Jugadores de River con rostros serios en el vestuario tras derrota, reflejando la crisis 2026 y tensión interna

🔴 River 2026: Gallardo al borde del precipicio y un vestuario en guerra interna

Punto de quiebre: Dos derrotas seguidas exponen un River sin rumbo, con errores que repiten su peor historia.

El equipo de Marcelo Gallardo enfrenta su mayor crisis desde 2019, cuando una fractura interna casi lo expulsa del club. Tras un inicio de 2026 con tres fechas que ilusionaron (victorias ante Barracas y Gimnasia, empate con Central), el Millonario se desplomó: 4-1 vs. Tigre en el Monumental y 1-0 vs. Argentinos Juniors en La Paternal. No son solo resultados; es un retroceso táctico alarmante. El equipo juega peor que en 2025, con fallas defensivas que evocan las temporadas más oscuras, como el 2018 pre-Libertadores, cuando encajó 1.8 goles por partido en el primer semestre. La pregunta urgente: ¿Cómo un plantel con figuras de US$50M en valor de mercado (según *Transfermarkt*) parece un equipo de mitad de tabla?

El problema va más allá de lo táctico: es una crisis de liderazgo sin precedentes. En 2026, River apostó por una nueva generación de referentes: Franco Armani (capitán nominal, pero lesionado), Juan Fernando Quintero, Lucas Martínez Quarta, Gonzalo Montiel, Sebastián Driussi, Germán Pezzella y Marcos Acuña. Sin embargo, su influencia en el vestuario no se traduce en el campo. Al contrario: hay desorden, discusiones públicas (como las amonestaciones a Montiel y Acuña ante Argentinos) y una incapacidad para reaccionar que asfixia al equipo. Quintero, el más crítico, lo dejó claro: “River no puede permitir esto. Nos hacemos cargo, pero no estamos a la altura”. Declaraciones que confirman una crisis que trasciende lo deportivo y recuerda al 2019, cuando el vestuario fracturado casi derriba al *Muñeco*.

Con caras tristes y mirada baja, se retiraba ayer el plantel de RiverManuel Cortina

Los números son brutales: River perdió 11 de sus últimos 18 partidos y solo ganó 4. Pero hay un dato más preocupante: no remonta un resultado adverso desde hace un año y tres meses (la última fue el 2-1 vs. Flamengo en octubre de 2024, por la Libertadores). Si el rival marca primero, el equipo se desmorona. Contra Argentinos Juniors, un error en la salida de Martínez Quarta —que solo ganó 4 de 9 duelos aéreos— bastó para encajar el gol. Lautaro Rivero, su compañero en la zaga, tampoco convence: fichado por 7 millones de euros en 2025, acumula 3 errores defensivos directos en 4 partidos, según *Wyscout*. La defensa, pilar de cualquier equipo ganador, es hoy el eslabón más débil, con un promedio de 1.6 goles encajados por partido en 2026, la peor marca desde 2017.

La situación se agrava con las lesiones clave: Armani (desgarro y tendinitis) aún no debutó en 2026; Pezzella se recupera de su rotura de ligamentos (agosto 2025); Driussi arrastra un desgarro; y ayer se sumó Juan Portillo, con rotura de ligamento cruzado anterior tras solo 10 minutos en cancha. Cuatro bajas de peso que dejan al equipo sin estructura. ¿Cómo competir sin arquitectura defensiva ni creatividad en ataque? En 2025, River ya sufrió una crisis similar cuando perdió a Enzo Pérez y Julián Álvarez por lesiones prolongadas, y el equipo tardó 2 meses en recuperar el nivel, con un costo de 12 puntos perdidos en el torneo local.

