Bandera de Irán ondeando frente a mapa del estrecho de Ormuz con petroleros en segundo plano

Irán rechaza de plano la oferta de EE.UU. para frenar la guerra: “Inaceptable”

Negociación rota: Teherán descarta la propuesta de Washington para detener el conflicto iniciado el 28 de febrero y exige imponer sus propias condiciones.

Irán rechazó este miércoles la iniciativa estadounidense para finalizar la guerra, tachándola de “desproporcionada” y prueba de la falta de voluntad real de Washington para alcanzar un acuerdo. Según fuentes oficiales citadas por el canal estatal Press TV, la República Islámica no cederá: “Irán detendrá el conflicto cuando lo considere oportuno y solo si se cumplen sus exigencias”, advirtió un alto funcionario de seguridad. Este enfoque recuerda a la estrategia iraní durante la crisis nuclear de 2015, cuando Teherán mantuvo una postura innegociable hasta lograr el levantamiento de sanciones.

La propuesta llegó a través de múltiples canales diplomáticos, pero para el gobierno persa las condiciones son “excesivas” y desconectadas de la realidad sobre el terreno. “No habrá negociaciones previas”, insistió la fuente, subrayando que las represalias iraníes continuarán hasta que se satisfagan sus demandas. Entre ellas, destacan el cese inmediato de lo que Teherán denomina “agresión y asesinatos” por parte de EE.UU. e Israel, el pago de reparaciones de guerra, y el reconocimiento internacional de su autoridad sobre el estrecho de Ormuz —una ruta crítica por la que transita el 20% del petróleo global.

El Consulado iraní en Bombay reforzó este mensaje, calificando las propuestas estadounidenses de “engaño” diseñado para escalar tensiones. “En los bombardeos de junio de 2025 y en los ataques de hace tres semanas, EE.UU. demostró que sus llamadas al diálogo eran una cortina de humo”, recordó el comunicado, en referencia a ofensivas militares lanzadas mientras supuestamente se exploraban vías diplomáticas. Este patrón de “diplomacia paralela a la agresión” ha sido una constante en las relaciones entre ambos países desde la Revolución Islámica de 1979.

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Mientras Irán mantiene su línea dura, Pakistán —histórico aliado de Teherán— se ofreció como sede para “diálogos significativos” que pongan fin al conflicto. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, aseguró que su país podría facilitar negociaciones “concluyentes”, aunque la postura iraní actual hace improbable un avance rápido. Junto a Pakistán, Turquía y Omán han intensificado sus gestiones diplomáticas, impulsadas por el giro inesperado del presidente estadounidense, Donald Trump, quien pasó de amenazar con “destruir a Irán” en 2020 a anunciar ahora “conversaciones muy sólidas”.

Trump afirmó haber logrado un “importante consenso” con Irán sobre puntos clave de un eventual pacto, incluyendo la renuncia de Teherán a desarrollar armamento nuclear —un tema que ha generado 6 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU desde 2006—. Sin embargo, Teherán desmintió cualquier negociación en curso. El presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, acusó a Trump de buscar manipular los precios del petróleo, cuyo barril superó los US$92 esta semana ante el riesgo de un conflicto prolongado en Oriente Próximo.

¿Puede Pakistán —con su propia inestabilidad política— mediar en una guerra donde Irán exige condiciones que EE.UU. ha rechazado históricamente? La respuesta definirá si la región entra en una espiral de violencia sin retorno o si, contra todo pronóstico, emerge un acuerdo que nadie esperaba.

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El precedente del estrecho de Ormuz: cuando Irán cerró el grifo del petróleo en 1984 y el mundo tembló

La exigencia de Teherán sobre el control del estrecho de Ormuz —por donde fluye el 20% del petróleo globalnow como condición para detener la guerra revive el fantasma de 1984, cuando Irán bloqueó parcialmente la ruta durante la Guerra Irán-Irak. Entonces, los ataques a petroleros redujeron el tráfico en un 40% y dispararon el precio del crudo a US$29 por barril (equivalente a US$80 hoy), según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA). El episodio obligó a EE.UU. a lanzar la Operación Earnest Will en 1987, reescalando petroleros bajo bandera estadounidense para evitar el bloqueo iraní.

El paralelo con 2024 es inquietante: si Irán repite esa estrategia hoy, el impacto sería devastador. En 2019, cuando Teherán derribó un dron estadounidense cerca del estrecho, el petróleo subió un 10% en 48 horas. Ahora, con el barril ya en US$92 y los mercados en alerta máxima, un cierre prolongado podría llevar los precios a US$120-140, según proyecciones de Goldman Sachs filtradas esta semana. Además, Irán cuenta hoy con misiles Khalij Fars —capaces de alcanzar blancos a 300 km con precisión—, desplegados desde 2011 y probados en ejercicios como el “Gran Profeta 17” (2022), donde simularon el cierre del estrecho en menos de 72 horas.

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Pero hay una diferencia clave: en los 80, Irán actuaba en solitario; ahora, su alianza con Rusia (que desde 2022 compra petróleo iraní a descuento) y el apoyo logístico de grupos proxies en Yemen, Irak y Siria le dan un margen de maniobra inédito. Moscú ya advirtió esta semana que “cualquier intervención externa en el estrecho será considerada una agresión a los intereses rusos”, según declaró el viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov.

¿Estamos ante un “shock petrolero 2.0” o un farol de Teherán?

El histórico de Irán sugiere que no bluffea: en 2012, cuando la UE impuso un embargo a su petróleo, Teherán amenazó con cerrar el estrecho y el crudo subió un 15% en un mes… aunque al final no lo hizo. La pregunta ahora es si Pakistán —cuya economía depende en un 30% de remesas del Golfo, según el Banco Mundial— puede permitir que el conflicto escale, o si su oferta de mediación es solo un gesto simbólico. Los próximos 7 días son críticos: si Irán ataca otro petrolero (como el MT Mercer Street en 2021), la respuesta de EE.UU. podría ser cinética, no diplomática.

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