Dow Jones 129 puntos arriba, Wall Street y Europa suben, el petróleo y el oro repuntan por tensiones geopolíticas

Dow Jones sube 0,6%, S&P gana 0,8% y el petróleo cae tras tocar 100$

El mismo jornada en que el barril tocó nuevamente el temor, Wall Street halló un respaldo político. Tras declaraciones atribuidas a Donald Trump —asegurando que el conflicto con Irán está muy avanzado y por delante del calendario inicial—, el crudo viró a la baja y los principales índices estadounidenses cerraron en terreno positivo.

El cambio fue radical: el crudo estadounidense terminó perdiendo un 5,32% hasta los 86 dólares, mientras el Brent descendió hacia los 90 dólares. Con el riesgo energético perdiendo impulso, los rendimientos de la deuda se moderaron y el dólar frenó su escalada. La lectura es clara: cuando el petróleo retrocede, la inflación deja de copar portadas… pero la incertidumbre permanece dentro del precio.

Del temor al rebote: los inversores compran esperanza

La sesión sirvió como ejemplo de cómo un conflicto puede reorganizar carteras en minutos. Wall Street arranóó con ventas por temor a que el repunte del crudo reavivara la inflación global y empujara a los bancos centrales a endurecer tasas. Pero el guion cambió al cierre: el Dow Jones avanzó entre 0,50% y 0,60%, el S&P 500 ganó un 0,83% y el Nasdaq se disparó un 1,38%.

El rebote no borra el daño, lo redistribuye. Nueve de los once sectores del S&P terminaron en verde, liderados por tecnología, mientras que financieras y energía fueron los únicos dos en rojo. En paralelo, los segmentos más sensibles a tasas altas y ciclos de inversión —constructores, bancos y defensa— quedaron rezagados, evidenciando la tensión subyacente.

Petróleo: de superar 100$ a caer bajo 90$

El epicentro volvió a ser el barril, pero con final inesperado. Tras tocar los 100 dólares y alimentar el miedo a un shock de oferta, los precios cedieron terreno por dos factores: la expectativa de una resolución más rápida del conflicto y la posibilidad —planteada por EE.UU. y aliados del G7— de recurrir a reservas estratégicas para limitar el impacto inflacionario.

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El movimiento fue brusco incluso para un mercado acostumbrado a saltos: el WTI cayó un 5,32% hasta los 86 dólares, mientras el Brent descendió un 2,65% hacia los 90 dólares. En este contexto, cada dólar que baja el crudo reduce presión sobre precios, márgenes corporativos y expectativas de tasas. Pero el riesgo no desaparece; solo se aplaza al próximo titular sobre rutas marítimas o sanciones.

Reservas, sanciones y Hormuz: los tres factores clave

La caída del petróleo no se explica solo por un comentario presidencial; también por la red de decisiones que rodea al suministro. La mención a un posible uso de reservas estratégicas introduce una especie de seguro antiinflación, aunque su efectividad depende del volumen y la coordinación. Además, se mencionó que Washington podría flexibilizar sanciones a Rusia, lo que podría inyectar oferta adicional y reducir la prima de guerra.

Sin embargo, el mercado mantiene el freno puesto: la incertidumbre sobre la duración del conflicto y, sobre todo, sobre el Estrecho de Ormuz. Como resume Sam Stovall de CFRA: sigue habido mucha incertidumbre sobre cuánto durará el conflicto y cuánto podría mantenerse cerrado el Estrecho de Ormuz. Ahí reside el verdadero riesgo: no el titular del día, sino el cuello de botella por donde pasa gran parte del crudo mundial.

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La Fed respira… pero no celebra

El petróleo es inflación en movimiento, y la curva de tasas lo reflejó al instante. Tras el retroceso del crudo, los rendimientos de la deuda estadounidense se desinflaron desde máximos intradía. El Tesoro a dos años bajó al 3,552% (tras tocar el 3,635%, máximo desde noviembre) y el bono a die años cedió hacia el 4,102%, lejos del 4,216% que había rozado anteriormente.

La traducción para la política monetaria es inmediata: el mercado volvió a aumentar las probabilidades de recorte. Los futuros de fondos federales ahora descuentan un 77% de posibilidad de bajada en julio, frente al 67% previo, y un recorte pleno se espera para septiembre. El mensaje no es de triunfo; es de fragilidad. Si el crudo vuelve a subir, la narrativa se rompe. Y si el empleo se desacelera, el dilema entre inflación y crecimiento regresa con fuerza.

Europa y Asia pagan el precio: importadores en tensión

Mientras Wall Street celebraba el alivio del crudo, Europa y Asia mostraron la factura de una semana dominada por el temor energético. El STOXX 600 cayó un 0,6% y acumuló tres jornadas rojas, tras perder un 5,5% la semana anterior, su peor resultado en casi un año. En Asia, el castigo fue mayor: el Nikkei se desplomó un 5,2% tras otro descenso similar, castigo coherente con la vulnerabilidad de Japón como importador neto.

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China, a pesar de sus grandes reservas, también sintió el golpe: su índice blue-chip cedió cerca del 1%. Pekín añadió un dato clave: la inflación ya había repuntado en febrero, con un 1,3% interanual, antes del último salto del petróleo. El contrato es demoledor: el shock energético complica tanto a los que luchan contra la desinflación como a los que temen un rebrote de precios.

Rotaciones “extremas” y riesgo de recesión

La sesión dejó una advertencia estructural: el mercado puede parecer tranquilo en el índice, pero no en su interior. Lisa Shalett, de Morgan Stanley Wealth Management, lo resume con una frase que actúa como alerta temprana: en los últimos 80 años, los shocks petroleros inducidos por guerras no han sido amables con la renta variable; casi cada episodio ha catalizado una recesión y una venta masiva. Ese historial pesa más que cualquier rebote de última hora.

La dispersión también se vio en activos alternativos: el oro cayó un 0,53% hasta los 5.142,37 dólares la onza, mientras el bitcoin subió casi un 3% hasta los 69.154 dólares. No es una rotación limpia hacia refugios; es una búsqueda contradictoria de cobertura según el perfil del inversor. Con el IPC, el PIB revisado y el PCE en el horizonte, el mercado ha entrado en una lógica peligrosa: comprar la esperanza de desescalada… y vender cualquier dato que confirme que la inflación no se ha ido.

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