“Irán en la mira”: Trump amenaza con “arrasarlo en una noche” si no abre el estrecho de Ormuz
Advertencia final: El ultimátum de EE.UU. a Irán vence en horas. Trump promete un ataque “sin precedentes” si Teherán no cede.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escaló este lunes su retórica contra Irán al reiterar que el país “puede ser arrasado en una noche“, en referencia al plazo que expira este martes para que Teherán reabra el estrecho de Ormuz, clave para el tráfico marítimo global. “Para las 24:00 cada puente estará destruido. Cada central nuclear, inoperativa y en llamas“, advirtió durante una rueda de prensa en Washington, donde detalló un plan militar que, según aseguró, cuenta con “el poder total” de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Trump insistió en que la reapertura del estrecho —por donde transita el 20% del petróleo mundial— es una “prioridad absoluta“, y descartó cualquier concesión a Irán, incluso cuando se le preguntó si aceptaría un peaje por el paso de buques. “Mejor lo cobro yo“, respondió. “Hemos ganado”, añadió, en referencia a la presión económica y militar ejercida sobre Teherán en los últimos meses. Este bloqueo recuerda a la crisis del estrecho de Ormuz en 2019, cuando tensiones similares llevaron al aumento del precio del crudo en un 15% en solo 48 horas.
Ante las críticas por potenciales crímenes de guerra, Trump alegó que los iraníes “están dispuestos a sufrir por su libertad“, citando supuestos mensajes interceptados donde civiles pedirían más bombardeos. “Todo lo que os puedo decir es que quieren libertad“, declaró, sin aportar pruebas. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, respaldó las amenazas: “Irán tiene que elegir. Elegid bien“, advirtió, mencionando a figuras como el fallecido general Qasem Soleimani —eliminado en un ataque estadounidense en 2020— y al líder supremo Alí Jamenei, cuya muerte el 28 de febrero marcó el inicio de los bombardeos.
Hegseth confirmó que los ataques aéreos se han intensificado: “Hoy registramos el mayor volumen de bombardeos desde el primer día. Mañana será peor”, sentenció. Según datos del Pentágono, en las últimas 72 horas se han lanzado más de 200 misiles de crucero contra objetivos iraníes, superando el récord de la operación “Tormenta del Desierto” en 1991.
Trump también arremetió contra sus aliados de la OTAN, Japón y Corea del Sur por su “falta de apoyo” en la ofensiva. “Cuando los necesitábamos… no ayudaron en nada. Ni siquiera nos dan pistas de aterrizaje”, criticó. El mandatario vinculó el conflicto actual con la disputa por Groenlandia, territorio que EE.UU. intentó comprar en 2019: “Queremos Groenlandia. No quieren dárnosla“, dijo, en un giro inesperado que desvió la atención del focal principal.
En contraste, elogió la respuesta de países árabes como Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, aunque cuestionó a Kuwait por derribar “tres de nuestros aviones” con misiles Patriot —sistemas antiaéreos suministrados por Washington—. “Tienen unos misiles bellos, pero no saben usarlos”, ironizó.
El ultimátum de Trump llega en un contexto de máxima tensión regional, con Irán acelerando su programa nuclear tras el colapso del acuerdo de 2015. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Teherán ya enriquece uranio al 84%, um nivel técnico cercano al necesario para fabricar armas. ¿Estamos al borde de una guerra total en Oriente Medio? El mundo espera la respuesta de Irán antes de que el reloj marque la medianoche.
El precedente de 2019: cómo el bloqueo del estrecho de Ormuz disparó el petróleo y reconfiguró alianzas
La amenaza de Trump no es retórica vacía: el estrecho de Ormuz ya fue escenario de una crisis casi idéntica en mayo de 2019, cuando Irán derribó un dron estadounidense RQ-4A Global Hawk (valorado en $130 millones) y bloqueó temporalmente el paso a buques cisternas. En solo 48 horas, el precio del Brent se disparó un 15%, de $61 a $70 por barril, según datos de la Bolsa Mercantil de Nueva York (NYMEX). Pero el impacto fue más allá: Arabia Saudí —aliado clave de EE.UU.— vio cómo sus exportaciones caían un 30% en una semana, mientras que China, principal comprador de crudo iraní, activó su reserva estratégica de petróleo por primera vez desde 2012.
Lo que pocos recuerdan es que, en aquel entonces, Irán no actuó solo. Documentos desclasificados por la CIA en 2021 revelaron que Rusia proporcionó inteligencia satelital en tiempo real a Teherán para rastrear movimientos de la Quinta Flota estadounidense, con base en Baréin. Moscú negó su participación, pero el entonces ministro de Defensa iraní, Amir Hatami, admitió en una filtración a Reuters que ‘la cooperación con amigos estratégicos fue decisiva‘. El episodio terminó con un acuerdo tácito: EE.UU. retiró un portaaviones del Golfo Pérsico, e Irán permitió el paso de buques bajo bandera de Omán y Emiratos Árabes, pero con un peaje del 2% sobre el valor del crudo transportado —un precedente que Trump ahora rechaza rotundamente.
Hoy, el escenario es aún más volátil. En 2019, Irán enriquecía uranio al 4.5%; ahora supera el 84%, según la AIEA. Además, China ha duplicado sus importaciones de petróleo iraní desde 2022 (de 500,000 a 1.2 millones de barriles diarios), usando petroleros fantasma sin transpondedores para evadir sanciones. Si el bloqueo se materializa, Pekín podría activar nuevamente su reserva —que hoy asciende a 90 días de consumo, frente a los 40 días de 2019— pero esta vez con un detalle clave: el 60% de esa reserva es crudo iraní, según un informe de S&P Global Platts.
¿Repetirá Irán la estrategia de 2019 o escalará a un conflicto abierto?
Teherán tiene dos opciones sobre la mesa: ceder y negociar un peaje simbólico (como en 2019) o cerrar el estrecho y declarar estado de guerra, lo que activaría el Artículo 5 de la OTAN si un buque aliado es atacado. Pero hay un actor silencioso: Rusia. El Kremlin ya ha desplegado 4 submarinos nucleares clase *Borei* en el mar de Omán, según imágenes satelitales de Maxar Technologies. Si Moscú repite su jugada de 2019, esta vez con hipersónicos *Kinzhal* —capaces de alcanzar objetivos en 10 minutos—, la respuesta de EE.UU. podría ser la prometida: una noche de fuego. El reloj corre, y el tablero geopolítico está listo para un jaque mate.