ChatGPT Store: el ambicioso fracaso que frena a OpenAI frente a Apple
Rivalidad en pausa: La tienda de apps de ChatGPT, diseñada para desafiar a Apple, tropieza con desarrolladores frustrados y usuarios ausentes.
En mayo de 2023, OpenAI anunció con bombo y platillo su ChatGPT Store, una plataforma que permitía a gigantes como Spotify, Booking y Expedia integrar sus servicios directamente en el chatbot. El movimiento, inspirado en el modelo de la App Store de Apple, prometía convertir a ChatGPT en un ecosistema todo en uno, donde los usuarios pudieran reservar hoteles, comprar entradas o pedir comida sin salir de la conversación. Seis meses después, el proyecto languidece: hay más de 300 apps disponibles, pero están ocultas en la interfaz, los desarrolladores denuncian un proceso de aprobación caótico y las empresas socias se resisten a ceder el control de sus clientes —y sus pagos— a OpenAI.
El tropiezo no es aislado. Se suma a una lista creciente de apuestas fallidas de OpenAI, como el generador de videos Sora (cancelado la semana pasada) y el navegador Atlas, que también enfrentó problemas técnicos en su lanzamiento. La compañía, que prepara una posible salida a bolsa a finales de 2024, ahora enfrenta el desafío de racionalizar sus productos antes de enfrentar a los inversores. Mientras tanto, su rivalidad con Apple —que en noviembre de 2023 impuso un 15% de comisión a las “superapps” que operen dentro de su ecosistema— se vuelve más asimétrica: la App Store sigue dominando, y ChatGPT aún no logra seducir ni a usuarios ni a desarrolladores.
Empresas socias: “ChatGPT no es prioridad”
Las integraciones con terceros son clave para OpenAI, que busca competir con Anthropic (de Google) y consolidar su software en dispositivos de consumo. Sin embargo, empresas como Booking y StubHub admiten que el tráfico desde ChatGPT sigue siendo “pequeño”. Glenn Fogel, CEO de Booking, lo dejó claro en una entrevista: “Es más fácil descubrir anuncios en Booking.com”. La compañía sigue invirtiendo “una cantidad enorme” en publicidad con Google, en comparación con lo que destina al chatbot. Incluso DoorDash confirmó que ninguna plataforma —ni ChatGPT, ni Google, ni Yelp— “monopoliza la atención del cliente”.

El problema no es solo de visibilidad. Las apps de ChatGPT enfrentan limitaciones técnicas: la mayoría no permite completar pagos dentro del chatbot. Por ejemplo, Uber obliga a los usuarios a iniciar la experiencia con “@Uber” y luego redirigirlos a su app para finalizar la reserva. Instacart —dirigida por Fidji Simo, exdirectora de aplicaciones de OpenAI— es la excepción, con una integración de pagos más profunda. Pero casos como StubHub revelan otra barrera: los usuarios pueden buscar eventos y asientos, pero deben salir de ChatGPT para comprar. Nayaab Islam, presidente de StubHub, reconoció que los consumidores aún desconfían de compartir sus datos de tarjetas de crédito con asistentes de IA.
Desarrolladores en la niebla: aprobaciones lentas y datos ocultos
Los creadores de apps describen el proceso como un “calvario”. Hanh Nguyen, CEO de Fractal, denunció que el sistema de revisión de OpenAI —asistido por IA— genera “señales falsas” que rechazan aplicaciones sin motivo claro. Aunque la compañía ha acelerado las aprobaciones, los desarrolladores siguen sin acceso a métricas clave: no saben si sus apps fallan, si los usuarios las encuentran o si funcionan correctamente. Elliot Garreffa, cofundador de una plataforma que monitorea el rendimiento de estas apps, lo resumió: “Están bastante a ciegas”.

La falta de transparencia se agrava con los cambios constantes en las herramientas de desarrollo. Max Ockner, CTO de Fractal, explicó que las apps en modo prueba a menudo “se rompen” sin aviso, forzando a los equipos a adivinar qué modificó OpenAI. Aunque la empresa mantiene un registro de cambios, la documentación no refleja los errores reportados en su foro público. La situación empaña el potencial de la plataforma, que OpenAI defiende como “fundamental” para su estrategia. Un portavoz reconoció que hay “áreas que mejorar”, pero insistió en que el objetivo es hacerla “más fiable y fácil de usar” con el tiempo.
Consumidores: curiosidad sin compromiso
Un informe de Criteo —basado en una encuesta a 6.000 consumidores— revela que el 55% es “extra cauteloso” al compartir información de pago con IA. Aunque el 96% de los usuarios de chatbots también recurre a otros canales (redes sociales, búsquedas tradicionales), las empresas no ven en ChatGPT una amenaza inmediata. Airbnb, eBay y Expedia destacaron en sus informes trimestrales ventajas que la IA no puede replicar: sistemas de pago seguros, atención al cliente 24/7 y reseñas verificadas.