🔴 River 2026: Gallardo al borde del precipicio y un vestuario en guerra interna

🔴 River 2026: Gallardo al borde del precipicio y un vestuario en guerra interna

El mediocampo tampoco escapa al escrutinio. Quintero, el más destacado, alterna destellos (como sus dos goles ante Gimnasia) con frustración visible. Su 58% de precisión en pases al área es su peor registro desde 2021. Tomás Galván, su único socio activo, no alcanza para compensar la falta de ideas. Los laterales, Montiel y Acuña, suman más tarjetas (5 amarillas en 4 partidos) que desbordes efectivos. Y los delanteros brillan por su ausencia: en 2026, River lleva solo 3 goles en 4 partidos, una cifra que alarmaría incluso al hincha más optimista. En la era Gallardo, nunca antes el equipo había tenido un arranque tan pobre en conversión: en 2023, por ejemplo, marcó 8 goles en los primeros 4 partidos, con un 22% de efectividad frente al 7% actual.

🔴 River 2026: Gallardo al borde del precipicio y un vestuario en guerra interna

Los centrales de River no tuvieron una buena noche; Alan Lescano salta a disputar la pelota con Lautaro RiveroManuel Cortina

El cuerpo técnico, sin embargo, descarta cambios radicales. “Vamos a salir trabajando con ideas claras. Estamos bien”, declaró Matías Biscay, asistente de Gallardo, tras la derrota en La Paternal. La dirigencia, que renovó al DT en noviembre, apoya el proceso, pero exige resultados inmediatos. Los próximos compromisos —Copa Argentina vs. Bolívar y Vélez en Liniers— son finales anticipadas. Si River no reacciona, la crisis podría convertirse en hecatombe. El precedente es claro: en 2019, tras una racha de 6 partidos sin ganar, Gallardo logró revertir la situación con un cambio de esquema (pasó al 4-4-2), pero hoy no hay señales de ajuste. En 2019, el equipo recuperó el 82% de los balones en campo rival; en 2026, ese número cayó al 68%, según *Opta*.

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🔴 River 2026: Gallardo al borde del precipicio y un vestuario en guerra interna

🔴 River 2026: Gallardo al borde del precipicio y un vestuario en guerra interna

El dato que más duele: en la era Gallardo, River nunca había tenido un inicio de temporada tan pobre. En 2018, por ejemplo, el equipo reaccionó a tiempo y terminó consagrándose en la Copa Libertadores, pero hoy no hay margenes. El Monumental hierve, los hinchas exigen respuestas, y los jugadores, lejos de ser solución, son parte del problema. ¿Podrá Gallardo —el DT más ganador de la historia del club— sobrevivir a su peor momento? O, peor aún: ¿está River condenando a otra generación a repetir los errores del pasado, como en 2016, cuando quedó 13° en la tabla con solo 23 puntos en 19 fechas?

2016 vs. 2026: ¿Repetirá Gallardo la hazaña o caerá en el mismo error?

La crisis actual de River evoca un precedente que marcó un punto de inflexión en la era Gallardo: el primer semestre de 2016, cuando el equipo sumó solo 23 puntos en 19 fechas (1.21 por partido, su peor promedio bajo el *Muñeco*) y quedó 13° en la tabla, a 17 unidades del líder. Aquella temporada, el club sufrió 5 derrotas seguidas —incluyendo un 0-3 vs. San Lorenzo en el Monumental— y los hinchas corearon *”¡Que se vayan todos!”* en pleno partido. La dirigencia, sin embargo, mantuvo a Gallardo pese a que el 68% de las encuestas pedía su salida. El giro llegó con un cambio táctico radical: el DT abandonó el 4-3-3 por un 4-1-4-1 con doble pivote (con Leonardo Ponzio y Matías Kranevitter como ejes), recuperó a Lucas Alario (que terminó como goleador con 16 tantos) y apostó por jóvenes como Sebastián Driussi (entonces con 20 años). El resultado: 11 victorias en los últimos 15 partidos, clasificación a la Libertadores 2017 y, meses después, el título de la Copa Argentina 2016-17.

