¡Bolivia revive! Remonta a Surinam y sueña con el Mundial 2026 tras 32 años
Golpe histórico: Bolivia remontó un 2-1 a Surinam y ahora enfrenta a Irak por un lugar en el Mundial 2026, tras 32 años de ausencia en la máxima cita.
El ansiado marzo de repechajes rumbo al Mundial 2026 llegó para definir los últimos seis cupos de los 12 grupos ya sorteados. En México, sede de estos playoffs intercontinentales, Sudamérica vibró con un duelo cargado de emoción: Bolivia, ausente desde 1994 (EE.UU.), buscaba romper una sequía de tres décadas frente a Surinam, representante de Concacaf. El 2-1 final no solo fue un triunfo, sino un paso gigante hacia la clasificación. Ahora, el rival es Irak, en un partido que definirá si los bolivianos vuelven a un Mundial después de siete ediciones sin participar.
El Estadio de Monterrey fue testigo de un encuentro donde el peso de la historia se sintió en cada jugada. Para Bolivia, este era el momento: 2030 quedaría demasiado lejos si fallaban ahora. Los nervios, las lágrimas del capitán Luis Haquín al entonar el himno y la pasión del arquero Guillermo Viscarra —que cerró los ojos y cantó con el puño en alto— reflejaban lo que estaba en juego. En las gradas, los aficionados bolivianos mezclaban fe y angustia, conscientes de que otra oportunidad así podría no repetirse.
El inicio del partido mostró a una Bolivia con dominio del balón pero sin profundidad, mientras Surinam se replegó con cinco defensores y apostó por contraataques rápidos. Las faltas fueron su recurso para cortar el ritmo, y el guión anunciaba un duelo físico, posiblemente decidido en la prórroga. Sin embargo, el cooling break —pausa para hidratación— cambió el panorama: Bolivia despertó. Remates de media distancia de Robson Matheus exigieron al arquero Etienne Vaessen, pero del otro lado, las figuras de Surinam respondieron: Gyrano Kerk desbordó y estuvo cerca del palo, mientras Myenty Abena obligó a Viscarra a una atajada con la cara, en una de las jugadas más peligrosas del primer tiempo.
Surinam, pese a su inferioridad técnica, logró abrir el marcador a los 47″ con un gol de Liam Van Gelderen, aprovechando un error defensivo boliviano. Pero lo inesperado vino después: en lugar de buscar ampliar la ventaja, el equipo caribeño perdió tiempo de forma descarada. El arquero Vaessen se tiró al suelo en tres ocasiones simulando lesiones, y dos defensores lo imitaron. La estrategia, lejos de ayudarles, les pasó factura.
Bolivia, con la entrada de frescura desde el banco, dio vuelta el partido en solo seis minutos. A los 71″, Moisés Paniagua —recién ingresado— capturó un rebote dentro del área y clavó un derechazo cruzado que empató el encuentro. El gol fue un balde de agua fría para Surinam, que ya no pudo reaccionar. A los 77″, otro suplente, Juan Godoy, generó un penal tras ser derribado por Abena. Desde los doce pasos, Miguelito Terceros no tremuló y anotó el 2-1 definitivo, desatando la euforia en el banquillo y las gradas.
Bolivia está a un paso. El próximo martes, en la madrugada, enfrentará a Irak por el último boleto al Mundial. El premio no es cualquier cosa: integrar el grupo de Francia (actual subcampeona), Senegal (campeona de África) y Noruega, en lo que sería su regreso a la máxima competición después de tres décadas de espera. La última vez que Bolivia estuvo en un Mundial, en 1994, el mundo del fútbol era otro: no existían las redes sociales, el VAR era ciencia ficción y jugadores como Lionel Messi tenían apenas 7 años.
Mientras, en la otra llave disputada en Guadalajara, Jamaica se impuso 1-0 a Nueva Caledonia con un gol de Bailey Cadamarteri y ahora chocará contra la República Democrática del Congo por el segundo cupo intercontinental. El sueño de dos selecciones está a 90 minutos de hacerse realidad.
La pregunta ahora es inevitable: ¿Podrá Bolivia, con una generación que mezcla experiencia y juventud, romper el maleficio y volver a un Mundial? El martes, el mundo lo sabrá.
El fantasma de 1994: Bolivia y su maldición de 30 años sin Mundiales
El 2-1 a Surinam no es solo un triunfo: es el eco de un trauma que persigue a Bolivia desde 1994, cuando su última participación en un Mundial —EE.UU. 1994— terminó con tres derrotas (0-1 vs. Alemania, 0-0 vs. Corea del Sur y 0-3 vs. España) y un balance de 0 goles a favor. Ese equipo, liderado por figuras como Marco Etcheverry y Erwin Sánchez, fue el primero (y único hasta ahora) en clasificar a una Copa del Mundo tras superar a Brasil en la altiplanicie de La Paz. Pero desde entonces, Bolivia ha intentado 7 veces romper el maleficio, siempre cayendo en repechajes o fases finales de eliminatorias. La más dolorosa: en 2017, cuando un 0-0 vs. Chile en la última fecha los dejó fuera por diferencia de goles.
El paralelo con 1994 es inevitable. Entonces, como ahora, Bolivia llegó al repechaje como outsider: en aquella ocasión, superó a Ecuador en un desempate directo (1-0 en Quito, 1-1 en La Paz) para clasificar. Hoy, repite la hazaña contra Surinam, pero con un agravante: el rival de turno, Irak, tiene un historial letal en definiciones. Los asiáticos eliminaron a Emiratos Árabes en la fase previa con un 1-0 global, y en su única participación mundialista (1986), dejaron en el camino a Siria en un partido de desempate jugado en neutral (3-1). Además, Irak llega con una racha de 12 partidos invictos (9 victorias, 3 empates) desde 2023, según datos de la FIFA.
Otro dato que pesa: Bolivia nunca ha ganado un partido en un Mundial. En 1994, su rendimiento fue el peor de los 24 equipos participantes, con 0 puntos y un -4 en diferencia de goles. Si clasifica ahora, integrará el Grupo F junto a Francia (subcampeona en 2022), Senegal (campeona de África en 2021) y Noruega, un escenario que evoca el “grupo de la muerte” de hace 30 años. La pregunta es si esta generación —con jugadores como Marcelo Moreno Martins (36 años, último superviviente de la era 2010) y el emergente Ramiro Vaca (23 años, figura en The Strongest)— podrá escribir una historia distinta.
La presión de ser “el peor récord” de CONMEBOL
Bolivia no solo juega contra Irak: compite contra su propio pasado. Es la selección sudamericana con menos participaciones en Mundiales (solo 3: 1930, 1950 y 1994), y la única que nunca ha superado la fase de grupos. Si cae el martes, se convertirá en el equipo de CONMEBOL con la sequía más larga (36 años sin Mundiales), superando a Venezuela (que debutó recién en 2026). El técnico Gustavo Costas, cuestionado por su estilo defensivo, tiene ahora la oportunidad de borrar tres décadas de frustración… o de extender la maldición.