John Colantuoni, analista de Jefferies, lo llamó una “dinámica del huevo o la gallina”: los consumidores no migrarán a la IA hasta que ofrezca un servicio mejor o más barato, pero las empresas no invertirán en mejorar la experiencia hasta que haya demanda. Mientras, OpenAI introduce publicidad dentro de ChatGPT, lo que podría ahogar aún más la visibilidad de las apps asociadas. Como dijo Max Ockner: “Todavía no se han abierto las compuertas. Seguimos esperando ese momento”.

La pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿Puede OpenAI convertir su tienda de apps en un ecosistema viable antes de que Apple, Google o incluso Meta consoliden sus propias plataformas de IA? Por ahora, el ChatGPT Store parece más un experimento con poco tráfico, desarrolladores frustrados y socios comerciales que priorizan sus propias apps. El tiempo —y los usuarios— tendrán la última palabra.
El precedente de Microsoft: cuando la tienda de bots de Teams fracasó en 2017
El tropiezo de OpenAI con su ChatGPT Store no es el primero en el intento de convertir un chatbot en un ecosistema de apps. En marzo de 2017, Microsoft lanzó Microsoft Teams Apps, una plataforma que permitía integrar bots de terceros —desde Asana hasta SurveyMonkey— dentro de su herramienta de mensajería corporativa. La promesa era similar: centralizar flujos de trabajo sin salir de la conversación. Pero dos años después, el 78% de los bots disponibles tenían menos de 100 instalaciones activas, según datos internos filtrados por The Verge. El problema no fue la tecnología, sino la falta de incentivos para desarrolladores y la desconfianza de los usuarios en delegar tareas críticas a un asistente.
La comparación con Teams es reveladora. Al igual que OpenAI hoy, Microsoft enfrentaba entonces a un gigante consolidado: Slack, que ya dominaba el mercado con su propia tienda de apps (lanzada en 2015). La diferencia clave estaba en el modelo de negocio: Slack ofrecía a los desarrolladores hasta un 90% de los ingresos por transacciones dentro de su plataforma, mientras que Microsoft imponía restricciones técnicas y no compartía datos de uso. El resultado fue que empresas como Zoom y Trello priorizaron sus integraciones en Slack, dejando a Teams como un ecosistema fantasma. OpenAI repite ahora el mismo error: según tres desarrolladores consultados por Reuters en febrero de 2024, la ChatGPT Store no comparte métricas de retención ni ofrece un modelo claro de monetización, lo que desincentiva la inversión en mejoras.
Otro paralelo inquietante es la saturación de apps irrelevantes. En 2018, Teams albergaba más de 1.500 bots, pero el 60% eran clones o pruebas abandonadas por sus creadores. Hoy, la ChatGPT Store supera las 300 apps, pero fuentes cercanas a OpenAI admiten que menos del 20% están activamente mantenidas. La diferencia es que, mientras Microsoft podía permitirse el lujo de subsidiar Teams con sus ingresos de Office 365 (que en 2019 generaban $32.300 millones anuales), OpenAI depende de demostrar rentabilidad antes de su posible OPV en 2024.
| Plataforma | Año de lanzamiento | Apps/bots activos (pico) | % abandonadas (<2 años) | Modelo de ingresos |
|---|---|---|---|---|
| Microsoft Teams Apps | 2017 | 1.500+ | 60% | Sin comisión (subsidiado) |
| Slack App Directory | 2015 | 2.400+ | 30% | 90% para desarrolladores |
| ChatGPT Store | 2023 | 300+ | 80%* (estimado) | Sin modelo claro |
¿Repetirá OpenAI los errores de Microsoft o aprenderá de Slack?
La historia sugiere que el éxito de una tienda de apps no depende de la tecnología, sino de dos factores críticos: incentivos económicos claros para desarrolladores y una experiencia de usuario superior a la de los canales tradicionales. Slack lo logró al ceder control y comisiones; Microsoft fracasó al priorizar su ecosistema cerrado. OpenAI tiene ahora menos de 12 meses para corregir el rumbo antes de su OPV, pero su margen de maniobra es limitado: Apple ya domina los pagos móviles (con Apple Pay procesando $6 billones en 2023), y Google avanza con su AI-powered search, que integra transacciones directamente en los resultados. La pregunta no es si ChatGPT puede competir con la App Store, sino si logrará evitar el destino de Windows Phone: una plataforma técnicamente sólida, pero condenada por llegar tarde y sin aliados.