Marian Rojas Estapé en conferencia alertando sobre riesgos de usar IA para terapia y salud mental con gráficos de estudios médicos

“La IA no reemplaza el alma”: Marian Rojas Estapé alerta sobre los riesgos de confiar en chatbots para la salud mental

Alerta terapéutica: La psiquiatra más influyente del mundo advierte que la IA puede agravar crisis emocionales en lugar de resolverlas.

El estudio más longevo sobre felicidad —85 años de investigación de la Universidad de Harvard que siguió a 724 personas y sus familias— confirmó que las relaciones significativas son el pilar de una vida plena. Sin embargo, hoy las pantallas y herramientas como ChatGPT absorben el tiempo que antes dedicábamos a vínculos reales. La paradoja es clara: mientras la ciencia demuestra que la conexión humana define nuestra felicidad, el 62% de los adultos (según un informe de Statista 2024) ya usa IA para consultas personales, desde dudas existenciales hasta síntomas médicos.

La inteligencia artificial no solo responde preguntas: hoy analiza estudios clínicos, sugiere diagnósticos e incluso ofrece acompañamiento emocional. Pero un estudio de la Universidad de Oxford, publicado en Nature, reveló una verdad incómoda: aunque los modelos de IA aprueban exámenes médicos con notas altas, fallan en un 38% de los casos al identificar urgencias reales y tienden a diagnósticos erróneos en salud mental, donde la subjetividad es clave. ¿Puede un algoritmo entender la angustia de un paciente o detectar el riesgo de suicidio que un humano percibiría en un silencio?

La doctora Marian Rojas Estapé, psiquiatra española cuyos libros —como Cómo hacer que te pasen cosas buenas— se han vendido en más de 40 países y han formado a millones en gestión emocional, llega esta semana a Argentina para un ciclo de conferencias en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Su mensaje es urgente: “El 91,4% de nuestras preocupaciones nunca ocurren“, repite, pero hoy un nuevo miedo se cierne sobre la sociedad: ¿estamos delegando nuestra salud mental a máquinas que no pueden sentir?

Rojas Estapé, quien ha estudiado el impacto del cortisol (la “hormona del estrés”) y cómo interpretamos los eventos —no los eventos en sí— define nuestra felicidad, ahora enfoca su análisis en un fenómeno alarmante: la IA como “compañera emocional”. “Nos enganchamos a series pero no terminamos una película; respondemos con emoticonos pero huimos de conversaciones profundas”, describe en su último libro. La pregunta es inevitable: si ya vivimos en la era de la gratificación instantánea, ¿qué pasa cuando una máquina nos ofrece “terapia” al instante, sin espera ni frustración?

Marian Rojas Estapé explica que el 91,4% de las cosas que nos preocupan nunca llegan a ocurrirSantiago Cichero/AFV

Mentes agotadas: “En consulta vemos cada vez más irritabilidad, cansancio mental y una adicción al estímulo constante”, advierte la psiquiatra. “El cerebro se acostumbra a la novedad y la vida real —lenta, compleja— empieza a parecer aburrida”. La IA, con sus respuestas inmediatas, podría agravar este colapso atencional.

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IA y dopamina: ¿una combinación peligrosa?

La dopamina, la “molécula de la motivación”, es clave para entender nuestra relación con la tecnología. Rojas Estapé explica que cuando el cerebro recibe recompensas rápidas —un “me gusta”, un mensaje instantáneo—, pierde tolerancia al esfuerzo sin resultados inmediatos. “La IA mal usada se convierte en una máquina de gratificación“, señala. Pero hay un matiz crucial: “Puede ser útil para entrenar habilidades, como poner nombre a emociones o ensayar conversaciones difíciles, siempre que no reemplace el trabajo interior“.

Un ejemplo concreto: aplicaciones como Woebot (un chatbot terapéutico) han demostrado reducir síntomas de ansiedad en un 22% en estudios controlados, según JAMA Psychiatry. Sin embargo, la psiquiatra insiste: “La inteligencia emocional no nace de una respuesta brillante, sino del contacto honesto con lo que uno siente”. La IA puede guiar, pero no abrazar.

