Coudet lo vio claro: su profecía sobre River se hizo realidad una década después
Destino escrito: Hace diez años, Coudet vaticinó su llegada a River. Hoy, con 51 años, asume el banquillo millonario en medio de la tormenta.
El 15 de septiembre de 2016 amaneció con un clima templado en Arroyo Seco, pero en el predio de Rosario Central el ambiente estaba cargado de detalles que anticipaban grandeza. Eduardo “Chacho” Coudet, entonces con 42 años y una carrera como entrenador en sus inicios, mezclaba su característico humor con una meticulosidad obsesiva. Mientras supervisaba que el césped quedara a exactos 16 milímetros —”una cancha impecable invita a jugar, contagia y les quita excusas a los futbolistas”—, confesaba sin filtros los prejuicios que enfrentaba: “Que el mismo tipo que se teñía el pelo de jugador ahora dirija generaba recelo. Pero estaba preparado”. Aquella mañana, sin saberlo, sentaba las bases de un estilo que lo llevaría a la cima.
La conversación con LA NACION se extendió casi dos horas. Cuando el tema derivó hacia su futuro, una pregunta clave surgió: “¿No te gustaría dirigir a River algún día?”. Su respuesta, sin titubear, sonó a profecía: “Seguramente algún día me toque estar al frente de River. Pasé mucho tiempo ahí… Sé que voy a dirigirlo”. En ese momento, el banco millonario lo ocupaba Marcelo Gallardo, quien acababa de consagrar su quinta estrella como DT (Recopa Sudamericana 2016) y ya sumaba la Sudamericana 2014, Recopa 2015, Libertadores 2015 y Suruga Bank 2015. Mientras Gallardo esculpía su leyenda, Coudet trazaba su camino con una claridad asombrosa: “Hoy me veo en Central. ¿Pronto en River? No. Pero si me preguntás si creo que algún día lo dirigiré, sí”.
El Coudet de 2016 aún digería la polémica arbitral de Diego Ceballos en la final de la Copa Argentina 2015, perdida ante Boca. “Las derrotas me desgarran”, admitía. “Intento cortar la angustia al día siguiente, pero me cuesta. Necesito paz”. Futbolero hasta la médula, confesaba que ni siquiera en casa lograba desconectarse: “Apago el celular al llegar, pero si suena y es mi mujer, le digo “eeeeehhhh”… y ella me retruca: “Estás pensando en el 4, en el 9 metiendo el gol, o en que necesitás un 5″”. Y estallaba en risas, consciente de que, a veces, “acierta, y eso es lo peor”.
Su filosofía como técnico ya estaba definida. Sobre si debía moderar sus formas, respondía: “La edad te da seriedad, pero nada me quita disfrutar el día a día. Cuando toca trabajar, se acabó el chiste. Soy directo y franco: eso no es ser dictador, es evitar problemas”. Y añadía una máxima que lo definiría: “El técnico debe ser la cabeza. Puedo tomar mates con vos, pero si tenés que salir, te digo “no estás””.
Su relación con los jugadores, sin embargo, revelaba una dualidad: “Me encariño mucho, y eso juega en contra porque las decisiones duelen. Pero las tomo convencido, aunque no me dejen dormir”. Una década después, esa misma pasión lo lleva a River, un club donde el cariño y la exigencia chocarán inevitablemente.
En su trayectoría posterior —Tijuana, Racing (2 títulos), Inter de Porto Alegre (2 ciclos), Atlético Mineiro (campeón estatal) y Alavés—, Coudet pulió su identidad. Influenciado por Manuel Pellegrini (precisión táctica), Mohamed (intuición) y Simeone (liderazgo), confesaba: “Si ves un equipo mío y uno del Cholo, las propuestas tácticas serán distintas, pero admiro cómo gestiona su idea. Cuando lo miro, siento que le pasan las mismas cosas que a mí”.
Sobre lo no negociable con un jugador, era claro: “La actitud. El fútbol es de contagio: si uno falla, todos fallan. Me gusta cuando el equipo revierte un partido. El ideal es jugar mal en el primer tiempo… porque tienes 15 minutos para corregir”.
