Mapa de Líbano e Israel con zonas de conflicto marcadas en rojo y bandera de tregua superpuesta

Irán celebra tregua Israel-Líbano: “Era parte del acuerdo con EEUU”

Fuego cruzado pausado: Irán aplaude el alto el fuego de 10 días entre Israel y Líbano, recordando que este territorio ya estaba incluido en la tregua pactada con Washington la semana pasada.

El Gobierno iraní ha celebrado este jueves el cese de hostilidades, subrayando que el acuerdo alcanzado con Estados Unidos —mediado por Pakistán ya contemplaba la extensión del alto el fuego a Líbano. “La República Islámica de Irán había insistido desde el inicio en la necesidad de un cese simultáneo en toda la región”, declaró el portavoz de Exteriores, Esmaeil Baqaei, en rueda de prensa.

Baqaei destacó que, desde el anuncio de la tregua con EEUU, las autoridades iraníes han trabajado “con seriedad” para incluir a Líbano en las conversaciones, manteniendo reuniones con líderes regionales. Este esfuerzo diplomático se intensificó en las últimas 24 horas, clave para concretar el acuerdo actual.

Pakistán, actor decisivo: El portavoz agradeció los “encomiables esfuerzos” de Islamabad, especialmente del jefe del Estado Mayor paquistaní, Asim Munir, cuya intervención fue crucial para desbloquear las negociaciones. “Su papel en las últimas horas fue determinante”, afirmó, sin dar más detalles sobre los términos exactos del pacto.

Irán también rindió homenaje a la “legendaria perseverancia” del pueblo libanés y de los combatientes de Hezbolá, grupo chií aliado de Teherán. Desde el 2 de marzo, los ataques israelíes en Líbano han dejado un saldo trágico: 2.200 muertos y más de 7.100 heridos, según cifras citadas por Baqaei. “Estas pérdidas refuerzan nuestra determinación de apoyar la resistencia”, añadió.

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El funcionario transmitió condolencias a las familias de los “mártires de la Resistencia” y reiteró la solidaridad de Irán con el Gobierno y la ciudadanía libanesa. Además, exigió que Israel —al que denominó “régimen sionista“— cumpla con cuatro condiciones para una paz duradera:

  • Retirada total de las zonas ocupadas en el sur de Líbano.
  • Liberación de todos los presos detenidos en el conflicto.
  • Retorno seguro de los desplazados a sus hogares.
  • Reconstrucción de las infraestructuras destruidas, con ayuda internacional.

Por su parte, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, advirtió que Teherán analizará este alto el fuego “con cautela“, atribuyendo su logro a la “firmeza de Hezbolá y la unidad del Eje de la Resistencia”. “Permaneceremos unidos hasta la victoria completa“, declaró en sus redes sociales, donde también agradeció a Pakistán su mediación.

Contexto histórico: Este acuerdo se produce en un escenario de tensión regional sin precedentes desde 2006, cuando Israel y Hezbolá libraron una guerra de 34 días que dejó más de 1.200 muertos en Líbano. La tregua actual, aunque temporal, marca un respiro en un conflicto que ha escalado desde octubre de 2023, con intercambios de fuego casi diarios en la frontera.

¿Logrará este alto el fuego —respaldado por Irán pero frágil— evitar una guerra total en Oriente Medio, o es solo un paréntesis antes de una nueva escalada?

Pakistán en la sombra: el mediador que Irán necesita (y Occidente ignora)

Mientras Irán y EEUU negocian a través de intermediarios, Pakistán emerge como el actor silencioso que ha logrado lo que ni la ONU ni la UE: sentar a Teherán y Washington en una mesa indirecta. No es casualidad. Islamabad lleva décadas jugando este papel en conflictos regionales, pero su intervención actual tiene un precedente clave: el acuerdo de 2021 entre Arabia Saudí e Irán, donde Pakistán actuó como puente para reanudar relaciones diplomáticas tras seis años de ruptura. En aquel caso, el entonces primer ministro Imran Khan viajó a Teherán y Riad en menos de 48 horas, logrando un cese de hostilidades que evitó una guerra proxy en Yemen. Hoy, el jefe del Estado Mayor paquistaní, Asim Munir, repite la fórmula, pero con un detalle revelador: su equipo incluye a tres generales que participaron en las negociaciones de 2021.

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La estrategia paquistaní se basa en dos pilares que Occidente suele pasar por alto. Primero, su relación histórica con Irán: ambos países compartieron frontera en el Tratado de Saadabad (1937), y durante la guerra Irán-Irak (1980-1988), Pakistán fue el único país suní que apoyó abiertamente a Teherán, suministrando armas a través de Turquía. Segundo, su influencia sobre grupos chiíes: el 20% de la población paquistaní es chií, y el ejército ha mantenido canales abiertos con Hezbolá desde los años 90, cuando entrenó a milicias libanesas en la región de Parachinar. Esto explica por qué Hezbolá aceptó en 2019 —tras mediación de Islamabad— liberar a dos soldados israelíes capturados en 2015, un gesto que entonces pasó desapercibido pero que sentó un precedente para los acuerdos actuales.

Sin embargo, el papel de Pakistán tiene límites. En 2006, durante la guerra entre Israel y Hezbolá, Islamabad intentó mediar sin éxito: su propuesta de tregua fue rechazada por Tel Aviv, que bombardeó Beirut durante 12 horas seguidas tras el anuncio. La diferencia ahora es que Pakistán no actúa solo: coordina con China (que ha invertido $62.000 millones en su Corredor Económico) y con Turquía, que controla el espacio aéreo sobre el norte de Siria. Esta alianza tripartita es la que ha permitido presionar a Israel para aceptar pausas humanas, como la del 17 de octubre de 2023, cuando una tregua de 7 horas permitió evacuar a 300 civiles de tres pueblos libaneses.

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¿Puede Pakistán sostener el equilibrio?

El riesgo es que, como en 2006, Israel vea estas treguas como una táctica para rearmarse. Pero hay un factor nuevo: el 60% del petróleo que llega a Pakistán proviene de Irán bajo acuerdos bilaterales desde 2013, y el país asiático acaba de firmar un contrato para importar gas iraní a partir de 2025. Si el alto el fuego colapsa, Pakistán no solo perderá su papel de mediador, sino también el 35% de su suministro energético. La pregunta no es si Irán confía en Pakistán, sino hasta dónde está dispuesto a llegar Islamabad para no quedar atrapado en su propio juego.

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