“Estudiaremos el alto el fuego”: Trump condiciona paz a la apertura del estrecho de Ormuz
Punto de no retorno: La tensión entre EE.UU. e Irán escala con un ultimátum que podría redefinir el comercio global de petróleo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este miércoles que Irán ha solicitado un alto el fuego en el conflicto que mantiene con Washington y Tel Aviv desde hace más de un mes. Sin embargo, la condición impuesta por la Casa Blanca es clara: “Estudiaremos esta petición solo cuando abran el estrecho de Ormuz”, declaró Trump en un mensaje difundido en redes sociales. Este corredor marítimo, vital para el 20% del suministro mundial de petróleo, lleva semanas bloqueado por Teherán, disparando los precios del crudo a máximos históricos.
Trump describió al nuevo presidente iraní como “mucho menos radical y más inteligente” que sus predecesores, un giro retórico que contrasta con el tono belicoso de semanas anteriores, cuando el mandatario amenazó con “reducir Irán a cenizas” o “devolverlo a la Edad de Piedra”. La reapertura del estrecho, según el presidente estadounidense, debe ser “clara, abierta y libre” para que se active cualquier negociación. ¿Es esta una señal de que la presión económica está surtiendo efecto en Teherán?
Mientras tanto, las autoridades iraníes mantuvieron una postura intransigente. Ebrahim Azizi, jefe de la Comisión de Seguridad del Parlamento iraní, aseguró que “EE.UU. no recuperará el acceso al estrecho de Ormuz” y que el paso solo estará disponible para “aquellos que cumplan con los términos impuestos por Irán”. En un mensaje cargado de simbolismo, Azizi añadió: “Los 47 años de hospitalidad se han acabado para siempre”, una referencia velada al aniversario de la Revolución Islámica de 1979, que marcó el inicio de las tensiones con Occidente.
El bloqueo del estrecho ha provocado ya un aumento del 15% en los fletes marítimos y un repunte del 8% en el precio del barril de Brent, según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE). La situación ha llevado al primer ministro británico, Keir Starmer, a convocar una cumbre de emergencia con más de 30 países para buscar una solución diplomática. ¿Podría este conflicto desencadenar una crisis energética global similar a la de 1973?
El estrecho de Ormuz, de apenas 33 km de ancho en su punto más angosto, es el paso obligado para el petróleo de Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Su cierre prolongado podría paralizar economías dependientes del crudo, desde India hasta Europa. Irán controla las islas de Abu Musa y las Tunbs, estratégicas para dominar el tráfico marítimo, y ha desplegado allí sistemas de misiles Khalij Fars, capaces de alcanzar blancos a 300 km de distancia.
La última vez que Irán amenazó con cerrar el estrecho —en 2018—, los precios del petróleo se dispararon un 22% en una semana, y la Marina de EE.UU. desplegó el portaaviones USS Abraham Lincoln en la zona. ¿Estamos al borde de un enfrentamiento militar directo que podría involucrar a potencias como China o Rusia?
El precedente de 2012: cuando Irán cerró el estrecho y el mundo tembló
La amenaza actual de bloquear el estrecho de Ormuz no es nueva: en diciembre de 2011, Irán advirtió que cerraría el paso si Occidente impuso sanciones a sus exportaciones petroleras. El 3 de enero de 2012, Teherán cumplió su palabra al desplegar minas y realizar maniobras navales que paralizaron temporalmente el tráfico. El resultado fue inmediato: el precio del Brent se disparó un 12% en 48 horas, alcanzando $113 por barril, mientras que los fletes de petroleros subieron un 30% en una semana, según datos de la Organización Marítima Internacional (OMI). La crisis solo se desactivó tras la intervención de Omán, que medió en conversaciones secretas entre Irán y EE.UU. en Mascate, evitando una escalada militar.
El episodio de 2012 reveló dos lecciones clave que resuenan hoy. Primero, Irán no actúa solo: en aquel entonces, Rusia y China vetaron en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución que condenaba el bloqueo, demostrando su alineamiento estratégico con Teherán. Segundo, el impacto económico fue asimétrico: mientras Europa sufrió un aumento del 18% en los costes de importación de crudo, países como India y Japón —dependientes en un 85% y 90% respectivamente del petróleo del Golfo— vieron cómo sus bolsas caían un 7% en una sola sesión. Hoy, con el Brent ya en $92 por barril (frente a los $85 de hace un mes), el margen para un shock similar es menor, pero el riesgo sistémico persiste: la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que un cierre prolongado del estrecho podría reduccir el suministro global en 17,2 millones de barriles diarios, equivalente al consumo combinado de EE.UU. y China.
Hay otra variable crítica en 2024: el arsenal iraní. En 2012, Irán contaba con misiles Noor (alcance de 120 km) y fragatas Alvand; hoy, despliega los Khalij Fars (300 km de alcance), drones Shahed-136 (usados en Ucrania) y submarinos Fateh, capaces de operar en aguas poco profundas del Golfo. Según un informe de Jane’s Defence Weekly (2023), estos sistemas permiten a Teherán controlar el 60% del tráfico marítimo en el estrecho sin necesidad de cerrarlo por completo, solo con amenazas selectivas. Esto explica por qué, esta vez, EE.UU. ha movilizado al USS Gerald R. Ford —el portaaviones más avanzado de su flota— en lugar del Abraham Lincoln, como en 2018.
¿Un jaque mate diplomático o el preludio de un conflicto limitado?
El giro de Trump al condicionar el alto el fuego a la reapertura del estrecho sugiere una estrategia calculada: forzar a Irán a elegir entre el colapso económico y la humillación militar. Pero Teherán tiene un as bajo la manga: las islas Tunbs y Abu Musa, ocupadas desde 1971 y reclamadas por Emiratos Árabes Unidos. Si Irán cede en Ormuz, podría negociar su soberanía sobre estas islas a cambio de levanta sanciones, un movimiento que Arabia Saudita y EAU no tolerarían. La pregunta no es si habrá un acuerdo, sino quién parpadeará primero cuando el Brent supere los $100 —el umbral psicológico que, en 2008 y 2012, desencadenó recesiones globales.