Ángel Di María con rostro de frustración tras fallar un remate en la Copa Libertadores 2024, rodeado de compañeros

Di María: 26 remates, 0 goles y una noche de bronca en su regreso épico a la Libertadores

Regreso con sabor agridulce: Ángel Di María vivió una noche de contrastes en el Gigante de Arroyito. 26 remates y cero goles en su vuelta a la Copa Libertadores, 20 años después de su debut, dejaron al crack entre la ovación inicial y la frustración final.

Angel Di María vibró al ingresar al estadio, envuelto en el cariño de una hinchada que lo idolatra. Pero dos horas más tarde, el Fideo se retiró con el ceño fruncido: Rosario Central, su equipo del alma, desperdició 26 oportunidades claras (entre remates y cabezazos) y no pudo doblarle la mano a Independiente del Valle, que jugó 30 minutos con 10 jugadores tras la expulsión de Júnior Sornoza. El 0-0 quedó como un dato menor en el Grupo H, pero la sensación fue de oportunidad perdida. Para Di María, este partido marcó su regreso a la competición que lo vio nacer como figura internacional: su último duelo en la Libertadores había sido el 12 de abril de 2006, una derrota 2-1 ante Atlético Nacional en Medellín, cuando tenía apenas 18 años y jugaba bajo las órdenes de Leonardo Astrada.

El equipo ecuatoriano, acostumbrado a brillar en escenarios internacionales —pese a su juventud institucional—, dominó los primeros compases. Con un juego asociativo y vertical, incomodó a una defensa centralista que lució descoordinada y lenta en las marcaciones. Un disparo desde segunda línea de Jordy Alcívar puso a prueba los reflejos de Gastón Ledesma, el arquero argentino que se convirtió en la figura excluyente del partido. Minutos después, Layan Loor también probó suerte, pero el meta respondió con una atajada clave. Central, mientras tanto, falló en la última pasada: un remate de Enzo Giménez se fue alto, y Cocoliso González —ex Newell”s— desperdició una chance clara bajo los tres palos.

Wilmar Roldán expulsa a Junior Sornoza, en un momento de tensión en ArroyitoMARCELO MANERA – AFP

Di María, recuperado de una lesión en el aductor izquierdo que lo tuvo en duda hasta última hora, saltó al césped con la emoción a flor de piel. El Gigante de Arroyito, inaugurado en 1926 y símbolo de la identidad canalla, lo recibió con una fiesta que lo transportó a sus inicios. El 38 años del crack no opacaron su clase: cada vez que tocó el balón, el estadio contuvo la respiración. Su participación en la Libertadores con Central es un sueño postergado. “Me gustaría jugar la Libertadores. La jugué una sola vez, pero era muy chico y no pude vivirla tanto“, había confesado en enero de 2024, cuando aún negociaba su regreso al club. Ahora, con la camiseta de los 110 años del estadio, el deseo se hizo realidad, pero el resultado no acompañó.

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Di María, emocionado, en el ingreso al estadioMARCELO MANERA – AFP

Su última participación en el torneo continental había sido en 2006, en un equipo dirigido por Astrada que quedó eliminado en fase de grupos. Desde entonces, Di María conquistó una Champions League, una Copa América y un Mundial con Argentina, pero la Libertadores siempre quedó pendiente. “Sería un sueño ganarla con Central. Pero ganar la Libertadores ya no es un sueño… sería algo que pasaría por encima de ese sueño. Sería algo histórico, inolvidable para terminar mi carrera. El mejor broche final“, declaró meses atrás. Anoche, sin embargo, la historia no quiso sonreírle: sus compañeros, como Alejo Véliz, fallaron en tres ocasiones seguidas, incluyendo un gol anulado por offside y un tiro libre del propio Di María que se estrelló en el travesaño.

Central, que llega a este partido como uno de los equipos en forma del Torneo Apertura argentino (4° puesto con 21 puntos en 12 fechas), chocó contra un Independiente del Valle líder en Ecuador (16 puntos en 7 partidos). La expulsión de Sornoza —tras un manotazo a Nahuel Ovando— le dio aire al equipo rosarino, que dominó el tramo final con Di María como cerebro por la banda derecha, Campaz desbordando por izquierda y Ibarra como box-to-box incansable. Pero la falta de puntería fue letal: 26 remates (récord en lo que va del torneo) y ninguna conversión. Para colmo, en el epílogo, un contraataque ecuatoriano casi les da el triunfo a los visitantes.

