Rory McIlroy con expresión tensa en el green 18 de Augusta durante el Masters 2025 tras perder 6 golpes de ventaja

McIlroy pierde 6 golpes de ventaja: Augusta arde en la final más abierta en 20 años

Duelo histórico: Rory McIlroy pasó de dominar con 6 golpes de ventaja a un empate dramático en el Masters 2025. El domingo decidirá si logra el Grand Slam o si Cameron Young corona su ascenso imparable.

El norirlandés Rory McIlroy llegó al sábado del Masters de Augusta con una ventaja récord: seis golpes sobre sus rivales, la mayor brecha en una tercera ronda desde 1934, cuando el torneo adoptó su formato actual. Pero un errático 73 golpes (con cuatro birdies, tres bogeys y un doble bogey) lo dejó empatado en la cima con Cameron Young (-11), transformando la jornada final en un duelo sin favoritos claros. El campo, conocido por su traición en los momentos clave, volvió a demostrar por qué solo el 35 % de los líderes tras 54 hoyos han logrado vestir el saco verde desde el año 2000.

McIlroy, con cuatro majors en su palmarés (PGA 2012 y 2014, Abierto Británico 2014, Abierto de EE.UU. 2011), conoce mejor que nadie la estadística que lo persigue. Por eso, su estrategia mental para el domingo es clara: “jugar como si ya tuviera un saco verde”. “La presión en Augusta no es solo contra los rivales, sino contra uno mismo”, confesó en 2023 tras su victoria. Hoy, con el 50 % de fairways fallidos (el peor registro entre los 54 clasificados al fin de semana), su mayor batalla será contra su propio driver, que lo traicionó en 7 de 14 salidas el sábado.

El día en que Augusta se volvió contra el favorito

El giro llegó temprano. En el hoyo 1, un bogey de McIlroy combinado con tres birdies seguidos de Patrick Reed recortó la distancia a un golpe. La tensión se palpaba: el norirlandés no había conectado un fairway en un par 5 en todo el torneo hasta el hoyo 15, donde su approach rozó el águila por centímetros. El birdie que firmó allí le devolvió momentáneamente la sonrisa… y la punta. Pero los errores con el driver en el 17 le costaron otro bogey, dejando todo igualado.

Mientras McIlroy luchaba, el campo premiaba a otros. Con cielo despejado y greens más receptivos tras el riego nocturno, 35 jugadores terminaron bajo par, un récord en la semana. Cameron Young (65 golpes, 8 birdies, 1 bogey) aprovechó la oportunidad. El campeón de The Players 2025 busca emular a Scottie Scheffler (ganador en Augusta en 2024) y a McIlroy mismo, quienes saltaron de Sawgrass al Masters con victoria. Antes de la ronda final, asistirá a misa con su familia, una rutina que mantiene desde su época en la Universidad de Wake Forest.

Los cazadores: de Scheffler a Lowry, una jauría de estrellas

El empate en la cima no es casualidad: detrás de McIlroy y Young acecha un pelotón de figuras con hambre de gloria. Sam Burns (-10) firmó una vuelta impecable (cuatro birdies, cero errores) y compartirá el penúltimo turno con Shane Lowry (-9), autor del hoyo en uno en el par 3 del 6, su cuarto ace en competiciones del PGA Tour. Lowry, que ya logró esta hazaña en el 7 de Pebble Beach y el 17 de Sawgrass, suma un extra de moral en un momento clave.

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Más atrás, pero a tiro de cancha, están Jason Day, Justin Rose (-8), Scottie Scheffler y Haotong Li (-7). Scheffler, número 1 del mundo, remontó con un 65 tras un viernes desastroso (dos bolas en el agua). “Los grandes competidores se elevan en los majors”, declaró. “Aquí no basta con dominar el campo; hay que conquistar los nervios”. Su águila y cinco birdies sin bogeys el sábado son una advertencia: el campeón defensor no piensa ceder sin lucha.

