Irán condiciona el alto el fuego en Líbano a Hezbolá y exige a EE.UU. abandonar su “Israel primero”
Presión diplomática: Irán vincula el cese de hostilidades en Líbano a la “resistencia” de Hezbolá y exige a Washington cambiar su política regional.
El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, declaró este miércoles que un eventual alto el fuego en Líbano será el resultado directo de la “lucha inquebrantable” del grupo chií Hezbolá y de la cohesión del llamado “eje de la resistencia“, la alianza que agrupa a Irán con sus socios regionales en Oriente Próximo. Sus palabras llegan en un contexto de tensiones máximas: los enfrentamientos entre el Ejército israelí y Hezbolá, reactivados desde el 2 de marzo, han dejado cientos de muertos y desplazados en ambos lados de la frontera, según datos de la ONU.
Qalibaf remarcó en un mensaje en redes sociales que “la consecución y consolidación de un alto el fuego general en Líbano será fruto de la resistencia de Hezbolá y de la unidad del eje de la resistencia”. Este bloque, formado en los años 90, incluye a grupos armados como las milicias hutíes de Yemen, facciones en Irak y Siria, y ha sido clave en conflictos como la guerra civil siria (2011-2022) y los enfrentamientos en Gaza. La referencia al “eje” subraya la estrategia iraní de proyectar influencia regional a través de actores no estatales.
El líder parlamentario iraní también dirigió un mensaje contundente a Estados Unidos, instándolo a “cumplir el acuerdo” —en alusión a los diálogos indirectos entre Líbano e Israel— y a abandonar su “errática” política de “Israel primero“. “La Resistencia e Irán son una sola alma, tanto en la guerra como en el alto el fuego”, añadió Qalibaf, reforzando la narrativa de unidad operativa entre Teherán y sus aliados. Desde 1979, Irán ha invertido miles de millones en apoyar a Hezbolá, que hoy cuenta con un arsenal estimado de 150.000 cohetes, según informes de inteligencia occidental.
Las declaraciones de Qalibaf se producen un día después de que delegaciones de Israel y Líbano se reunieran en Washington, tras la sorpresa decisión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de aceptar negociaciones bilaterales. Beirut había insistido durante meses en este formato, pero Israel lo había rechazado hasta ahora, alegando que Hezbolá actúa como un “Estado dentro del Estado” libanés. El giro de Netanyahu coincide con presiones internas por la prolongación del conflicto y el costo humano: más de 300.000 libaneses han sido desplazados desde octubre de 2023, según ACNUR.
Pese al inicio de las conversaciones, Netanyahu ordenó este miércoles al Ejército israelí intensificar operaciones en el sur de Líbano, incluyendo el refuerzo de la “zona de seguridad” y el avance hacia la localidad de Bint Jbeil, ubicada a solo 3 km de la Línea Azul —la frontera demarcada por la ONU en el año 2000 tras la retirada israelí. “Estamos a punto de tomar Bint Jbeil”, afirmó el mandatario, un enclave simbólico por su resistencia durante la guerra de 2006, cuando Hezbolá infligió bajas significativas a las fuerzas israelíes. ¿Podría esta ofensiva sabotear las frágiles negociaciones?
El escenario actual evoca el conflicto de 34 días en 2006, cuando más de 1.200 libaneses y 160 israelíes murieron. Entonces, la ONU aprobó la Resolución 1701 para cesar las hostilidades, pero el acuerdo nunca se implementó plenamente. Hoy, con Hezbolá más armado que en 2006 y Israel en plena crisis política interna, el riesgo de una escalada sin retorno es mayor. Mientras Qalibaf celebra la “resistencia”, Netanyahu apuesta por la presión militar. ¿Logrará la diplomacia imponerse sobre los misiles?
Bint Jbeil: el símbolo de la resistencia de Hezbolá que Israel quiere conquistar (y por qué falló en 2006)
La ofensiva israelí hacia Bint Jbeil, anunciada por Netanyahu, no es casual: esta ciudad libanesa de 30.000 habitantes se convirtió en un mito estratégico tras la guerra de 2006, cuando Hezbolá resistió durante semanas los embates del Ejército israelí, infligiendo 51 bajas a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en una sola batalla (la Batalla de Bint Jbeil, del 24 al 26 de julio de 2006). Aquella derrota táctica —la más sangrienta para Israel en décadas— obligó a las FDI a replantear su doctrina militar y marcó un punto de inflexión en la percepción regional de Hezbolá como fuerza capaz de desafiar al Estado judío.
En 2006, Israel desplegó 10.000 soldados y blindados Merkava para tomar Bint Jbeil, pero se encontró con una red de túneles, francotiradores y misiles Kornet (de fabricación rusa) operados por combatientes de Hezbolá entrenados por la Guardia Revolucionaria Iraní. Según el informe Winograd (2008), la inteligencia israelí subestimó el arsenal del grupo chií, que entonces ya contaba con 12.000 cohetes (hoy superan los 150.000). La resistencia en Bint Jbeil prolongó el conflicto y contribuyó a que la ONU aprobara la Resolución 1701, que exigía el desarme de Hezbolá —algo que nunca ocurrió. Hoy, la ciudad alberga centros de mando subterráneos y es un nodos logístico clave para el grupo, según fuentes de inteligencia citadas por The Washington Post en 2023.
El avance israelí hacia Bint Jbeil en 2024 busca borrar el estigma de 2006, pero enfrenta tres desafíos críticos:
- Terreno conocido por Hezbolá: La ciudad está rodeada de colinas y valles (como el Wadi Saluki), ideales para emboscadas. En 2006, las FDI perdieron 8 soldados en una sola emboscada en esta zona.
- Arsenal mejorado: Hezbolá ahora posee misiles Fateh-110 (alcance de 300 km) y drones Ababil, capaces de eludir los sistemas Cúpula de Hierro israelíes, según un informe de CSIS (2023).
- Presión temporal: Netanyahu necesita una victoria rápida para justificar la ofensiva ante su gabinete de guerra, dividido entre el ministro de Defensa Yoav Gallant (partidario de una solución diplomática) y el ultranacionalista Itamar Ben-Gvir, que exige “destruir Hezbolá”.
¿Repetirá Israel los errores de 2006 o Bint Jbeil se convertirá en su “Stalingrado” en Líbano?
La captura de Bint Jbeil en 2024 sería un golpe simbólico para Hezbolá, pero una ocupación prolongada podría replicar el escenario de 2006: bajas israelíes en aumento, resistencia encarnizada y un pantano militar que debilite la posición de Netanyahu en las negociaciones. Si las FDI fracasan, Irán y Hezbolá presentarán la batalla como prueba de que su “eje de resistencia” puede vencer a Israel incluso en su propio juego. El reloj corre: cada día que Bint Jbeil resista, la presión sobre Washington para frenar a Netanyahu —y sobre Teherán para flexibilizar su postura— aumentará.