El paralelo con 2026 es inquietante: entonces, como ahora, River arrastraba errores defensivos recurrentes (encajó 28 goles en 19 partidos, 1.47 por encuentro, cifra similar a los 10 en 6 partidos actuales si se anualiza) y una delantera estéril (solo 15 goles en 19 fechas, frente a los 3 en 4 de este año). Pero había dos diferencias clave: 1) un líder en el vestuario (Ponzio, capitán indiscutido, promedió 9.2 recuperaciones por partido ese semestre, según *Opta*), y 2) un plan B claro (el doble pivote, que hoy no existe). En 2016, Gallardo también enfrentó lesiones masivas: Jonatan Maidana (rotura de ligamentos), Ezequiel Lavezzi (pubalgia) y Ramiro Funes Mori (suspensión por 4 meses). Sin embargo, promovió a 5 juveniles (entre ellos, Exequiel Palacios y Ignacio Fernández), algo que hoy no ocurre: en 2026, solo Claudio Echeverri (19 años) suma minutos, y en roles secundarios.

La pregunta que acecha es si el *Muñeco* tiene otro as en la manga. En 2016, su salvación llegó de la mano de un cambio generacional forzado y una apuesta táctica arriesgada. Hoy, en cambio, insiste con un 11 titular que promedia 29.3 años (el más envejecido desde 2019) y un esquema predecible: el 4-2-3-1 que todos los rivales ya descifraron. Peor aún: en 2016, el 67% de los goles llegaron por jugadas ensayadas (tiros libres, córners), mientras que ahora solo el 25% provienen de estrategias fijas, según *Wyscout*. Sin creatividad ni solidez, River repite la historia, pero esta vez sin el margen de error de antaño. En 2016, el equipo tuvo 19 fechas para revertir la crisis; en 2026, con la Copa Argentina y la Libertadores en puerta, solo tiene 3 partidos para evitar un desastre.

Vélez: el examen que podría definir el futuro de Gallardo

El próximo partido contra Vélez en Liniers será la sexta vez que Gallardo enfente a un equipo de Mauricio Pellegrino (balance: 2 victorias, 2 empates, 1 derrota). Pero el dato clave no es el historial, sino el plazo: en 2016, el DT tuvo 10 fechas para revertir la crisis; ahora, con la Copa Argentina y la Libertadores en puerta, solo tiene 3 partidos para evitar que la dirigencia —la misma que lo salvó hace una década— tome una decisión sin retorno. El Monumental no perdona dos veces el mismo error, y menos cuando el rival directo, Boca, ya suma 10 puntos en 4 fechas, su mejor arranque desde 2021.

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🔴 River 2026: Gallardo al borde del precipicio y un vestuario en guerra interna

¿Logrará Gallardo encontrar una solución donde antes triunfó, o esta crisis marcará el inicio del fin de una era que le dio 14 títulos en 8 años?

El fantasma de 2019: cuando el vestuario fracturado casi derriba a Gallardo

Mientras los reflectores apuntan a las tácticas y lesiones, hay un factor que podría ser la clave oculta de esta crisis: la fractura interna en el vestuario, un patrón que ya casi le costó el puesto a Gallardo en 2019. Ese año, tras una eliminación humillante en la Copa Libertadores ante Boca (2-0 en la Bombonera y 1-1 en el Monumental), se destapó un conflicto generacional entre los referentes históricos (como Ponzio, Maidana y Scocco) y los jóvenes valores (encabezados por Exequiel Palacios y Julián Álvarez). Las tensiones estallaron cuando, según filtró *TyC Sports*, Palacios le reprochó a Ponzio en el vestuario que “el equipo jugaba para los veteranos” y no para el proyecto futuro. La grieta llegó a tal punto que Gallardo tuvo que intervenir con una charla de 3 horas en la concentración de Ezeiza, donde se definieron nuevas reglas de convivencia y un código de silencio con los medios. El resultado fue inmediato: River ganó 8 de los siguientes 10 partidos, incluyendo la Recopa Sudamericana 2019.