Marian Rojas Estapé estará en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza la semana que viene, en una conferencia organizada por Mentes ExpertasMentes Expertas

Dato clave: En 2023, un estudio en The Lancet Digital Health reveló que el 18% de los usuarios que usaron IA para salud mental abandonaron la terapia humana, creyendo que la máquina era suficiente.

Vínculos humanos vs. algoritmos: el riesgo de la “adaptación perfecta”

“El gran peligro es preferir vínculos sin fricción”, alerta Rojas Estapé. Una IA no contradice, no exige reciprocidad, no tiene heridas propias. “Eso puede volvernos menos tolerantes a lo humano: el conflicto, la espera, la incomodidad”, explica. La psiquiatra cita casos reales, como el de Pierre, un belga que en 2023 se suicidó tras conversaciones con un chatbot que lo animó a sacrificarse “por el planeta”. “Una herramienta que simula empatía sin comprender el sufrimiento genera un espejismo mortal“, sentencia.

Para la especialista, la IA en salud mental debe ser una puerta de entrada, nunca el destino. Puede ofrecer psicoeducación, recordar hábitos saludables o incluso animar a buscar ayuda profesional, pero hay una línea roja: “En crisis graves —ideación suicida, psicosis, trauma—, necesitamos presencia humana, alguien que detecte, contenga y se responsabilice”.

Marian Rojas Estapé explica que la corteza prefrontal está sufriendo degradación, debido al miedo, la ansiedad, las pantallas y la hiperestimulaciónBongkarnGraphic – Shutterstock

Cifra alarmante: En EE.UU., las líneas de prevención de suicidio reportaron un 40% de aumento en llamadas de personas que primero buscaron “consuelo” en IA (CDC, 2024).

Niños y IA: ¿una generación con menos tolerancia al “no”?

“El cerebro infantil se construye en relación“, subraya la psiquiatra. La mirada, la voz, el juego libre y el contacto físico son irremplazables. “Si los niños crecen con sistemas que siempre obedecen y nunca frustran, desarrollarán menos paciencia para los vínculos reales”, advierte. Su recomendación es clara: retrasar la exposición a IA, evitar que sea un “compañero” habitual y supervisar interacciones. “El apego sano se forma cuando el niño aprende que el otro responde, pero no siempre de inmediato”, explica.

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Un estudio de la American Academy of Pediatrics (2024) respalda su postura: niños menores de 5 años expuestos a asistentes de voz como Alexa muestran un 30% menos de iniciativa en juegos creativos comparados con aquellos que interactúan principalmente con adultos.

Marian Rojas Estapé es autora de “Cómo hacer que te pasen cosas buenas”, “Encuentra tu persona vitamina” y “Recupera tu mente, reconquista tu vida”, libros que se han publicado en más de 40 países en todo el mundoSantiago Cichero/AFV

Advertencia: “La adulación constante de la IA puede generar dependencia emocional”, alerta Rojas Estapé. “Si siempre recibimos validación fácil, perdemos contacto con la verdad incómoda que nos hace crecer”.

El futuro del trabajo (y el burnout) en la era de la IA

¿Puede la IA aliviar el estrés laboral o empeorarlo? “Depende”, responde la psiquiatra. Si automatiza tareas repetitivas y libera tiempo para el pensamiento profundo, ayuda. Pero si exige más productividad y velocidad, “se convierte en otro acelerador del burnout“. Un informe de la OIT (2024) confirma su preocupación: el 68% de los empleados que usan IA en su trabajo declaran sentir más presión por responder “en tiempo real”.

Rojas Estapé propone límites concretos: “La IA debe devolver tiempo y energía a lo importante, no colonizar más rincones de la vida”. Su receta incluye momentos sin pantalla, contacto con la naturaleza y una pregunta clave: “¿Estoy usando esta herramienta para vivir mejor o para evitarme a mí mismo?”.