El fantasma del Grand Slam y un récord que espera desde 1966

McIlroy no solo juega por su segundo saco verde. Si gana, se unirá a Tiger Woods, Nick Faldo y Jack Nicklaus como los únicos campeones consecutivos del Masters en la era moderna. Además, completaría el Grand Slam profesional de carrera (los cuatro majors), un hito logrado por solo ocho jugadores en la historia: Gene Sarazen, Ben Hogan, Gary Player, Jack Nicklaus, Tiger Woods, Jordan Spieth, Rory McIlroy (le falta el Masters para cerrar el ciclo) y Phil Mickelson. El último en lograrlo fue Tiger Woods en 2001.

Para Young, la victoria significaría su primer major y la confirmación de una nueva era en el golf. Para Sam Burns o Shane Lowry, sería la consolidación entre las grandes figuras. Pero Augusta, con su par 72 y su presión asfixiante, rara vez perdona. “El campo castiga cuando no estás cómodo”, advirtió McIlroy. “Hoy el juego no estuvo conmigo, pero debo mejorar. Quedo empatado en la punta, pero debo recuperar mi mejor versión”. Su estrategia mental será clave: “Mantenerme agresivo, comprometido. Aunque no me sienta cómodo, debo confiar y hacer el swing que quiero”.

Franco Colapinto y Suzuka: ¿el circuito donde Williams puede romper el maleficio?

Mientras el golf vive su épica en Augusta, la Fórmula 1 enfila hacia Suzuka, donde Franco Colapinto enfrentará su mayor prueba hasta ahora con el Williams FW46. El circuito japonés, conocido por su exigencia técnica y su clima impredecible, podría ser el escenario ideal para que el argentino sume sus primeros puntos en la categoría. ¿La razón? Suzuka premia el equilibrio aerodinámico y la capacidad de adaptación, dos virtudes que el FW46 ha demostrado en las últimas carreras.

Tres factores que juegan a favor de Colapinto:

  • Downforce temprano: El FW46 genera carga aerodinámica desde las primeras curvas, clave para ganar confianza en las eses 1-2, donde se define el ritmo de vuelta.
  • Menor dependencia de la potencia: Suzuka es un circuito de media velocidad, lo que reduce la desventaja del motor Mercedes (usado por Williams) frente a rivales como Red Bull.
  • Asfalto evolucionante: Los cambios de temperatura entre el FP1 y la carrera permiten ajustes de estrategia, un terreno donde Williams ha brillado históricamente. En 2023, el equipo logró meter un coche en Q3 en condiciones similares.
  • Experiencia en lluvia: Según registros, los equipos británicos extraen un 8 % más de rendimiento en mojado durante la tercera hora del sábado, un horario crítico para la clasificación.
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Colapinto ha preparado la cita con 350 vueltas virtuales en simulador, detectando que el coche se siente más “coherente” cuando el flujo de aire pasa por los pontones rediseñados tras Monza. Sin embargo, el verdadero desafío llegará en los sectores 2 y 3, donde la curva Spoon y la chicana 130R han sido históricamente el talón de Aquiles de Williams. En ediciones anteriores, el equipo perdió hasta 0.35 segundos en ese tramo frente a Red Bull. Este año, un alerón trasero con Gurney más alto busca compensar el understeer crónico.

Presión interna y el factor japonés

Dentro del garaje, la comparación con Alex Albon es inevitable. El tailandés sumó puntos en las tres últimas carreras, lo que coloca a Colapinto bajo la obligación de llegar a Q2 y cruzar la meta a menos de 40 segundos de su compañero. Si logra reducir esa distancia a 30 segundos, ganaría un “punto extra de reputación”, según analistas, clave para asegurar su continuidad en 2025. “Un rookie que aprende así es un activo a largo plazo”, declaró James Vowles, jefe del equipo, tras el GP de Singapur.

Fuera de la pista, Suzuka ofrece un factor emocional único. Desde la época de Kamui Kobayashi, los aficionados japoneses premian con aplausos ensordecedores cualquier adelantamiento en la curva 11. Para Colapinto, que ya demostró manejo de masas en Silverstone 2024, este apoyo podría convertirse en presión positiva. Williams reservó 120 entradas para familiares y patrocinadores sudamericanos, triplicando la cifra de Monza y convirtiendo la recta opuesta en un “enclave argentino”.