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¿Qué le queda al Fideo? Con la Copa Libertadores como obsesión declarada, Di María sabe que el margen de error es mínimo. Central deberá ganar sus próximos dos partidos en el grupo para no depender de otros resultados. El tiempo apremia, y el sueño de alzar la orejonas con la camiseta que lo vio nacer tiene fecha de vencimiento. Anoche, entre el aplauso y el silencio, quedó claro: la magia del Fideo ya no alcanza si sus compañeros no acompañan. La copa más linda de América no perdona.

El fantasma de 2006: cuando Di María ya sufrió la maldición de los remates fallidos en la Libertadores

La noche del 12 de abril de 2006 no solo marcó el último partido de Ángel Di María en la Copa Libertadores antes de su regreso épico, sino que también dejó una herida abierta que 20 años después sigue sin cerrarse. En el estadio Atanasio Girardot de Medellín, un Rosario Central dirigido por Leonardo Astrada —con un Di María de 18 años y apenas 3 partidos como profesional— cayó 2-1 ante Atlético Nacional en un duelo que selló su eliminación en fase de grupos. Lo llamativo: ese equipo *canalla* registró 19 remates (14 dentro del área) y solo convirtió 1 gol, un guión que se repitió con cruel precisión en el 0-0 ante Independiente del Valle. La historia, una vez más, castigó con la misma moneda: dominio estéril y frustración colectiva.

El paralelo con el presente es escalofriante. En 2006, Di María compartió delantera con César Carignano (máximo goleador histórico de Central, con 111 goles), quien desperdició 3 chances claras en ese partido contra los *verdolagas*. Anoche, fue Alejo Véliz —figura del equipo con 5 goles en el Apertura 2024— quien falló en dos definiciones mano a mano y tuvo un gol anulado por offside. Incluso el arquero rival, Jorge Pinos (Indepediente del Valle), repitió el papel de Faryd Mondragón en 2006: ambos atajaron 6 remates de alta peligrosidad en sus respectivos partidos. Pero hay un dato aún más revelador: en aquella Libertadores, Central promedió 17 remates por partido en sus 6 presentaciones, pero solo anotó 7 goles (1.17 por encuentro). La estadística de anoche (26 remates, 0 goles) no es una anomalía, sino un patrón histórico que persigue al club en el torneo.

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El contexto agrava el fantasma. En 2006, el equipo de Astrada llegó a la Libertadores tras un subcampeonato en el Clausura 2005, pero arrastraba una sequía de 10 partidos sin ganar en competiciones internacionales. Hoy, el Central de Miguel Ángel Russo —con Di María como estandarte— acumula 3 empates seguidos en el Grupo H y solo 2 victorias en sus últimos 8 cruces ante equipos ecuatorianos. La diferencia es que, esta vez, el Fideo no es un adolescente: es un campeón del mundo que sabe que el reloj corre en contra. Su declaración en enero de 2024 —*”ganar la Libertadores sería el mejor broche final”*— ahora suena a advertencia urgente.

Estadística Libertadores 2006 (vs. Atlético Nacional) Libertadores 2024 (vs. Independiente del Valle)
Remates totales 19 (14 al arco) 26 (11 al arco)
Goles convertidos 1 (de penal) 0
Jugador clave fallido César Carignano (3 chances) Alejo Véliz (2 mano a mano + 1 anulado)
Contexto previo Subcampeón en Clausura 2005 4° en Apertura 2024 (21 pts en 12 fechas)

¿Y si la maldición no es casualidad, sino un espejo?

Di María tiene 6 partidos para exorcizar el fantasma de 2006, pero el calendario no perdona: Central visita a Liverpool de Uruguay (líder invicto del grupo) y cierra ante Independiente del Valle en Quito, donde nunca ganó. El Fideo sabe que, en 2006, el equipo se desmoronó psicológicamente tras el 2-1 en Medellín y perdió los dos siguientes. Hoy, con 38 años y una rodilla que ya no responde como antes, no hay margen para otro error. La pregunta que nadie se atreve a hacer en voz alta es: ¿y si la Libertadores, otra vez, se le escapa entre los dedos?.

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