Su obsesión por la pelota como eje trascendía lo táctico: “Cuando el equipo no junta pases, el entrenador lo nota y se vuelve loco. Hay que tranquilizarse, hacer un pase de más y recuperar la calma. La pelota te da serenidad”.
Y sobre las críticas, no eludía el debate: “Intento ser realista. Si me preguntás cómo fue el partido, te contesto lo que vi. Los periodistas están preparados para criticar, pero no para recepcionar. Cuando les repregunto, a veces se sienten agredidos”. Una década después, esa frontalidad sigue intacta.
En 2016, ya anticipaba el desafío del fútbol argentino: “Es el más difícil del mundo. Por la competitividad, porque todos creen que pueden salir campeones, y por las presiones: acá nadie está tranquilo, ya sea por el título, la Copa o el descenso”. Hoy, 10 años después, asume River en un escenario de urgencia máxima, con una hinchada que exige títulos y un plantel bajo la lupa. ¿Logrará el Chacho domar la vorágine millonaria como lo hizo con su carrera? El tiempo dirá si su profecía se completa con gloria o si, esta vez, la presión supera al destino.
El legado de Gallardo: el listón que Coudet debe superar en River
Cuando Eduardo Coudet asumió el banquillo de River Plate en 2024, no solo heredó un equipo en crisis, sino el peso de compararse con Marcelo Gallardo, el técnico más ganador de la historia del club. El Muñeco dejó un récord difícil de igualar: 14 títulos en 9 años, incluyendo dos Copas Libertadores (2015, 2018), una Copa Intercontinental (2015) y tres Recopas Sudamericanas. Pero más allá de los trofeos, Gallardo instauró un estilo de juego que marcó una era: presión alta, transición rápida y un mediocampo dominante, con figuras como Enzo Pérez y Exequiel Palacios como símbolos.
El desafío de Coudet no es solo táctico, sino psicológico. Gallardo no solo ganó, sino que reconstruyó la identidad millonaria tras la era de Ramón Díaz (2011-2014), donde el equipo alternaba entre brillos y crisis. Bajo su mando, River pasó de ser un equipo irregular a una máquina de competir: en 2018, por ejemplo, el equipo logró 28 partidos invictos (récord del club en la era profesional) y una efectividad del 68% en partidos oficiales. Además, Gallardo fue clave en la formación de jóvenes como Julian Álvarez (vendido al Manchester City por 17 millones de euros en 2022), algo que la hinchada valora especialmente.
Sin embargo, Coudet llega con un perfil distinto. Mientras Gallardo priorizaba la posesión y el juego asociado, el Chacho se caracteriza por un estilo más vertical, con énfasis en la recuperación rápida y contraataques letales, como demostró en Racing (2019-2020), donde ganó la Superliga 2018-19 con un equipo menos jerárquico que River. Su mayor prueba será adaptar ese ADN a un plantel acostumbrado al dominio territorial. En Atlético Mineiro (2022), logró un 62% de efectividad en su primer año, pero en el fútbol brasileño, menos exigente físicamente que el argentino, lo que plantea dudas sobre su escalabilidad.
| Técnico | Títulos en River | % Efectividad | Estilo clave |
|---|---|---|---|
| Marcelo Gallardo | 14 (2014-2022) | 65% | Posesión + presión alta |
| Ramón Díaz | 3 (2011-2014) | 58% | Juego directo + contragolpe |
| Eduardo Coudet* | 0 (2024-) | — | Transición rápida + bloque compacto |
¿Podrá Coudet romper el molde o será otro “post-Gallardo” efímero?
La historia reciente de River no perdona: tras la salida de Gallardo, Martín Demichelis (2023) duró solo 7 meses pese a ganar la Copa Argentina, y su efectividad (52%) fue la más baja desde 2011. Coudet llega con la ventaja de conocer el club —jugó allí entre 2007-2009—, pero también con la desventaja de un plantel envejecido (edad promedio: 28.3 años) y una hinchada que exige títulos ya. Su primer examen será la Copa de la Liga 2024, donde River parte como favorito. Si tropieza, la sombra de Gallardo se alargará aún más. Si triunfa, podría escribir su propia leyenda… pero con un estilo opuesto al del ídolo que lo precede.