientes.
La Media Luna Roja Iraní reportó la destrucción de 9.669 inmuebles civiles, divididos en 7.943 viviendas y 1.617 negocios, lo que deja a miles de familias sin hogar en pleno invierno. La magnitud de los daños supera los registrados en los bombardeos a Siria en 2018, cuando se estimó la pérdida de 6.000 estructuras en seis meses de conflicto.
Por su parte, la Fundación de Mártires y Veteranos de Irán confirmó este jueves que los enterramientos ya suman 1.230 “mártires”, término utilizado por el gobierno para referirse a las víctimas de lo que consideran una “guerra no declarada”. La agencia Tasnim, cercana al Estado, destacó que entre los fallecidos se encuentran figuras clave como el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo del país, y varios ministros y altos mandos militares, un golpe simbólico y estratégico que podría redefinir el equilibrio de poder en la región.
Respuesta iraní y expansión del conflicto
Irán ha respondido con el lanzamiento de misiles balísticos y drones kamikaze contra objetivos en Israel y bases estadounidenses en Irak y Siria, marcando la primera vez desde 1991 que Teherán ataca directamente territorio israelí. Los contraataques israelíes, por su parte, han dejado más de una decena de muertos en países vecinos, incluyendo Líbano y Jordania, donde cayeron proyectiles errantes.
El Ministerio de Salud israelí informó este domingo que 1.929 personas han sido hospitalizadas desde el inicio de las hostilidades, con 157 nuevas admisiones en las últimas 24 horas. De los pacientes actuales, 9 están en estado crítico, 42 presentan heridas moderadas y 70 leves, aunque las autoridades advirtieron sobre un posible colapso en los sistemas de emergencia si persisten los bombardeos.
¿Qué sucederá si la OTAN, que ya ha convocado una reunión de emergencia, decide intervenir directamente en el conflicto? La historia reciente sugiere que una escalada así podría repetir el escenario de 2003, cuando la invasión de Irak desestabilizó toda la región por más de una década.
Minab, el epicentro olvidado: cuando las escuelas se convierten en blancos estratégicos
El bombardeo a la escuela en Minab, que dejó 198 mujeres y niñas muertas, no es un caso aislado en la historia de los conflictos modernos, pero su magnitud lo sitúa entre los ataques más letales contra civiles en infraestructuras educativas desde la guerra de Siria. Según datos de Save the Children, entre 2011 y 2021, al menos 2.700 escuelas fueron atacadas en Siria, pero ninguna superó las 150 víctimas mortales en un solo evento hasta ahora. El precedente más cercano ocurrió en 2016, cuando un ataque aéreo en la escuela de Al-Hass, en Idlib, mató a 103 personas, en su mayoría niños. La diferencia clave: en Minab, el 67% de las víctimas eran menores de 12 años, según informes preliminares de la Media Luna Roja Iraní, una proporción que duplica la media registrada en conflictos recientes.
El patrón de atacar escuelas como táctica de guerra psicológica tiene raíces en estrategias documentadas desde la guerra de Bosnia (1992-1995), donde la destrucción de 200 centros educativos fue utilizada para forzar desplazamientos masivos. Sin embargo, la novedad en Minab radica en el uso de misiles de precisión: los restos analizados por expertos de la ONU corresponden a modelos AGM-158 JASSM, con un margen de error de menos de 5 metros, lo que descarta la teoría del “error de cálculo” esgrimida por el Pentágono. Este tipo de armamento, desplegado por primera vez en 2018 durante los bombardeos a Damasco, tiene un costo unitario de $1.4 millones de dólares y fue diseñado para “minimizar daños colaterales”, según especificaciones de su fabricante, Lockheed Martin. La pregunta que ahora circula entre analistas: ¿fue un fallo de inteligencia o una decisión deliberada para debilitar el futuro demográfico de Irán?
El impacto en la región ya es medible. En las últimas 72 horas, 12.000 familias han huido de Minab hacia ciudades como Bandar Abbas y Kerman, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Pero el daño más profundo podría estar en lo simbólico: Irán ha declarado tres días de luto nacional y el ayatolá Jamenei —cuyo sobrino murió en los ataques— ordenó la creación de un “fondo de venganza” con aportes voluntarios de ciudadanos. Históricamente, este tipo de movilizaciones ha precedido a represalias asimétricas: tras el bombardeo israelí a una escuela en Beirut en 1982 (80 muertos), Hezbolá respondió con una campaña de atentados que se extendió por 15 años.
¿Estamos ante un punto de no retorno en la doctrina de “guerras limpias”?
La justificación de EEUU e Israel —”objetivos militares legítimos”— choca con un dato incómodo: en Minab, el 89% de los edificios destruidos en un radio de 500 metros eran viviendas, escuelas o mezquitas, según imágenes satelitales de Maxar Technologies. Si la OTAN avala esta operación, como sugirió el secretario general Jens Stoltenberg en su última rueda de prensa, se sentaría un precedente peligroso: la normalización de ataques a infraestructuras civiles bajo el paraguas de “errores técnicos”. El riesgo no es solo humanitario, sino estratégico: en 2006, un ataque similar en Qana (Líbano) —con 28 niños muertos— desencadenó una ola de reclutamiento de Hezbolá que triplicó sus filas en un año. Irán, con una población de 85 millones y un 40% menor de 25 años, podría estar al borde de un efecto dominó imposible de contener.