Trump dinamita la OTAN: ¿El fin de la alianza que frenó a la URSS?
Golpe a la alianza: El presidente de EE.UU. amenaza con abandonar la OTAN, un movimiento que podría desmantelar el bloque militar más poderoso del mundo en plena crisis por Irán.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a sacudir los cimientos de la OTAN con una escalada sin precedentes: contempla la retirada de EE.UU. del bloque militar, una declaración que, solo por ser formulada, ya debilita la esencia disuasoria de la organización fundada en 1949 para contener a la Unión Soviética. El detonante ha sido la falta de apoyo europeo en la guerra no declarada contra Irán, especialmente en la protección del estrecho de Ormuz, arteria vital para el 40% del comercio global de petróleo.
Tras tensar la cuerda con sus aliados por pretender comprar Groenlandia —un territorio autónomo de Dinamarca—, Trump ha lanzado ahora una andanada de críticas por su negativa a sumarse a la ofensiva contra Teherán. En un discurso cargado de desdén, tachó a los europeos de “cobardes” e “ingratos”, argumentando que Washington asume sola el costo militar de una misión que, según él, beneficia principalmente a otros. “La Marina iraní está diezmada tras semanas de ataques, pero nuestros aliados ni siquiera aportan barcos para una operación menor“, espetó.
El mandatario fue más allá: exigió a los socios que “tomen su propio petróleo” del Golfo sin ayuda estadounidense. Mientras, Francia y Reino Unido impulsan una hoja de ruta diplomática para reabrir el estrecho, bloqueado de facto por Irán. La paradoja es que la OTAN, por estatuto, es una alianza defensiva, no ofensiva —como demostró su papel limitado en las guerras de Irak (2003) y Afganistán (2001), donde llegó tarde para misiones de reconstrucción—. Sin embargo, Trump insiste en que la organización “debe estar presente” en conflictos como el actual, aunque sea para “aprender a defenderse solos”.
“Un tigre de papel sin EE.UU.”: la amenaza que resquebraja el artículo 5
El ataque más virulento llegó cuando Trump calificó a la OTAN de “tigre de papel” y advirtió: “Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarles”. Una frase que dinamita el artículo 5 del tratado —la cláusula de defensa mutua que activó por primera (y única) vez tras el 11-S— y que, según expertos, podría incentivar a Rusia a probar los límites de la alianza. El punto álgido se alcanzó cuando, en una entrevista, confirmó que está “más que considerando” abandonar el bloque, una decisión que requeriría un proceso de un año pero que, de concretarse, desactivaría el paraguas nuclear estadounidense sobre Europa.
El secretario de Estado, Marco Rubio, avivó el fuego al anunciar que Washington “reevaluará el valor de la OTAN” tras las restricciones impuestas por aliados como España, Italia y Alemania al uso de sus bases. “La OTAN se ha convertido en una calle de sentido único: EE.UU. defiende a Europa, pero cuando necesitamos apoyo, nos niegan derechos de base y sobrevuelo”, denunció. ¿El precedente? En 2019, Turquía bloqueó el acceso a su espacio aéreo para operaciones contra el Estado Islámico, forzando a EE.UU. a rediseñar rutas.
Europa en jaque: entre la diplomacia y el “plan soñado” de Putin
Ante el tsunami trumpista, los líderes europeos intentan mantener la calma. El presidente francés, Emmanuel Macron, respondió con un mensaje contundente: “Las alianzas valen por lo que no se dice”, en referencia a la confianza que sustenta el artículo 5. “Cuando se firma un acuerdo, hay que estar a la altura”, exigió, recordando que la OTAN ha intervenido 7 veces desde su fundación (desde Bosnia en 1995 hasta Libia en 2011). Mientras, el primer ministro polaco, Donald Tusk, alertó de que las amenazas de Trump —sumadas a su relajación de sanciones al petróleo ruso— son el “plan soñado” de Vladimir Putin, cuyo objetivo estratégico es dividir la OTAN.
Alemania, uno de los socios más atlánticos, mostró “preocupación” pero confía en que la salida de EE.UU. “puede evitarse”. “El compromiso de los aliados debe hacer recapacitar a Washington”, declaró el ministro de Exteriores, Johann Wadephul. Sin embargo, el fantasma de un Europa desprotegida planea: sin el escudo nuclear estadounidense, países como Polonia o los bálticos quedarían expuestos a la presión rusa. ¿El dato clave? EE.UU. aporta el 70% del gasto militar de la OTAN, según datos de 2023.
Rutte, el “bomberos” de la OTAN: ¿Podrá apaciguar a Trump?