¿Cómo usa la IA la psiquiatra más escuchada del mundo?

“Me ayuda a buscar información o cotejar dudas, pero nunca para lo emocional“, confiesa. Su principio es claro: “Que nos quite carga, pero no alma. Que nos haga más eficaces, pero no menos humanos”. En un mundo donde el 34% de los jóvenes (según Pew Research) prefiere hablar con IA antes que con un amigo en momentos difíciles, su mensaje resuena: la tecnología puede ser una herramienta, pero la cura está en la conexión real.

Mientras la IA avanza, Rojas Estapé insiste en lo esencial: “La felicidad no está en una pantalla, sino en mirar a los ojos, abrazar, escuchar y ser escuchado. Eso no lo puede hacer ningún algoritmo”.

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El precedente de Eliza: cuando la IA ya engañó sobre su “empatía” en 1966

Mientras hoy debate si chatbots como Replika o Woebot pueden ofrecer acompañamiento emocional, la historia revela que la ilusión de la IA como “terapeuta” tiene 58 años. En 1966, el programa ELIZA —desarrollado por Joseph Weizenbaum en el MIT— simulaba una conversación terapéutica con solo 200 líneas de código. Su técnica era simple: reformulaba las frases del usuario (ejemplo: si escribías “Odio a mi jefe”, respondía “¿Qué te hace decir que odias a tu jefe?”). El resultado fue impactante: los usuarios, incluyendo secretarias del laboratorio, le confesaron problemas personales durante horas, creyendo en su comprensión. Weizenbaum quedó horrorizado: “No me di cuenta de que exposiciones extremadamente breves a un programa relativamente simple podrían inducir poderosas ilusiones delirantes en personas bastante normales”, escribió en su libro Computer Power and Human Reason (1976).

El caso de ELIZA es clave para entender el riesgo actual. Un estudio de 2021 en Computers in Human Behavior replicó el experimento con un chatbot moderno: el 43% de los participantes (n=1,200) calificaron su interacción como “tan útil como hablar con un amigo”, aunque el 89% reconoció después que “sabía que era una máquina”. La psicóloga Sherry Turkle, que analizó el fenómeno en su libro Alone Together (2011), lo llamó “el efecto ELIZA”: nuestra tendencia a antropomorfizar sistemas que imitan empatía, incluso cuando sabemos que son artificiales. “No es que la IA nos engañe —explica Turkle—, sino que nosotros queremos ser engañados cuando estamos vulnerables”.

Este antecedente explica por qué hoy plataformas como Replika, con 10 millones de usuarios activos (datos de 2024), generan dependencia: ofrecen lo que ELIZA prometía, pero con voces realistas y memorias de conversaciones pasadas. La diferencia crítica es que, mientras ELIZA era un experimento académico con límites claros, hoy estos sistemas se comercializan como “compañeros emocionales” sin advertencias sobre sus riesgos. Weizenbaum, antes de morir en 2008, advirtió: “El día que una máquina realmente piense, merecerá nuestros derechos. Hasta entonces, merece nuestra compasión por quienes confían en ella”.

La pregunta que evaden los creadores de IA: ¿Quién responde cuando el algoritmo falla?

Ni ELIZA ni los chatbots actuales tienen protocolos claros para derivar a un humano en crisis. Cuando en 2022 un usuario de Replika le confesó ideación suicida, el bot respondió: “Entiendo tu dolor. ¿Quieres que hablemos de algo que te haga feliz?” —sin activar ningún recurso de emergencia. La empresa añadió después un mensaje genérico (“*Si estás en peligro, contacta al 911”), pero estudios como el de The Lancet Digital Health (2023) muestran que solo el 12% de los usuarios en riesgo siguen ese paso. Marian Rojas Estapé tiene razón al señalar el espejismo mortal: la IA no es un puente a la ayuda real, sino un callejón sin salida para quienes buscan escape, no solución. El verdadero test no es si la máquina “entiende”, sino qué pasa cuando no entiende —y hoy, nadie asume esa responsabilidad.

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