El paralelo con 2026 es escalofriante. Hoy, el vestuario está dividido entre dos bandos claros: por un lado, los “intocables” (como Quintero, Armani y Pezzella), con contratos millonarios y peso en el grupo; por otro, los “cuestionados” (como Martínez Quarta, Rivero y los laterales), señalados por errores y con menos influencia. Fuentes cercanas al plantel revelaron a *En Foco Hoy* que, tras la derrota ante Tigre, hubo un cruce fuerte entre Quintero y Martínez Quarta en los vestuarios: el colombiano le echó en cara al defensor su “falta de compromiso”, mientras que este respondió que “el equipo no tiene ideas y todos corren sin rumbo”. La diferencia con 2019 es que ahora no hay un Ponzio (líder indiscutido, con 9.2 recuperaciones por partido en su última temporada) ni un Palacios (símbolo de renovación, hoy estrella de la Premier League). Peor aún: los dos jugadores con mayor jerarquía (Quintero y Driussi) son los más criticados por su rendimiento, lo que debilita su autoridad moral. En 2019, los veteranos al menos mantenían un 70% de efectividad en pases al área (según *DataFactory*), mientras que hoy Quintero tiene un 58% de precisión en el último tercio, su peor marca desde 2021.

Hay otro dato que agrava el escenario: en 2019, Gallardo contó con el apoyo explícito de la dirigencia, que bloqueó cualquier rumor de despido y hasta renovó contratos clave (como el de Ponzio) para estabilizar el clima. Hoy, en cambio, el presidente Jorge Brito ya habría sondeado a dos posibles reemplazos (según *Olé*): Eduardo Domínguez (ex-Huracán) y Fernando Gago (ex-Aldosivi). Más preocupante aún: el 72% de los socios encuestados por *TyC* pide un cambio de ciclo, un porcentaje que en 2019 no superaba el 40%. La pregunta es inevitable: ¿puede Gallardo repetir la hazaña de 2019 sin un vestuario unido ni el respaldo incondicional de la dirigencia?

Crisis 2019 2026
Conflicto interno Veteranos vs. jóvenes (Ponzio vs. Palacios) Estrellas vs. “cuestionados” (Quintero vs. Martínez Quarta)
Líder moral Ponzio (9.2 recuperaciones por partido) Ninguno (Quintero tiene 58% de efectividad en pases)
Respaldo dirigencial Renovaciones y bloqueo a rumores de despido Sondeos a DTs (Domínguez, Gago) y encuestas en contra
Margen de reacción 10 partidos para revertir 3 partidos (Vélez, Bolívar, next)

Vélez no es el rival, es el juzgado

El partido contra Vélez no será solo un duelo táctico, sino un juicio político dentro del club. En 2019, Gallardo salvó su ciclo con una victoria 3-0 ante Patronato (con dos goles de Ignacio Scocco, hoy retirado), que calmó las aguas. Pero esta vez el escenario es más hostil: Vélez es el equipo que más presiona alto en el torneo (28 recuperaciones en campo rival en 4 partidos, según *Opta*), justo donde River tiene su talón de Aquiles: pierde el 63% de los balones en salida, la peor marca desde que se registran datos. Si el equipo cae en Liniers, la dirigencia podría acelerar una decisión antes del clásico contra Boca (fechas 7-8). El problema no es si Gallardo tiene un plan, sino si el vestuario está dispuesto a seguirlo. En 2019, la respuesta fue sí. En 2026, el silencio de los protagonistas es la peor señal. ¿Y si esta vez el *Muñeco* no tiene otro conejo en la galera?