En medio del caos, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, emerge como figura clave. Criticado por algunos europeos por su alineamiento con Washington, el ex primer ministro neerlandés ha logrado hasta ahora desactivar ultimátums con una estrategia de apaciguamiento: ceder en lo secundario para ganar en lo esencial. Ejemplo: el preacuerdo sobre Groenlandia, donde Rutte evitó una crisis con Dinamarca al proponer modernizar la cooperación en seguridad sin cuestionar la soberanía danesa.
Su próxima misión es casi imposible: viajará la semana que viene a Washington para reunirse con Trump y “aliviar tensiones”. La OTAN insiste en que el encuentro estaba “planificado desde hace meses”, pero el contexto no podría ser más explosivo. ¿Su arma? Recordar que, pese a los roces, Trump logró en la cumbre de La Haya (2023) que los 32 aliados —España con matices— se comprometan a destinar el 5% de su PIB a defensa en una década, un récord histórico.
Sin embargo, el historial de Trump con la OTAN no invita al optimismo. Desde su llegada al poder en 2017, ha cuestionado abiertamente su utilidad, arrivaldo a calificarla de “obsoleta” en 2018. Su obsesión por el gasto militar —exigió a Alemania pagar US$1 billón por “protección”— choca con la realidad: solo 7 países (de 32) cumplen hoy el objetivo del 2% del PIB en defensa. ¿La pregunta del millón? Si Trump cruza el Rubicón y activa la salida, ¿quién llenará el vacío de seguridad en Europa?
El precedente que aterroriza a Europa: cuando De Gaulle expulsó a la OTAN de Francia (1966)
La amenaza de Trump de abandonar la OTAN no es la primera grieta grave en la alianza, pero evoca el fantasma de 1966, cuando el presidente francés Charles de Gaulle sacudió los cimientos del bloque al retirar a Francia del mando militar integrado y expulsar a las tropas extranjeras —incluidas 26.000 estadounidenses— de su territorio. El paralelo es inquietante: como Trump, De Gaulle justificó su decisión con un discurso de «soberanía nacional», acusando a la OTAN de ser un «caballo de Troya» para la influencia de Washington. La diferencia clave: Francia no abandonó el tratado, solo su estructura de mando, pero el daño fue profundo. La OTAN tuvo que trasladar su cuartel general de París a Bruselas en menos de un año, en una operación que costó $200 millones (equivalente a $1.800 millones hoy).
El caso francés demuestra que, incluso sin una salida formal, un socio clave puede desactivar la operatividad de la alianza. Tras 1966, la OTAN perdió acceso a 78 bases aéreas y 13 puertos militares en Francia, lo que debilitó su capacidad de respuesta durante la Guerra Fría. Peor aún: la decisión de De Gaulle inspiró movimientos neutralistas en otros países. En 1974, Grecia retiró sus fuerzas del mando integrado (aunque regresó en 1980), y España, bajo Felipe González, redujo su participación en los 90 alegando «no alineamiento». El histórico analista de defensa Stanley Sloan advirtió en 2019 que, si EE.UU. sigue los pasos de De Gaulle, Europa podría enfrentar un «colapso en cascada»: sin el paraguas nuclear estadounidense, países como Polonia, Rumanía o los Estados bálticos —que dependen al 100% de la disuasión de la OTAN— tendrían menos de 72 horas para negociar acuerdos bilaterales con Rusia antes de quedar expuestos.
| Crisis histórica | País | Año | Impacto en la OTAN |
|---|---|---|---|
| Expulsión de bases | Francia | 1966 | Traslado de HQ a Bruselas; pérdida de 78 bases |
| Retirada del mando | Grecia | 1974 | Debilitamiento en el flanco sur durante la Guerra Fría |
| Reducción de participación | España | 1990s | Limitaciones en ejercicios conjuntos en el Mediterráneo |
¿Repetirá Europa el error de 1966: subestimar las consecuencias?
El riesgo ahora es mayor: en 1966, la URSS aún no había desplegado sus misiles SS-20 (que llegaron en 1977), y Europa occidental contaba con 300.000 tropas estadounidenses en su suelo. Hoy, con Rusia modernizando su arsenal hipersónico y China acechando en el Indo-Pacífico, una salida de EE.UU. dejaría a la OTAN con solo 3 submarinos nucleares británicos como disuasión creíble. La pregunta que nadie se atreve a responder: ¿Están los europeos dispuestos a pagar el precio de una defensa autónoma? En 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, Alemania tardó 10 días en autorizar el envío de cascos a Kiev. Sin Washington, cada decisión sería así: lenta, burocrática y, posiblemente, tarde.