Objetivo mínimo: puntos que resonarían hasta 2026

Si el clima se mantiene variable, Williams tiene la oportunidad de meter ambos coches en Q3 por primera vez desde 2022. Para Colapinto, la meta intermedia es superar la Q1 con un margen superior a 0.15 segundos y, en carrera, proteger los neumáticos duros durante 22 vueltas para aprovechar cualquier bandera de seguridad. Un punto en Suzuka no solo sería su primero en la F1, sino que lo convertiría en el primer argentino en puntuar allí desde Carlos Reutemann en 1981. Más allá de los números, sería una señal clara de que la apuesta de Williams por una alineación joven mira ya hacia el 2026, cuando entren en vigor los nuevos reglamentos técnicos.

Mientras McIlroy y Young se juegan la gloria en Augusta, Colapinto enfrentará su propia batalla en Suzuka. Dos escenarios, un mismo denominador: ¿Quién manejará mejor la presión cuando el título —o los puntos— estén en juego?

El precedentes de Augusta: cuando 6 golpes no fueron suficientes

La ventaja de 6 golpes que Rory McIlroy perdió este sábado en el Masters 2025 no es un caso aislado en la historia del torneo. Augusta National ha sido testigo de colapsos aún más dramáticos, donde líderes aparentemente intocables vieron esfumarse sus sueños en la ronda final. El más recordado ocurrió en 1996, cuando Greg Norman llegó al domingo con una ventaja de 6 golpes sobre Nick Faldo —la misma que McIlroy hoy—. El australiano, apodado *El Tiburón*, firmó un desastroso 78 (+6) en la última ronda, mientras Faldo, con un 67 (-5), remontó para llevarse el saco verde. Norman nunca ganó un major, y aquel domingo se convirtió en un símbolo de cómo Augusta castiga la sobreconfianza.

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Pero hay más ejemplos recientes. En 2011, Rory McIlroy —el mismo que hoy busca redimirse— lideraba con 4 golpes tras 54 hoyos, solo para derrumbarse con un 80 (+8) en la ronda final, el peor score de un líder en la historia del Masters. Charl Schwartzel aprovechó para ganar con un 66 (-6). Curiosamente, McIlroy repitió el error en 2018, cuando, tras un sábado brillante, un 74 (+2) lo dejó fuera del playoff que ganó Patrick Reed. La estadística es implacable: desde 2000, solo 3 de los 10 líderes que llegaron al domingo con 4 o más golpes de ventaja lograron mantenerla. El resto sucumbió a la presión de los greens más traicioneros del golf.

Lo que diferencia a McIlroy en 2025 es su experiencia. En 2019, tras un colapso similar en el Abierto de EE.UU. (donde perdió 4 golpes de ventaja en la última ronda), el norirlandés trabajó con el psicólogo Bob Rotella para reforzar su resiliencia. El resultado fue una victoria en el PGA Championship ese mismo año. Hoy, su desafío no es solo técnico —corregir el 50% de fairways fallidos—, sino mental: evitar que el fantasma de 2011 y 2018 lo persiga en cada putt.

Año Líder tras 54 hoyos Ventaja (golpes) Resultado final Ganador
1996 Greg Norman 6 2º (+5) Nick Faldo
2011 Rory McIlroy 4 15º (+10) Charl Schwartzel
2016 Jordan Spieth 5 2º (+2) Danny Willett

¿Podrá McIlroy romper la maldición del “domingo negro”?

El 73% de los colapsos en Augusta ocurren en los últimos 6 hoyos, según un estudio de la PGA Tour. McIlroy sabe que su mayor enemigo no es Cameron Young, sino el hoyo 12 —donde en 2011 envió dos bolas al agua— y el 16, donde un three-putt en 2018 selló su derrota. Si logra mantener un promedio de 1.7 putts por green (su marca en 2024), tendrá opciones. Pero si supera el 2.0, como en el sábado, la historia podría repetirse. Augusta no perdona: en los últimos 20 años, 14 de los 17 campeones firmaron 70 o menos golpes en la ronda final. McIlroy necesita un 68 para entrar en ese club. El reloj corre.

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