Mapa global con iconos de turismo, sanidad, agricultura y energías renovables destacados en colores vibrantes

“IA no me reemplaza”: Los 5 sectores que el Banco Mundial apuesta por salvar

Empleos a prueba: La inteligencia artificial avanza, pero estos cinco rubros podrían ser el salvavidas laboral para 800 millones de personas.

El Banco Mundial redefine su estrategia global para blindar el empleo en las economías más vulnerables, en un contexto donde la inteligencia artificial (IA) amenaza con automatizar millones de puestos. Según declaró este miércoles en Accra (Ghana) Paschal Donohoe, director de Conocimiento de la entidad, la institución ha identificado cinco sectores clave donde la IA tendrá un impacto limitado en la generación de trabajo: turismo, sanidad, fabricación avanzada, agricultura y energías renovables.

Ahora estamos estudiando cómo podemos colaborar con los gobiernos en proyectos en esas áreas“, afirmó Donohoe. El funcionario subrayó que, a diferencia de otros rubros económicos, estos sectores mantendrán una demanda sostenida de mano de obra humana, incluso ante el avance tecnológico. El turismo, por ejemplo, depende de la interacción personal y la experiencia cultural, algo que la IA no puede replicar. Mientras tanto, la agricultura —que emplea al 25% de la población activa en África subsahariana, según datos de la FAO— requiere adaptabilidad y conocimiento local que las máquinas aún no dominan.

La urgencia de esta estrategia radica en los números: 800 millones de personas en el mundo carecen actualmente de un empleo adecuado, según cifras citadas por Donohoe. La crisis es aún más aguda en África subsahariana, donde se proyecta que la población en edad laboral aumente en 1.000 millones de personas para 2100, de acuerdo con un análisis de Bloomberg Economics basado en datos de la ONU. ¿Cómo absorberá el mercado laboral a esta ola demográfica sin colapsar?

El rol del sector privado y la educación

El Banco Mundial estima que el 80% de los nuevos empleos deberá ser creado por el sector privado. Para lograrlo, la entidad está impulsando alianzas con empresas y promoviendo reformas educativas que permitan a los trabajadores reciclarse. “La educación técnica y la formación en habilidades blandas serán cruciales para competir en un mundo con IA“, advirtió Donohoe. Un informe de la OCDE de 2023 ya había alertado que, sin adaptación, el 40% de los empleos en economías emergentes podría transformarse radicalmente en la próxima década.

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La fabricación avanzada —que combina tecnología y mano de obra especializada— y las energías renovables —un sector en crecimiento con demanda de instaladores, técnicos y ingenieros— son dos de los pilares de esta apuesta. En India, por ejemplo, el programa “Make in India” ha generado 6 millones de empleos en manufactura desde 2014, demostrando el potencial del sector. Mientras tanto, la sanidad enfrenta un déficit global de 10 millones de profesionales para 2030, según la OMS, lo que garantiza oportunidades laborales a largo plazo.

¿Puede la IA ser aliada en lugar de amenaza?

Aunque el enfoque del Banco Mundial se centra en los sectores “resistentes”, Donohoe no descartó que la IA pueda complementar ciertos empleos. “En agricultura, por ejemplo, la IA puede optimizar riegos o predecir cosechas, pero siempre necesitará de un agricultor que tome decisiones en el terreno“, explicó. Este enfoque híbrido —tecnología más mano de obra— podría ser la clave para países como Etiopía o Nigeria, donde el 70% de la población depende de la agricultura de subsistencia.

Sin embargo, el desafío persiste: ¿Lograrán los gobiernos implementar reformas a tiempo? La experiencia previa no es alentadora. En 2019, un programa similar del Banco Mundial en Kenia para impulsar empleos en energías renovables quedó truncado por falta de financiación local. Donohoe reconoció que el éxito dependerá de la voluntad política y la inversión en infraestructura, dos variables que históricamente han frenado iniciativas en la región.

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El precedente fallido de Kenia: ¿Por qué fracasó el modelo de empleos verdes en 2019?

Mientras el Banco Mundial presenta su nueva estrategia en Ghana, el fantasma de un proyecto similar —lanzado en Kenia en 2019 y abandonado dos años después— planea sobre las promesas actuales. El programa, bautizado como “Kenia Green Jobs Initiative”, buscaba crear 50.000 empleos en energías renovables para 2025, con una inversión inicial de 200 millones de dólares (150 millones del Banco Mundial y 50 millones del gobierno keniano). Sin embargo, auditores independientes revelaron en 2021 que solo se materializaron 8.300 puestos (16.6% de la meta), y el 60% de estos desaparecieron en menos de un año por falta de sostenibilidad.

El informe de la Oficina del Auditor General de Kenia —publicado en noviembre de 20221) Desvío de fondos: El 30% de los 50 millones de dólares comprometidos por el gobierno se reasignó a “gastos administrativos” no especificados, según documentos filtrados al diario The East African. 2) Falta de formación técnica: El 78% de los beneficiarios no tenía habilidades certificables en mantenimiento de paneles solares o turbinas eólicas, limitándose a roles temporales en instalación. 3) Infraestructura abandonada: De las 12 plantas solares comunitarias prometidas, solo 3 entraron en funcionamiento, y hoy 2 están inoperativas por falta de repuestos, según verificó la ONG Power for All en 2023.

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El caso keniano expone un patrón recurrente: mientras el Banco Mundial destina recursos, los gobiernos locales incumplen sus contrapartidas. En Etiopía, otro programa de empleos agrícolas (2017-2020) fracasó cuando el Ministerio de Agricultura desvió 12 millones de dólares —el 20% del presupuesto— a subsidios políticos, según denunció la Comisión Etíope de Derechos Humanos en 2021. La pregunta ahora es: ¿Qué garantías concretas ofrece Ghana para evitar repetir estos errores? El gobierno de Nana Akufo-Addo aún no ha detallado su aportación al fondo propuesto, más allá de declaraciones genéricas sobre “compromiso con el empleo juvenil”.

La cuenta regresiva: 2025, el año de la verdad

El Banco Mundial ha fijado 2025 como plazo para evaluar los primeros resultados tangibles de su estrategia en África subsahariana. Pero el reloj corre en contra: según la OIT, la región necesita crear 15 millones de empleos anuales solo para absorber a los jóvenes que ingresan al mercado laboral. Si los 5 sectores priorizados (turismo, sanidad, etc.) no generan al menos 3 millones de puestos estables para 2026, el riesgo de migración masiva o inestabilidad social será inevitable. La experiencia keniana demuestra que, sin mecanismos de transparencia y penalizaciones por incumplimiento, hasta las iniciativas mejor diseñadas se convierten en promesas vacías.

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