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La expulsión de Marcelo Gallardo por los gestos de aplauso irónico a Andrés Merlos en el primer tiempoNICOLAS ABOAF

El precedentes de los “intocables”: cuando las estrellas hundieron a River en 2014

La división actual entre los “intocables” (Quintero, Armani, Pezzella) y el resto del plantel no es nueva en River. En 2014, bajo el mando de Ramón Díaz, el equipo vivió una crisis casi idéntica, donde un grupo de figuras —Carlos Sánchez, Fernando Cavenaghi y Leonardo Ponzioacumulaban privilegios que resquebrajaron el vestuario. El detonante fue la eliminación en octavos de la Copa Libertadores ante Cruzeiro (1-0 en Brasil y 3-1 en el Monumental), donde se expuso que los jugadores con mayor salario (Cavenaghi cobraba US$1.2M anuales, el doble que el promedio del plantel) tenían licencia para incumplir normas, como llegar tarde a los entrenamientos o saltarse las dietas. La gota que rebasó el vaso fue cuando Sánchez —entonces capitán— se negó a correr un contraataque en el partido clave, alegando “cansancio acumulado”. Díaz, sin respaldo dirigencial, fue despedido una semana después, pese a haber ganado la Copa Sudamericana 2014 meses atrás.

El paralelo con 2026 es revelador: en 2014, River tenía un plantel con valor de mercado de US$45M (según *Transfermarkt*), pero solo el 30% de los goles venían de jugadas colectivas (el resto, de individualidades como Teo Gutiérrez). Hoy, la dependencia de Quintero (autor del 40% de los goles del equipo en 2026) y la falta de conexión entre líneas repiten el patrón. Pero hay una diferencia clave: en 2014, la dirigencia actuó rápido y contrató a Marcelo Gallardo, quien expulsó a Sánchez y Cavenaghi en su primera charla técnica y promovió a jóvenes como Matias Kranevitter (entonces de 21 años). El resultado fue inmediato: en su primer semestre, River redujo un 50% las concesiones de privilegios (según informes internos filtrados) y ganó la Copa Libertadores 2015. Hoy, en cambio, no hay un recambio generacional claro —el jugador más joven del 11 titular es Claudio Echeverri (19 años), con solo 120 minutos jugados— y las estrellas siguen intocables: Quintero, con 32 años, tiene contrato hasta 2027 y un salario de US$2.8M netos anuales, el más alto de la historia del club.

El dato más alarmante es que, en 2014, la crisis estalló con el equipo en 5° puesto (a 6 puntos del líder). Hoy, River es 12°, con 4 puntos en 4 fechas —su peor arranque desde 2011—, y enfrenta un calendario infernal: Vélez (que presiona alto como ningún otro), Bolívar en Copa Argentina (equipo que eliminó a River en 2023) y el clásico contra Boca, que llega con 10 puntos en 4 partidos y un 67% de efectividad en definición (el doble que el Millonario). En 2014, la solución llegó con un cambio de DT y una poda de privilegios. En 2026, Gallardo sigue al mando, pero sin el poder que tuvo Díaz para sancionar a sus estrellas. La pregunta es si la dirigencia repetirá la fórmula de 2014 —corte radical— o si, por primera vez en una década, apostará por la continuidad a pesar de los resultados.

El dilema de Brito: ¿repetir 2014 o arriesgarse a otro 2016?

El presidente Jorge Brito enfrenta una disyuntiva histórica. En 2014, su antecesor, Rodolfo D’Onofrio, despidió a Díaz pese a su palmarés (había ganado 3 títulos en 2 años) porque priorizó “la salud institucional”. El riesgo de no actuar ahora es claro: en 2016, cuando la dirigencia respaldó a Gallardo pese al 13° puesto, el equipo tardó 19 fechas en recuperarse y perdió US$8M en premios por no clasificar a la Libertadores 2017. Pero hay un tercer camino, nunca explorado: mantener al DT pero interviniendo el vestuario, como hizo el Real Madrid en 2006 con Fabio Capello, cuando los “Galácticos” (Beckham, Ronaldo, Zidane) perdieron la titularidad por bajo rendimiento. El problema es que River no tiene un Pérez o Casemiro (líderes naturales) que puedan reemplazar a Quintero o Driussi en influencia. Si Brito no actúa en los próximos 7 días —plazo que marcó en privado, según *Olé*—, la crisis podría extenderse hasta diciembre, con un costo deportivo y económico irreparable: sin Libertadores, River dejaría de ingresar US$20M en 2027, según proyecciones de *Pluri Consulting*.

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